
Honrarás a los muertos.
Lo bueno de la mala conciencia es que al menos presupone una conciencia. Lo bueno de la piel de cordero es que el lobo se la pone sabiendo que desnudo aún inspira temor. Temamos más bien el día en que el llanto amargo del remordimiento se seque. Temamos más bien el día en que los lobos vayan de lobos porque dar miedo salga rentable en una sociedad asilvestrada.
A Rita no la ha matado el periodismo, aliviemos los hombros, compañeros. Cabe el recelo de que apostar cámaras insomnes en los portales de (algunos) sospechosos sea periodismo, pero yo sé que algunos camarógrafos el miércoles sintieron el arañazo siquiera fugaz de un escrúpulo, y eso ya es algo, un brote moral en mitad de la dura tarea cotidiana. A Barberá la ha matado un infarto y, un médico poco corporativo me ha sugerido que entre el primer aviso y la parada irreversible quizá mediara la negligencia. En cuanto a la negligencia mediática, no ha resultado un factor de riesgo tan decisivo, sospecho, como la proscripción de la tribu. En la vida uno se prepara para el ataque del adversario, sea un partido o una televisión: con él cuenta y contra él se crece; lo que el corazón soporta mal es el repudio de los propios cuando ceden a la presión ajena. Por lo demás, ése es un remordimiento que compete al PP, a la amistad de Rajoy, a la desfachatez de Hernando. Yo sigo pensando que Barberá debió apartarse antes, que el partido no tenía otra salida aspirando a un pacto de investidura, que la responsabilidad política debe preceder a la judicial si se desea combatir el desencanto de los electores más volubles de Hamelín.
El trabajoso desbloqueo político apenas deja espacio estos días para discutir de nada más. Por ejemplo de regeneración democrática, procesos penales aparte. Y sin embargo las razones esgrimidas para bloquear la investidura de Mariano Rajoy apuntaban precisamente a la necesidad de una regeneración que el PP fue el último en aceptar. Lo curioso es que, cuando ya la tenía asumida, el PSOE entró en una crisis existencial de la cual emergió –si ha emergido– notablemente cambiado: preguntado por la exclusiva de este diario sobre las lecciones de corrupción en cómodos croquis de powerpoint que impartía el PP, el portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, declaró no tener mucho más que añadir. Y el propio Javier Fernández ha tratado de explicar que la corrupción ya no puede servir para continuar bloqueando el país, como le sirvió al pedrismo para perseverar en el no. El nuevo PSOE confronta con Podemos, no con el PP, y ese viraje pone sordina a las demandas de limpieza institucional que hasta hace poco centraban el debate político.









