Archivo de la etiqueta: Españoleando

¡Pedro, Pedro, encadénanos!

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Madera de autócrata.

Al final el pobre Sánchez no va a tener más remedio que aprovechar la pandemia para instaurar una autocracia. Se lo está pidiendo el pueblo español a gritos, dice Tezanos en esa carta del tarot pagada con nuestros impuestos que antes llamábamos barómetro del CIS. En ella el partido culpable de la peor gestión por número de muertes del planeta le saca diez puntos a la oposición. Y en ella dos de cada tres españoles ruegan a Sánchez e Iglesias que los salven de sí mismos, de esa estúpida credibilidad que les lleva a zamparse bulos reaccionarios como indios precolombinos que cambian el oro de su confianza por el cristal coloreado de la posverdad. Los encuestados suplican que se les expropie la libertad de información y la centralice papá Estado, igual que a los niños se les tapan los enchufes, no se vayan a llevar una descarga.

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16 abril, 2020 · 10:16

Para que la vida triunfe

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12 abril, 2020 · 22:19

El talismán de la división

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Macbeth.

Pedimos un gobierno de unidad a Sánchez como si Sánchez no debiera su poder al talismán de la división. Cualquiera que no haya perdido la memoria de la España prevírica sabe que es más fácil desintegrar un átomo que el prejuicio tejido por el sanchismo en torno a las «tres derechas». Es obvio que Nadia Calviño prefiere entenderse con PP y Cs antes que con Iglesias y Rufián, pero quien escribe el relato es Sánchez. Y no modificará el cuento que lo sentó en La Moncloa.

Al revés. En los capítulos que está preparando nuestro Churchill comprado en los chinos sin licencia se cuenta que la derecha recortó la sanidad, abandonó a los más vulnerables y se puso a volar en círculos carroñeros sobre un Gobierno exhausto de tanto proteger al pueblo. Ay de los ilusos que creyeron llegado el momento de enterrar a las dos Españas junto con diez mil de sus mejores hijos, aquellos a los que nadie tuvo que explicar la guerra civil ni el franquismo, razón de que su reconciliación fuera sincera. Tan diferente de la apelación a la unidad bajo la que Sánchez camufla su enésimo chantaje: apoyo gratis o espejito fascista. Ese espejo de mil aumentos que manejan sus incontables palanganeros mediáticos.

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31 marzo, 2020 · 11:20

La cofradía del Santo Aplauso

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Rito.

Cada tarde los españoles salen a sus balcones, los que los tienen, y a sus ventanas todos los demás para aplaudir al pelotón de sanitarios que está salvando la civilización. Les aplaudimos a ellos, desde luego; pero en cada detonación vespertina también nos estamos aplaudiendo a nosotros mismos. No porque tengamos nada de lo que enorgullecernos, sino por miedo. Porque tenemos mucho que perder y necesitamos invocar a quien puede evitar que lo perdamos. Con el batir de palmas espantamos el silencio opresivo de nuestras calles y los malos pensamientos que germinan en él. La profilaxis nos ha vedado todos los rituales colectivos, incluyendo aquel que inauguró la civilización: enterrar a nuestros muertos. Así que hemos tenido que inventarnos uno lo suficientemente distante y lo suficientemente cálido como para mantener vivo el espíritu de comunidad, sin el que propiamente es imposible llamarse humano.

Cuando la peste asolaba Europa, los hombres se agruparon en hermandades para implorar la intercesión divina. Hoy la fe no la ponemos tanto en tallas y advocaciones como en médicos y enfermeras, pero la fragilidad y la gratitud que confesamos con las manos es la misma. Antes juntábamos las palmas para rezar, hoy las batimos para aplaudir. La pandemia ha fundado una nueva hermandad: la cofradía del Santo Aplauso. Su misa se celebra cada día a las ocho en punto de la tarde y no dura más de cinco minutos. Sus fieles son de toda clase, edad, sexo, raza, ideología y condición. Y sin embargo, cada cual aplaude a su manera.

