Archivo de la etiqueta: no le toques ya más que así es el PP

Año chino parlamentario

Cuelga tú, Tomás.

Cuelga tú, Tomás.

La primera sesión de control del año de la maldición china –«¡Que vivas tiempos interesantes!»– la abrió Cayo Lara para exigir a don Mariano menos pactos contra la yihad y más contra la pobreza, que mata sin espectáculo. Don Cayo vestía negro riguroso, reciente aún lo de Tania, pero enseguida sacó una camiseta verde de reivindicación y, en vez de ponérsela, cruzó el hemiciclo para entregársela a Rajoy en medio de un murmullo de alarma que no se oía desde un 23 de febrero. Rajoy la guardó rápidamente bajo la mesa y se abotonó aliviado la chaqueta en un gesto reflejo que, donde queda realmente bien, es a la salida de un helicóptero caído.

Estas performances de escaño forman ya parte de la retórica partidista: ahora que los Goya se despolitizan habrá que politizar este teatro, han debido de pensar sus señorías. Destacó en esa suerte la diputada socialista Isabel Rodríguez, que blandió una foto de dos caras ante Montoro: la cara A mostraba a Rajoy plácidamente sentado en su despacho y la B a Bárcenas con el arquitecto de la reforma de Génova. En ese instante Rajoy se levantó y se fue, seguramente mascullando ‘qué vergüenza, qué gentuza ésa del PP’. Montoro acusó el golpe de efecto, cosa que decepciona a sus contribuyentes, y afloró su temperamento deíctico: el propio de un hombre que no se resiste a señalar a los demás. Y así extendió el dedo y apuntó a la bancada socialista, creo que en dirección a Manuel Chaves, para decir que si nos ponemos a condenar por indicios podemos empezar por sus vecinos, diputada.

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Moreno Bonilla tiene gripe

El padrino y el novio.

El padrino y el novio.

A la hora en que Telecinco prestaba foco a Susana Díaz, el hotel Ritz ponía de largo a Juan Manuel Moreno Bonilla ante 700 invitados, no necesariamente andaluces. En estos desayunos informativos siempre comparece un misterioso grupo de elegantes que solo se conocen entre ellos pero que toman asiento con el seguro ademán del patricio. Han recorrido la democracia saltando de desayuno en desayuno postinero sin perder su prestancia de ardilla engominada. No son banqueros, no son tertulianos, ni siquiera pobres diputados: son el mismísimo Poder descendido sobre cuerpos mortales. Y el resto son sus escoltas.

Moreno Bonilla no los saludó a todos por no pegarles la gripe -habría gripado el Sistema: ¡la fantasía podemista!-, pero compuso un sufrido papel de novio al pie de la escalera del hall para recibir el desfile de los notables orgánicos, estos ya bien conocidos: María Dolores de Cospedal, Alfonso Alonso, Fátima Báñez, Rafael Hernando, Don Cristóbal. Besamanos de partido: le iban abrazando, le palmeaban el hombro, le susurraban algo al oído que nos gusta imaginar en siciliano: «¡Porca Susana!». Rajoy, que debía presentar al candidato nacido del áureo dedo, tardaba en aparecer; se llegó a temer que se hubiera decidido al final por acudir a Telecinco. Qué quieren, son tiempos de lealtades raras. Y si no que se lo digan a Pedro Sánchez.

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29 enero, 2015 · 12:45

Las manos del PP fuera de MR

Rajoy opaco, Aznar luminoso.

Rajoy opaco, Aznar luminoso.

Que Alexis Tsipras, fecundo en ardides, elija a la derecha nacionalista como socio de gobierno no habrá sorprendido tanto como que Rajoy eligiera a Aznar telonero de su fiesta. Al fin y al cabo el nacionalismo es un populismo con lindes; pero, por decirlo al homérico modo, ¿qué tiene que ver don Mariano, conductor de pueblos, con el presidente de honor del PP, de tremolante penacho? Aún más: ¿qué tiene que ver Rajoy con el PP? Estas preguntas podrían parecer tan retóricas como las que el mismo Aznar formuló a cuenta del paradero y las aspiraciones de su partido, pero ni unas ni otras lo son en absoluto.

