Einstein ante Rajoy

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Rajoy, un desafío para la ciencia.

El marianismo es un movimiento político que niega el movimiento político. De haber tenido que analizar el marianismo, Einstein sin duda habría concluido -resignado- que el espacio-tiempo acotado a una jornada en Moncloa no es dinámico, sino estático. Pues don Mariano es el único pedazo de materia conocido a cuyo contacto la energía renuncia a transformarse, e incluso se destruye. Y así, mientras la ciencia va descubriendo nuevas dimensiones de lo real -tengo entendido que la cuarta ya se ha quedado obsoleta-, el universo marianista tiende a comprimirse, y si por él fuera quedaría reducido a un punto primigenio y fijo, ubicado en la ría de Pontevedra, a partir del cual la política del «sentido común» para la «gente normal» no conociera alternativa.

Sin embargo, fuera de Moncloa el mundo sigue fastidiosamente sometido a la relatividad general. No eran precisamente relativistas sino fanáticos los que atentaron en París, pero su crimen obliga a Hollande a tejer pronto una alianza militar, con sus cazabombarderos y sus fragatas, o sea, la cosa menos estática que existe. La calle tampoco permanecería quieta, sino agitada por los demonios familiares del agit-prop municipal y espeso. Y ése no es el escenario electoral que soñaba para el 20-D el marianismo, al que tan grata demoscopia le estaba reportando la solidez institucional frente a los lemmings indepes. Muchos se meten en política para canalizar algo; Rajoy para hacer de dique.

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En El Parnasillo de COPE, esta semana, cómo acabar de una vez por todas con los cuentos de Navidad

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25 noviembre, 2015 · 10:49

Bipartidismo: no apto para jóvenes

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La cola de la capilla ardiente de Suárez, marzo de 2014.

Rara vez el primer borrador de la historia que es el periodismo ofrece dos imágenes tan sucesivas y tan opuestas para resumir un cambio de ciclo. El sábado 22 de marzo de 2014, ocho columnas de manifestantes salidas de los cuatro puntos cardinales del país confluyeron en Madrid para formar la llamada Marcha de la Dignidad, que condensó la indignación social por los parados, los desahucios y los recortes. La manifestación del 22-M discurrió con normalidad hasta que hacia el final de la jornada desembocó en disturbios entre radicales y agentes de policía, con un balance de 24 detenidos y un centenar de heridos. Pero sobre todo sirvió para aglutinar la base social del partido que por entonces se preparaba para dar la campanada en las elecciones europeas de mayo: Podemos. «Fue un día muy emocionante, ver a tanta gente en las calles queriendo cambiar las cosas», rememora Cruz Díez, de 35 años, educadora y activista señera de la marea verde que ha canalizado las protestas contra los recortes en la enseñanza pública. «Ahora quienes han cambiado son los de Podemos», apostilla.

Al día siguiente, con la Castellana todavía sin barrer, saltó la noticia de la muerte de Adolfo Suárez, el piloto de la Transición que ese nuevo partido tildaba de apaño y venía a impugnar. Cerca de 30.000 españoles devotos de su figura desfilaron por la larga cola que daba la vuelta al madrileño barrio de Cortes hasta adentrarse en el Congreso de los Diputados, donde se había ubicado la capilla ardiente del primer presidente de la democracia. «En la cola había personas de todas las edades, pero la mayoría superaba los 40. Parecían de la generación anterior a la del difunto: estarían en la adolescencia o la primera juventud cuando Suárez llegó al poder, y vivirían aquellos acontecimientos con la excitación de los grandes cambios políticos», explica Marta, que hizo tres horas de cola para despedirse del féretro del hombre que renombró Barajas. Ella no quería perderse lo que consideraba un momento histórico aunque reconoce que su edad -no ha cumplido los 30- era la menos representada en el cortejo fúnebre que rodeaba la Carrera de San Jerónimo.

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23 noviembre, 2015 · 11:20

También esto pasará

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«Ibant obscuri sola sub nocte per umbras».

Debió de pensar Benítez que ya había suficiente seguridad fuera del campo como para ponerla también dentro, y quitó a Casemiro del once. O eso, o se plegó a la presión -esa presión indeterminada pero asfixiante que espesa los textos de Kafka– y decidió refutarse a sí mismo para ganarse luego el derecho a refunfuñar. «¿No querías una comedia? Bueno, pues la próxima película la escojo yo». Porque yo sospecho que Benítez habría querido plantear un partido de Benítez, y no uno de Kafka.

