Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

Todo acabará, pero no todavía

15274468566098

Leyenda en marcha.

Pedíamos ayer respeto para la hazaña del Madrid de Zidane, avisados por McManaman de que, si Guardiola hubiera conseguido lo que el francés, la gente cantaría desde los tejados. Pero después de ver la conquista de la Decimotercera reducida al enésimo pataleo de los excluidos comprendí que ni el respeto ni los cánticos son reacciones naturales a la hegemonía. A un Madrid que gana cuatro finales de Copa de Europa en cinco años sólo se le puede pagar con odio, con la presa rota de un resentimiento largamente acumulado. No merece la pena, aunque nos tiente, reclamar la ampliación del 155 para intervenir la prensa deportiva catalana porque no hay tributo más dulce a la grandeza blanca que la escocida cicatería de sus portadistas. ¿Los árbitros, el presupuesto, la flor? Música sacra para el oído madridista, la entrañable cantinela del desespero. Lo que está haciendo el Madrid es desesperante porque niega una y otra vez esa regla psico-cósmica a la que nos aferramos cuando esperamos el castigo del poderoso y el resarcimiento del vencido. Pero el fútbol no pertenece a esa clase de fe compensatoria. No es una promesa mesiánica para pobres ni se rige por los contrapesos del karma. El fútbol es de quien gana, y gana, y vuelve a ganar.

Ahora bien. ¿Qué significa ganar? La vida del madridista consiste a estas alturas en ir por Europa recogiendo orejonas mientras se convence interiormente que su fortuna no será eterna. Pero no se acaba. Reflexionando sobre esto escribía Íñigo Errejón que «la derrota será la justificación de tantas victorias», invirtiendo así la lógica de la felicidad del hincha no madridista, ese que justifica por la escasez de triunfos la medida de su gozo cuando finalmente acontece lo extraordinario. De ahí que Raúl bromeara con Butragueño en el autobús que nos llevaba al avión, dirigiéndole sarcasmos sobre la maldición que le negó a la Quinta su Champions. Ambos, leyendas vivas, han de reconocer humildemente que el ciclo actual sólo admite parangón con el de Di Stéfano. Por eso cuando la calva venerable de Zidane se hizo presente en la cabina, el avión entero estalló en aplausos agradecidos mientras el sultán de la Champions se inclinaba abrumado. A ninguno se le aplaudió tanto ni con tanta gratitud, con la salvedad acaso del presidente, que por la mañana había recordado con detalle -sospecho que Florentino es menos supersticioso de lo que cuentan- la final del 81: «Entonces nos ganaron ya desde el ambiente, no se veía una camiseta blanca». El ambiente también lo ganó en 2018 el Liverpool, pero el ambiente no cabe en una vitrina.

Leer más…

Deja un comentario

28 mayo, 2018 · 17:59

La dulce ciencia

9788494808654

El mejor libro de periodismo deportivo de todos los tiempos.

El boxeo ha dado casi tantos grandes escritores como boxeadores mismos. Ningún deporte se le puede comparar en potencia de inspiración, quizá porque el boxeo, como sentenció nuestro Manuel Alcántara, es el único deporte que no es un juego. De todos esos escritores una vez me advirtió José Luis Garci que el mejor había sido Abbott Joseph Liebling (1904-1963). Ahora he leído las crónicas que él mismo seleccionó a mediados del siglo XX -la edad dorada del boxeo, aunque él ya pensaba que la verdadera edad dorada fueron los años 20- en un volumen titulado La dulce ciencia, nombrado por Sport Illustrated el mejor libro de deportes de todos los tiempos. Ninguno exageraba. Es mejor que Norman Mailer, mejor que W. C. Heinz.

En la estirpe del pugilato literario que arranca en Pierce Egan -el Polibio de los cuadriláteros londinenses del siglo XIX-, pasa por Jack London y llega hasta Hemingway (entre nosotros el más grande ha sido Alcántara, cuyas crónicas ha editado Libros del KO), Liebling acaso marque la cota más elevada. Nadie como él es capaz de mezclar la sabiduría dramática de Budd Schulberg y la gracia estilística de Raymond Chandler. Leyendo sus piezas, el lector se zambulle en el blanco y negro bogartiano del cine clásico de posguerra, cuando el cuadrilátero ofrecía a los chicos de los bajos fondos neoyorquinos una oportunidad de redención. En cada una de sus largas piezas de reporterismo para The New Yorker, Liebling pone en juego la formación de un historiador, el rigor de un científico y la prosa de un novelista, todo ello sazonado con la ironía deliciosa y la insobornable honestidad de los grandes columnistas. Su dominio de la analogía original es absoluto: “Su cabeza parecía un viejo balón medicinal asimétrico al que alguien le hubiera pintado rasgos humanos”. Empleaba la primera persona, pero no sabía que estaba inventando una categoría del oficio que más tarde recibiría el cacareado marchamo de Nuevo Periodismo. Sencillamente amaba el boxeo, se sumergía en el peculiar mundillo de las cuerdas y aplicaba todo su entusiasmo informativo al antes, al durante y al después de las peleas.

