Archivo de la etiqueta: fascismo son los otros

Halloween antifascista

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Performance socrática.

El atributo más llamativo del fascista coincide con el de otras famosas criaturas sedientas de sangre: no se refleja en los espejos. El fascista vive y lucha pensando que los fascistas son siempre los demás, y si un día algún psiquiatra le pusiera el vídeo de sus actos -una paliza en manada a dos hombres y dos mujeres, un escrache universitario a un señor canoso a quien le han dicho que hay que odiar- no se reconocería en ellos como fascista de manual, sino como antifascista. Por no salir del espejo: el hecho de que no haya nada tan parecido a un fascista como un antifascista se debe a que replican sin remedio los métodos, la siniestra simetría de la brutalidad, porque existir en uno u otro polo congela de igual modo la inteligencia. Solo queda subsistir en tu iglú y salir de caza. Y también nuestra universidad pública tiene algo de Siberia, con mamuts ideológicos atrapados en el hielo que sólo se mueven para cobrar.

Cuando un humano en principio complejo admite definirse sin más por lo que odia, queda rebajado automáticamente, reducido al objeto de su enfermiza atención. El mismo mecanismo psicológico opera en el enamoramiento. El antifascista está violenta y secretamente enamorado del fascista, cuya pervivencia justifica la causa del emancipador de pueblos del siglo XXI. Por eso importa resucitar a Franco cada día -cerciorándose antes de que es de bronce y de que está decapitado, no vaya a ser-, porque mientras se cierna la amenaza perenne del franquismo podremos presupuestar 203.000 pavos para esa y otras performances tan útiles para empoderar a hermanos de activismo, que también pagan alquiler.

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21 octubre, 2016 · 12:33

La mora y la pijaflauta

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Cartel esperanzador en una piscina marroquí.

El oxímoron que resumirá la lucha más justa del siglo XXI es este: feminismo islamista. Porque será una cosa o será la otra. Un feminismo verdaderamente combativo es más necesario que nunca en las tierras de Alá, donde si la vida de una mujer aún se tasa en camellos -ya el plural resulta generoso-, el ejercicio de su libertad sexual directamente se mide en latigazos. Por eso escarnece la inteligencia esa pirueta argumental que están tratando de ejecutar las feministas de mucho progreso, bien radicadas en sociedades abiertas. Son las pijaflautas, pintoresca criatura mixta de frivolidad zoolander y moralismo huracanado que vende el burkini como una elección textil más o menos exótica y que, desde la hamaca del resort, clama contra la islamofobia mientras traiciona la sagrada solidaridad con sus oprimidas congéneres. Con semejantes aliadas occidentales nunca les faltarán piedras a los lapidadores orientales.

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27 agosto, 2016 · 16:03

Entre Arnaldo y Gerardo

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La política según ETA.

Yo no digo que C’s no corra el riesgo de abaratar su regeneracionismo al contacto con un partido veterano en ardides y perito en fontanería estatal como el PP. Digo que me fascinan los cotidianos capitanes de la higiene democrática que salen cada mañana a arponear imputados -los pocos que van quedando- como el otro perseguía a su ballena. Son los Ahab de confidencial y tertulia, y han fundado el nuevo periodismo telecrático, que consiste en anunciar que Óscar Clavell está imputado a gente que no sabía que Óscar Clavell estaba vivo.

Pero todo eso tan solo alimenta nuestro bucle de banalidad. Más grave es que quienes ponen los ojos como bolas de alcanfor al señalar al último pepero supuestamente indultado por Rivera suelen ser los mismos que derraman amargas lágrimas porque Otegi no vaya a poder ser elegido lehendakari este año. Aquí es donde el río de lo banal desemboca en neta ciénaga. Apesta un país que, si hemos de creer a la demoscopia, juzga su político más valioso a un mozo casadero que felicita el cumple al Tirano Banderas de Cuba y luego tilda de «enorme cacicada» la aplicación de la ley vigente, del rubor político y de la mínima decencia, todo lo cual pasa por mantener a Arnaldo Otegi, alias Gordo, a dieta de representación pública.

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26 agosto, 2016 · 11:21

El muro de Tamerlán

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Tamerlán.