La versión Toni 2 de La Marsellesa que se pudo oír en memoria de los asesinados en París no auguraba nada bueno. La patada voladora de Ramos sobre el hombro de Luis Suárez tampoco estaba en el guión, sino exactamente lo contrario. Por señales menos elocuentes se han escrito parangones con la caída del Imperio Romano.

Y tampoco fue para tanto, porque ni siquiera el Barça necesitó ser el Barça para desnudar al Madrid. El exterior de Suárez rajó la defensa blanca con la suavidad con que se abre el papel higiénico por la línea de puntos. Y el resto del partido se fue en limpiarse del culo el miedo a la manita.

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22 noviembre, 2015 · 11:42

Cualquier día muere Franco

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Pinta de muerto tiene, pero no hay que confiarse.

El día menos pensado se muere Franco y vamos a tener una desgracia. Convendría que este país se fuera preparando para el hecho simbólico -del biológico se cumplen hoy 40 años ya- de su desaparición, porque hasta ahora no hemos sabido conducirnos sin invocar cada día su vivificante recuerdo. Hay que reconocer que Franco legó muchas instituciones duraderas -los pantanos, el CSIC, la ‘Complu’, la seguridad social, la paga extra- pero la más consistente de todas ellas ha sido sin duda el antifranquismo. A los que nacimos con Felipe en La Moncloa nunca dejará de sorprendernos la falta de puntualidad de los antifranquistas, que proliferaron mayormente a partir de 1975. Cuando ya su misión se la había madrugado la madre naturaleza.

El físico de Franco ocupaba más bien poco espacio, pero su nombre goza de una lustrosa sobrerrepresentación. Los patios de los colegios de los noventa todavía se dividían entre rojos y fachas, y a poca tele que se vea en sus casas sospecho que los niños de ahora continúan blandiendo la misma pasión taxonómica, pues los viejos hábitos tardan en morir, cantaba Jagger, y en España tardan más. Celta o ibero, cristiano viejo o judaizante, culé o vikingo: nuestra idiosincrasia se antoja fatalmente binaria, y que no venga nadie con sutilezas centristas. Por eso quizá el discurso contra azules y rojos de Rivera le llega demasiado pronto a nuestro entrañable electorado.

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20 noviembre, 2015 · 10:39

La cuchara de Albert Rivera

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La perfecta simetría.

Ustedes habrán jugado en alguna boda aburrida a sostener una cuchara por su centro de gravedad: la cuchara se balancea a izquierda y derecha sobre su dedo, pero no termina de decantarse porque entonces caería con estrépito y su pareja rezongaría que no se le puede sacar de casa.

Albert Rivera sujeta la cuchara de la intención de voto como nadie en España: su dedo marca el centro exacto como el de Colón las Indias, y el electorado español sigue esperando que el cubierto se le decante por algún lado. Espera en vano. Rivera es un equilibrista que habla sin papeles y pisa sin red, y no hay modo de desequilibrarle.

Lo intentó nuestro director, David Jiménez, dándole la mala noticia de que EL MUNDO no respaldaría su candidatura -ni ninguna otra- porque este diario apoya propuestas y no siglas. Tardó segundos Rivera en refutar que eso fuera una mala noticia, porque él cree en la libertad de prensa. Casi nos agradece la falta de respaldo. Los reflejos son la primera condición del táctico.

Pero lo original del líder de C’s es que hace táctica con la estrategia: electoralismo con medidas a largo plazo como el pacto de Estado por la Educación. En el manual retórico del centrista no ha de quedar afirmación sin matiz: «No soy muy de himnos y banderas pero sí pido respeto». O bien: «Odio la guerra pero odio más el terrorismo».

Se trata de anular la bipolaridad clásica de la política española, lo que le permite distinguirse no sólo de los viejos partidos, sino también de Podemos: «Ellos proclaman que el miedo cambia de bando; yo no quiero ni miedo ni bandos». Y si las elecciones se ganaran sólo por el centro, como se cacarea, Rivera sería presidente; pero nos maliciamos que en España tiene aún Goya mucho que pintar.

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Hoy, en El Parnasillo de COPE, el mediocre autor de La Marsellesa que sufrió un rapto de genialidad

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19 noviembre, 2015 · 13:16

«La ironía total lleva al nihilismo»

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El clasicismo aporreando al tertuliano-centauro. Museo de Historia del Arte, Viena.

