Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

Así vigilamos a Putin en el Báltico

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En el hangar de la Victoria de Samotracia.

Alpha Scramble, Alpha Scramble! ¡Alerta, alerta!

Son las 11.05 del sábado 19 de marzo y el megáfono de la base militar de Siauliai, norte de Lituania, llama a los pilotos españoles para que corran a los hangares, suban a dos Eurofighters listos para despegar y averigüen por qué el radar ha detectado una traza irregular tan cerca de la frontera con Rusia. Si se tratara de un simulacro, de un entrenamiento rutinario, el megáfono habría anunciado: «Tango scramble, Tango scramble«. Pero ha dicho Alpha, el término técnico para una operación real.

Desde que el destacamento español llegó aquí el pasado diciembre, se han producido tres salidas Alpha. La primera la motivaron dos aeronaves de la Fuerza Aérea Rusa, que fueron interceptadas y devueltas a su ruta. De las otras dos no se dieron detalles. Esta hace la cuarta, y da la casualidad de que sucede con periodistas delante. Los mandos tienen prohibido darnos demasiada información: tan solo nos confirman que se ha detectado una traza sin identificar sobre aguas internacionales. Pero parece obvio que detrás de cada una de estas invasiones del espacio aéreo aliado están los traviesos aparatos de Putin.

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15 abril, 2016 · 18:48

El hacha y el martillo

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Boxeo es vida. Vive duro.

Más que una novela, el tolo­sa­rra  ha escrito un repor­taje nove­lado en torno a dos míti­cos púgi­les vas­cos: Pau­lino Uzcu­dun e Isi­doro Gaz­ta­ñaga, cuyas vidas va entre­cru­zando con el rigor docu­men­tal y el sen­tido cro­no­ló­gico pro­pio de las bio­gra­fías. El autor, cate­drá­tico de Lite­ra­tura y autor bien cono­cido en el ámbito eus­kal­dún, forma parte de la gene­ra­ción de los Atxaga y Jua­risti, y ha publi­cado media decena de nove­las, libros de via­jes, can­cio­nes y rela­tos. En esta oca­sión recons­truye las aza­ro­sas tra­yec­to­rias de dos boxea­do­res que a prin­ci­pios del siglo XX pasea­ron el nom­bre del País Vasco y de España por el olimpo del noble arte tanto en la escena euro­pea como en la estadounidense.

A Uzcu­dun se le apodó el Leña­dor Vasco pronto y con impe­ca­ble cri­te­rio, pues se había criado como aiz­ko­lari en un case­río gui­puz­coano hasta que mar­chó a París a for­marse como púgil, con­fiado en su inti­mi­dante com­ple­xión. Su carrera fue meteó­rica: los riva­les caían aba­ti­dos por sus guan­tes como antaño caían las ramas bajo su hacha. Su pegada des­co­mu­nal y su coraje faja­dor lo hicie­ron tres veces cam­peón de Europa. En Amé­rica tam­bién impar­tió brio­sas lec­cio­nes de cocina vasca, pero fra­casó en su asalto al cam­peo­nato mun­dial con­tra el legen­da­rio Joe Louis, el bom­bar­dero de Detroit. Gaz­ta­ñaga, por su parte, el Mar­ti­llo Pilón de Ibo­rra, siendo más agra­ciado y téc­nico com­par­tía rotun­di­dad con Uzcu­dun, su ídolo de juven­tud y más tarde amigo en el cir­cuito hasta que rom­pie­ron por riva­li­dad depor­tiva pri­mero e ideo­ló­gica des­pués: al esta­llar la Gue­rra Civil, Uzcu­dun optó por Falange (y el autor no oculta su con­dena por ello) mien­tras que el repu­bli­cano Gaz­ta­ñaga se quedó en Amé­rica, enca­de­nando haza­ñas de alcoba y peleas de com­pro­miso que seña­li­za­ron su deca­den­cia hasta el tra­gi­có­mico final: acabó tiro­teado en Boli­via por un cor­nudo. A ambos les gus­taba tanto la juerga auto­des­truc­tiva como los K.O., en la mejor tra­di­ción de los pesos pesados.

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15 abril, 2016 · 18:35

Wallace en España

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Democracia directa.

Al constatar este españolísimo triunfo de la vetocracia que nos aboca al 26-J recuerdo la mejor frase de ‘Braveheart’, que no sale de la arenga de Wallace pintado para la batalla sino de su mastodóntico lugarteniente, quien aboga por la democracia directa del hachazo. Wallace le razona que la guerrilla no da para más, que es preciso contar con los jefes de los clanes. Es entonces cuando el gigante pelirrojo blande su argumento definitivo:

-Son políticos, William. No se pondrían de acuerdo ni en el color de la mierda.

Veamos. Independentistas, hay. Maniqueísmo de gente contra oligarquía, también. No faltan atizadores de odios tribales. Para que España termine de parecerse a la Escocia medieval ya sólo queda que Patxi López implante en el Congreso las falditas, a cambio de erradicar por completo las corbatas.

