Pólvora meada

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La mano que roba la democracia.

Si como avisaba Batman la noche se vuelve más oscura justo antes del amanecer, entonces Arcadi tiene razón y estamos mejorando. Pero aún falta la traca del ridículo final, que deseamos no sea más violenta que el usual tránsito de la niñez del ‘procés’ a la adolescencia de la norma adulta. Al espectador le resulta risible el tormento del acneico, pero la víctima pasa por él con toda la pomposa metafísica que aturde a Roquentin en ‘La náusea’. Del votante robinsón, cuando descubra que la independencia no va a ser posible, sólo esperamos que no queme más contenedores de los estrictamente necesarios.

Y sin embargo el cupero que ha perdido la virginidad política -del asamblearismo naíf al transfuguismo prostibulario en una semana- no ha de ser el responsable de tanto ridículo. Al fin y al cabo el que con niños se acuesta, meado se levanta. El responsable es el hombre con trazas de hombre (aunque ya sabemos que sólo con ellas) que en la agonía de su intervención postrera abandonó el cargo sólo después de haberse meado en él: «Hemos corregido a las urnas». Así habla no ya un político que ha desconectado del respeto a su pueblo, sino un niñato que, contrariado por la democracia, exige su corrección y que, amenazado por la ley, asegura su aforamiento.

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12 enero, 2016 · 11:05

Zizou busca su coalición

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«Ese no está corriendo, socio».

He pasado la semana viendo documentales de Zidane. Una actividad muy indicada para entretener meses como estos, vacíos de poder pero llenos de ruido y furia que no significan nada. Consumí íntegro un documental en francés del que entresaqué la definición más exacta del Zidane futbolista, obra de un tal Hidetoshi Nakata: «Era un jugador como de música clásica». Dicho por un japonés, de quien más bien esperaríamos lo de Valdano sobre Romario («Es un jugador de dibujos animados»), la sentencia gana mucha vibración.

Pero ahora Zidane ya no interpreta el fútbol sino que debe dirigir la orquesta. Y lo primero que ha hecho es halagar los oídos finísimos de sus primas donas, que hoy presumiblemente correrán contra el Deportivo todo lo que no corrieron con Benítez en la esperanza de que el ex tenga la tele conectada, para que le joda más. No se descarta incluso que la BBC baje a defender en un córner, sevicia equivalente a subir al Facebook aquella foto en la que se te ve colgando del cuello de su mejor amiga.

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9 enero, 2016 · 13:32

El abrazo que no une

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Nos abrazamos o no.

Me acerqué ayer al Congreso para recibir ‘El abrazo’, el cuadro de Juan Genovés que alcanzó categoría de icono -reconciliación pictórica- durante la Transición. Allí estaba el pintor, allí los dirigentes de IU que propusieron traerlo desde el Reina Sofía, allí también los diputados del PP que, desde su mayoría en la Mesa del Congreso, admitieron la sensatez de la propuesta. ¿Y acaso no es buena idea que un panegírico de la concertación política cuelgue de las paredes del Parlamento español en el preciso momento en que con mayor patetismo se manifiesta la incapacidad de los partidos para reeditar consensos? Llegué y vi a Cayo Lara y a Willy Meyer, y también a Ignacio Gil Lázaro y a Jesús Posada. El arte unificando a las dos Españas: parecía posible.

Me acerqué al lienzo con la curiosidad virgen de quien por edad no lo vio nunca reproducido en ciclostil clandestino, rebajado a la condición de octavilla de combate. Porque lo fue, y por eso su otro nombre es ‘Amnistía’. La pintura es la instantánea de un gran escorzo de cordialidad, un grupo de anónimos que nos dan la espalda porque abrazan a otros a quienes no vemos. Me recordó enseguida a la escultura de Antón Martín que conmemora a las víctimas del ataque ultraderechista al bufete de Atocha. Pero este monumento es una melé mal resuelta y el cuadro, en cambio, conserva inocente su emoción. Las muestras de efusividad se suceden con el desorden de lo espontáneo, como si más que una paleta se hubiese utilizado una cámara al hombro. Ningún rostro resulta reconocible porque, a diferencia de la escuela historicista, al artista le importa enfatizar la acción y no el sujeto; por eso el encuadre está aberrado, sorprendiendo a los protagonistas en una calle abstracta sugerida con un fondo marfil que resalta los contornos definidos de las personas: una página en blanco sobre la que los españoles escribirán el futuro en libertad.

