Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

París era una siesta

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Vigilia blanca.

Ya que los ultras no dejaron dormir a los jugadores del Madrid, los jugadores del Madrid decidieron presentarse en el campo de empalmada y cerraron la eliminatoria sin pestañear. Uno no gana tres Copas de Europa en cuatro años si no sabe administrar bien sus vigilias. De este modo la sorpresa se la llevan todos los que te habían dado por dormido. Y no les culpamos, porque Zidane es hombre tan sosegado que lleva a equívocos fatales. Hay que imaginarle como la mantis religiosa que primero se confunde con la planta sobre la que reposa y un minuto después aparece devorando tranquilamente a su presa, que muere antes de empezar a saber qué falló. De ahí la cara de Emery, por quien deberíamos empezar a llevar un lazo todos los demócratas.

Ahora ustedes escucharán más mofas de Emery que elogios a Zidane. De súbito el PSG habrá perdido toda su capacidad de intimidación y habrá vuelto a ser el eterno conglomerado de mercenarios sin pedigrí reunidos a golpe de petrodólar. Pero eso en cristiano se llama lanzada a moro muerto, y que el jeque Al-Khelaifi me perdone. Si París fue una siesta es porque el entrenador francés planteó una malla en el centro de campo tejida por la ubicuidad de Casemiro y sujetada por Lucas y Kovacic, y el partido entero quedó retenida en ella.

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7 marzo, 2018 · 13:32

El poder y la palabra, de Orwell

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Un imprescindible.

Quizá ningún escritor como Orwell (1903-1950) ha sentido el vínculo entre lenguaje y poder. Nadie fue agraciado con un olfato tan agudo para detectar la propaganda, fuera cual fuese su origen y su destino. Olfateaba a kilómetros el hedor de una mentira política, y se entregó a la misión que le proponía su pituitaria superdotada: alzar con su escritura limpia una empalizada de precisión contra el totalitarismo, que empieza siempre corrompiendo el lenguaje para que deje de servir a la comunicación de verdades objetivas.

Tendemos a ver a Orwell como un visionario, pero visionario era Lovecraft. Orwell no es un escritor de fantasía o de anticipación, sino un contemporáneo eterno que descubrió dos cosas: que el anhelo humano de libertad no puede sofocarse del todo y que no por ello dejarán de intentarlo sus enemigos. Eso explica su vigencia –Trump lo ha convertido en un superventas en Estados Unidos-, porque los enemigos de la libertad ni se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Pero la constante admiración que suscita su lectura no solo la justifican sus acertados diagnósticos sino la invención de un estilo propio, de una tersura vigorosa, modernísima. Su desprecio a la retórica no era una decisión estética, sino ética y política.

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12 febrero, 2018 · 12:15

Elcano y Campoamor: dos cipotudos

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Juan Sebastián Elcano.

Hay españoles que se convirtieron en héroes porque fracasaron como villanos. La gloria no estaba destinada al vasco Juan Sebastián, sino al portugués Fernando de Magallanes, que quería aprovechar que la tierra tenía pinta de ser redonda para abrir una ruta comercial directa hasta las Molucas. También llamadas islas de las Especias, la mercancía más preciada de la cocina europea. Pero el rey de Portugal prefería seguir costeando África como habían hecho hasta ahora, así que don Fernando renegó de sus raíces y le vendió el proyecto al emperador Carlos, que le dio su imperial bendición.

Magallanes fletó en los muelles del Guadalquivir cinco naves tripuladas por 234 hombres: no podía sospechar que solo volverían 18, y que él no figuraría entre ellos. Antes de zarpar, un día de septiembre de 1519, hizo testamento, obligó a toda la tripulación a confesarse y prohibió que embarcase ninguna mujer, creyendo con ello que dejaban el pecado en tierra. Y saliendo por Sanlúcar se dirigieron al sur, pasando por las Canarias y Cabo Verde antes de poner proa a la inmensidad del Atlántico. Nadie dijo que iba a ser fácil. Tuvieron mala navegación. Tempestades, marejadas, tormentas eléctricas que los supersticiosos marinos llamaban el fuego de San Telmo.

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Clara Campoamor.

Había nacido Clara Campoamor en la Malasaña de finales del XIX, cuando la tasa de analfabetismo femenino frisaba el 80%. Su madre era costurera, pero su padre se desempeñaba de contable en un periódico. Y fue la pronta familiaridad con el mundillo periodístico, el hábito de leer noticias y artículos de opinión en la encrucijada sociopolítica de la España de entresiglos, lo que propició en la niña el despertar de una temprana toma de conciencia. Desarrolló un agudo sentido de la justicia que balizaría su camino de pionera.