Hoy hace 80 años los españoles entregamos a la Historia la más coqueta realización de una especialidad de la casa: la contienda fratricida. Nadie la despachaba como nosotros. Padres, hijos y hermanos llenos de buenas razones trincharon la carne palpitante de padres, hijos y hermanos llenos de buenas razones que excluían las demás. Dicen aún que fue la última guerra romántica, pues al parecer hay más poesía en la metralla si se reparte en nombre de la Cruz o del Pueblo que si se necesita el petróleo o el trigo del vecino. Lo cierto es que la escabechina del 36 al 39 solo fue romántica en la retórica de los propagandistas, que robaron el alma a los mejores poetas. No a todos: Cernuda se alistó en el frente de Guadarrama henchido de ardor miliciano, pero acabó refugiándose en la lectura de Leopardi, sin pegar un solo tiro, y preguntándose en verso por qué el odio impulsa a los hombres a ofrecer su alma a la patria más profunda, que es la muerte.

En España seguimos odiándonos, pero afortunadamente ya no estamos dispuestos a matarnos por abstracciones y nos limitamos a envidiar la casa, el coche o la talla de cintura del prójimo en la intimidad; si la afección es aguda, entonces votamos a Podemos o desaguamos rencor anónimo en las redes sociales, poco más. Hay mucha casandra a la derecha o a la izquierda que madruga el estallido social o llora la muerte de las clases medias, pero ambas cofradías fúnebres podrían ahorrarse los pucheros: una cosa es que la crisis haya mermado poder adquisitivo y otra compararnos con la España en mantilla y alpargatas de los años 30 que marchaba siempre detrás de un cura, bien con un cirio, bien con un garrote.

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Me entrevista Ángel Expósito en COPE por El hígado de Prometeo

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2 agosto, 2016 · 20:07

Es país para viejos

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El padre Monedero, ungiendo a los catecúmenos.

De todos los argumentos que anda sintetizando el laboratorio morado para explicar su fracaso electoral, ninguno acredita la finura que esperaríamos de la complutense estirpe de Maquiavelo. La paranoia del pucherazo es un mero ejercicio de proyección bananera. El recurso al miedo resulta incompatible con los labios de fresa, sabor de amor, pulpa de la fruta de la ilusión que desbordaba al país desde el advenimiento podémico. El cruce de acusaciones entre errejonistas y pablistas a cuenta del infantilismo de unos o el radicalismo de otros no excede los muros de su salón parroquial. En cuanto a la posibilidad de que España esté habitada por ocho millones de criptofachas -una de mis teorías predilectas-, su defensa delata la enfermedad de una mente extremada, que descifra el mundo por el catalejo de un embudo y concluye que es fascista todo aquel que no sea comunista.

Pero hay una razón que los caballeros politólogos de la helada sonrisa arguyen con tanta verdad como escasa sofisticación: que el pasado domingo los viejos acudieron a votar como si lo fueran a prohibir, y que mayormente votaron al PP. «Hay un país real que sigue rehén del pasado y deprime», escribió el padre Monedero en su epístola postelectoral a los podemitas. La frase es una joya de la psicopatología política: «país real», lamenta quien prefiere una utopía irrealizable; «rehén del pasado», deplora el penúltimo profeta de la ideología que despachó aberrantes sacrificios en el altar de la revolución perpetua. Claro que España es un país envejecido, como todos los desarrollados, y claro que el PP primó astutamente a los pensionistas sobre cualquier otra clientela. Pero que en la movilización de los ancianos influyan sentimientos como «el miedo y el egoísmo», en palabras del apóstol Juan Carlos, no condena a esos votantes a la senilidad, así como el voto utópico no absuelve de irresponsabilidad a nuestros niños barbudos más indocumentados. El egoísmo, de hecho, me parece una magnífica manera de tomarse en serio la democracia, pues nadie sopesa tanto su voto como quien lo identifica con un capital confiado a bolsillos políticos, del mismo modo que Adam Smith cargó sobre el ánimo de lucro la riqueza de las naciones.

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Me entrevistan en la televisión Non Stop People por El hígado de Prometeo

Visita el Parnasillo de COPE esta semana el Frankenstein de Mary Shelley

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1 julio, 2016 · 17:29

Mucho corazón

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Nueva política.

Hay que ponerse en la piel de Alberto Garzón. El tipo que te llevaba en coche a los debates funda su propia movida y acaba sacando 69 escaños en las elecciones; 67 más que tú. Se ha ciscado en el honor de tus siglas pero ahora necesita tus votos, y se los vas a dar, y lo sabes. Así que oficias el casamiento por lo civil, de penalti y sin invitar a los suegros Cayo y Gaspar, que no aprueban al pretendiente, pero a cambio te traes de Córdoba al yayo Julio, que está hecho un chaval porque de pronto ha regresado a 1977. Ahora bien, según avanza el magreo y cuando ya tienes la liga por bufanda haces un alto, te recolocas la faja y exiges una última señal de respeto a tu famosa virginidad ideológica: IU tendrá margen para su propia campaña. Que aquí descendemos de la santa pata de la Pasionaria y se va a notar.

