Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

Culpable de inundación

Los problemas crecen.

Los problemas crecen.

Es común que el columnista español abuse del carácter nacional para apuntalar la columna. Le pasa al columnista como le pasa al tuitero del montón, porque la pereza mental no respeta a nadie. Pocos tópicos tan españoles como este de descubrir españoladas genuinas en cada noticia que admita una lectura costumbrista. Pocos paletos tan acabados como el papanatas que pone los ojos como bolitas de alcanfor ante el primer exotismo y cada dos horas estalla de superioridad moral en Twitter: «¡País de pandereta!» Al odiador de panderetas yo de hecho lo vendería en las tiendas de souvenirs de la Plaza Mayor junto con la flamenca y el torero: con su barbita hipster y su tarjetita FNAC asomándole del bolsillo vaquero.

El beato del carácter nacional levita ante la desidia sureña, la envidia atávica, la propensión inquisitorial al chisme: como si no hubiera noruegos chismosos, o como si los ingleses no se abonaran a la siesta en cuanto la descubren. Ahora bien. Hay mañanas en que el tópico parece confluir con el hecho. Se produce una crecida espectacular del Ebro y puntualmente acude España a ocupar su lugar (común) con Caín: murcianos quejándose de que unos tanto y otros tan poco; maños respondiendo que allí tampoco sobra, que en invierno se puede cruzar el Ebro a pie a la altura de El Pilar. Es la circularidad argumental que emocionó no a Spielberg, sino a Machado.

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Territorio Zarrías: la maldición del olivo

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Albanchez de Mágina, pueblo de Juan Lanzas.

Apenas han transcurrido 24 horas desde que el juez Alberto Jorge Barreiro citara a declarar, entre otros, a Gaspar Zarrías como imputado en el mayor caso de corrupción de la historia de España, pero en su Cazalilla originaria sólo parece haberse enterado Juan Balbín, que cumple aquí dos décadas como alcalde socialista.

Cazalilla, corazón de Jaén, se alza sobre una suave loma enmarcada por olivares y bendecida por el trazo feraz del Guadalquivir. No llega al millar de habitantes -«novecientos veintialgo», precisa Balbín- esta pequeña localidad de la Andalucía interior cuya economía depende del olivo, se dice, aunque debiera decirse del subsidio agrario, y cuya identidad política se confunde con el socialismo que ha gobernado la Junta de Andalucía desde que hay democracia. Tras una victoria de UCD en los primeros comicios democráticos, el municipio no ha conocido otro gobierno que el socialista, como tantos de la Andalucía rural. Allí donde el color del voto parece tan eterno como el de su paisaje. Allí donde reside la fortaleza de Susana Díaz, su pie en pared electoral desde el que proyectarse hasta San Telmo, y de ahí a Ferraz, y de ahí -quién sabe- a La Moncloa. Allí donde los pocos vecinos que se ofrecen a la vista del reportero se enteran por él de la imputación de su hijo más ilustre, a quien incluso el marciano votante del PP (un 26% frente al 71% que cosechó el PSOE en las municipales de 2011) respeta demasiado como para desearle una condena.

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National Geographic

Rivera, rival a batir.

Rivera, rival a batir.

Para los que amamos la naturaleza hay pocos espectáculos tan conmovedores como la inteligencia letal de la hiena o el cainismo de un partido español cuando se aproximan elecciones. Hay quien está enganchado a un reality y por un rubor anacrónico todavía declara que ve documentales de La 2; a mí me pasa al contrario, perdonadme, y me fascina la humanidad de los animales como a otros la animalidad de los humanos. Bien es verdad que me aburren los procesos de celo y cópula, demasiado similares a una noche estándar en la calle Huertas como para despertar mi interés, pero me excitan inconfesablemente las cacerías protagonizadas por grandes mamíferos o por insidiosos reptiles, de cuya sofisticación Ferraz o Génova, pese a sus progresos, aún tienen mucho que aprender.