Al compás de su desvelo por el déficit, Rajoy ha vaciado de ideología el centro derecha español hasta reducirlo a raspa tecnocrática. Sólo los más románticos pueden llamar hoy facha o retrógrado a don Mariano, cuyo corpus teórico cabe en la vitola de un Cohiba sin necesidad de miniarlo. Frente a Zapatero, que aún despedía vapores machadianos, Rajoy ya es un posmoderno puro, de un minimalismo casi vanguardista, que diserta en vídeos electorales sobre «la fuerza que te da hacer aquello que crees que debes hacer» y que nos dejaría paralizados si llamara a nuestro timbre, incapaces de decidir si truco o trato.

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El dios del bipartidismo llora sobre 2014

El autor, acreditado por Zoom News en la tribuna de prensa del Congreso para cubrir la proclamación de Felipe VI.

El autor, acreditado por Zoom News en la tribuna de prensa del Congreso para cubrir la proclamación real.

En la hora del balance, que es el pasatiempo encontrado por los periodistas para demorar el encuentro en la cena con el cuñado, se abre paso un acuerdo general en torno a la emergencia de Podemos como noticia del año. La competencia es dura: la abdicación de Don Juan Carlos y la proclamación de Felipe VI, la retirada de Rubalcaba y la elección en primarias de Pedro Sánchez, la crisis del ébola, los asaltos a Melilla, el desborde de la corrupción, la dimisión de dos ministros, la Décima del Real Madrid. No necesariamente en este orden. Pero la impresionabilidad tertuliana insiste en que el dios del bipartidismo llora sobre 2014.

Si abrimos el foco al tablero internacional, la competición se recrudece: la ígnea Ucrania, el terror del Estado Islámico, las paces cubanoamericanas, las cosas del zar, el escaso humor norcoreano, la catequesis global de Francisco, los polvos de Hollande y los lodos de Grecia. Y sin embargo nadie se atreve a sugerir la noticia más importante para el interés directo del español: el despunte de la recuperación económica. Con todos los matices, pero sin miedo a la fatwa temible que cae sobre el sospechoso de propagandista pepero, porque la verdad a veces coincide con la odiosa propaganda oficial y en esos momentos se requiere tanto coraje para decirla como cuando no coincide. O más.

Dejaré al margen mi simpatía entomológica hacia don Mariano, que es la clase de afecto libre que nace por el político al que no hemos votado. (El que sí hemos votado nos compromete a una indignación por día, generalmente.) Reconozco que don Mariano me resulta simpático por las mismas cosas por las que les resulta antipático a todos los demás: porque no sabe comunicarse la primera de ellas, aunque uno lo ha visto durante años defenderse en el Congreso con suficiencia insultante. Pero lo que me importa de este hombre, al margen de que le respete y no le vote, es lo que hace con mi país. Con el que, por otra parte y como ha señalado Pablo Iglesias en reciente artículo, poco se puede hacer por la escasez de margen soberano que le queda a un Estado miembro de la Unión Europea que no sea Alemania. En la Europa del siglo XXI solo hay un camino: la economía social de mercado al dictado de una ortodoxia supranacional. Peor fue el camino del siglo XX.

La ejecutoria de Rajoy no ha sido desastrosa sino directamente imperceptible en todo lo que no fuera economía, donde ha practicado el inevitable continuo socialdemócrata con guarnición de austeridad: recortes e impuestos, reforma laboral y a esperar a que escampe. El ajuste ha funcionado y ya hasta se pueden pactar subsidios de desempleo con los sindicatos: quien vea liberalismo o conservadurismo ahí es un sentimental. La poda del Estado, la regeneración política o el lío territorial son asuntos temerariamente aplazados. Ahora bien, soy de los que se malician que don Mariano todavía puede rendir un balance positivo en las generales si el empleo sigue creciendo y el separatismo catalán desinflándose. ¿Se imaginan ustedes que el plan le sale bien y gana las elecciones en 2016 y gobierna otros cuatro años? No habría bronce suficiente en los casetones del Panteón para fundirle la estatua al dios celta de la indiferencia. Porque de momento don Mariano está sentenciado por la opinión pública, que es esa señora del sketch de Martes y Trece que rechaza dos cajas de detergente Gabriel en lugar de una del mismo detergente Gabriel.