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Los reyes me trajeron a Stefan Zweig y yo lo llevé al Parnasillo, para regocijo de Herrera: mantuvimos un admirativo diálogo sobre Viena

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8 enero, 2016 · 12:16

Quién pudiera escribir como Stevenson

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Stevenson, a los mandos.

Nació con el don de narrar, y por eso los aborígenes de Samoa, entre los que se retiró a morir antes de tiempo, lo llamaron Tusitala: «el que cuenta historias». A Robert Louis Stevenson (1850-1894) le debe la historia universal del relato dos cimas tan felices como La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, pero la misma gracia que bendice sus narraciones articula sus pensamientos. Que el Stevenson ensayista resulta tan asombroso como el Stevenson narrador es algo que Borges y Chesterton -dos de sus apóstoles más devotos- conocían de sobra, pero a esa buena nueva le faltaba cabal difusión en castellano.

De subsanar tal deficiencia se ha ocupado la editorial Páginas de Espuma, que acaba de publicar la obra ensayística del escocés, espigada principalmente de colaboraciones en prensa de la época. La editorial agrupa estos textos en forma de trilogía –Escribir, Viajar y Vivir-, cuyos tres tomos y más de mil páginas acotan una biografía tan breve por culpa de la tuberculosis como productiva. Un monumento editorial.

Se ha reproducido mucho aquel aforismo suyo: «Es mejor caminar lleno de esperanza que llegar». La máxima vale también como preceptiva del arte del ensayo que es, desde Montaigne, el género de la fluencia y la ondulación: de la elasticidad del pensamiento sin meta clara pero con paso honesto. La prosa de Stevenson recuerda un poco a la de Zweig en su capacidad proteica para hilar la observación aguda y el recuerdo personal con la cita de autoridad, siempre bajo el mandato cortés de resultar ameno. El lector agradece el tono vitalista y disfruta de la suavidad con que se le pasea del registro dramático al humorístico. Posee Stevenson el sentido del ritmo como si hablara: piensa narrando, aderezando la idea con la imagen. Y no se resiste a insertar anécdotas, ni a amueblar la imaginación del lector con pinturas precisas de ambientes y caracteres.

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5 enero, 2016 · 10:46

Juguetes asexuados

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El típico niño con el típico carrito fucsia.

La lucha contra el heteropatriarcado se libra en muchos frentes, también en el sector juguetero, cuyo día grande celebraremos mañana. Hace tiempo que el márketing ya no enseña a vender productos sino valores, vinculando los segundos a los primeros de tal modo que uno compra un coche y está ensanchando los límites de su libertad; o bien adquiere una docena de huevos camperos y estará aliviando las condiciones de vida avícola mientras se embaula una tortilla. Mercado y bondad en la misma operación: genialidad táctica.

Así, una astuta empresa llamada Toy Planet ha elaborado un catálogo de juguetes no sexistas donde se nos presenta al típico chaval deseoso de dar biberones a un pingüinito y a la típica niña apasionada por el bricolaje. Decimos astuta porque estaba cantado que tan transversal catálogo merecería la atención y el encomio de los medios -yo me enteré por TVE-, lo cual constituye la mejor forma de acabar vendiendo más pingüinos y más mesitas de bricolaje, que es de lo que se trata.

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5 enero, 2016 · 10:35

El madridismo como decepción

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«Lo intentaré» sí es un frase sensata.

Cumpliendo con añejas tradiciones, Florentino le da boleto al entrenador al que meses antes ratificó. El Real Madrid es un club aristocrático donde todos los vicios llegan a viejos: un presidencialismo blindado, una plantilla estelar, una bulimia mediática que jamás se sacia y una grada narcisista que ignora que lo es: rasgos que ya distinguían al club en los 50. Y ahí seguimos, honrando los cánones.