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22 marzo, 2020 · 22:32

La última noche de Madrid

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Solo en Sol.

Madrid es una ciudad de más de 2.940 contagiados y 133 cadáveres, según las últimas estadísticas. Un enemigo silencioso y voraz se encargará pronto de caducarlas: para cuando usted lea esto, sus víctimas serán más. Y quizá muchas más. Madrid es el rompeolas de una pandemia y es también la capital de un país en estado de alarma. Como a otras urbes del mundo, pero con la saña adicional que nació de la imprudencia política, la ataca la cólera abstracta del Covid-19. Los madrileños no oyen bombardeos ni gritos de dolor, ni cuentan con un aparato que mida la radiación arrojada al aire tras un accidente nuclear. Por eso se resisten a confinarse del todo. Porque el madrileño es un pueblo vitalista y hedónico que necesita ver para creer, sentir para cambiar y sufrir para obedecer.

Es viernes por la tarde y el presidente del Gobierno acaba de anunciar un decreto de medidas extraordinarias que entrará en vigor mañana. Será interesante descubrir cómo interpreta Madrid esta víspera tensa, prórroga inverosímil, fruto de la improvisación si no de la irresponsabilidad.

Desde su pedestal en Colón la cabeza blanca de Julia se alza sobre una ciudad conmocionada. Ahora ya sabemos por qué Jaume Plensa la esculpió con los ojos cerrados: para no ver cómo una metrópoli concebida para el ruido enmudece lentamente. Demasiado lentamente a juicio de las autoridades. Los viandantes transportan bolsas de avituallamiento por el Paseo de Recoletos, los ciclistas pedalean contentos de no tener que compartir calzada con los coches y los runners consideran que corren más rápido que el coronavirus. Los políticos han apelado a la responsabilidad individual, un concepto que lleva cogiendo polvo en el desván del primer mundo desde que se inventó el consumo de masas y el paternalismo de Estado, más o menos.

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15 marzo, 2020 · 23:44

El ángel Covid-19

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Un hombre desarbolado.

No me atrevo a pedirle al coronavirus que sea nuestro terremoto de Lisboa, porque entre nosotros no diviso a un Kant ni a un Voltaire, pero debería serlo. Cada generación padece un trauma colectivo que le permite redescubrir el mediterráneo de la fragilidad humana y le invita a actuar en consecuencia. La Ilustración no se habría desplegado como lo hizo sin el brutal seísmo de 1755, que obligó a la inteligencia a replantearse su optimismo y ofreció a la voluntad un nuevo límite que superar. Así es como la catástrofe estimula el progreso, el periodismo depura la injusticia y el mal, en suma, convoca al bien.

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14 marzo, 2020 · 11:36

Huerfanitos de España

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Narcisismo.

No hay coquetería como la del huérfano político. Ese articulista de fondo, ese tuitero de superficie que llora a toda hora su no me representan o su dejaron de representarme, se alejaron de mi ojo de diamante y de mi culo de marfil y así les va. Hablamos de los exquisitos, españoles ideales a los que la pobre medida de la España real nunca acaba de complacer. A menudo son tipos valiosos, aunque demasiado conscientes de su valía. Y después de toser su desaliento se complacen en su pecho colorado, según escribió César Vallejo en el poema que da nombre a esta columna.

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29 febrero, 2020 · 12:28

Misioneros en Voxilandia

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Indígenas, según la iglesias progresista.

Me ha divertido mucho la polémica suscitada por el reportaje sobre los votantes de Vox en El País. Por un fin de semana hemos vuelto a la Valladolid del siglo XVI durante la controversia que enfrentó a Bartolomé de Las Casas con Ginés de Sepúlveda a propósito de una cuestión delicada: ¿Tienen alma los indios? ¿Son entrevistables los voxeros? ¿Les asiste el derecho de ver sus razones representadas en el órgano del Progreso sin haber renunciado a la ingesta de vacuno y al sexo heternormativo?

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18 febrero, 2020 · 10:16