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Pedro J cabalga de nuevo

La escudería que arropó a Pedro J en el Ateneo: Ussía, Gistau y Jabois

La escudería que arropó a Pedro J en el Ateneo: Ussía, Gistau y Jabois

La casualidad, décima musa, hizo coincidir en la tarde del jueves la presentación del último libro de Pedro J. en el Ateneo de Madrid con la conferencia de un gran maestre de logia sobre el estado actual de la masonería. Pero la confusión resultaba imposible, pues si hay algo que no va con el carácter del exdirector de El Mundo es el secreto. Lo suyo siempre ha sido publicar, sean libros o periódicos. O una mezcla de ambas cosas en el caso que no ocupa, pues se trataba de presentar Contra unos y otros, segunda antología de aquellas homilías ensabanadas que entre 2006 y 2014 envolvieron nuestros domingos entre la hora del vermú y la del fútbol, como recordó David Gistau.

Además de Gistau, acompañaban al protagonista en la mesa Alfonso Ussía y Manuel Jabois: cada uno de un periódico distinto, los tres unidos en la teoría de un periodismo independiente y en la práctica del columnismo de fino encaste. El propio Pedro J., a la hora de la gratitud, anudó los nombres de los tres a la cola gloriosa de Ruano, Camba, Fernández Flórez o Umbral. Su viuda España asentía desde el patio de butacas.

Lleno total de leales pedrojotistas en el mítico salón donde discursearon Azaña, Ortega o Marañón. También Eugenio D’Ors, que ya advertía de que en Madrid, a las siete de la tarde, o das una conferencia o te la dan. De Pedro J. no esperábamos exactamente una conferencia sino la concreción de un anuncio que en las redes sociales hace tiempo superó la vaga condición de rumor, alentado por el propio interesado: su próximo periódico. La música de Enya no podía ser más pertinente para acompañar el camino al escenario del periodista riojano, que evitó bajar al detalle pero afirmó con rotundidad su New Age: “El año 2015 será el más importante de mi carrera periodística”. Qué mejor modo de celebrar el año de Santa Teresa que con una fundación, ha debido de pensar Pedro J., que no es de Ávila sino de Logroño. Aunque un periódico arma más jaleo que un convento, también en su interior pugnan novicios con priores y se reciben llamadas intempestivas de la Santa Inquisición.

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Partido Postigo

Jaque Mato.

Jaque Mato.

Parece ser que los europeos no usan postigos. La costumbre de escudar las ventanas para ponernos a salvo de la curiosidad ajena es netamente española y uno, que es europeo tan solo mediante el original modo que tiene un español de serlo, se escandalizaba cuando viajaba por ahí y advertía el campo abierto al voyeurismo que ofrecen los desnudos ventanales de Europa. Por el contrario el nuestro es un país entre visillos, y el fenómeno me parece digno de estudio.

Como no estoy a salvo de los tópicos historiográficos ni de las opiniones de los volterianos ratoneros –“país de pandereta”, “Españistán”, “Spain is different” y en este campanudo plan– lo primero que hice fue culpar a la Inquisición, a quién si no, que habría inducido una sospecha secular, epigenética casi, en el homo hispanicus al punto de hacerle desconfiar por sistema del vecindario, temeroso siempre de una hipotética delación. Esto habría excitado un españolísimo sentido del pudor y la intimidad del que desde luego carecen las guiris que con suma facilidad nos levantábamos en la calle Huertas.

Luego pensé que aquella desconfianza por defecto tenía su reverso positivo, que es una hidalga noción de la dignidad individual, nota presente en nuestra literatura más o menos desde doña Jimena, por no hablar de la tauromaquia. Por ahí, por nuestro acendrado individualismo y nuestra resistencia a la colectividad –cosa de protestantes– fuimos asentando un narcisismo de lo propio que encontraba su lógico corolario en el desprecio de lo ajeno por el mero hecho de ignorarlo, como vio Machado. Y de toda esa madeja psicológica se fueron desovillando complejos tan idiosincrásicos como la raíz honda de la envidia, la obsesión por la pureza de sangre, el sectarismo de capilla angosta, la enfermiza atención a la vida sexual de los demás o la delirante conciencia de que hay un genio o un santo o un héroe agazapado en el interior de cada español, según satirizó Camba.

