Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

Entrevista a Pedro Sánchez

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Él.

Nos recibe en Moncloa el día de los inocentes. Dice que el poder le ha hecho mejor persona, y que si está dispuesto a indultar a Junqueras a ver por qué no va a indultar a EL MUNDO. De cerca sus canas contrastan con la nueva tersura de su cutis, campo de pruebas de los dermatólogos para lucir más joven en la investidura.

-¿Entonces habrá investidura pronto, presidente?

Habrá, aunque solo sea para ver la cara que ponéis algunos, jajaja. Oriol es mi Baltasar y me traerá oro, incienso y mirra. BOE, TVE y Falcon, jajaja. Y a vivir, que son dos días.

-Pero usted prometió no ser presidente a cualquier precio…

Cosas que se dicen. ¿Sabes lo que es vivir aquí, muchacho?

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29 diciembre, 2019 · 21:19

Todos los relatores van de amarillo

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Política.

El clásico empezó decepcionando: al final resultó ser un partido de fútbol. Se habían depositado en el Camp Nou grandes esperanzas de ruptura del orden constitucional, o al menos de alteración del orden público, pero la única quiebra de la legalidad se constató en el área del Barça cuando Varane recibió dos penaltis que ni pitó el árbitro ni quiso revisar el VAR. Como otras tantas infracciones ocurridas últimamente en Cataluña, estas dos también quedaron impunes.

Salió el Madrid en tromba, con esa descarada falta de complejos que conviene exhibir en los territorios hostiles. El imperio de Valverde y Casemiro borró enseguida el mediocampo culé, al que le faltaba Busquets. Los balones largos a Bale buscando la espalda de la defensa lograban su efecto intimidatorio. Para cuando llegó el temido minuto 17.14 no quedaban ganas de invadir nada: el tsunami existía pero no era democrático sino una despótica secuencia blanca de disparos a media distancia -qué dos voleas enchufó Valverde-, centros cabeceados en cadena y todo género de aproximaciones carnales de las que la portería de Ter Stegen salió virgen, nadie sabe cómo. Entretanto, en las afueras empezaban a relacionarse los independentistas y los Boixos Nois en ese idioma primitivo suyo hecho de piedras, palos y cosas ardiendo. A algunas tribus les viene grande no ya la patria sino hasta la patria potestad.

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19 diciembre, 2019 · 11:52

El esfínter de la Constitución

Rueda de prensa del residente del Gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez en la OTAN

Proctólogo.

¿Cuánto dará de sí el esfínter de la Constitución? No lo sabemos, pero Pedro Sánchez es el practicante que nos ayudará a averiguarlo. El riesgo de que el esfínter nacional se parta en la mesa de operaciones de su investidura es alto, y más alto aún de que se quiebre en el esfuerzo cotidiano de la gobernabilidad, pero qué es el culo de España comparado con un día más en La Moncloa, damas y caballeros.

La elasticidad de nuestras costuras institucionales ha sido puesta a prueba a lo largo de cuatro décadas sin terminar nunca de romperse; el sanchismo no es nada más que la prueba definitiva, el último apretón, la embestida concluyente de la que saldremos transformados en legendarios robinsones o reducidos a papilla plurinacional. Los constitucionalistas orgánicos de Sánchez imaginan a los ciudadanos como los muñecos ovoides de la DGT que pilotan coches destinados a estrellarse contra un muro y acaban saliendo por el parabrisas. Su propósito no es otro que encauzar el conflicto, nos sosiega el doctor Ábalos. Pero nos preguntamos si es completamente necesario testar la integridad del habitáculo mediante una colisión frontal con el artículo 2, básicamente porque los derechos de todos los españoles viajan en ese coche.

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15 diciembre, 2019 · 18:55

La legislatura Gollum echa a andar

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Estado clínico del 78.

Muchos quisieron ver en el tropiezo de Adriana Lastra una metáfora de la legislatura, que ha nacido de un esguince. «Estoy cojo como el resto del Parlamento, unos inválidos y otros cojos», diagnosticó desde la presidencia de la mesa de edad Agustín Zamarrón, a quien se le ha subido definitivamente el personaje a la cabeza. Desde que España sale a un par de elecciones por año ya no causan la misma sensación ni su barba valleinclanesca ni sus afanes retóricos. Ahora bien, hizo algo valioso al abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ese aborto parido por el 10-N: pedir perdón con la cabeza gacha a todos los españoles por la incapacidad de sus señorías para alumbrar una investidura. No es improbable que esta contrita sonata de otoño vuelva a sonar en primavera, si así lo desea el caudillo de España por la gracia de Sánchez: don Oriol Junqueras.

