Archivo de la etiqueta: opio marxista

Todos los paletos fuera de Madrid

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La ciudad no es para él.

Fue una de las canciones del verano de 1985 y decía así: «Subes a un autobús y huele a campo, ¿quién tiene la culpa? Los paletos. ¿Quién nos ensucia el Museo de El Prado? Los paletos. ¿Quién tiene la culpa de los atascos? Los paletos. Que se vayan fuera, fuera, fuera, fuera, fuera». Al pop travieso de Séptimo Sello debemos el menos madrileño de los himnos, una proclama tan xenófoba que solo podrían tomarla en serio los mismos literalistas beodos que en los bares pijos berrean El imperio contraataca de Los Nikis con genuina nostalgia imperial. Porque si Madrid se ha redimido espectacularmente de su destino de poblachón manchego poblado por subsecretarios es justo por la chulería de renunciar a la identidad en un país que funda su lucrativo victimismo sobre la pertenencia a un terruño rico en folclore y pobre en atenciones presupuestarias. Por más que Camba se comprometiera a hacer de Getafe una nación a cambio de un millón de pesetas, el madrileño no tiene tiempo para compadecerse de sí mismo ni para construir su propio hecho diferencial porque seguramente sus padres llegaron a Madrid huyendo de un hecho diferencial ya construido, asfixiante y viciado como la halitosis que nace de toda mascarilla obligatoria. Tuvo que venir Latorre, el menos gallego de los columnistas gallegos, a descubrirnos que a Madrid se viene a que te dejen en paz.

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16 junio, 2020 · 10:20

Iglesias, Pablo

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Celebrity comunista.

Iglesias Turrión, Pablo Manuel. Político español, Madrid 1978. Nació el año de la concordia constitucional y en la misma cuna se lo tomó como un ultraje. Hijo único, mimado por sus padres, luz de su vida, fuego de sus entrañas. La lengua emprende un largo viaje desde las brumas obreras para bautizarlo: Pa-blo-I-gle-sias. Pronto se sintió predestinado. Le habían puesto nombre de fundador, así que debía encontrar algo que fundar. Su adolescencia fue tan intensa que no pudo superarla. Ahí sigue, la coleta blanca, rememorando aquellos años de tierno fanatismo en que sopesó entrar en el seminario de Soria. Pero le gustaban demasiado las mujeres, así que buscó la vía para limitar la libertad y la propiedad ajenas sin dejar de disfrutar de las propias: ingresó en la iglesia comunista.

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31 mayo, 2020 · 22:13

Anguita en los cielos

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Superstición criminal.

España no ha despedido a Julio Anguita con el balance que reclama la trayectoria de un político sino con la devoción que reserva a las vidas de sus santos. Se le ha juzgado por sus virtudes, no por sus ideas, por suerte para él. Profesaba el dogma comunista, que no es una opción ideológica sino una religión política, una sharía para obreros tan exigente que solo se ha podido imponer por la violencia y de la que sus clérigos públicos terminan renegando en sus dachas privadas. Nuestro finado, sin embargo, logró aplicársela hasta el final, regresando del foro de San Jerónimo al desempeño de maestro y al metro cuadrado de un piso cordobés. A diferencia de sus más lacrimosos herederos nunca cedió al canto de sirena del chalé, lo que despertó la admiración de la burguesía, y nunca pactó con el realismo de los socialtraidores, lo que le aseguró la idolatría de los feligreses de la hoz y el martillo, y de tantos sentimentales incurables con alma de cantautor que aún confunden la esperanza con la experiencia y la morbosa belleza de la derrota con la fuerza cegadora de la razón. Bien está mientras sigan perdiendo; el día que ganen, la poesía la escribiremos todos los demás, solo que con las uñas en la tabla de un barracón.

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19 mayo, 2020 · 10:19

La Champions de la desescalada

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Un día menos.

Nadie quiere decir que el Gobierno está exactamente como parece que está, porque produce vértigo. Pero al menos el periodismo debería decirlo. La verdad es que la fábrica de señuelos verbales anteriormente conocida como sede del Ejecutivo ha puesto en circulación un plan marxiano -por Karl, porque la desescalada es el opio del pueblo, pero con la claridad contratante de Groucho– perfilado en las cuatro horas siguientes a que el jefe de propaganda laminase el de Teresa Ribera. Que al parecer no le sonaba bonito. De modo que la desescalada es la enésima farsa sanchista porque no hay mapa serológico, porque nadie moralmente responsable y científicamente asistido desconfina a la población con 300 muertos al día, porque no se presentó en el Congreso como hace cualquier democracia parlamentaria, porque el resto de partidos -incluyendo los que sostienen al Gobierno- se enteraron por la tele, porque Moncloa hace dos años que solo sabe planear campañas de destrucción del adversario, porque el escorpión no sabe hacer otra cosa que picar a la rana y hundirse con ella. Por todo eso no hay plan digno de ese nombre, sino una moneda al aire para que los confinados aburridos de lo de Merlos la miren dar vueltas unos días más. Y cuando caiga en la palma de Sánchez ya nos informará el No-Do de Oliver si ha salido la cara de la libertad o la cruz del rebrote.

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29 abril, 2020 · 14:25

El escudo de Pablo Iglesias

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El poder.

Cada vez que Pablo Iglesias habla del escudo social me lo imagino subido a él como Abraracúrcix, soportado por dos mucamos de Galapagar. Ese escudo desde el que habla le sostiene en la cumbre de la jerarquía política y de la clase burguesa, encaramado a ella en virtud del mismo sistema que detesta. La economía de mercado y la democracia parlamentaria premiaron su innegable talento para el espectáculo con nómina mullida, hogar amplio y prole numerosa. Un español afortunado que capeará la recesión mejor que la mayoría.

