Ruano y el antifascismo

Dos máscaras: la dandi de Ruano y la mortuoria de Azorín.

Dos máscaras: la dandi de Ruano y la mortuoria de Azorín.

El nombre de Ruano sale del más polvoriento de los olvidos editoriales por la vía más efectiva en este país: vinculándolo con el fascismo. Ya se sabe que hay dos únicas formas hispánicas de cosechar alguna fama cultural: ser fascista y ser antifascista. La modalidad fascista fue hegemónica hace ya varias décadas, y la antifascista lleva siéndolo demasiadas desde que palmó el dictador, aunque ello exija resucitarlo cada día para seguir luchando contra su espantajo y poder echárselas de Laszlo en Casablanca.

Si usted es escritor o cineasta y tiene la desgracia de ni ser fascista ni ser antifascista, usted debe reciclarse cuanto antes en el cincado electrolítico o el reparto de routers inalámbricos a domicilio o bien se morirá usted de hambre. Yo diría, parafraseando a Ramón, que en esta vida hay que ser un poco fascista porque, si no, lo son solo los demás y no nos dejan nada. A cada cual, según sea su temperamento, corresponde luego elegir qué forma de fascismo prefiere: el fascismo fascista o el fascismo antifascista. Qué quieren: así funciona el debate intelectual en España. No lo he inventado yo, que nací en 1982.

El libro que ha obrado el milagro de devolver a César González-Ruano al escuálido candelero del debate libresco nacional se titula con mucha intención El marqués y la esvástica. César González-Ruano y los judíos en el París ocupado, y lo publica Anagrama el 19 de marzo. Sus autores son la filóloga alemana Rosa Sala Rose y Plàcid García-Planas, periodista de La Vanguardia, quienes han pasado tres años investigando los turbios negocios del genio del columnismo en el Berlín de Goebbels y en la Francia colaboracionista, donde el autoproclamado marqués de Cagigal se dio la gran vida baudelaireana a costa del trapicheo en el mercado negro, el proxenetismo y un lucrativo tráfico de salvoconductos que en no pocas ocasiones terminaba con un judío cazado en Andorra como un conejo.

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6 marzo, 2014 · 10:10

11-M a las 17.00

Portada de LEER, marzo de 2014.

Portada de LEER, marzo de 2014.

El próximo 11 de marzo desde las 17.00 horas seré sometido a una entrevista tuitera en donde todos ustedes, queridos e improbables lectores de este blog, podrán ejercer de Ana Pastor a mi costa. El motivo es el ensayo sobre el 11-M que publico en el número de marzo de la revista LEER, consagrado como no podía ser de otra forma al primer decenio transcurrido desde la tragedia.

Mis editores de LEER, propietarios de un criterio selectivo y un respeto por el autor del todo excepcionales en tiempos de devaluación intelectual, han resumido en 11 tuits algunas de las ideas que con la mayor honestidad trato de exponer en dicho ensayo. A su debido tiempo lo colgaré íntegro en este blog, pero de momento lo tienen ustedes en el quiosco. También pueden limitarse a estos 11 tuits para ir haciendo llegar sus preguntas, desde ya mismo, al hashtag: #10años11M #JorgeBustos

Estas son mis afirmaciones. Veamos el martes que viene si Twitter ofrece insospechadas utilidades más allá de la entrañable selfie.

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Breve entrevista en Rolling Stone

Número 173 de Rolling Stone, marzo de 2014.

Número 173 de Rolling Stone, marzo de 2014.

[Me llena de orgullo y satisfacción haber sido uno de los cuatro elegidos por la revista Rolling Stone para su reportaje «El imparable ascenso de la nueva columna». En él, el camarada periodista Rubén Romero y el caravaggiesco fotógrafo Adolfo Callejo presentan un retrato verbal y visual de Nuño Rodrigo, analista de Cinco Días; de Isaac Rosa, novelista y columnista de eldiario.es; de Manuel Jabois, que ya era amigo antes de venir a El Mundo; y de uno mismo que, siendo todos saludablemente jóvenes, es el más joven de los cuatro. Pasé una gratísima mañana charlando de todo con Rubén, al que agradezco que no haya reproducido los pasajes más escabrosos. El tono de cabreo generacional, en todo caso, se recoge fidedignamente. Reproduzco el texto publicado aun a sabiendas de que ello me terminará de cerrar todas las puertas que no me hayan cerrado ya mi personal incompetencia, algún brote cainita o la mera maledicencia]