El hecho de que el PP haya puesto en circulación un argumentario para tratar de destruir la imagen ascendente de Albert Rivera me recuerda a cierta especie de araña que segrega al nacer una droga destinada a atontar a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias crías recién nacidas. La naturaleza regala por millones estos ejemplos de atrocidad ilimitada que deberían hacer recapacitar no ya a los veganos, sino a todos los que añoran purezas roussonianas desde el confort de la urbe; pero hay que reconocer que un documental ofrece pautas muy útiles al análisis político. En cierto modo, el auge de Ciudadanos nace del marianismo como el de Podemos del rubalcabismo: fenómenos que eclosionan en las telarañas de la vieja alternancia por pura reacción social. ¿Habrán alcanzado ya las nuevas criaturas un desarrollo autónomo suficiente como para evitar que el sistema los engulla? Todo apunta a que sí, y de ahí el argumentario segregado desde el nido a modo de ácido reputacional.

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Cortesía de David Gistau, pregunta 27.

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El nombre de la rosa

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

Hay que celebrar la designación de Ángel Gabilondo como sucesor de Tomás Gómez: seguramente solo un catedrático de Metafísica puede explicarnos por qué un partido como el PSOE decide autodestruirse a comienzos del año electoral más decisivo desde su fundación: aquel que dirimirá si vive o muere. Si Leibniz se preguntó por qué hay algo en vez de nada, hoy los votantes socialistas de Madrid se preguntan consternados por qué hay nada en vez de algo. Si Aristóteles definió el movimiento como el paso de la potencia al acto, el caso Gómez delata a un partido estancado que pasa de la potencia… a la impotencia. Y si para Heidegger el hombre es el pastor del ser, entonces hay que plantearse si Pedro Sánchez es realmente un buen pastor, si el PSOE es o no es y si quedan ovejas en su aprisco o se las ha merendado ya el lobo, que gasta coleta. Estos autores salían en las clases de don Ángel y es de desear que salgan ahora en sus mítines, de modo que el nivel intelectual durante la próxima campaña autonómica experimentará un alza drástica.

El filósofo William James hizo gala de una rara honestidad cuando confesó que solamente puesto de gas de la risa -óxido nitroso- había conseguido comprender a Hegel. Con el PSOE, en cambio, no hace falta recurrir a sustancia alguna: estos días ofrece un espectáculo tan abiertamente cómico, tan berlanguiano, que más bien hay que atracarse de setas holandesas para otorgar alguna seriedad alucinógena a las evoluciones de sus dirigentes. Lo de cambiar la cerradura de la sede de Callao para que no entren ya más los nuevos proscritos compone literalmente una escena de Azcona, pero es que Billy Wilder habría dado su mano derecha y seguramente también la de Marilyn Monroe por escribir una frase de guión como la respuesta de Tomás Gómez al enterarse: «Que me devuelvan la miniatura de mi vespa». Y luego dicen que la política es aburrida, y que causa desafección en la ciudadanía; si yo fuera Wert, le quitaba el 21% del IVA al teatro y se lo ponía a la política. Contemplamos su desplazamiento a sitcom surrealista con un placer culpable como de evasor fiscal. El humor fino se paga.

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Café, copa y puro

La revolución... del ¿bótox?

La revolución… del ¿bótox?

Se está poniendo imposible ser rico en España. No es que la prosperidad tenga aquí larga tradición, pero pocas desgracias se ciernen hoy sobre el español como tener que conducir un Cayenne o mudarse a Puerta de Hierro. Incluso evadir impuestos, que siempre se consideró de buen tono, despierta raras suspicacias en las portadas de los diarios a los que continúan suscritas las lounges del Barrio de Salamanca, donde por cierto arrasa Podemos como antaño la baba de caracol, con la ventaja de que votar lila permite al lomanismo expiar cómodamente la vergüenza por los golpes que la vida no le da.

