Archivo de la etiqueta: Españoleando

La caza del tibio

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Cazador.

A Raúl del Pozo siempre le ha interesado el ruido de la calle. Dudo que se pueda ser periodista de otra manera: uno aprende que el periodismo consiste en extraer alguna melodía del estruendo diario, y resulta tan tentador ponerse a bailar al son de otros como quedarse sordo a la injusticia cierta. El problema es que ahora el ruido no se siente tanto en la calle como en las redes, que son las avenidas del decibelio, las trochas del exabrupto, los túneles del odio y los senderos de la traición. Raúl pega el oído a la red y me llama: «Ha empezado la caza del equidistante. Toca elegir bando, hay que ser facha o rojo. Pero yo soy de lo que me sale de los cojones». Y ese cojonudismo no es la irracionalidad ibérica que denunciaba Unamuno, sino el genuino talante liberal que suele atesorar quien no va presumiendo de rótulo ideológico.

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12 agosto, 2020 · 18:17

Sánchez pone el ruido, Abascal la furia

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La pinza que nos aprieta.

Para el votante de Vox es difícil de aceptar que el partido que le gusta, el partido de las verdades del barquero que no verás en los medios, el de los españoles aguerridos que se baten contra la asfixia progre… constituya precisamente el mejor aliado de la asfixia progre. Su garantía de permanencia en el poder. Sé que para el voxero esta afirmación es contraintuitiva, incluso aberrante. Pero es así. A más Abascal, más Sánchez.

Llevamos dos años explicándolo pero lo haremos una vez más: Vox fragmenta el voto de la alternativa al sanchismo y moviliza a la izquierda. Es la única razón -el miedo a Vox de una mayoría de españoles ubicados en el centroizquierda- de que el personal termine votando con pinzas a alguien como Sánchez. La ley electoral y la sobredimensión nacionalista se encarga del resto. Así que mientras Vox se empeñe en seguir al dedillo contra el PP el mismo manual de Podemos contra el PSOE, consolidará a Sánchez en Moncloa como Iglesias prolongó la vida útil de Rajoy. Por eso esbozó una unánime sonrisa la bancada socialista, arrejuntada en pleno norcoreano, cuando Abascal anunció la moción de censura para septiembre.

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29 julio, 2020 · 16:20

Felipe VI el Anacrónico

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Reyes del XXI.

El único republicano español al que me creo es uno que esté sinceramente dispuesto a que José María Aznar sea el jefe de su Estado. Y no cuatro años sino ocho o doce, los que diga la gente. A ver si de lo que se trata aquí no es de la forma del Estado sino de que los tuyos colonicen el último reducto apartidista de la vida pública española. Una pinza muy nuestra de tiernos adanistas y sus melancólicos abuelos aspira a una república mitificada que no existe en ningún sitio, por eso se desea. Y en España, donde hemos politizado desde las energías renovables hasta el porno -valga la redundancia-, existiría menos que en ninguno. Aceptemos que la república como ideal es imbatible, como lo es el amor, pero estas bellas palabras hay que pensarlas en concreto, es decir, la república hecha por y para españoles. Los españoles que concretaron la república en el siglo XIX terminaron ahogándola en un baño de sangre cantonal y los que la concretaron en el siglo XX la ahogaron en otro de sangre civil. En una vieja nación cuarteada por separatismos regionales e inflamada por fanatismos ideológicos, la mera idea de un cambio de régimen debería invitar a la prudencia sin necesidad de leer a Burke.

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9 julio, 2020 · 12:15

Crisparse no es para el verano

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Morse.

La encuesta que publicaba este diario coincide con otras en augurar el retorno del bipartidismo, lo cual significaría que no estamos tan crispados como dicen. Tras unos años experimentales el personal se va reagrupando en torno a los malos conocidos y abandona sus escarceos excitantes pero fugaces con los extremos del espectro político. PSOE y PP son máquinas fiables de generar decepción, y el español regresa siempre a ellas porque, igual que pasa con las gafas de colores, se cansa rápido de las formas excesivamente vanguardistas de decepción que trajeron los nuevos partidos. Echa de menos que le defrauden como antes. «Yo soy muy selectivo con mi voto. No quiero jugármela con incumplimientos demasiado novedosos. Por muy tentadora que resulte la idea de que te estafe alguien distinto, lo mejor será confiar en aquellos en los que ya sabíamos que no podemos confiar», se dice el español. De modo que ya se prepara para encomendar a PSOE y a PP la madre de todas las decepciones, nada menos que la reconstrucción económica del país tras la devastación pandémica.

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23 junio, 2020 · 10:20

Manolo y Anna

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España.

Dos temores atávicos gobiernan la opinión pública en España: el miedo a que te llamen facha y el miedo a que dejen de considerarte de izquierdas. Parecen el mismo miedo pero no lo es, porque el primero se combate sacrificando la razón y el segundo sacrificando la valentía.

