
Rivera delante, Ana Rosa detrás.
Me pregunto por qué Albert Rivera es el único de los cuatro líderes que no tiene contestación interna. No será porque el centro carezca de tradición cainita desde la conjura contra Suárez. Tampoco porque Rivera no haya desafiado la resistencia de su tripulación con un pilotaje casi temerario, maniobrando de izquierda a derecha a gran velocidad por la autopista atascada del bipartidismo, lo cual suele dejar en la cuneta a algún perplejo de lengua larga o a despechados con cuentas pendientes. Quia: si algo se censura en C’s es su presidencialismo, pero nadie ha podido encontrar en la sigla naranja las disputas de liderazgo que estos días marcan las informaciones sobre PP, PSOE y Podemos, en un rango de gresca que va de lo cenacular a lo verdulero.
Miremos a don Mariano: alto, incombustible y pétreo como un hórreo, que acaba de sofocar -«Me siento con fuerzas, con ganas, con ilusión y con determinación»- cualquier urgencia en sus disciplinados renovadores de boca de piñón. Sin embargo, el dedazo retráctil del affaire Soria y la pringosa terquedad de Barberá nos enseñó una reacción más transparente que de costumbre en la derecha española, a cargo de los vicesecretarios menos comprometidos generacionalmente con el marianismo. Y Feijóo posa a solas en los carteles, muy consciente de los beneficios electorales de su soledad cuando la alternativa es la mala compañía.
Me tocó pinchar esta mañana en Herrera en COPE y elegí estas cuatro canciones
Al debate político le incumbe mucho más la casa de Zabala y su connotación próspera que la condición de víctima del GAL y su connotación trágica. Porque la que se presenta a unos comicios autonómicos no es Pili Zabala, con su mochila de emociones, sino la candidata de Podemos, con su programa electoral. Por supuesto, si Podemos la eligió fue por lo primero, porque el populismo no trabaja con realidades -¡ya ni siquiera con promesas!- sino con símbolos. Y por eso mismo saltó la preocupación en el partido cuando Zabala enseñó su bonita vivienda: resultaba que tenían a la casta metida hasta la cocina. Y aún sobraba espacio para Izquierda Anticapitalista y cuatro o cinco confluencias.