Todo cosmético trabaja por definición sobre la epidermis de los problemas y así Podemos ficha a Falciani como experto fiscal, suponemos que por expreso deseo de Monedero: ten cerca a tus amigos pero más cerca a un espía de cuentas suizas. A su derecha, el PSOE anuncia que publicará las declaraciones de bienes y actividades de todos sus candidatos para que veamos que ninguno es rico. ¡Qué diferencia con el socialismo babilónico de Solchaga convocando alegremente al pelotazo! Si no fuera por Monedero, esta ola de plutofobia amenazaría con clausurar la ancha veta de la picaresca hispana, cuando hidalgos hambrones salían a la calle en ayunas pero con unas migajas de pan calculadamente dispuestas en las comisuras de la boca. Ahora se trata más bien de hacerse perdonar cualquier indicio de éxito, un poco a la manera de Foxá, quien teniéndolo todo -puesto de embajador, fama literaria, fortuna y una esposa guapísima- tuvo que inventarse que padecía una aparatosa enfermedad para que los caínes de guardia le dejaran tranquilo.

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Una cortesía de Sostres.

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El dios del bipartidismo llora sobre 2014

El autor, acreditado por Zoom News en la tribuna de prensa del Congreso para cubrir la proclamación de Felipe VI.

El autor, acreditado por Zoom News en la tribuna de prensa del Congreso para cubrir la proclamación real.

En la hora del balance, que es el pasatiempo encontrado por los periodistas para demorar el encuentro en la cena con el cuñado, se abre paso un acuerdo general en torno a la emergencia de Podemos como noticia del año. La competencia es dura: la abdicación de Don Juan Carlos y la proclamación de Felipe VI, la retirada de Rubalcaba y la elección en primarias de Pedro Sánchez, la crisis del ébola, los asaltos a Melilla, el desborde de la corrupción, la dimisión de dos ministros, la Décima del Real Madrid. No necesariamente en este orden. Pero la impresionabilidad tertuliana insiste en que el dios del bipartidismo llora sobre 2014.

Si abrimos el foco al tablero internacional, la competición se recrudece: la ígnea Ucrania, el terror del Estado Islámico, las paces cubanoamericanas, las cosas del zar, el escaso humor norcoreano, la catequesis global de Francisco, los polvos de Hollande y los lodos de Grecia. Y sin embargo nadie se atreve a sugerir la noticia más importante para el interés directo del español: el despunte de la recuperación económica. Con todos los matices, pero sin miedo a la fatwa temible que cae sobre el sospechoso de propagandista pepero, porque la verdad a veces coincide con la odiosa propaganda oficial y en esos momentos se requiere tanto coraje para decirla como cuando no coincide. O más.

Dejaré al margen mi simpatía entomológica hacia don Mariano, que es la clase de afecto libre que nace por el político al que no hemos votado. (El que sí hemos votado nos compromete a una indignación por día, generalmente.) Reconozco que don Mariano me resulta simpático por las mismas cosas por las que les resulta antipático a todos los demás: porque no sabe comunicarse la primera de ellas, aunque uno lo ha visto durante años defenderse en el Congreso con suficiencia insultante. Pero lo que me importa de este hombre, al margen de que le respete y no le vote, es lo que hace con mi país. Con el que, por otra parte y como ha señalado Pablo Iglesias en reciente artículo, poco se puede hacer por la escasez de margen soberano que le queda a un Estado miembro de la Unión Europea que no sea Alemania. En la Europa del siglo XXI solo hay un camino: la economía social de mercado al dictado de una ortodoxia supranacional. Peor fue el camino del siglo XX.

La ejecutoria de Rajoy no ha sido desastrosa sino directamente imperceptible en todo lo que no fuera economía, donde ha practicado el inevitable continuo socialdemócrata con guarnición de austeridad: recortes e impuestos, reforma laboral y a esperar a que escampe. El ajuste ha funcionado y ya hasta se pueden pactar subsidios de desempleo con los sindicatos: quien vea liberalismo o conservadurismo ahí es un sentimental. La poda del Estado, la regeneración política o el lío territorial son asuntos temerariamente aplazados. Ahora bien, soy de los que se malician que don Mariano todavía puede rendir un balance positivo en las generales si el empleo sigue creciendo y el separatismo catalán desinflándose. ¿Se imaginan ustedes que el plan le sale bien y gana las elecciones en 2016 y gobierna otros cuatro años? No habría bronce suficiente en los casetones del Panteón para fundirle la estatua al dios celta de la indiferencia. Porque de momento don Mariano está sentenciado por la opinión pública, que es esa señora del sketch de Martes y Trece que rechaza dos cajas de detergente Gabriel en lugar de una del mismo detergente Gabriel.