Lo que no habría en España es gente normal: gente de una razonable mediocridad, de un elemental sentimiento comunitario, personas juiciosas que han llegado a la conclusión de que sus vidas no son tan interesantes como para blindarlas tras complicadas celosías. Pero este grato tipo de paisano –las pruebas en Instagram– no alcanzó en nuestro país una masa crítica. Piensen ustedes que aquí los mayores escándalos los causan siempre los casos de escuchas: del CESID a la malsana curiosidad que echó a Garzón de la judicatura; de los memes a cuenta de Snowden y Obama al SMS de Rajoy a Bárcenas. No importa tanto la gravedad real del caso sino el propio hecho de que algo oculto salga a la morbosa luz. El peque Nico es el último ejemplo de ese morbo. Si nada aterrorizaba tanto a los galos como que el cielo cayera sobre sus cabezas, nada roba el sueño al español como el temor a que un fallo en Whatsapp desvele sus mensajes en alguna web global de cotilleos. Como si el adulterio o sus intentos entrañaran alguna originalidad. El mecanismo mental es inexorable: el pudor excesivo obliga a una hipocresía excesiva y genera una vergüenza proporcional cuando el velo se rasga.

Y como han tenido la paciencia de llegar hasta aquí, ahora les hablaré del PP, que sé que es lo que les gusta. El Gobierno del PP ha impulsado la primera Ley de Transparencia y hoy mismo don Mariano presentará en el Congreso nuevas medidas de regeneración política. Pero don Mariano tiene un grave problema de credibilidad porque no ha alcanzado todavía su sueño, que consiste en que dejen de mezclarle de una santa vez con esos golfos del Partido Popular. Lo ha intentado con tanto ahínco como Soraya, pero lo tiene difícil porque los papeles aseguran que de hecho es el jefe del Partido Popular, del mismo modo que Jaimito se quejaba a su madre de que no quería ir al colegio y ella le respondía que debía ir porque tenía 50 años y era el director.

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27 noviembre, 2014 · 11:08

El aznarismo no muere, solamente se transforma

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

Era tan difícil competir en regeneración moral con la foto entre Pep Guardiola y el papa Francisco que el Congreso, esta mañana, acabó directamente votando a favor de ir a la guerra.

De acuerdo: es una guerra bendita por todos los organismos internacionales, con sus cartas de la ONU en regla y su villano probado en forma de Estado Islámico, cuyas cabezas cortadas son bastante más visibles que las armas de destrucción masiva. Pero al observador formado en la bullanga antibelicista de 2003 no deja de resultarle curioso que el envío de 300 soldados españoles a Irak –en principio la moción lo tenía todo para perder pelos en la gatera indignada del trending topic: soldados, españoles, Irak– genere tamaña indiferencia en sus señorías, en los propios reporteros y en la opinión pública hecha carne en las tertulias, donde a cambio la pitanza la ponían nombres de lo más doméstico como Acebes, Rato, Montoro, Wert o Duran. Cada uno por lo suyo.

Me fumé el pleno de presupuestos en la firme convicción de que el alivio así causado a mis hipotéticos lectores primaba sobre su derecho a la información. Pero cuando llegué al hemiciclo para el debate guerrero, el saurio Montoro seguía allí. O quizá era su doble, una suerte de dron parlamentario que don Cristóbal envió al cumplirse las 24 horas desde que empezara a desgranar optimismo económico. Para entonces las entendederas del hemiciclo estaban tan estragadas que Montoro se permitió un experimento del que nadie tomó nota, excepto este cronista servidor de ustedes: en medio de un murmullo de intensidad constante que equiparaba la Cámara Baja a la sobremesa de cualquier mesón en sábado, el ministro más odiado se permitió un colofón que a primera hora del martes habría desatado una lluvia de zapatos:

–La desigualdad es intolerable. Me preocupan especialmente nuestros jóvenes, que merecen un horizonte de esperanza con independencia de su origen social, del mismo modo que nuestros mayores tienen garantizadas las pensiones…

¿Qué dicen ustedes que ocurrió entonces? ¿Cómo creen que la oposición recibió semejantes provocaciones? Con la nada, señores. Con la indiferencia más oceánica. Para entonces la única manera que habría tenido Montoro de recuperar la atención de nuestros representantes y de la prensa habría sido pormenorizar los conceptos tailandeses en que Arturo o Iranzo o cualquier otro de los men in black desglosó su noche más loca.