A la irreductible tribu que comparte sus supersticiones -pero no su posición- se dirige un vídeo entrañable que culpa al neoliberalismo unicornial, a Amancio Ortega, a Pablo Casado y a Tutatis de que España se haya convertido en la mayor morgue de Europa, solo por detrás de otro país cogobernado por el populismo, y de que ambas economías se enfrenten al tsunami financiero con los cimientos arenosos de una deuda colosal mientras el capitalismo coreano da ejemplo al mundo de la única eficiencia posible. El vídeo es tan zafio, apela a una emocionalidad tan primaria que hasta podría funcionar, como funcionan la pornografía o los memes de skaters chocando contra cosas, pero algo falla ahí. A poco que el galo confinado en su piso de barrio se pare a pensar, empezará a enfadarse. Reconoce el sermón, la letanía de los de arriba y los de abajo, pero años después el predicador ya no le habla desde la plaza sino desde un ministerio. Nuestro currante varado en un ERTE agudiza ahora el oído y descubre que Yolanda Díaz está celebrando entre risas la misma flexibilidad laboral que le enseñaron a odiar cuando la defendía Fátima Báñez. Y entonces siente la tentación de cagarse en el escudo. Y si a la depresión por confinamiento le sumamos la esquizofrenia de un Gobierno que pretende ejercer el poder y encabezar la agitación, escondiendo su recorte de mañana en el recorte de ayer, entonces en este manicomio estallará pronto la revolución. Y no será la de su vídeo retro.

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5 abril, 2020 · 22:33

Planes para el apocalipsis

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La vida.

El politólogo confinado es aún más peligroso que el politólogo en libertad, porque tiene más tiempo para hacer pronósticos. Ahora anda anunciando que al mundo posCovid no lo va a reconocer ni la madre que lo parió, que la economía oscilará entre la autarquía y el salvaje oeste y que a no mucho tardar devendremos colonia videovigilada de China, librándonos con suerte de sus menús de murciélago. Muere Atenas, vuelve Esparta y Zizek ya está vendiendo su sobado cachito de muro de Berlín a ver si alguien le ayuda a reconstruirlo, siempre que pague con guita de curso legal capitalista.

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29 marzo, 2020 · 22:55

Tregua poética con Leonor y sin Rufián

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Instituciones.

En el mismo instante en que las Cortes declaraban solemnemente abierta la XIV Legislatura, el tráfico aéreo se cerraba en el aeropuerto Adolfo Suárez por culpa de un dron. Sabemos que la coincidencia temporal no supone causalidad, pero convendremos en que favorece la metáfora. Ausente el separatismo por propia voluntad, la liturgia regresó tímida y fugazmente al Hemiciclo para acoger el discurso de la primera y de la tercera autoridad del Estado, esto es, de Felipe VI y de Meritxell Batet. Y si por una mañana nuestra democracia pareció capaz de honrarse a sí misma en el delicado ritual de su forma, quizá solo fue posible porque ni estaban los informales ni le tocaba hablar a su socio, segunda autoridad del Reino empeñada en eclipsar a todas las demás.

Sí estaban, en cambio, los parlamentarios de Podemos. Alberto Garzón, impecablemente encorbatado, mostraba al mundo el apasionante viaje que conduce del escrache antisistema al aplauso monárquico con solo sentarse en el Consejo de Ministros. Ah, la legendaria generosidad del Sistema. También aplaudían borbónicos perdidos Pablo Iglesias e Irene Montero: desde Carrillo no tributaba el comunismo español un reconocimiento así a la Monarquía. Bien está, aunque la mayoría de sus correligionarios mantuviera las manos pegadas a las piernas por lo que pudieran decir en Bolivia, suponemos. Manuel Castells ha vuelto de sus novillos. Echenique en primera fila de apuntador automático. La Reina Letizia apareció perfecta como suele, y sus dos hijas permanecieron quietas y atentas en sus butacas rojas, muy imbuidas de su misión. El hieratismo infantil siempre tiene algo antinatural, pero es que la propia democracia parlamentaria es un artificio civilizatorio: lo natural es matarse. En la tribuna de invitados descubrimos a los dos únicos padres de la Constitución que permanecen entre los vivos, Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca, como dos vips de palco contemplando quizá los minutos de la prórroga de su criatura. Sonó el himno, y en ese trance ninguno rivaliza con la apostura castrense de Abascal, la barbilla fuera, los puños cerrados.

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3 febrero, 2020 · 17:33

Código Iglesias

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Burgués disimulando.

Querido Pablo. No me gustó verle ayer llegar a palacio con su cartera ministerial y su visible desprecio del código vestimentario. Usted es vicepresidente del Gobierno de España, y un vicepresidente solo puede presentarse en zapatillas y vaqueros a un Consejo de Ministros si es de derechas, porque a menudo la derecha se camufla bajo una impostada campechanía para hacerse perdonar su privilegiada posición. La izquierda, en cambio, sobre todo si procede del activismo, debería reconciliarse con la cortesía expresada en la etiqueta, que no es convención de élites sino precisamente conquista revolucionaria. El pantalón y la chaqueta fue el uniforme de los sans-culottes, como su nombre indica. Y Gramsci se presentaba en el parlamento italiano con sus mejores prendas, porque le reventaba merecer la conmiseración de la familia Agnelli. Eso es dignidad.

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15 enero, 2020 · 9:57