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15 abril, 2016 · 18:28

Del Bosque vs. Cruyff

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Monte Rushmore celtibérico.

El plano de Vicente del Bosque hablando con Toni Grande en el banquillo equivale un poco a nuestro Monte Rushmore. En esa imagen hay quilates de institución y de consenso, de sentido de Estado y de eco histórico, de perfil patricio y de lustre senatorial. Si acaso se echa en falta, no sé, a Gabriel Cisneros, a doña Carmena en su defecto, pero la escena transmite en cualquier caso una poderosa virtud cívica. El Mundial de 2010 ha funcionado en el ámbito futbolístico como la Constitución de 1978 en el político, y se comprende que a los padres del milagro se les tenga en curial consideración.

¿Se comprende? Veamos. Hace tiempo que la prensa política señala fallas en el sistema del 78, cuando no compra directamente la burra populista y vende refundaciones adánicas; la prensa deportiva, en cambio, se conduce con mayor conservadurismo y se coge con papel de fumar las más sutiles objeciones a la deriva del ciclo delbosquista, cuyas deficiencias según se acerca la Eurocopa caminan en pelotas como el rey del cuento. Todavía se discutía esta semana si Casillas o De Gea, que a estas alturas ya viene a ser como debatir si monarquía absoluta o parlamentaria.

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Poetas guerreros de nuestras letras, esta semana en el Parnasillo de COPE

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26 marzo, 2016 · 13:08

Hombres buenos

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Banderas en la nieve. Destacamento Vilkas, Lituania, 19-III-16.

Escribo desde una ciudad nívea y remota llamada Siauliai, en el corazón de Lituania, donde un destacamento español lidera la misión de vigilancia aérea de la OTAN en el Báltico, al mando del teniente coronel Ballesta. Lituania es una pequeña nación orgullosa de su independencia reconquistada al comunismo, pero temerosa de que don Vladimiro haga ahora con ella lo mismo que ya ha hecho con Ucrania. El orgullo nacional de Lituania no es incompatible con la humildad necesaria para reconocer que carece de fuerza para defenderse de Rusia. Yo no soy futurista, pero les aseguro que hay pocos estremecimientos comparables a la crepitación atmosférica que causa el motor de un Eurofighter Typhoon en carrera de despegue. Dos veces al día, seis días a la semana durante cuatro meses, suena en los oídos de los habitantes de Siauliai esta nana maternal. Porque así suena la civilización cuando sale a patrullar cargada de cosas que hacen «pum». Hasta Colau se emocionaría.

Los pilotos de esos cazas son españoles. No se enrolaron, sospecho, para acabar defendiendo la integridad territorial de Lituania, pero tampoco es su misión establecer las alianzas estratégicas, sino de los políticos. El centenar de hombres y mujeres destacados aquí cumple a diario con tareas minuciosas, y dedica el tiempo libre a hablar con sus hijos por Skype o a ir a jugar con los niños sin familia de un orfanato cercano. Y hay una sobrecogedora continuidad moral entre el teniente coronel Ballesta que recibe el informe de vuelo de un caza letal y el mismo teniente coronel Ballesta arrodillado horas después entre muñecas para conquistar la sonrisa de un huérfano lituano.

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22 marzo, 2016 · 20:02

Alonso y la simpatía

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Saliendo siempre por propio pie.

Parece ser que Fernando Alonso no cae del todo bien. Se asegura incluso que cae más simpático fuera de España que dentro. Se rumorea que hasta Lobato acabó cansándose de él. Al campeón asturiano, uno de los grandes pioneros del deporte nacional, se le atribuye el peor de los pecados que un deportista español puede cometer: la frialdad. Alonso es un tipo templado, temperamento muy útil para conducir a 300 kilómetros por hora pero garrafal para atraerse el fervorín del aficionado español, que es un espécimen que se alimenta básicamente de lágrimas, sean de alegría o de tristeza.

El aficionado no le consiente que eligiera residenciarse en el extranjero, ni que se case o ame o rompa en secreto, ni que escude sus derrotas en los defectos del coche, ni que no aproveche cada comparecencia para levantar el enésimo monumento a la falsa modestia o al tópico de manual. A Alonso, sobre todo, no se le perdona esa manía de decir la verdad cuando la verdad decepciona.

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22 marzo, 2016 · 19:52

Nueva política según Homero

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Errejón atado al mástil para no oír a las sirenas radicales de su partido.

