Archivo de la etiqueta: liberalismo progresista

Dimensiones de la conciencia histórica

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Aron.

Durante demasiados años corrió por los círculos de la intelligentsia francesa un malvado chascarrillo: “Más vale equivocarse con Sartre que acertar con Aron“. Quería decirse que la inteligencia fría, insobornable, desapasionadamente exacta del gran liberal judío no podía competir en atractivo con la personalidad arrolladora, magnética y brillante de aquella Juana de Arco laica que fue Jean Paul Sartre. Pero el tiempo pasa, el magnetismo personal muere y quedan solo las palabras, que en el caso de Sartre a menudo testimonian compromisos indecentes con ideologías criminales, mientras que la obra de Aron crece con cada acierto democrático formulado cuando ningún rédito daba formularlos.

A Aron no le desvelaba acumular el glamour del intelectual estrella, sino la responsabilidad social del filósofo: “La filosofía es el diálogo entre los medios y el fin, entre el relativismo y la verdad. El filósofo permanece fiel a sí mismo en la medida en que rechaza el sacrificio de uno de los términos, cuya contradictoria solidaridad caracteriza la condición del hombre que piensa”. Sartre pasó de largo entre los millones de muertos sacrificados como puros medios en el altar final de la sociedad sin clases; Aron, como Camus, no los perdió de vista jamás. Equivocarse con Sartre no es más que equivocarse, sin más.

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11 diciembre, 2017 · 16:03

Odiar a Ciudadanos

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El centro.

Hay buenas razones para odiar a Ciudadanos y esta semana han aflorado algunas de ellas. A medida que el partido de Albert Rivera se va aproximando a la idea que se propuso defender en el congreso refundacional de Coslada del pasado febrero, cuando renunció a la socialdemocracia para abrazar el liberalismo, la inquina transversal de la partidocracia española irá confluyendo en un mismo y ancho cauce de resentimiento. Quienes conocemos un poco a los spin doctors de los partidos establecidos -y a sus clientes- nos explicamos muy bien que anden todos afanándose en dibujar sobre la foto de Rivera un bigote hitleriano, o en señalar su lampiño amateurismo, pero eso no se debe solo a las encuestas. Se debe a la odiosa disonancia cognitiva que la consolidación del centro crea en los detentadores del discurso político, sean de izquierdas o de derechas, nacionalistas o populistas. Hay por tanto razones profundas para odiar a Cs, pero todas las que hay se pueden resumir en dos: la libertad y la igualdad.

Libertad es una palabra que suena bien pero cuyo significado casi nadie comparte porque entraña dolorosas renuncias. Desear ser libre significa primero atribuirse la capacidad de responder por las propias decisiones, lo cual te exilia para siempre del confortable país de la queja, y significa después asumir que cada decisión tomada excluye todas las alternativas. Decidir es renunciar. Solo cuando eres niño lo quieres todo, pero la vida te enseña -a menudo demasiado tarde- que lo primero que debes elegir son los descartes, lo que no quieres ser, de modo que un día puedas vivir reconciliado con el hombre del espejo con el que finalmente te quedaste. La libertad a menudo depara soledad, intemperie sentimental, mediática o parlamentaria. La compañía da calor pero enajena la voluntad, a veces a inquilinos indeseables. Solo amamos lo que elegimos tener. Por eso la propiedad privada vence siempre al colectivismo: porque a la larga nadie quiere vivir sin amor. Lenin nunca amó y de ahí su réplica: libertad, para qué.

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Vuelve El bueno (Joan Baldoví), el feo (Aitor Esteban) y la mala (Nuria de Gispert) a La Linterna de COPE

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25 noviembre, 2017 · 11:25

Cuando el humo se disipe

15091224181931.jpgCuando el humo se disipe deberían quedar en pie algunas certezas distinguibles, de contornos nítidos, recortadas contra el polvo retórico que nos asfixia. Debería quedar en pie la diferencia entre el Gobierno y el Estado, y entre la formalidad democrática y la innegable emoción del nacionalpopulismo. Deberíamos también haber atisbado los límites de la política, que son tan anchos como los del amor, pues sólo limitan con lo penal. Cuando el humo se disipe habremos recordado por qué se representa a la diosa no con una balanza y una zanahoria, sino con una balanza y una espada, porque sin fuerza no hay justicia. Y habremos aprendido a desconfiar de la soberana voluntad de los niños, que desconocen la amargura por las plegarias atendidas, para reclamar los tratos entre hombres, a quienes las frustraciones enseñaron que la vida va en serio sin necesidad de tachar rayas en la pared de una celda.