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Memorias de un motorista de Franco

Comitiva franquista.

Comitiva franquista.

[Los hechos, situaciones, diálogos, nombres y datos que pautan esta recreación son estrictamente históricos. He podido contrastar personalmente la veracidad de las dos anécdotas relatadas con los descendientes de sus respectivos protagonistas: Alberto Ruiz-Gallardón y Rubén Amón. El resto, obviamente, pertenece al ámbito de la ficción. Quiero dejar claro que durante la escritura de este reportaje no ha corrido peligro la vida de ningún dictador]

Anoche no pude pegar ojo por culpa de Luis Miguel. Luis Miguel Dominguín, el torero. El Número Uno, vamos, según se ha proclamado él mismo. El maestro se ha comprado una moto de gran cilindrada, como se suele decir, y anoche decidió que todo el vecindario de la plaza de Santa Ana tenía derecho a gozar del privilegio de oír el rugido de su motor entre las diez de la noche y la una de la mañana. ¡BRRRUMMM! ¡BRRRRRUUUMMMMM! Y risotadas de su cuadrilla, y cabriolas, y venga a probar el acelerador. El torero estrenando su moto como un adolescente en pico de celo, que quizá es lo que son los toreros eternamente. Y así estuvo hasta que mi vecino Ronquillo, ilustre aficionado de Las Ventas pero amante igualmente del descanso nocturno, salió al balcón y gritó:

–¡Luis Miguel, menos ruido con la moto y más cargar la suerte!

Se hizo el silencio en la plaza. Luego se oyó una blasfemia, un último acelerón y por último el ruido de la moto se perdió por la calle del Príncipe, llevando encima al Número Uno camino de plazas menos desaprensivas.

Yo de motos sé algo. Me han gustado siempre y por eso creí que era buena idea aceptar el puesto de motorista en El Pardo. Ya imaginan ustedes a lo que me dedico: llevo cartas que salen del mismo despacho del Caudillo. Cartas que obran un cambio asombroso en el rostro de sus destinatarios. Yo los veo cómo empalidecen todos ya desde el momento en que me ven aparecer. Cómo un atisbo de esperanza se resiste a morir en sus ojos cuando me preguntan si vengo de El Pardo. Cómo se derrumban definitivamente cuando les digo que sí.

Al jefe le gusta que las órdenes se hagan efectivas a la mayor celeridad. Un dictador cuyas órdenes no se cumplen de inmediato ni es dictador ni es nada. Él personalmente no se considera un dictador, sino más bien el caudillo de España por la gracia de Dios, pero para el caso es lo mismo. Le gusta que se le obedezca, y que se le obedezca ya. Incluso que se le obedezca ayer. Si quiere que un subsecretario, un secretario a secas o todo un ministro cesen en sus respectivos cargos, quiere que su decisión de destituirlos coincida casi en el tiempo con el conocimiento de esa decisión por parte del interesado. Y solo hay una manera de lograr con mediana eficacia esa coincidencia, o al menos de acortar la distancia temporal entre la voluntad de Franco y la cara de sorpresa del desdichado: usar un motorista.

–Mi general, ¿acaso no se fía del servicio de Correos?

–No, mire, ese es el canal convencional: el que utiliza un empresario mediano o incluso un sindicalista vertical. Pero comunicar ceses por vía de motorista, eso en España solo lo hago yo. Y todo el mundo lo sabe, que es lo que me importa.