El circo parlamentario ya cansa, la verdad. Tenemos el esfínter del asombro completamente dado de sí. Que el voto de ERC sea nulo por meter un lazo amarillo en la urna no merece un titular. El rastafari de Podemos se nos antoja un burócrata veterano. Echenique en silla de ruedas tiene que aguantar que otra silla de ruedas habilitada para Lastra compita con la suya. Los de la CUP acuden el primer día de cole pero se pasarán la legislatura de pellas, gritando independencia y espero que fumando porros, que para eso les pagamos. Aquel vistoso peronismo de Errejón palidece en la última fila del gallinero. No encontramos ya diferencia entre jurar por las 13 Rosas o por la España de Blas de Lezo; la sorpresa hoy la depara un sobrio «sí, prometo». Rufián y Aitor Esteban departen sobre la moqueta como dos nobles patricios del invento plurinacional. Adolfo Suárez Illana se echa unas risas con Espinosa y Abascal. Tan solo la gresca entre Marcos de Quinto y los voxos nois por pillar sitio al amanecer aportó nuevos matices narrativos al desgastado esperpento en que consiste la política española desde 2015. Quizá es que en la sociedad del espectáculo al populismo no hay que combatirlo, sino esperar a que sus numeritos pierdan gracia como la perdieron los chistes de Arévalo. Dos años más de circo y bloqueo y todos echaremos de menos a los registradores de la propiedad y a los abogados del Estado.

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3 diciembre, 2019 · 16:47

El calentador roto

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Xenofobia.

Viví en un piso minúsculo cercano a las Cortes propiedad de una señora de pelo blanco y acento gallego. No tenía calefacción ni aire acondicionado, así que pasaba los inviernos cubierto de lana como una oveja merina y los veranos exponiéndome en calzoncillos a las rachas cruzadas de dos ventiladores. Era un lugar fantástico para iniciarse en el periodismo, que ayer fue y será mañana aquella menestralía de la baja intelectualidad advertida por Gaziel: un oficio excluido de toda participación en el decoro de las vidas razonables.

La propietaria había nacido para ser propietaria, eso se descubría la primera vez que te retrasabas en el alquiler o en la factura de la luz. Era una casera arquetípica, la clase de conciencia formada en la sospecha preventiva que exigiría una resolución de la ONU antes de que un inquilino se aventurase a colgar un cuadro de una de las cuatro paredes estrictas de que constaba su guarida. Un día se estropeó el calentador. Encontré en internet una empresa de reparación de tarifa asequible y apalabré un presupuesto. Luego informé a la casera. Decidió que pagase yo y descontase el importe de la mensualidad. Ella vivía en Galicia pero quería hablar con el operario cuando se presentase en casa. El operario llegó, examinó la avería, yo marqué el número de la propietaria y le pasé el teléfono a él para que le explicase los detalles de la reparación. Hablaron. Todo iba bien. Mi casera le pidió que me pasara el teléfono. Entonces oí la melodiosa voz de aquella formalísima anciana preguntándome si, como parecía, el operario era extranjero. Con él delante resultó muy violento tener que confirmárselo. Pero más violento fue tener que escuchar a continuación que no se fiaba, que lo despidiera sin compromiso, que ya enviaría ella a alguien de confianza. Alguien nacional.

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30 noviembre, 2019 · 10:22

El nadador

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Un político valiente.

No era el más erudito ni el más piadoso, pero era un político valiente. Le gustaba nadar y debatir, y se aferró a ambas destrezas cuando, veinteañero, le encomendaron el liderazgo de la rebelión entonces testimonial contra la hegemonía pujolista. Siempre a contracorriente. Se encaró el primero con el padrino de Cataluña y sus innumerables hijos, del acomplejado Montilla al demencial Puigdemont pasando por el sibilino Mas. Empezó a ganar votos hace 13 años y en el instante en que dejó de hacerlo, el domingo pasado, abandonó cargo y escaño para devolverles a los suyos el tiempo que la política les robó. «Quiero seguir siendo feliz. Permitidme que siga mi camino».