«En el columnismo hemos de matar al padre»

La historia de Jorge Bustos es la de un niño raro: a la edad en la que sus compañeros soñaban con ser futbolistas o astronautas, él sólo imaginaba un futuro en el que fuera columnista. «Con 16 años me pedí una antología de artículos de Julio Camba. Así de friki era», admite. Después, hizo estudios literarios, fundó una revista y acabó cubriendo las fiestas regionales en La Gaceta («con resaca se escribe fatal», confiesa). Al contrario de lo que dicen los prebostes, no piensa que el público lector se esté extinguiendo: «En España, a la hora de conceder una columna, el estatus está muy por encima de la calidad. Ya puedes ser muy bueno, que si no tienes contactos políticos, has hecho algún favor o sales en televisión, no te van a coger. Dicen que los jóvenes no compran periódicos porque no les interesan. Y tal vez es que no se sienten representados en los periodistas que les ofrece el establishment, anclado en los opinadores de la Santa Transición que aún copan micrófonos y columnas. ¿La solución? «Hay que fomentar el relevo. Me gustaría librar una guerra freudiana y ‘matar al padre’. Ya está bien. Tiene que continuar el ciclo de la vida».

Collage de nuevo columnismo. Sección Rock & Roll de la Rolling de este mes.

Collage de nuevo columnismo. Sección Rock & Roll de la Rolling de este mes.

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Reyerta sin daños de consideración

El derbi visto por Goya.

El derbi visto por Goya.

El realizador ofrece panorámica cenital del mosaico colchonero y luego un primer plano de Simeone, ojos claros pero no serenos si nos fijamos en la crispación mandibular. En lenguaje audiovisual se nos está diciendo que hay una grey y un pastor, un pueblo y un caudillo, un bolivarianismo y su Bolívar. Al primer córner, minutos después, Simeone ya está a horcajadas sobre la chepa moral del cuarto árbitro. Y así se pasará todo el encuentro. Pero a Simeone no se le echará nunca, Simeone goza de inmunidad (anti)diplomática porque en nuestra aporofílica España respetamos a los pastores siempre que se ocupen de los pobres, o al menos de los menos ricos, como es el caso. Se expulsó, eso sí, a su lugarteniente Burgos, que hizo honor a su simiesco apodo tras la tarjeta a Diego Costa. Tarjeta amarilla como amarilla es la estatuilla del Oscar que, aprovechando un pisuerguismo de Arbeloa, mereció su caída en el área, desfallecimiento impropio de mozo nacido en un lugar llamado Lagarto.

Costa es un delantero de progresión tan lenta, de paso tan grávido y habilidades tan primarias que no alcanzamos a explicarnos el peligro que es capaz de crear. Y sin embargo lo crea, vaya que sí. Se bastó solo para desquiciar a la pareja RamosPepe durante buena parte del derbi, que tuvo una primera parte sencillamente patibularia. El gol de Benzema –decididamente mortífero desde que se dejó esa barba saudí– llegó demasiado pronto. Hay regalos espléndidos que se malogran por no entregarlos en el plazo justo de maduración. El Madrid no había madurado aún su juego y ya no lo pudo hacer hasta mediada la segunda mitad.

Porque el Atleti reaccionó ejemplarmente al revés tempranero: subió la presión, se multiplicó en las tareas de presa, protestó como un solo hombre, chocó como dos, fingió cuando fue necesario. La prensa especializada lo llama “intensidad”. El Madrid supo usarla en la ida de la Copa, pero esta vez le dio pereza y así llegó el empate. Arda, su Modric (porque el del Madrid tardaba en aparecer, y cuando lo hacía era muy capaz de perder el balón: algo insólito), metió un pase a Koke que ningún defensor del Madrid había previsto. Y Koke la cruzó perfectamente para volver superflua la estirada de Diego López.