Yo supongo que cuando alguien acaudilla un país debe cuidar las formas. En el aparcamiento de El Pardo lucen los dos modelos más emblemáticos del parque de motocicletas del Estado. Están las Harley-Davidson del amigo americano, perfectamente alineadas y pulidas, a la espera de la próxima misión de protocolo. Y está luego mi herramienta de trabajo: la temida Sanglas modelo 400T de cuatro tiempos y motor de 423 centímetros cúbicos. Es una máquina magnífica que hacen en una planta de Barcelona desde 1956; para que luego digan que los catalanes no son afectos al Régimen.

Ahora bien. La Sanglas 400 es la montura de un jinete apocalíptico en las pobres mentes que ocupan los cargos de la Administración. Yo no sé cuántos viajes portadores de la muerte laboral habré hecho desde que acepté el trabajo, que incluye el uniforme negro o caqui, las gafas de mosca mutante y el casco con orejeras. Al principio me divertía ser la viva imagen del respeto, por no decir del acojone. El suave rugido de la Sanglas, que tanto me relajaba, suena en los oídos de los tristes apesebrados de organigrama como el coro arcangélico que anuncia el Juicio Final. Qué quieren ustedes: uno no puede reprimir cierto gozo al ver a tanto enchufado perdiendo su sinecura, que a saber las flexiones que tuvo que hacer para conseguirla. Pero con la repetición de la escena uno primero se habitúa, después se empacha y por último empieza a concebir lástima del prójimo. El Caudillo tiene razón: no hay nada peor que meterse en política. En la política se pasa uno el día temiendo que lo echen a la calle por una ventolera del superior. Es humillante, coño. No sé cómo pueden vivir los ministros bajo esa tensión permanente. ¡Hasta Manuel Fraga acusó el golpe! Un compañero se negó al servicio pretextando indisposición cuando conoció el nombre del destinatario y me tocó a mí ese viaje. ¿El león de Villalba? Vamos, vamos: se puso blanco como todos los demás, cerró la puerta con la suavidad de un sonámbulo y al mes estaba de embajador en Londres.

Voy notando que este oficio me desgasta. Mi mujer dice que me deje de melindres, que en una dictadura el mío siempre es un puesto con demanda asegurada y que, si no lo hago, lo hará otro. ¡Para ella, que no ve las caras descompuestas de esos infelices, es muy fácil decirlo! A mí la moto siempre me hizo sentirme libre, no conozco nada que genere más eficazmente ese sentimiento que una moto. Pero hay días en que uno pediría un poquito más de humanidad por parte del jefe.

La moto Sanglas, mensajera del miedo.

La moto Sanglas, mensajera del miedo.

Recuerdo ahora una anécdota de 1956, el año precisamente en que empezó a fabricarse en cadena la Sanglas 400. Ese fue el año en que a una cuerda de intelectuales especialmente inquietos –cuando el Caudillo oye hablar de la palabra “intelectual” se lleva la mano al brazo incorrupto de Santa Teresa– les dio por fundar un sindicato alternativo. O sea, un sindicato, de verdad: comunista, vamos. A quién se le ocurre. Detrás de la broma estaba una selección de lo mejor de cada casa: marxismo, socialismo, falangismo rebotado, comunismo ortodoxo y monarquismo recalcitrante. O sea, Ramón Tamames, Enrique Múgica, Dionisio Ridruejo, Javier Pradera y José María Ruiz Gallardón. ¡Y ante eso Franco qué va a hacer, claro!, dice mi señora. No tuvo más remedio que ordenar la inmediata encarcelación de los cuatro: los apresaron en la misma casa donde celebraban la conspiración, que resultó ser la de Ruiz Gallardón, y se los llevaron a Carabanchel.

La cosa fue que la familia de este último sindicalista estaba convencida de tener algún ascendiente sobre el Caudillo. La verdad es que algún motivo tenía para creer semejante extravagancia. Yo leo los periódicos. El padre de José María Ruiz Gallardón había sido Víctor Ruiz Albéniz, médico y periodista de sonoro seudónimo: Tebib Arrumi, que en árabe significa médico cristiano. A Franco le gustaron las resonancias épicas de sus crónicas cuando fue corresponsal de guerra durante la carnicería del Rif y lo fichó de cronista orgánico. Solo por eso su esposa Julia, confundiendo las cosas como solo las madres pueden hacerlo, se presentó en El Pardo para pedir la liberación de su hijo en nombre de la intachable adicción al Régimen de los Ruiz. Por casualidad salía yo del despacho de recoger una de esas cartas y pude oír la conversación:

–Le juro que es un chico estupendo, Excelencia; no pinta nada en la cárcel.