Toda la atención que no se dispensaba al hemiciclo la atraía en los pasillos la expectativa de un canutazo inverosímil de Rajoy, para ver si se avenía a nombrar “la persona por la que usted pregunta”, o de Soraya, que había dedicado diez conspirativos minutos a reunirse con Duran Lleida, felón de la voluntad del poble y aliado en ciernes de la estrategia gubernamental para dividir el voto nacionalista. Pero don Mariano y la vice pasaron delante de nosotros, de nuestras libretas y de nuestros micros como el agua transcurre sobre la piedra.

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Hasta el rabo todo es ébola

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, dijo Bécquer.

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, como dijo Bécquer.

En la festividad de Santa Teresa, patrona de los escritores, el debate parlamentario no versó tanto sobre Teresa Romero –que si todo va bien no será por fortuna la mártir de la sanidad pública que algunos necesitaban– como sobre Ana Mato, a quien todos ven ya como la última advocación de las causas perdidas. Y cuando digo todos incluyo al Gobierno, que se esfumó de la bancada ministerial dejando a la ministra completamente sola a los pies de la oposición. En sus vecinos de escaño solo eché en falta el traje profiláctico y la escafandra orgánica con que la disciplina de partido reacciona a la caída en desgracia de un compañero.

Yo no sé si Ana Mato acabará siguiendo la amarga senda de Gallardón no bien pase la emergencia sanitaria, que don Mariano es para eso muy suyo; pero sé que hoy la imagen de Mato respondiendo en completa soledad a los ataques de PSOE y compañía me inspiró suficiente piedad como para olvidar su probada glosofobia. Quizá esa es la sensación que perseguía despertar Rajoy, a quien uno nunca sabe ubicar exactamente en la escala que va de don Tancredo a Maquiavelo. Que se lo digan al pobre Artur.

La sesión la abrió Rosa Díez con su característica energía vocal para clamar contra la vergüenza de las tarjetas opacas. Ciertamente, si hay un asunto que merece la generosidad de decibelios de doña Rosa es este.

–Ustedes no han hecho todo lo que tenían que hacer. El FROB debe personarse en el caso. Llamen a sus barones y que les cuenten cómo montaron el fraude. Y luego depuren responsabilidades.

“En mi opinión está usted equivocada, señora Díez”, repuso Rajoy con ese sosiego diabólico que puede desquiciar al más templado, no digamos a Rosa Díez. “El FROB está personado en la causa general de Bankia, y si esto no lo hubiéramos investigado nosotros, no habrían salido a la luz los hechos. En las próximas horas remitiremos nuevas investigaciones a la Fiscalía y pediremos la devolución de las cantidades. No está de más reconocer las cosas”. Ante semejante alarde de calma la portavoz de UPyD no pudo contenerse y quiso hacer uso de un tercer turno de palabra no contemplado en el reglamento, como le recordó Posada, cuyo temperamento mezcla con originalidad un normativismo prusiano y la campechanía de un mesonero de Castilla.

Cayo Lara ardía de indignación contra “golfos” y “tarjeteros”, pidió cárcel a falta de guillotina y reclamó una comisión de investigación como si alguna hubiera servido para algo desde Napoleón. Ya podría haberle cedido un poco de su retórica vergüenza al hombre de IU en la orgía crediticia, señor Moral Santín, cuyos apellidos proclaman lo contrario de lo que es. Por lo demás, la especialidad académica de Amoral Diablín ha quedado desde luego acreditada: el tipo ha resultado catedrático de Economía Aplicada. Vaya si lo es: 456.522 pavos se aplicó a sí mismo con cargo a los demás. Catedrático es poco.

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