Nunca estuvo tan bien elegido el sinónimo “choque” para un partido. Qué centelleo de navaja trapera, cuánto codo, qué vuelo de plantillas, aquella farsa de Pepe ante Godín, la ya mentada de Costa, la marrullería local, los destiempos de Arbeloa, las batallas que libraba Xabi, la decretada caza a Cristiano. A todo esto asistía el árbitro como ese novio cobardón que pretexta curro cuando su novia le dice que tienen que hablar. Si el curro lo tienes delante, hombre de Dios. Delgado Ferreiro iba aplicando una original métrica compensatoria para paliar sus propios errores: “Si no pito el penalti de Ramos sobre Costa, voy a perdonar ahora esas tres tarascadas sobre el portugués. Pero como me he comido la mano de la barrera en el libre directo, echo al Mono Burgos y le saco luego una amarilla a Godín aparte de a Pepe. Y niquelao”. Así razonaba nuestro Salomón comprado en los chinos, practicando su trile impresionista de unas injusticias por otras.

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2 marzo, 2014 · 23:00

Felicidad y cuartos de final

Carletto rules.

Carletto rules.

Para que todo sea perfecto, a don Carlo Ancelotti solo le falta fumar puros en público, a poder ser en rueda de prensa, delante de todos los que le ahorraban prematuramente la ingesta del turrón en el banquillo eléctrico del Real Madrid. Pero hoy yo miro a Ancelotti y le veo perfectamente capaz de comerse en este club su cesta de Navidad y la de la prensa.

A don Carlo le venían diciendo que ojito con los equipos alemanes, que allí el Madrid había ganado solo uno entre los últimos 25 partidos, que esos bárbaros juegan duro y disciplinado y que entrábamos ya en la fase caliente de la Champions. Nuestro hombre enarcó la ceja y se plantó en Gelsenkirchen con su 4-3-3 y su tridente de caníbales, esa BBC que tiene más familiaridad con las redes que el mismísimo Punset. Y no es solo que rompiese la maldición: es que redujo aquel campo de minas a llanura, sembró césped y levantó allí mismo un parque temático para todos los públicos con un enorme letrero a la entrada: “Bienvenidos al espectáculo”.

Esa palabra, espectáculo, que pronunció el día de su presentación en el Bernabéu. ¿Se acuerdan? ¿Y se acuerdan de las risas privadas que suscitó? Eran las risas de los mismos que ahora corren a comparar al Schalke con el Elche para rebajar la importancia indiscutible que tiene la exhibición del Madrid en Alemania. Es la comparación del miedo. El Madrid ha vuelto a dominar en tres competiciones y eso produce en sus adversarios primero risitas nerviosas, luego pataditas bajo la mesa y al final excusas para ir al baño en el momento exacto en que Ancelotti propone un brindis.

En cuanto a los madridistas de ley, nada tengo que decirles que no hayan devorado ya con sus propios ojos. La explosión de Bale, que hace decir a nuestro amigo Jabois que cada semana Neymar vale 10 millones más y Bale 20 menos. El sinuoso descaro con que Benzema está actualizándonos a Zidane. El hambre intacta de Cristiano. La impenetrabilidad de la portería, la seriedad en defensa, la ubicuidad en el medio, la profundidad por bandas. Qué queréis que os diga si la felicidad, amigos, no se pone en palabras: se paladea y se pasa a cuartos.

(La Lupa, Real Madrid TV, 28 de febrero de 2014)

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Vente ‘pa’ Alemania, Carlo

Crónica del partido según Tiziano.

Crónica del partido según Tiziano.

Y se quedaron los alemanes cantando, porque los alemanes o duermen o marchan. Un alemán despierto es una garganta presta a la épica, sea la de la victoria o la de la derrota. Y qué manera de ser derrotados, qué paseo militar el del Real Madrid, que tomó Alemania como no se veía desde Carlos V en Mühlberg. Si en estos momentos no suena la Marcha Radetzky en el iPod de Benzema entonces no sé cómo justifica la nómina Pardeza, que para eso es el que pone la cultura.

Empezaron cantando las gradas de Gelsenkirchen su himno de mineros, su tonada siderúrgica, y abajo en el césped los muchachos del Schalke obraron en consecuencia: adelantaron la presión y lograron poner nerviosos a Pepe y a Ramos. Pero aquello duraría poco. Pronto se advirtió que el histórico tembleque del Madrid en Alemania se curaría esta noche.