–¿Y cómo está usted, doña Julia? ¡Tiene un aspecto soberbio!

–Si es que además no ha hecho nada malo. Al pobre mío lo lían esos intelectuales con los que va…

–Un aspecto magnífico, de verdad. ¡No habrá hecho usted un pacto con el diablo, doña Julia!

–Le digo que lo pasa muy mal, que la cárcel no es lugar para mi José María. ¡Ni siquiera puede jugar al ajedrez!

–¿Cómo? Eso sí que no. A ver usted, ordenanza: llame al motorista que acaba de salir y que le lleve a la cárcel de Carabanchel un ajedrez al preso Ruiz Gallardón…

Di un respingo hacia atrás para que el ordenanza no me pillara poniendo la oreja. Me tocó acercarme a un bazar, comprar un sencillo ajedrez de madera con el exiguo presupuesto que me confiaron a tal efecto y conducir la moto hasta la cárcel de Carabanchel para entregarle el ajedrez al pobre sindicalista, que se me quedó mirando cómo diciendo: ¿Esto es una broma?

La verdad es que me fui de allí con mal sabor de boca. Después de aquello el recluso aún cumplió dos semanas más de encarcelamiento hasta completar el mes reglamentario. Cuando salió se llevó el tablero a la misma casa familiar donde había sido detenido. Calculo que allí debe de seguir para que sus hijos al jugar guarden memoria de la magnanimidad del jefe del Estado.

No sé si contar esto pero, total, tampoco tengo pensado ser escritor cuando me jubile. Me gusta escribir pero ya publicar me parece que es arriesgarse para nada. Ocurre que los españoles están acostumbrados a ver a Franco en el asiento del Rolls o en la cubierta del Azor. Pero lo cierto es que al jefe lo que le gustaba de verdad eran las motos. Lo contaré para que se vea bien lo que digo.

Homenaje a Santiago Amón en el Ayuntamiento de Madrid.

Homenaje a Santiago Amón en el Ayuntamiento de Madrid, siendo alcalde Ruiz-Gallardón.

Hubo otro intelectual díscolo llamado Santiago Amón que descubrió el secreto un día que el séquito del jefe bajaba por la Gran Vía, cortada para la ocasión. Como de costumbre, Franco había seleccionado personalmente a su doble para que acompañara a Carmen en el interior del Rolls, mientras él mismo iba unos metros por delante de mí, ataviado como un motorista más, abriendo la comitiva en una gozosa Harley. Por entonces había muchos rumores de atentado y se decidió que esta estrategia era la más segura para la integridad física del jefe si atacaban el coche. Por entonces yo no me había especializado aún en las cartas, así que también operaba en servicios de seguridad y protocolo. Todos los motoristas estábamos en el secreto y convenientemente amenazados bajo pena de muerte. A doña Carmen, por su parte, aquello no le parecía del todo bien, pero su marido la tranquilizaba encareciéndole el blindaje británico del Rolls. Yo personalmente sospecho que Franco no temía ningún atentado; que lo que le apetecía era montar en moto porque dentro del coche se aburría como una ostra. Y con doña Carmen al lado no les quiero contar. De hecho el doble estaba muy bien pagado, y yo creo que no tanto por la eventualidad de tener que morir en lugar del Caudillo sino por tener que soportar un rato a su parienta. En eso el jefe es como todos los demás.

El caso es que nos detuvimos en un semáforo ya junto a la Cibeles y mi insigne antecesor en la comitiva echó la pata al suelo a la altura de un joven que se le quedó mirando con ojos escrutadores. Y que al final no pudo resistirse y habló:

–Oiga, usted es Franco.