La política española no es un lugar donde hoy se pueda ser feliz; solo en el necio vomitorio de la red social, allí donde babean su espeso resentimiento todos los caínes sin sexo ni fortuna, se puede creer que compense su ejercicio. Entre todos hemos conseguido que así sea. Pero hubo unos años, entre el 15-M y la moción de censura, en que una generación de españoles contrajo un vínculo con una idea al fin ilusionante de la representación pública. Rivera bajó desde Cataluña y llegó hasta Cádiz, desplegando un discurso antiguo pero nuevo -eso será siempre el liberalismo en España- que hizo decir a muchos: «Por fin voto para saber que existo». Una desaforada voluntad de hombre de acción le llevaba a fundar estrategias sobre expectativas aún no creadas, y ese ha sido su error como también su acierto: un líder origina su propio espacio, no espera a heredarlo. Su carácter era imposible porque estaba forjado bajo un fuego que nunca se apaga: la quemazón de criarse odiado por vecinos racistas y no tolerarlo. Su misión no consistía en la simpatía mendicante de los icetas sino en el coraje borde de ser libre, por el que ha de pagarse un alto precio.

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11 noviembre, 2019 · 18:14

Ruido y furia en noviembre

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Estado actual del pacto.

Para saber quién ha ganado un debate uno no debe pensar jamás en lo que sentenciaría un periodista y menos un tuitero. Uno debe pensar en un ciudadano que no lee periódicos ni está en las redes sociales y alimenta su espíritu con dudas y televisión. A él se dirige este debate y solo por él cobra sentido un espectáculo tan alejado de Sócrates y tan cercano a Supervivientes. Ese ciudadano ahorra mucho en categorías politológicas y decide el voto por sensaciones estrictamente televisivas.

Esas sensaciones le dijeron ayer cosas distintas sobre los candidatos de las que venían contando los medios. No porque los medios mientan, sino porque los candidatos mutaron para hablarle estrictamente al dudoso que se sentaba delante de la pantalla. Así, Sánchez se olvidó por unos minutos de Sánchez y se puso a vender dureza en Cataluña con materiales saqueados del programa de Cs y del PP. Casado aparcó el neomarianismo y adoptó el tono más belicoso de sus tiempos lampiños para cortar la progresión demoscópica de Vox. Rivera se alejó del Rivera de abril, que principalmente pegaba a la izquierda, para golpear también a la derecha a cuenta de la corrupción y asentar perfil de centro. Iglesias se distanció del papel de monaguillo del PSOE para erigirse en su confesor, esforzándose sin éxito por extraer de Sánchez el pecado de la gran coalición. Pero la gran transformación la protagonizó Abascal, que dijo las mismas cosas imposibles sobre las autonomías e inmorales sobre los inmigrantes pero sin corbata y con aplomo de padre de la Constitución, solo que de una Constitución que no tiene nada que ver con la nuestra. Nos había prometido un tigre pero acabó criticando los subfusiles y pidiendo exhumaciones dignas para los represaliados de la guerra: como viaje televisivo al centro no está mal.

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5 noviembre, 2019 · 10:42

De qué va el 10-N

FILE PHOTO: Spain's Socialist leader and acting Prime Minister Pedro Sanchez attends a rally to mark the kick off his campaign ahead of the general election in Seville

Expedientado.

Son las elecciones más estúpidas de la democracia porque jamás debieron haberse convocado. Nacen del capricho de un mediocre que a falta de dotes de persuasión se entrega al chantaje del votante con todos los resortes del Estado. O me dais más poder o aquí no gobierna nadie, dice el Expedientado. Que aún se ofrece como garante de desbloqueo, cuando lo único que garantiza desde que pasó de concejal a diputado es la parálisis y el timo. Engañó a Rubalcaba, a Susana, a Felipe, a Rajoy, a Rivera, a Iglesias, al PNV y a ERC, aunque a estos dos últimos les susurra que aguanten, que si todo sale bien tendrán su parte. Lo último es que no pactará una abstención con el PP, pero tampoco ha recuperado el sueño cuando piensa en la coalición con Podemos. Así que o se le inviste por sumisión o terceras elecciones. Este es el personaje. Alguien cuya palabra vale tanto como su doctorado pero dura menos que su idea de nación.

Ahora bien, el 10-N no solo es un plebiscito sobre Sánchez. Es también un pronunciamiento sobre el papel que el nacionalismo debe tener a partir de ahora en la gobernanza de España. El aliado de González y Aznar ha acabado incendiando Barcelona: los encapuchados son los hijos del pujolismo. Y cortan la retirada de cualquiera que amague con volver al autonomismo. La reacción del Estado a este espectáculo es escrutada por los portadores del mismo virus identitario en Euskadi, Navarra, Baleares, Valencia, Galicia y pronto Canarias. Si el inquilino de Moncloa sigue debiéndole el alquiler al separatismo, los años 20 de este siglo contemplarán la subasta gradual del Estado por autonomías y la inhumación definitiva de la Constitución. Spoiler balcánico: acaba mal.

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3 noviembre, 2019 · 22:49