Gareth Bale agarraba el balón y salía disparado hacia el área con la determinación de no parar hasta la boca de la mina. Sorteaba defensas con fastidio, porque se veía que lo que le apetecía era traspasarlos directamente. Karim Benzema no es que esté enchufado: es un puro calambre, un roce de electricidad estática que se prende en la combinación con Cristiano. Así llegó el primero: diagonal galesa, taconazo portugués y remate galo. La BBC sintonizada en prime time para traerles el show del más difícil todavía, pasen y vean.

Enseguida pudo empatar el Schalke, pero apareció el Santo. Su parada de santería, brazo incorrupto. Gran acción de Casillas para enmendar una confusión infantil, enojosa, entre Ramos y Pepe, que eligieron el peor momento para ponerse a jugar al Twister. Pero de ahí en adelante los mineros se empequeñecieron, fueron devueltos a las profundidades de su campo como una raza tolkieniana de enanos. El elfo Modric cogió su carcaj y ya no paró de correr hasta completar once kilómetros, según las últimas estadísticas. Di María hizo lo mismo, cubriendo un recorrido larguísimo y bombeando centros que invertían el guión de los agoreros: ¿no habíamos quedado en que el juego aéreo era la especialidad local? Marcelo se sumaba al doblaje y la BBC en general buscaba el desmarque constante. Así resulta muy difícil cegar el avance madridista, que llegaba en oleadas ansiosas bajo el grito tarzanesco de Ronaldo, hambriento como los lobos del amigo Félix.

Huntelaar, con esa cara como salida del Diario de Ana Frank, llamaba desesperado a sus compañeros. Pero no podían oírle. Farfán, nombre de entrante árabe –yo tomaré cuscús; para mí farfán–, tocaba algo más de bola, trataba de progresar por banda y fue el mejor de los suyos, lo que no es decir mucho visto lo visto. Porque de pronto se oyó un silbato en la estación: era Karim con visera y banderita, robando un balón a un lateral incauto y abandonándolo suavemente en la vía por la que llegaba el expreso de Cardiff. Bale recortó a uno, recortó a otro y soltó la zurda un segundo antes de descarrilar. El segundo estaba aquí, y era un golazo que estira el repertorio intuido a este jugador extraordinario, cada vez más barato: tiene el disparo, tiene el remate, tiene el autopase en velocidad y ahora tiene también el doble regate en estático seguido de gol. Bale ya es el Bale del YouTube, para catástrofe del franciscanismo mediático que le busca los millones con recelo digno de mejor causa. La de Neymar, sin ir más lejos.

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27 febrero, 2014 · 14:35

Rajoy ya nota el calor

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Para ser ese país demoscópicamente harto de políticos y periodistas, el jaleo como de primer día de rebajas que se monta en el Congreso por el debate del estado de la nación está de lo más conseguido. ¿No sería una teatralización para afianzar el crédito dañado del sistema parlamentario? En vano busqué entre el gentío la barba de Garci o las gafas endiabladas de Évole. Pero lo cierto es que si las elecciones son la fiesta de la democracia, el patio de las Cortes se antojaba a mediodía un after-hours con derecho de admisión reservadísimo. Desde luego disimulamos bastante bien la famosa desafección hacia la política.

Un reportero logra acomodar el culo en la tribuna de prensa solo después de soportar la cola de acreditaciones, persuadir al departamento de prensa de que no trabaja para Manikkalingam, acreditar un buen juego de codos con los colegas para avanzar por los pasillos abarrotados, pasar el escáner de rayos X y probablemente otro de rayos UVA, reptar bajo la alambrada de espino y dirigir una caída de ojos reverencial a don Jesús Posada. Superados todos los filtros, accede uno al hemiciclo en el momento justo en que Mariano Rajoy está constatando que se ha invertido la dirección de la economía nacional.