Hay que ver lo que la realidad ha hecho con don Alexis Tsipras. Contemplad, podemitas, el prodigio obrado en él. Sólo ha transcurrido un año entre aquel amanecer nietzscheano en que levantó acta de defunción de la Troika y este crepúsculo realista en que defiende la necesidad de deportar refugiados a Turquía, pasando por sus ronroneos en la pernera del FMI cuando lo de Davos. Sería Tsipras un griego paradigmático en quien se suceden dos héroes opuestos: el pendenciero Aquiles de la ‘Ilíada’ que ganó las elecciones desafiando a los dioses y el flexible Ulises que retorna a la Ítaca del crédito negociando con inteligencia. El trecho metafórico que separa al rudo guerrero del astuto navegante cifra el paso del mito al logos, de la utopía a la praxis. De la adolescencia a la responsabilidad. Del populismo a las instituciones.

Toda fuerza populista experimenta crisis de crecimiento en las que la voz no termina de modularse y la barba no acaba de salir. Paradójicamente, es el sector liderado por el lampiño Errejón el que más rápido madura, superando la retórica calimochera de fiesta del PCE y aceptando con todas sus consecuencias la efigie de diputado que el espejo -y la nómina pública- les recuerda. Mientras que Iglesias regresa con demasiada frecuencia al narcisismo estudiantil de Guerra Fría y megáfono caliente. Hay un alma parda en Podemos con el reloj parado en los 70 que si mira a Grecia se avergüenza de Tsipras y se excita con Varoufakis, ese Peter Pan de moto y chupa que sale a 53.000 napos por conferencia. Ya se sabe que la ficción vende más que el ensayo.

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Esta semana Rubén Darío en El Parnasillo de COPE, en el centenario canéforo de su muerte

Comentario en COPE sobre el 11-M: una herida española que no cicatriza

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11 marzo, 2016 · 10:38

El Empecinado, o el orgullo del arroyo

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El héroe en el pincel de Goya.

Ganar una guerra es la manera más segura de escribir la historia, según quiere el famoso adagio. Pero pocos hombres legaron, además de su nombre al panteón de guerreros ilustres, también su apodo a la psicología popular, al mismo tiempo que su peculiar táctica de combate al vocabulario universal de la estrategia bélica. Estas tres hazañas juntas le fueran concedidas a Juan Martín Díez, el partisano que venció a Napoleón empecinándose en una guerra de guerrillas antes de despertar del sueño de libertad y toparse con Fernando VII, que traía consigo las cadenas para su pueblo y la horca para su héroe.

De niño me fascinó la vida de este guerrillero de fiero mostacho y vida trepidante, siempre entre la gloria y la condena, ese brusco vaivén tan español y tan siglo XIX. Quizá todo empezara por el libro que mi padre me regaló en mi primera Feria del Libro: Fray Perico, Calcetín y el guerrillero Martín, donde el fraile ficticio y el combatiente histórico cruzaban sus destinos en plena Guerra de la Independencia. Hubo un tiempo en que los niños no solo leían, sino que se les daba a leer cuentos sobre la historia de España y no solo magia con hormonas. De Barco de Vapor al episodio nacional que Galdós le dedicó fui saciando mi curiosidad y alimentando una púber vocación de emboscador de franceses sin reparar en que mi país ya había entrado en la OTAN, y por tanto Francia era nuestro aliado.

Le llamaban “empecinado” por el cieno o pecina que perfumaba las aguas en descomposición del riachuelo que atravesaba su pueblo natal: Castrillo de Duero, provincia de Valladolid. Me encanta el simbolismo del detalle: a uno de nuestros héroes decimonónicos más indiscutibles le recordaban cada vez que le llamaban que era hijo del fango, un paria del arroyo, pero cuando fue ascendido a mariscal firmaba “Empecinado” con el orgullo crecido. Esa raza ya no se estila.

Se conoce que un soldado gabacho violó a una del pueblo y por ahí no pasó. Tirando de amigos y familia, Juan Martín armó una cuadrilla y se echó al monte a hacer la guerra por su cuenta, como buen español. Más tarde se enrolaría en el ejército regular, pero algunas batallas perdidas le persuadieron de regresar a su método, que se reveló eficacísimo: su dominio del terreno por todo el frente castellano le permitía tender emboscadas, interceptar correos, apresar convoyes y convertir en general su nombre en una pesadilla para los mandos napoleónicos. Cuando uno de ellos atrapó a su madre para exigirle que se entregara, el hijo capturó a cien franceses y respondió que o soltaban a mamá o los fusilaba a todos allí mismo.

Lograda la victoria continuó la guerra por medios políticos, pero esa trinchera exige más fortuna que coraje. Liberal comprometido con la Pepa, partidario de Riego, gobernador de Zamora, desterrado a Portugal con la restauración absolutista, el rechazo del título nobiliario con que fueron a sobornarlo terminó de enojar a Fernando VII. Todavía camino del cadalso logró romper las esposas y arremeter contra la soldadesca realista; reducido con una maroma, el golpe de soga al cuello fue tan violento que sus alpargatas salieron despedidas.

Goya lo retrata como el héroe que fue: paleto hasta la nobleza, irreductible hasta el martirio. Empecinado.

(Publicado en La aventura de la historia, número 209, marzo de 2016)

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6 marzo, 2016 · 9:30