La entrevista tuvo que hacerse en tres sesiones, en tres bares de tres hoteles de Madrid, pues coincidió con la publicación en El Mundo de una conversación con Montoro, con firma en un recuadro del entrevistado, y, claro, durante tres días su móvil no paró de echar humo: llamadas de la redacción, llamadas del ministerio, llamadas de las televisiones… Sirva lo anterior no como composición de modo ni de lugar ni de tiempo, en todo caso de personaje: Jorge Bustos, un periodista que lo mismo es capaz de un scoop que hace moverse el suelo del partido en el Gobierno que de llegar al punto final de una columna sin esfuerzo aparente, que de frecuentar las tertulias del prime time sin parecer un tertuliano, que de estrenarse como autor -y aquí va la razón de esta entrevista- con un libro de ensayo. Un libro que huye del recurso facilón del refrito recopilatorio, del manual de autoayuda del que solo se alimenta de galletitas chinas y de frases de almanaque, del comentario a mil fotos en blanco y negro de Steve McQueen y Audrey Herburn, del relato nostálgico de uno que aprendió a escribir en los cuadernos de caligrafía Rubio. La granja humana, en fin, lecciones amenas de Filosofía -y de Política, y de Literatura, y de Sociología…- profunda.

 -Quien llegue a su libro por sus columnas y, al revés, a sus columnas por su libro, ¿se llevará una sorpresa o verá en el trayecto una lógica continuidad?

-No debería llevarse una sorpresa, creo. El libro pretende conectar con el género canónico del ensayo, de más aliento que la columna, y la columna es, a su vez, un subgénero del ensayo. El resultado de esos dos vectores son los ensayitos de tres o cuatro páginas de los que está compuesto el libro, en el que he tratado de huir de cierta tendencia al academicismo aplicando el tono ligero del columnista pegado a la actualidad.

 -¿Cree haberlo logrado?

-En un primera versión del libro no. Porque cuando me llaman para hacerme el encargo, enseguida pienso en Ariel como la gran editorial del mundo académico y fijo en mi cabeza un lector ideal al que me quiero dirigir, un catedrático campanudo cuya aprobación debo merecer. Cuando enseño en Ariel lo que llevo escrito, me dicen que lo rehaga. En su momento, me cabreé bastante. Pero ahora entiendo la labor benéfica del editor.

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18 noviembre, 2015 · 12:15

Oración en París

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Exvotos a los pies de uno de los restaurantes tiroteados.

En el cruce entre las calles Bichat y Albert, a los pies llagados de dos restaurantes contiguos -Le Petit Cambodge y Le Carillon-, los parisinos han improvisado un atrio con velas, flores y folios preñados de malos versos, que suelen ser también los más sinceros. A este cruce sagrado los ciudadanos de la laica República acuden temblando para volver a ligarse con los muertos, que eso significa religión. Vi ayer a una chica rubia llorar en silencio sobre el hombro de su novio. A un africano añadir deprisa (pudoroso, casi furtivo) otro ramo al cerro de rosas y crisantemos. A un oriental prender un cirio y juntar las manos. A un joven tatuado pedir con una camiseta la fraternidad entre las tres religiones del libro. También los vi hacer fotos, pero no ‘selfies’: sospechaban que un borrón de vanidad profanaría este pedazo de acera ardiente. He aquí el rebaño europeo, las buenas ovejas de Occidente.

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17 noviembre, 2015 · 10:49

El ego comunicante de CR

Cristiano y él.

Cristiano y él.

Preguntados por la cuestión más candente de España, Pablo Iglesias respondió que prefería a Cristiano y Albert Rivera que a Messi. Del portugués admira Iglesias el coraje, que quizá sea otro de los nombres de la arrogancia, y con Messi se quedó Rivera porque es un culé irremediable. Se agradece en todo caso la claridad de ambos: es bueno que se vayan concretando los programas según se acercan las elecciones.

Esta semana Cristiano presentó su película en Londres, estreno al que no acudió nadie del equipo por cuestiones de agenda y no porque su ego tuviera ya copado el aforo, como dicen las malas lenguas cansadas de que la autopromoción agote el talento que el luso últimamente escatima sobre el césped. No hace falta citar a Dominguín –«En el toreo es modesto el que no puede ser otra cosa»– para explicar el narcisismo inevitable de Ronaldo, que ha llegado a la cima del mundo partiendo de la favela familiar de Madeira. Sin la desorbitada atención que Cristiano le merece a Cristiano, este futbolista de más autoexigencia que don natural nunca podría haber cuajado los logros ya históricos que pautarán el documental. Es significativo que sus responsables sean los mismos que entregaron recientemente el estremecedor biopic de Amy Winehouse, en cierto modo el perfecto envés de la carrera abdominal y dietética sostenida por el portugués. La autodestructiva Winehouse es el reverso tenebroso del apolíneo Ronaldo, cuyo cuerpo ha cincelado con el mismo entusiasmo con que la cantante maltrataba el suyo.

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14 noviembre, 2015 · 11:20