Rajoy venía al debate a señalarse la espalda, porque un año después puede presentar datos para ello. Repasaba el jardín en que estamos metidos como el jardinero al final del invierno, cauto ante los restos del granizo pero optimista por la llegada de la primavera. Exponía con cuidado cada brote verde y depositaba luego la maceta en el suelo matizando que con cinco millones y medio de parados aún es pronto para decretar una semana de circo, naumaquia, cuentacuentos y juegos florales. Pero vamos, que el orgullo se le escapaba por las cinchas del traje. En la tribuna de invitados, un cortejo de barones o alfiles varios no tan pendientes de reparar en el jefe como de que el jefe reparara en ellos: Pío, Rudi, Monago, Fabra, Pedro Sanz, Herrera, los de Ceuta y Melilla e incluso Cospedal, que estaba tan guapa que no me atreví a saludarla en el patio y cuyo broche lila emitía destellos cegadores cada vez que Rubalcaba la llamaba cacique durante su réplica vespertina. Por la mañana, sin embargo, la oposición escuchó a Rajoy sin patalear, como si de verdad rigiera un protocolo diferente al de las sesiones de control de los miércoles. Esa formalidad duraría poco, como veremos ahora.

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26 febrero, 2014 · 0:01

Bale y el antimadridismo

Insomnio antimadridista.

Insomnio antimadridista.

Ahora que se ha restaurado el orden natural de la historia y que el Real Madrid es líder en solitario de la Liga, finalista de Copa y equipo de récord en las primeras fases de la Champions que al fin vuelve, los enemigos de la hegemonía blanca pasan las noches atormentados por el insomnio, atareándose febrilmente en la busca de alguna manera de hacer daño al equipo.

Lo tienen difícil, porque los resultados se suceden con cadencia de plusmarca, el juego carbura sobre el hallazgo de un 4-3-3 goleador y equilibrado, el estadio se llena hasta para los partidos contra la droga, el vestuario convive entre la placidez y la motivación y el entrenador es un italiano tranquilo que sofoca cualquier conato de guerra con un levantamiento de ceja ante la prensa y, en el campo, con un inteligentísimo sistema de rotaciones. Y al mismo tiempo que sucede todo esto, los rivales inmediatos amagan derrumbe institucional, o fiscal, o físico, o deportivo en general.

Sin embargo el antimadridismo es un virus celoso que no permite a sus pobres huéspedes un momento de descanso. Sus penúltimos síntomas son los minutos de Jesé e Isco, debates ficticios que los propios jugadores han desinflado con su discreción: solo hablan con la puntera derecha o el empeine izquierdo, con la elocuencia incontrovertible del gol.

Pero si esta es la lupa de un madridista confeso, la lupa de mil aumentos del antimadridismo disfrazado últimamente se viene aplicando sobre Gareth Bale, a ver si se le descubre una hernia íntima, un descontento privado, que Marcelo le dio una colleja en un entreno o que aún no habla castellano antiguo. Todos son pretextos para desaguar la misma rabia: no solo que el Madrid tenga 90 millones para fichar al mejor jugador de la Premier, sino que no tenga por qué ocultárselos a Hacienda. A Bale se le prejuzga y se le juzga con la impaciencia de verle fracasar en el Madrid para poder salir corriendo a pellizcar a Florentino Pérez. El problema de este precario plan es que se desmorona pasadas las cinco de la tarde de un sábado cualquiera en el Bernabéu, cuando Gareth Bale agarra un balón a 30 metros de la portería contraria, se la coloca con cariño en el disparadero de su pierna izquierda, aplica la mecha al cañón y despinta el interior del larguero antes de clavar la bala de cuero en el fondo de la red.

Bale no solo marca más goles y da más asistencias que Neymar, que el tan llorado Özil, que Beckham en su mejor año. Si hace eso sin pretemporada, el año que viene va a haber que liberar a diez becarios para llevarle las estadísticas. Pero es que todos sospechamos –incluidos los antimadridistas– que lo que llevamos visto del galés es solo la punta de un monumental iceberg, y que cuando este jugador empiece a soltarse de verdad vamos a ver naves ardiendo más allá de Orión. Bale ha confesado que su primer recuerdo de la Champions, a los doce años de edad, fue la volea de Zidane en la Novena. Debería ponerse ese vídeo seguido del vídeo de su propio gol al Elche. Solo necesita mirarse al espejo para sumir a los impacientes interesados en la más negra de las melancolías.

(La Lupa, Real Madrid TV, 25 de febrero de 2014)

La locución, aquí.

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