–Lo soy. Pero no se le ocurra decirlo por ahí porque se le cae el pelo.

Aquel joven era el tal Amón que, para más inri, era miembro junto con Fernando Sánchez-Dragó y Paco Rabal de una célula del PCE financiada directamente por Moscú. A su regreso a El Pardo el jefe ordenó investigar al impertinente, pero resultó que Amón no constituía ninguna amenaza: el CESID comprobó (sin necesidad de mucha pesquisa) que la célula de Amón se fundía los fondos moscovitas en restaurantes, copas y otras jaranas. Era lo más inteligente que podía hacer: si llega a informar a sus superiores de que tuvo delante a un jefe de Estado fascista y no hizo otra cosa que preguntarle, habría sido él quien hubiera corrido riesgo físico. De hecho lo acabaron expulsando del Partido en 1960 por “indisciplina intelectual”. Ante tales evidencias me da por pensar que los españoles se toman tan poco en serio el nacionalcatolicismo como el antifranquismo.

Ahora el Caudillo ya no puede mear sin asistente: como para montar en moto. Yo apuraré en mi puesto hasta la jubilación, qué remedio. De lo contrario, además de buscar trabajo a mi edad tendría que separarme de mi mujer. En vez de eso este sábado subimos a la sierra con Ronquillo y su señora a hacer un picnic, y nosotros vamos en mi moto. Lo de usar la moto oficial para excursiones privadas es un gentil privilegio que concede el cuerpo de motoristas a los veteranos.

Yo no sé cómo juzgará la historia al jefe. Es un hombre que se va a morir habiendo cumplido su santa voluntad durante la mayor parte de su vida, y eso es algo que no puede decir cualquiera, me temo. Y además se sirvió de las motos para hacerla cumplir. Yo sospecho, de hecho, que en la historia de este pueblo quedaremos los motoristas de El Pardo como la imagen más viva de un poder que circula a sus anchas… y por un solo sentido.

El Pardo, Madrid, enero de 1975.

Aquí, el número cinco de Pont Grup Magazine en todo su esplendor.

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Corbata y vaqueros: Albert Rivera presenta el uniforme de la tercera España

'Arreglao' pero informal: Albert Rivera.

‘Arreglao’ pero informal: Albert Rivera.

Ni bipartidismo decadente ni populismo emergente. Ni la putrefacción de las instituciones ni su destrucción oportunista. Ni gran coalición ni asalto al cielo. El mensaje de la tercera España lo ha vestido esta mañana Albert Rivera con esa mezcla de resolución y humildad que busca representar Movimiento Ciudadano (MC), la plataforma transversal concebida para los votantes de centro reformista que no necesitan decir casta para sentirse defraudados por PP y PSOE. A ellos se dirigió el líder de Ciudadanos (C’s) con chaqueta y corbata de nudo fino por arriba y con vaqueros desgastados por abajo, a partir de hoy uniforme oficial de la tercera vía. Y hablando de usted al auditorio, añeja cortesía que tras el fichaje de La Pechotes por parte de Cuatro casi nos arranca lágrimas de gratitud.

Corbata y vaqueros. Ambición y modestia. Respeto y descaro. Tradición y modernidad. Conservar el legado de la Constitución pero plantear reformas urgentes en cinco ámbitos principales, consensuadas por los 70.000 firmantes con que ya cuenta la plataforma: ley electoral más representativa, pacto nacional por la educación, descolonización política de la justicia, adelgazamiento de la Administración y una regeneración de los partidos políticos impulsada por alguien que no salga en ningún sumario, a ser posible. Magníficas intenciones que desde luego muchos comparten, incluida Rosa Díez, a quien, sin embargo, no se esperaba en el Teatro Goya como no se espera a Papa Noel en una casa comprometida con los Reyes Magos. Ya saben ustedes: una cosa es liderar un homenaje a la duplicidad como es UPyD respecto de C’s y otra muy distinta es que venga uno más guapo y te robe la silla. O el escaño. O el trono. Y este es el drama: que hasta por la tercera España cruza errante la sombra de Caín.

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