Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

Heráclito no era español

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«Es lo que hay, chicos».

España tiene el único río donde Heráclito podría bañarse dos veces sin temor a que lo mojase una sola novedad. Se trata del ancho cauce de la irrelevancia, cuyo primer síntoma es la repetición: lleva 300 días bajando de las altas montañas del sectarismo. A sus dos orillas se encuentran apostados los francotiradores purasangre que claman por el desbloqueo pero que, al descubrir un pacto entre distintos asomando su tímida cabeza entre la corriente, amartillan el rifle, cantan ¡corrupción!, o ¡pasteleo!, y disparan gozosos sobre los negociantes como si fueran pianistas.

Eso es lo que veremos esta semana en el Congreso. Y lo que veremos la semana que viene en las televisiones. Y lo que veremos cuando reine Leonor, si nos ponemos chulos. Pero, entretanto, hay que cebar las tertulias y para eso hay que petar el Parlamento de reporteros como si hubiera algún acuerdo grande que cubrir desde 1978. Todos descontamos el gatillazo de esta investidura estival. Sonreía don Pedro camino de su escaño con esa felicidad un poco macabra que nos escala por el estómago cuando nos vengamos.

Antes de la sesión, revoloteo de diputados saludándose como niños con el libro recién forrado. Ninguno se acerca a saludar ni a Montoro ni a Morenés: son los profesores. Soraya Sáenz de Santamaría y Ana Pastor no sólo compiten por el favor del candidato, también por la blancura de sus respectivos vestidos. El diputado rasta de Podemos se ha hecho la permanente y las lleva recogidas: a eso se le llama higiene democrática. Cañamero busca su escaño, perdido como temporero en palacio. Rajoy rompe a hablar e Iglesias apoya la cara en las manos, preparando la siesta. Errejón teclea. Felisuco, neófito, se concentra en el orador. Rivera toma apuntes, lo mismo que Sánchez, que quizá continúa sonriendo por dentro, pues es muy capaz de anotar y sonreír a la vez.

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31 agosto, 2016 · 15:55

Catalonia way

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Urna ¿funeraria?

Cuando Wert habló de españolizar a los niños catalanes no sospechaba que acabaría pasando lo contrario. Que España, representada en el Congreso, devenido guardería, se catalanizaría hasta lo ingobernable. Porque el 26-J Podemos será segundo, forzando la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy, quien tras leoninas negociaciones logrará el apoyo de C’s. Leeremos entonces admirativas glosas a la inteligencia paciente de don Mariano, que ganó resistiendo y venció dividiendo. Sin embargo, al cabo de pocas semanas la legislatura se revelará inviable, porque la mayoría parlamentaria de izquierdas bloqueará cualquier proyecto de ley de cuño popular, al margen de su pertinencia y a mayor gloria del sectarismo carpetovetónico. Y entonces Rajoy, como antaño Mas y pronto Puigdemont, se verá obligado a convocar elecciones. Y se convocarán varias más porque nadie consentirá que la razón se imponga a la ambición.

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7 junio, 2016 · 11:35

El tam-tam del victimismo

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De todos modos si contamos los que NO la llevan…

Redoblan los tambores de hojalata del tabarrón catalán y es lógico: están tocando a elecciones y hay que exhibir la llaga. A los tamborileros insomnes del ‘Procés’ solo hay una cosa que les guste más que una urna, y es una urna prohibida. Una bandera vetada. Un sentimiento oprimido. Un Homs procesado. Una lengua no lo suficientemente humedecida con saliva pública. El nacionalista es un zahorí de agravios tan fino que resulta casi imposible escamotearle un vislumbre de desprecio, una humillación entrevista, un desamor mascullado por un remoto pastor mesetario. El Estado lo tiene jodido para no ofender a un catalán, para no fabricar el puñadito de ‘indepes’ de cada día. Porque cada día abre los ojos a la causa de la dignidad un catalán agredido desde tiempos ancestrales, cuando fueron feliz tribu. Y mira que el Estado se pone de puntillas en algunas fechas señaladas. Pero nada: allí, en la tierra del despecho, nadie echa cuentas al escrúpulo plurinacional y ‘compiyogui’ de Madrid, nadie pondera tan periférica delicadeza. Llevan fama los callos madrileños, pero los verdaderamente grandes son los callos catalanes; tan grandes que no hay día que no pisemos uno.

-Nuestro pueblo está condenado a que, con monarquía o con república, en paz o en guerra, bajo un régimen unitario y asimilista o bajo un régimen autonómico, la cuestión catalana perdure como un manantial de perturbaciones, de discordias apasionadas, de injusticias, ya las cometa el Estado, ya se cometan contra él: eso prueba la realidad del problema.