Leer más…

Deja un comentario

22 mayo, 2018 · 14:01

Y el miedo se quedó blanco

31.jpg

Alfredo Di Stéfano.

¿Adónde va el miedo cuando se esfuma? Sabemos dónde se esconde mientras dura: en una zona indeterminada entre la garganta y el duodeno. Pero llega el minuto 90, Cristiano marca su penalti y el miedo sale del cuerpo como una exhalación. ¿Adónde irá? ¿Seguirá hospedado en los pechos de los culés? Esa sensación la compartió el madridismo durante una hora, y esa hora de dolor simétrico ante el coraje italiano se recordará como el centímetro más estrecho de empatía registrado entre Madrid y Barcelona desde el pacto del Majestic. Lo único que lamentamos los madridistas es que el penalti no fuera injusto. En cuyo caso, mal está confesarlo, el placer habría sido mayor. En los medios se tratará hoy de probar que no hubo falta sobre Lucas, y son esfuerzos que debemos agradecer porque van encaminados a aumentar nuestro gozo.

Sufrió el Madrid, pero a diferencia del Barça acumuló ocasiones suficientes como para evitarle al hincha esa clase de angustia que al periodista deportivo le obliga a sentenciar, a falta de mayor ingenio: «Qué bonito es el fútbol». Bonito los cojones.

Leer más…

Deja un comentario

12 abril, 2018 · 15:35

El Llarena solitario

15218370471772.jpg

La ley.

A la imparable decadencia de Occidente creía Spengler que solo se podía oponer un pelotón de soldados. Pero eso lo escribió en 1918, cuando la carne de Europa aún se descomponía en las trincheras. Hoy el campo donde se combate a la democracia es incruento, virtual incluso, y no alinea a soldados contra soldados sino a emociones colectivas contra derechos individuales. Las primeras alimentan el mar sin orillas de Facebook, que en ocasiones inunda los paseos marítimos y causa destrozos en la civilización; los segundos dependen de la razón y el coraje de un puñado de intérpretes del código penal, llamados jueces. Su misión es levantar diques y fijar en ellos la marca de la vergüenza para que las generaciones futuras sepan hasta dónde llegó esta vez la riada.

A la degradación de Cataluña se ha opuesto un hombre sobre todos, un español de Burgos, formado en Valladolid y curtido en Barcelona, impermeable al victimismo porno de los unos y a la componenda proxeneta de los otros. Pablo Llarena Conde (55 años, hijo de abogados, padre de dos hijos, número uno de su promoción, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo) podrá contar en las cenas familiares que a principios de siglo una parte de España retrocedió al salvaje Oeste, y que todo aquello a él le pilló en la oficina del sheriff. «En aquel tiempo, queridos nietos, yo fui la ley. Y la ley se cumplió». Podrá decirlo, porque habrá dicho la verdad.

Leer más…

Deja un comentario

28 marzo, 2018 · 21:03

Reo Ronaldo

58

Sinceridad cristiana.

Hace poco revisité la declaración de Cristiano Ronaldo ante la jueza, una de esas cosas que hacemos en domingos lluviosos. Hay un momento de la vista en que el goleador, quien como toda celebridad global está dotado de una autoconciencia agudísima, se desdobla para verse a sí mismo desde fuera. Y descubre entonces nada más que un acusado en el banquillo de un tribunal. Y entonces deja escapar una reflexión en voz alta, al borde del llanto: «Señoría, yo no sé qué hago aquí. Tengo hasta sexto de escolaridad. Yo la única cosa que hago bien es jugar al fútbol». Y a diferencia de un imputado cualquiera del procés, todos percibimos la radical sinceridad de su declaración. Lo cual no le exime de pagar hasta el último céntimo que adeude.

Cuando se retire y se amplíe la perspectiva, quizá entendamos que la sinceridad fue la principal virtud humana de Ronaldo, por encima de la disciplina o la ambición. Fue un hombre tan silvestre que no acató el primer mandamiento para sobrellevar la convivencia en sociedad: la hipocresía. La falsa humildad, que allana ante la opinión pública el disfrute íntimo de tus bien ganados privilegios. La asombrosa carrera del portugués se puede resumir así: «Prometió disparates, y cumplió con lo prometido». Decía que volvería a ser el de antes, el de siempre, cuando hasta los aficionados de su equipo -ese equipo en el que batió la marca goleadora de Alfredo Di Stéfano– lamentaban no haberlo vendido a Qatar. Y Cristiano volvía, a veces con una Copa de Europa bajo el brazo.

Leer más…

Deja un comentario

20 marzo, 2018 · 10:37

París era una siesta

15203837207519

Vigilia blanca.

Ya que los ultras no dejaron dormir a los jugadores del Madrid, los jugadores del Madrid decidieron presentarse en el campo de empalmada y cerraron la eliminatoria sin pestañear. Uno no gana tres Copas de Europa en cuatro años si no sabe administrar bien sus vigilias. De este modo la sorpresa se la llevan todos los que te habían dado por dormido. Y no les culpamos, porque Zidane es hombre tan sosegado que lleva a equívocos fatales. Hay que imaginarle como la mantis religiosa que primero se confunde con la planta sobre la que reposa y un minuto después aparece devorando tranquilamente a su presa, que muere antes de empezar a saber qué falló. De ahí la cara de Emery, por quien deberíamos empezar a llevar un lazo todos los demócratas.