El primer arquetipo es Manolo, español de orden, conservador por inercia, votante automático del PP, propietario de un Land Rover diésel con el que sale a cazar cuando puede y asiduo a una timba semanal de póker donde no faltan el cubata, el jamón y los chistes verdes. Le gusta la Constitución y tararea el himno en los partidos. Se ha pasado toda la vida siendo Manolo sin traumas, pero hoy percibe el creciente desprecio de la oficialidad a su forma de vida. Entonces surge un astuto partido que le susurra no solo que la manolidad es legítima, sino además que la no-manolidad es propia de malos españoles. Ese partido dice cosas con las que Manolo antes no estaba de acuerdo, pero las acaba asumiendo porque le gustaría parecerse al líder de ese partido que, cuando es atacado, no se rebaja a explicarse sino que redobla la agresividad. Manolo ha hallado al fin la manera de espantar su miedo a no ser aceptado: salir al ataque de los que no son como él. Que el miedo cambie de bando. La sensación de viajar en esa espiral es embriagadora. Ahora sigue la política cada día a través de redes y chats.

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22 junio, 2020 · 9:50

Luto oficial por los vivos

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Precursor.

Debemos ser agradecidos con la calidad del debate parlamentario al día de hoy, porque su recuerdo infundirá ternura comparado con el nivel que alcanzará mañana. Cada día que pasa España se desliza un poco más por la pendiente gelatinosa de la polarización. Su desembocadura es una ciénaga tan infame como familiar, donde dos españoles eternos se matan entre sí. La gente ha sido golpeada por la muerte y ahora lo está siendo por la ruina: la primera causa un dolor que paraliza, pero la segunda añade la indignación que moviliza.

Otoño verá el estallido de movilizaciones urgidas por la primera miseria. El miedo y la ira volverán a cotizar muy alto en el mercado de la demoscopia y los partidos, por su propia naturaleza, correrán a atizarlo más para disputarse una subida en las encuestas. Pronto la única diferencia de la España poscovid con la de los años 30 será que hoy la vida humana se ha revalorizado tanto desde entonces que de momento no puede liquidarla un virus ideológico, sino uno estrictamente biológico.

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27 mayo, 2020 · 17:27

El discreto encanto de la cacerola

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¿Hordas de Núremberg?

A las 20.30 el rotor del helicóptero patrullero se pone a crepitar sobre los tejados del centro de Madrid. Falta media hora para la cacerolada convocada como cada día en esa inverosímil Bastilla que es la calle de Núñez de Balboa, una vía estrecha del mitológico barrio de Salamanca surcada por vecinos indescifrables: unos dicen que son pijos ridículos, otros que fascistas peligrosos. No desentrañaremos el misterio de su identidad a través de las imágenes estratégicamente editadas de las redes sociales: habrá que ir a estudiarlos de cerca.

Madrid permanece en fase cero, pero los madrileños hacen un uso abiertamente inescrupuloso de la franja deportiva de la tarde. Todo dios echado a la calle en shortsy camiseta de tirantes, en pareja o en trío, adultos y adolescentes, cerca o muy cerca. Es inevitable pensar que en realidad el Gobierno concede el progreso de fase porque sabe que la primavera es incontenible. Las ganas de vivir tras dos meses de confinamiento rebasan el estado de alarma. Uno se pregunta para qué es necesario golpear cacerolas si no hay forma de protesta más poderosa que salir al sol, juntarse más de lo debido, reírse ante la policía con un amigo que a todas luces no es el conviviente. La rebeldía de la vieja normalidad, si no fuera por las mascarillas.

Remontando Goya aparece la primera furgoneta policial en el cruce con Serrano. Goya con Serrano, ya ven ustedes: el nuevo Beirut. Una chavala que va con dos amigas les dice que se olviden, que no piensa ir a la cacerolada, que tiene que ir a mirar una tienda. A la altura de Núñez de Balboa topamos con dos lecheras más y cuatro agentes expectantes. Cogemos el rebufo de una familia abanderada de rojo y gualda, percusión de cazo y cubierto, y la seguimos por la acera hasta darnos cuenta de que aquello no es una manifa: aquello es una romería. Niñas de bandera, señoras intachables dándole a una señal de tráfico con las llaves de casa, a lo sumo un señor más irritado de lo normal palmeando la tapa de un contenedor. Aquella se para a mirar el escaparate de una boutique sin dejar de darle al cazo; pero le da con moderación, como quien toca el triángulo en la Filarmónica de Viena. En el aire se detectan tres marcas cruzadas de perfume. Estas no son las hordas encuadradas de Núremberg que nos habían prometido los tuiteros antifascistas.

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27 mayo, 2020 · 13:12

Revolución en mocasines

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Revolucionario.

La equívoca categoría del pijo la inventó Tolstoi cuando escribió esa estupidez de que todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Siempre hubo variedades exóticas en la felicidad, mientras que hoy recorre el mundo una misma desgracia matando a ricos y pobres antes de ponerse a igualarlos por abajo. El resentimiento de clase que mueve el pequeño corazón de la izquierda cañí tiende a confundir la clase con la ideología, y por eso no repara en que hay pijos de derechas como pijos de izquierdas, ni en que estos segundos a menudo tienen más dinero y viven en mejores barrios que los primeros, cuando no en los mismos, culpa que los atormenta y que purgan votando a Podemos o lamiéndole la alarma a Sánchez, cuya ideología conocida es la sanchista. En cuanto a Podemos, no ha sido más que el atajo que tomó el hatajo de Somosaguas para escalar de clase sin abrazar la coherencia ni renunciar a la ideología.

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17 mayo, 2020 · 23:07