Así habló Azaña desde su amargo exilio francés, y así hablará cualquier español dentro de cien años. El nacionalismo perdura porque es una estrategia política siempre exitosa, un ‘win-win’, que dicen en las escuelas de negocios. Siendo nacionalista ganas cuando Cataluña va bien, porque la bonanza justifica tus razones para sentirte superior al resto de España; y ganas cuando -como ahora- Cataluña se hunde en el bono basura y ha de vivir de prestado de Montoro, porque tan ominosa condición alimenta el resentimiento, que ceba la maquinaria electoral. Y en ambos escenarios, acogiéndose a siglas variables, el político nacionalista ve engordar su bolsa de votantes, porque al cabo todos necesitamos consuelo y autoestima. El nacionalismo siempre te ofrece una salida, como buena religión.

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Esta semana nos ponemos líricos en el Parnasillo para homenajear a Blas de Otero

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20 mayo, 2016 · 10:52

Hasta ahí Podemos llegar

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Prueba del pañuelo.

De todos los consejos perversos que dio Wilde, ninguno más sabio que ese que prescribe cuidado con lo que deseamos, porque podría cumplirse. De tanto desear el ‘sorpasso’, a Pablo Iglesias quizá se le conceda en junio entre fúnebres tañidos. Pero el castigo podría ser más cruel todavía: podría tener que gobernar. Duro golpe para el futuro de su formación, porque el populismo no está pensado para tomar decisiones y pactar medidas en un mundo complejo, es decir, para ejercitar la razón adulta, sino para flotar en la inocente espuma de los botellines y colocar a los colegas en el primer cielo presupuestario que consigas asaltar.

El populismo, como el independentismo, es un movimiento que crece a condición de que no llegue a ningún sitio, sino que marche siempre en las filas prietas de la ilusión. Lo malo es que al final de la escapada aguarda un cierrabares de la troika, un señor de gris sobre fondo rojo que se presenta a cobrar la factura del festival. A Tsipras se le presentó en verano y desde entonces no ha parado de derechizarse, que para ese viaje, claman ahora los griegos en las encuestas, nos quedábamos con Samaras y nos ahorrábamos un año de espeleología por los subsuelos de la ruina. Dentro de España a nadie se le da ese papel como a Montoro, razón de que el independentismo catalán esté reculando como la celebrada figurita de los belenes locales. A dos llamadas de Standard & Poor’s está Junqueras de bajarse al Rocío en la carreta de Bertín.

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Esta semana rendimos tributo a Delibes, alma de Castilla, en el Parnasillo de COPE

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13 mayo, 2016 · 10:51

Otro quijote en Moncloa

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Quijotillo (izquierda) contra molino (derecha).

Hasta don Mariano, retén analógico de Eurasia, ha terminado por rendirse a la política de gestos, cuyo último estadio consiste en el obsequio con mensaje, preferiblemente un libro o una serie de televisión. Tampoco debemos ser muy críticos con su modernidad súbita: si Isabel II, que ha cumplido 90 años y supera el medio siglo de reinado, puede inaugurar unas Olimpiadas tirándose en paracaídas desde el avión de James Bond, no creemos que la Civilización se tambalee por el hecho de que Rajoy reciba al presidente Puigdemont con el correspondiente regalo para la galería. Y menos si el libro elegido es el Quijote, ya saben, ese título polvoriento que dio nombre en España a una exitosa marca de membrillos.

Que el volumen escogido no sea la novela completa sino solo la segunda parte es una genialidad que habría merecido culminarse con otra: entregarle el libro, saludar a las cámaras, darse la vuelta y perderse en el interior de La Moncloa dejando al presidente de la Generalitat en el umbral -ese umbral metafórico de la ley que Puigdemont no sabe si traspasar-, con toda la tarde para sumergirse en tan provechosa lectura. Porque el Quijote II encierra lecciones no mejorables por una conversación protocolaria. Porque el Quijote II escribe entre tantas otras la historia misma del Procés, con su principio demencial y su final cantado de cordura recobrada. Si Alonso el Bueno descubre en esas páginas los límites de su sinrazón al ser derrotado en la playa de Barcelona, la gran quijotada que supone el independentismo catalán retornará a la senda constitucional en cuanto Europa, las urnas, la división interna o el mero desgaste que produce el ridículo desmonten del todo el tinglado de la cansina farsa. Esto es lo que habría querido decirle don Mariano al presidente de la Generalitat si don Mariano conociera la facundia de la nueva política, que no es el caso.

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21 abril, 2016 · 15:53

El rey del postureo

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Zelig y señora.