Lo que no está en los cánones es la sobriedad, la liturgia casi furtiva con que el presidente despachó a Benítez -hay más gente llorando todavía por el puesto de Edurne en Eurovisión- y presentó a Zidane, que tuvo el buen gusto de emocionarse para caldear un poco esta atmósfera aborrascada. Zidane ha prometido corazón, y del suyo no dudo. Ni siquiera dudo ahora de la santa voluntad de los jugadores, esa rehala de divas exfoliadas a las que disgustó la jeta de Benítez desde el primer día, cuando se conjuraron para echarlo. Cinco meses les ha durado, en el transcurso de los cuales -digámoslo todo- Benítez no supo armar un estilo ni buscar aliados para hacerse respetar. Ese fracaso es suyo y por eso sale. Porque si no, tendrían que salir los demás.

-¡Pero yo quiero un equipo de fútbol, no una constelación de estrellitas!, salta el pipero de guardia.

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5 enero, 2016 · 10:29

Ante la duda, echar al entrenador

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«Pregúntame. A ver de qué eres capaz»

El día después de las elecciones estaba uno invitado a la copa de prensa en el Bernabéu. Supongo que la convocaron para ese día en la esperanza de que los periodistas -deportivos, pero periodistas al cabo- se olvidaran un poco de Benítez y se distrajeran algo con la resaca electoral. Y al principio funcionó, pues creo que no fui yo el único que se acercó a Florentino para preguntarle por la tabla del bipartidismo y la quiniela de los pactos.

-Yo sobre todo sé de política.

-Lo sé, presidente. Por eso.

Su teoría sobre quién debe y quién va a gobernar España -la distinción es solo aparente, o no- no es materia de esta columna, así que procederemos a consignar las opiniones de Florentino Pérez en materia de fútbol, que tan escaso interés revisten para él y para mí. Confieso que logré retenerlo en una esquina solitaria durante unos minutos, pero enseguida empezaron a sumarse compañeros y ya hubo que hablar de fútbol y del Real Madrid, como en un bar cualquiera. Lo cierto es que en los corrillos con reporteros el presidente apuntaló al entrenador como solo hace cuando tiene decidido echarle. Con mucha mayor convicción defendió el legado de Mourinho -«intensidad, intensidad»- y lamentó el annus horribilis que acaba con 2015. También habló de los árbitros y aún más de la prensa, que son dos famosas obsesiones florentinianas. Y madridistas en general, a qué engañarse. Yo le dije lealmente que el presidente del Real Madrid no debería bajar al barro a forcejear con los plumillas en esas ruedas suyas que hacen llorar al gatito de Gento, pero creo que no le convencí.

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2 enero, 2016 · 11:39

Un alto para confraternizar

Miguel Gila

«¿Es el enemigo?»

Este era el año del cambio que inauguró el ‘tic-tac’ de un reloj y termina con el desconcierto del ábaco: todos sumando bolitas de colores para ver quién gobierna qué. Iba a ser el año en que eclosionara la nueva política que regenerase la democracia secuestrada por el régimen del 78 y concluye en rendida, unánime mímesis de los pilotos de la Transición. La invocan ya todos desde Iglesias a Susana, pasando por Rivera. El problema es que quieren ser Suárez, pero cuando más falta hace serlo, en pleno periodo de negociación postelectoral, cada cual tira al monte de su Fraga o su Carrillo.

El Rey, navideño, habló de concertación en la tierra por donde aún vaga errante la sombra de Caín. Así debió de sonar Jobs cuando presentó el primer Mac en pleno apogeo del Spectrum. ¿Coalición, gabinete polícromo? Puro futurismo. Con nosotros o contra nosotros: ¡ni un paso atrás! En España, por fortuna, tenemos el humor para no morir siempre del cainismo. Aquella viñeta que satirizaba a un orador de la Transición:

-¡Algún día os arrepentiréis de esto que os estoy diciendo!

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El último Parnasillo del año, con los hitos que nos traerá 2016

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1 enero, 2016 · 20:31