Pero sobre todo deberíamos aprender a separar a los pueblos de los mesías que creen acaudillarlos, porque no hemos asistido a la caída de Cataluña sino a la de algunos catalanes demasiado decisivos. Los pueblos, queridos niños, no se independizan. Los pueblos no tienen derechos. Ellos no deciden pasar a sus plurales habitantes por la horma de una lengua o una etnia. Los pueblos no luchan, no desafían las leyes, no obedecen mandatos populares, no son el juguete de una dialéctica cósmica. Los pueblos no van a la cárcel, porque el derecho no contempla responsabilidades abstractas y colectivas sino concretas e individuales. Los pueblos no son libres, ni esclavos. Los pueblos, como mucho, figuran en los mapas, y porque hay cartógrafos que los dibujan. Es el hombre solo, empujado por móviles febriles, el que se revela en este histórico drama, que en el mejor de los casos es la obra de actores conscientes de sus actos e inconscientes de su destino, como escribió Raymond Aron a propósito de la guerra.

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30 octubre, 2017 · 10:10

Melisa Rodríguez: “Hay quien trata de prostituir la terminología del feminismo”

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Melisa Rodríguez.

Es la mujer más joven con mando en la plaza liberal-progresista, aunque confiesa que nunca ambicionó el trono de hierro de la política. A juzgar por su biografía, variopinta y nómada, podemos creerla. Pero a juzgar por lo bien que se adapta su carácter a la guerra de posiciones que libran los partidos en campos de batalla con moqueta, no nos imaginamos a Melisa Rodríguez (Londres, 1986) fuera de una comisión parlamentaria o un airado debate sobre el tarifazo. Nació en Londres aunque se dice de La Palma, «la isla más bonita de Canarias». Se licenció en Arquitectura por la Politécnica de Barcelona, donde aprendió la lengua catalana y el orden racional de una ciudad diversa donde el anonimato se confunde con la libertad. Superó un proceso de selección de 900 personas para acceder a su estudio de arquitectura favorito, que la mandó a la India a trabajar 17 horas diarias con olímpico desprecio de lo estipulado en el contrato laboral. «Nadie puede darme lecciones de lo que es tener que salir a ganarse la vida», se ufana. También vivió en Cabo Verde, donde dormía en tienda de campaña y se duchaba en el mar. «A mi regreso aprendí a valorar la ducha, el agua caliente, como nunca imaginé. Y sin embargo allí eran felices. Te preguntas qué nos falla aquí para no serlo teniéndolo todo». Quizá montando jaimas en la Carrera de San Jerónimo ganaríamos en fraternidad nacional. O no.

Melisa rara vez pasa más de cuatro días seguidos en la misma ciudad. Ha encontrado una forma revolucionaria de salvaguardar su ocio: identificarlo con el trabajo. «La vida privada queda reducida al mínimo y la echas de menos. Yo suelo ir a Canarias todas las semanas pero no a mi casa: llevo dos meses y medio sin ver a mi familia». En Ciudadanos se encarga de las áreas de Juventud, Energía y Medio Ambiente, de dirigir la formación en Canarias, de la portavocía adjunta en el Congreso y de tomar ideas de ALDE (Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa) para integrar mejor a los jóvenes en el partido. Sigue en eso el modelo croata: nada de nuevas generaciones ni juventudes socialistas. Se forma a los menores de 35 con talleres específicos y adelante, sin cuotas que filtren el talento con cuentagotas. «Queremos a los buenos, sin mirar la edad en el DNI».

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16 agosto, 2017 · 14:46

Toni Roldán: “El centro debe tocar la parte emocional sin perder la racionalidad”

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Toni Roldán.

Es el centrocampista más prometedor de Ciudadanos. Rápido, versátil, formado en canteras extranjeras que le han dejado una tendencia incorregible a trufar su discurso de anglicismos, como si llevara dentro una escuela pija de negocios. Pero Toni Roldán (Barcelona, 1983) no proviene precisamente de una familia de pérgola y tenis; más bien corren por sus venas gotas de sangre jacobina. Su padre, Santiago Roldán, fue un economista marxista al que Felipe González encargó el programa con el que arrasó en las míticas elecciones de 1982. Fue un rector histórico de la Menéndez Pelayo. Era de la quinta de Solchaga, de Boyer -dos de los referentes de Toni-, de Maravall: las mejores cabezas del felipismo.

A su abuelo materno lo metió Franco tres años en una cárcel de Ceuta por hablar catalán fuera de la intimidad. «Mi padre murió en 1997, mucho antes de que pudiera verme estudiar Económicas, publicar un libro o meterme en Cs. Esto último probablemente no le habría gustado, pero era un hombre lo suficientemente abierto y heterodoxo como para evolucionar con los tiempos. Si viera el programa de Podemos de hoy diría: ¡Pero si esto son las tesis que defendía en los 60!».

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9 agosto, 2017 · 11:28