Ahora ustedes escucharán más mofas de Emery que elogios a Zidane. De súbito el PSG habrá perdido toda su capacidad de intimidación y habrá vuelto a ser el eterno conglomerado de mercenarios sin pedigrí reunidos a golpe de petrodólar. Pero eso en cristiano se llama lanzada a moro muerto, y que el jeque Al-Khelaifi me perdone. Si París fue una siesta es porque el entrenador francés planteó una malla en el centro de campo tejida por la ubicuidad de Casemiro y sujetada por Lucas y Kovacic, y el partido entero quedó retenida en ella.

Leer más…

Deja un comentario

7 marzo, 2018 · 13:32

El poder y la palabra, de Orwell

9788499927817

Un imprescindible.

Quizá ningún escritor como Orwell (1903-1950) ha sentido el vínculo entre lenguaje y poder. Nadie fue agraciado con un olfato tan agudo para detectar la propaganda, fuera cual fuese su origen y su destino. Olfateaba a kilómetros el hedor de una mentira política, y se entregó a la misión que le proponía su pituitaria superdotada: alzar con su escritura limpia una empalizada de precisión contra el totalitarismo, que empieza siempre corrompiendo el lenguaje para que deje de servir a la comunicación de verdades objetivas.

Tendemos a ver a Orwell como un visionario, pero visionario era Lovecraft. Orwell no es un escritor de fantasía o de anticipación, sino un contemporáneo eterno que descubrió dos cosas: que el anhelo humano de libertad no puede sofocarse del todo y que no por ello dejarán de intentarlo sus enemigos. Eso explica su vigencia –Trump lo ha convertido en un superventas en Estados Unidos-, porque los enemigos de la libertad ni se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Pero la constante admiración que suscita su lectura no solo la justifican sus acertados diagnósticos sino la invención de un estilo propio, de una tersura vigorosa, modernísima. Su desprecio a la retórica no era una decisión estética, sino ética y política.

Leer más…

1 comentario

12 febrero, 2018 · 12:15

Elcano y Campoamor: dos cipotudos

15163946275043

Juan Sebastián Elcano.

Hay españoles que se convirtieron en héroes porque fracasaron como villanos. La gloria no estaba destinada al vasco Juan Sebastián, sino al portugués Fernando de Magallanes, que quería aprovechar que la tierra tenía pinta de ser redonda para abrir una ruta comercial directa hasta las Molucas. También llamadas islas de las Especias, la mercancía más preciada de la cocina europea. Pero el rey de Portugal prefería seguir costeando África como habían hecho hasta ahora, así que don Fernando renegó de sus raíces y le vendió el proyecto al emperador Carlos, que le dio su imperial bendición.

Magallanes fletó en los muelles del Guadalquivir cinco naves tripuladas por 234 hombres: no podía sospechar que solo volverían 18, y que él no figuraría entre ellos. Antes de zarpar, un día de septiembre de 1519, hizo testamento, obligó a toda la tripulación a confesarse y prohibió que embarcase ninguna mujer, creyendo con ello que dejaban el pecado en tierra. Y saliendo por Sanlúcar se dirigieron al sur, pasando por las Canarias y Cabo Verde antes de poner proa a la inmensidad del Atlántico. Nadie dijo que iba a ser fácil. Tuvieron mala navegación. Tempestades, marejadas, tormentas eléctricas que los supersticiosos marinos llamaban el fuego de San Telmo.

Leer más…

15163958382286

Clara Campoamor.

Había nacido Clara Campoamor en la Malasaña de finales del XIX, cuando la tasa de analfabetismo femenino frisaba el 80%. Su madre era costurera, pero su padre se desempeñaba de contable en un periódico. Y fue la pronta familiaridad con el mundillo periodístico, el hábito de leer noticias y artículos de opinión en la encrucijada sociopolítica de la España de entresiglos, lo que propició en la niña el despertar de una temprana toma de conciencia. Desarrolló un agudo sentido de la justicia que balizaría su camino de pionera.

Progresaba adecuadamente cuando murió su padre, contando ella apenas 10 años. Aparcó los estudios para emplearse como modistilla, telefonista o dependienta. Pero la necesidad no torcería su ambición. Lo primero era garantizarse la independencia económica, así que con 21 años logró por oposición una plaza de auxiliar del cuerpo de telégrafos y la destinaron a San Sebastián. Pero el puesto le sabía a poco. Se preparó unas oposiciones al Ministerio de Instrucción Pública y sacó la primera plaza. Volvió a Madrid como profesora de taquigrafía, puesto que alternó con traducciones de francés y clases de mecanografía. Lectora incansable, en esos años forjó el estilo que pavimentaría sus éxitos parlamentarios. Publicó sus primeros artículos. Pero sentía que necesitaba formarse mejor.

Leer más…

1 comentario

25 enero, 2018 · 17:00