Progresaba adecuadamente cuando murió su padre, contando ella apenas 10 años. Aparcó los estudios para emplearse como modistilla, telefonista o dependienta. Pero la necesidad no torcería su ambición. Lo primero era garantizarse la independencia económica, así que con 21 años logró por oposición una plaza de auxiliar del cuerpo de telégrafos y la destinaron a San Sebastián. Pero el puesto le sabía a poco. Se preparó unas oposiciones al Ministerio de Instrucción Pública y sacó la primera plaza. Volvió a Madrid como profesora de taquigrafía, puesto que alternó con traducciones de francés y clases de mecanografía. Lectora incansable, en esos años forjó el estilo que pavimentaría sus éxitos parlamentarios. Publicó sus primeros artículos. Pero sentía que necesitaba formarse mejor.

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25 enero, 2018 · 17:00

Otro como Carlos Sainz

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Campeón a los 55. 

Madrid es tan grande que seguramente la verdadera nacionalidad del madrileño sea su colegio. Luego renegará de él o terminará llevando allí a sus hijos en un rapto de nostalgia, pero el hecho es que se pasa el resto de su vida escrutando rasgos compartidos con estudiantes de distintas promociones como si se tratase de verdaderos compatriotas, atisbando la impronta de un mismo carácter. Carlos Sainz fue el primer famoso del que tuvimos noticia los niños de mi clase. Sucedió cuando conquistó el segundo mundial de Rally y pincharon la fotocopia de la triunfal página de Marca en el corcho de la biblioteca. Las leyendas sobre su talento inflamaban nuestra imaginación. Se aseguraba que un día robó el autocar de la ruta y lo condujo por las inmediaciones del colegio a todo lo que daba el pedal. Se contaba, entre murmullos de aprobación, que ostentaba el récord de expulsiones y que los profesores le pronosticaron un futuro de delincuencia y drogadicción. Se ensayaban fantasiosas conexiones entre su afición a quemar el velocímetro y el rigor de la disciplina escolar.

El caso es que Carlos Sainz siempre fue uno de los nuestros, y que verle de nuevo encaramado a la página triunfal de Marca activa un viejo resorte de familiaridad que a todo español rejuvenece, pero a unos más que a otros. La sociedad dicta que a los 55 años ya no se es campeón ni siquiera de ajedrez, mucho menos del Dakar. Sainz ha vivido tanto que ha asistido a la muerte de su propia sátira, aquella que se cebaba con su gafe legendario, la maldición egipcia de su Toyota echando humo a 700 metros de proclamarse campeón por tercera vez, trata de arrancarlo, Carlos, por Dios. Momento que no hay que confundir con aquellos troncos caídos del cielo que sacaron su coche de la pista y toda una reformulación del estoicismo del fondo de su garganta: «La cagamos, Luis».

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23 enero, 2018 · 10:36

Madrid ayer, Madrid hoy, Madrid mañana

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Ganar y ganar y volver a ganar.

Solo el Real Madrid -y cuando digo solo quiero decir solo y solamente- es capaz de redondear el mejor año de su historia viniendo de una crisis de juego y resultados. O al menos estaba en crisis hasta que levantó en Abu Dabi su quinto título en el mismo año natural. Ahora deberá confirmar su reacción contra el Barça, por supuesto. Pero lo haga o no, este 2017 debería enseñar una lección sobre la efímera, poco confiable naturaleza de las crisis del Madrid. Sobre la coqueta relación del Real Madrid con el adjetivo «histórico», una promiscuidad que creíamos reservada al periodismo.

El periodismo vive de la actualidad y por tanto tiene prohibida la nostalgia. Hay días nublados en que baja la guardia y se deja impresionar por cualquier suceso mil veces repetido desde que el homo es sapiens, y entonces titula con el adjetivo «histórico». Es una pasión entrañable que el paso del tiempo -antes 24 horas, ahora 24 minutos en lo alto de la home- no logra atemperar. Algo parecido le sucede al Madrid: no se cansa de hacer correr ríos de tinta ditirámbica ni de encelar a los historiadores, pero es que no debemos olvidar que el primer borrador de la historia lo escriben los periodistas.