Las entrevistas que está concediendo Juan Marsé no harán tanto ruido como las de Félix de Azúa, y sin embargo sus argumentos coinciden en el territorio como en la clase de peste que lo asola:

-Nada me impedirá decir que este es un país de fantasía regido por unos personajes insólitos y risibles, pillastres adscritos a la política más patriotera y lucrativa y a la cultura más ñoña y provinciana -le ha espetado a Sergi Doria en ABC.

Marsé ha tenido la precaución de no personalizar en una mujer de progreso la diatriba, y además le blinda su vieja credencial de novelista obrero -clasismo invertido- de la que carece el acomodado Azúa. Pero lo cierto es que ambos vienen a decir exactamente lo mismo: que la élite catalana la compone una picaresca de nuevos paletos con talento para el vodevil. Definición que por lo demás cubre muy bien las prestaciones de la dirigencia emergente en el resto de España, de donde vuelve a deducirse la tautológica españolidad de Cataluña.

Yo, que debo de ser un degenerado, me emociono ante los líderes que afrontan realidades -de ahí mi creciente respeto por Alexis Tsipras-, pero estos tiempos solo ofrecen actorzuelos que cabalgan utopías. Toda España es carnaval, el país de fantasía regido por personajes risibles que dice Marsé. El Congreso escenifica cotidianas comedietas donde cada portavoz depone su idea del mundo y de la vida, y defeca en la idea del mundo y de la vida que depuso el portavoz opuesto. Un legislativo sin ejecutivo es como un coro de castrati en un burdel: sus señorías emiten gorgoritos ideológicos más o menos sonoros pero a la hora de la verdad no pueden rematar la faena y preñar al BOE. Nada de lo que declaman supera el estadio naíf y prenatal de la propuesta de ley. Y sus tríos negociadores no pasan de voyerismo: ahí nadie toca pelo aunque se filtran fotos, muchas fotos. Fotos como para parar el tren de Lenin.

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Tributo a Imre Kertész, conciencia lúcida del Holocausto, en el Parnasillo de COPE

Comentario en COPE sobre la inocultable raíz chavista de Podemos

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8 abril, 2016 · 9:57

Azúa contra la élite

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Barcelona, 2016. Auto de fe al estilo alemán.

De todas las acusaciones vertidas contra Félix de Azúa, la menos exacta es la de elitismo. No hay que ir muy lejos en la polémica entrevista; en la segunda respuesta afirma: «La gente tiene fascinación por el lenguaje. Son las élites las que son analfabetas y hacen lo posible por destruirlo». La élite que ostenta el poder en Barcelona hoy se llama Colau, y es contra la mediocridad de esa élite contra la que protesta el represaliado por los perros pavlovianos de guardia.

Hace tiempo que en España caducó la clásica dicotomía orteguiana entre masas y élites. Aquí las masas ya están alfabetizadas y las élites dejaron de estarlo como deberían. La clase media, pese a la crisis, goza de oportunidades que antaño eran privilegios gracias al efecto nivelador del capitalismo y de la democracia socioliberal, algunos de cuyos frutos se llaman Google o Estado de Bienestar. A la vez que la condición de los humildes mejoraba, el espíritu de los potentados se empobrecía, volviéndose indistinguibles el rico y el nuevo rico. Y sin embargo, cierta izquierda sigue creyéndose abogada de famélicas legiones y cierta derecha sigue pensando que encarna alguna forma de aristocracia intelectual. Dos formas de quijotismo.

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4 abril, 2016 · 13:03

Gracias, Johan

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Del réquiem a la boda.

Cruyff enseñó al Barça a dejar de quejarse, a renunciar a la épica del derrotado para construir otra más dulce aún: la del ganador. Anoche, en el día de su clásico, cuando hasta Florentino se tiró todo el minuto 14 aplaudiendo en pie la memoria del genio ido -una de esas liturgias bobas que preceptúan los clérigos de la religión deportiva-, el espíritu de Cruyff susurró al Barça su última lección: malo es ir de víctima de tanto perder, pero peor es ir de verdugo y perder igual. Porque el Real Madrid de Zidane fue víctima y verdugo al mismo tiempo.

Señorío es ganar con 10 y atracado a punta de silbato. El árbitro, preocupado por la deriva del Procés, trató en todo momento de no incurrir en provocaciones, evitando pitar fueras de juego a los delanteros del Barcelona y anulando goles legales a los del Madrid; pero acabó malogrando su escrúpulo constitucional dando por bueno un tardío gol de Cristiano que le daba la victoria al equipo de la capital. Dejé pasar unos segundos antes de celebrarlo. Me restregaba los ojos. No daba crédito: el gol seguía en el marcador, desafiante. Así es como se fabrican independentistas. Esta semana habrá que convocar a Margallo y a Junqueras en algún aeropuerto neutral para pacificar la previsible crisis diplomática.

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3 abril, 2016 · 15:23