Banderas tricolores, hoces y martillos cantan en los mítines del cambio transversal como una tarántula en un trozo de bizcocho. Y luego esos mensajes de desacomplejado comunismo, como si supieran lo que fue.

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6 junio, 2016 · 12:06

Por qué un pobre vota al PP

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El vídeo pepero de los moteros: el primero bueno que hicieron.

Nuestra democracia ha devenido un tapete del que participan crédulos y tahúres, pero donde nadie es inocente. No lo son los jefes de partido, pero tampoco sus votantes. Un análisis honesto de lo que el ‘Times’ llama «circo» no prescindirá de un reparto de culpas bien calibradas. Es el ejercicio que plantea ‘El jurado’, adaptación teatral de ‘Doce hombres sin piedad’ que se representa en Matadero. Nueve ciudadanos que cubren los estereotipos más cuajados de nuestra sociedad se reúnen para emitir un veredicto sobre la culpabilidad de un presidente autonómico procesado por corrupción. En el cohecho propio que se le imputa adivinamos muchos titulares de estos años, combustible de la indignación que prendió plazas, alumbró siglas y dinamitó el turnismo bipartidista. O eso parecía. Porque esta revolución comprada en los chinos -la nueva política ha durado lo que tardó el primer alcalde del cambio en colocar a su cuñada- ha completado su giro hasta devolver el juego a la casilla original: con Rajoy como aspirante más sólido a presidente.

Las mesas de la tele diseccionan amorosamente las corruptelas del PP, con los tertulianos más incisivos en el papel de anatomistas de Rembrandt. Cuando a mí me sientan a una de esas mesas, últimamente me da por pensar -una vez incluso lo pensé en voz alta- por qué el contribuyente, pese a tanta podredumbre a la vista, sigue prefiriendo la corrupción al populismo. Pues es un hecho que lo hacen, y la demoscopia dice que lo harán más. Esta pregunta se redondea con otra, ya clásica: ¿por qué hay obreros que votan a la derecha? Perplejidad que a su vez se resuelve con ese gracejo divino que brinda la superioridad moral: eres más tonto que un obrero de derechas. Y sin embargo no hay siete millones y medio de pijos en España. Y si los hay, buena parte vota a la izquierda, sea por tradición sentimental o por esnobismo, como quien causa sensación en el ‘lounge-bar’ con su foulard morado. Se entiende mejor el voto de los ricos a Podemos -un rico se habitúa con mayor facilidad al despilfarro- que el descubrimiento de que un pobre vota al PP. Y no basta, a estas alturas, con esgrimir el catecismo comunista, epígrafe cuatro versículo siete, según el cual les falta formación para despertar su conciencia de clase, porque los vídeos catequéticos de Hispan TV se ofrecen gratis por YouTube.

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Literatura y política en el Parnasillo: el bloqueo actual a ojos de Cervantes y Shakespeare

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29 abril, 2016 · 10:56

Esperanza y el ornitorrinco

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«Traedme Mariano, si es hombre».

Para demostrar que ella no se calla, Esperanza Aguirre ha escrito un libro aproximadamente estrepitoso que pretende refutar el primer axioma del oficio de escribir en España: si quieres guardar un secreto, cuéntalo en un libro. El secreto que de ningún modo quiere guardar Aguirre, la cólera de Dios, no era ningún secreto desde hace décadas, o bien lo era a voces, voces que en estos días de libresca promoción anda profiriendo para quien la quiera oír, que suelen ser mayoría porque Aguirre da audiencia como todos los outsiders de partido con cuentas que ajustar.

Que doña Esperanza diga que un líder sin ideología es como un pollo sin cabeza se antoja una proyección freudiana del propio descabezamiento, llevado a cabo con ese calmoso filo del tiempo que don Mariano maneja tan limpia y letalmente como un verdugo medieval. La numantina lideresa confiesa haber sentido cómo la tierra se abría bajo sus pies el valenciano día de 2008 en que su jefe avisó que los liberales y conservadores podían ir saliendo del PP. Pero si en el PP no caben los liberales ni los conservadores, ¿qué socio admiten en club tan sobrante? Porque ahí acierta de plano doña Esperanza: Rajoy ha desideologizado el partido hasta dejarlo en una correduría de seguros poblada por contables.

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Esta semana Juan Marsé, que saca novela, a examen en el Parnasillo de Herrera en COPE

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15 abril, 2016 · 18:57