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19 diciembre, 2017 · 13:52

El récord de Ramos

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Recordman.

El capitán del Real Madrid es el jugador más expulsado de la historia de la Liga y los madridistas haríamos bien en celebrarlo, porque no estamos ahora mismo para discriminar motivos de orgullo. Un récord es un récord y el Madrid ha de tenerlos todos, también el de tarjetas rojas. Sergio Ramos es un hombre temperamental pero no se le expulsa por eso, del mismo modo que a los Jordis no se les encarcela por sus ideas: en democracia, tanto a los Jordis como a Ramos se les castiga por sus actos, que suelen guardar alguna relación con la violencia. En ambos casos la reiteración delictiva condiciona decisivamente la decisión arbitral, aunque no es lo mismo saltar con los codos desplegados que desplegar un asalto unilateral a la Constitución. Lo que quiero decir es que la máscara de Ramos ya debería haber sido depositada con cuidado junto a las 12 orejonas en las vitrinas del club. Es carne de selfie japonés.

Dicho lo cual. Reconozco que cuando el árbitro pitó el final del partido contra el Athletic experimenté unos instantes de frustración. ¿Por qué el ataque del Madrid se ha vuelto tan previsible? ¿Por qué lo previsible es que el Madrid no marque un solo gol, materia prima que ya se cotiza en Chamartín a precio de coltán? ¿Por qué las bandas se han vuelto romas y el medio progresa a oscuras? ¿No le sobrará a doña Carmena un concejal de movilidad que alinee al Real Madrid en formación unidireccional, de modo que las rotaciones no obstruyan el camino hacia la portería contraria? Son preguntas pertinentes que parecen prepararnos para una Navidad dickensiana, rica en privaciones y pobre en alegrías.

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5 diciembre, 2017 · 10:32

Mesías sin sacrificio

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Renovando, que es gerundio.

Una renovación de Messi, como un título de Marc Márquez o la pervivencia del cupo vasco, es siempre una noticia relativa. Una de esas cosas que todos damos por descontadas pero que, cuando se confirman, nos agitan siempre con el alborozo un poco tonto de la obviedad. ¿No reconocía José Luis Cuerda, y defienden los poetas de muro y gatito, que conformarse con que amanezca no es poco?

La renovación de Messi es un fenómeno cósmico y sucede como sucede la rotación de la tierra, sólo que los movimientos interplanetarios salen más baratos que los del argentino. La tierra gira alrededor del sol y el Barça gira alrededor de Messi, con la diferencia de que nuestro planeta rodea el sol a lo largo de un año y Messi firma nueve contratos a lo largo de 12. Todos rotan pero Messi permanece, y de esta inmutabilidad del astro dependen la música de las esferas, la armonía del cosmos e incluso el equilibrio fiscal.

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28 noviembre, 2017 · 12:08

Ruth Beitia y la teoría del centímetro

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Ruth Beitia, atleta española.

Mi tío, que es golfista y propende al lenguaje sentencioso, ha desarrollado una teoría del centímetro cuyo alcance extiende a todos los ámbitos de la vida. Uno nace bien o mal por un centímetro. Uno accede o no a la carrera que desea por centímetros de nota de corte. Uno se enamora por centímetros de distancia, una se desenamora porque el centímetro importa. El éxito en determinadas fiestas depende de unos centímetros de cuenta corriente. Y podríamos seguir.

Mi tío ya pensaba así antes de que Woody Allen rodase la escena final de Match Point, cuyo mismo título avala la teoría del centímetro. «Un centímetro lo es todo», resume Ruth Beitia, que comparte desde luego este centimetrismo existencial. Por estirarse hasta superar el centímetro que marca la gloria o el fracaso, Beitia ha hecho cosas atroces a lo largo de 27 años de una carrera fundida en oro, plata y bronce. Se levanta dolorida cada mañana sin saber por qué, y es porque lleva 27 años ahormando su cuerpo a las exigencias de la alta competición. Solo que Beitia, a diferencia de los atletas cuya excelencia fue puramente mecánica, ha trabajado al mismo tiempo esa horma de la conciencia que se llama compromiso. Por eso se metió en política sin esperar a retirarse primero, arriesgándose a diezmar las adhesiones de la afición en un país ideológicamente binario, donde la fidelidad expresa a unas siglas granjea el odio automático de los abanderados opuestos. De ahí el ahínco que ponen los cobardes en separar la política del deporte.

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7 noviembre, 2017 · 10:19