La izquierda caníbal

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Discrepancia de izquierdas.

Se acaba de descubrir que el canibalismo nos permitió sobrevivir en la Edad del Hielo. Pero los neandertales se comían entre ellos no por gusto, sino por inteligencia. El cerebro de un neandertal ya no era una broma: pesaba kilo y medio, y necesitaba consumir muchos ácidos grasos omega-3 para mantenerse operativo. Y para seguir evolucionando. El neandertal habría preferido una dieta de microalgas, peces y huevos, alimentos ricos en ácidos grasos; pero qué quieren ustedes, bajo inviernos de diez meses no sobrevive ni el musgo. Así que se pusieron a rodar ¡Viven! en versión paleorrealista. Y el plato más preciado era precisamente el cerebro, por concentrar la mayor proporción de nutrientes. Lo que se come se cría.

La izquierda española atraviesa su particular glaciación. No se me ocurre teoría más científica para justificar el canibalismo al que anda furiosamente entregada. Se sorben los cerebros en Podemos y en el PSOE como zombis ávidos, preocupados cada cual por su propia supervivencia. Lo peor es que con el seso no asimilan también las ideas del deglutido, sino sólo sus ácidos grasos. No es política: es gastronomía.

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6 febrero, 2017 · 11:32

Cuando Don Quijote es de centro

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La asamblea que refundó Ciudadanos.

El día después de que Donald Trump ganara las elecciones, Albert Rivera fue entrevistado por Ana Rosa Quintana y afirmó que la confrontación ideológica en nuestro tiempo ya no se establece entre izquierda y derecha, sino entre los partidarios de la sociedad abierta y los nostálgicos de la sociedad cerrada. Esta convicción gana coherencia a la vista del giro político oficializado este fin de semana en la cuarta asamblea general de su partido, que será recordada como la del entierro de Ciutadans, catalán y socialdemócrata, y el alumbramiento del nuevo Ciudadanos. Que no es más que una herramienta nacional con vocación europea diseñada para combatir desde el pragmatismo reformista las dos amenazas que se ciernen sobre el orden demoliberal: el populismo y el nacionalismo.

De modo que la refundación obrada por el líder centrista -con porcentajes de apoyo verdaderamente abusivos- persigue una drástica ampliación del campo de batalla, más que un cambio de armamento ideológico: Rivera se mira en el espejo canadiense de Trudeau, en el promisorio horizonte de Macron y declara que se siente compatriota de un belga y que espera no morirse antes de ver realizados los Estados Unidos de Europa. El liberalismo progresista recién abrazado no es más que el elástico molde de una ambición que puede causar sonrojo, pero que de momento es la única responsable de haber consolidado un notable espacio de centro allí donde fracasaron ambiciones no menores como las de Adolfo Suárez o Rosa Díez.

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6 febrero, 2017 · 11:28

Ciudadanos ya tiene sexo

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El centro es la sombra entre dos claridades excesivas.

Los partidos nacen, crecen, se reproducen y gobiernan o mueren. Pero para reproducirse necesitan unos genitales desarrollados, es decir, unas ideas reconocibles. Ciudadanos era un partido joven que corría el riesgo de alcanzar la edad de merecer sin que los pretendientes lo hubieran sexado todavía. ¿Es de izquierdas o de derechas? ¿Prioritariamente catalán o ya netamente español?

Desde que comenzara a expandirse, los analistas se han divertido levantándole la falda o bajándole los pantalones con curiosidad. Dudaban del sexo de la criatura, porque un partido de centro es un exotismo tan desconcertante en España como un negro albino en el Congo. Por eso, Albert Rivera afrontaba la cuarta Asamblea General del partido que preside desde 2006 con el objetivo declarado de «definir los atributos del centro político en España». Y los ha definido. No es niño, ni niña. Es liberal progresista.

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6 febrero, 2017 · 11:22

Retrato de un ‘indepe’

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Emoción política al desnudo.

Tomemos un independentista cualquiera. Lo han llamado Jordi porque así se llamaba su abuelo. En la misma cuna recibe Jordi el crisma de una identidad, la catalana, que dura ya un milenio, en el transcurso del cual asombró al mundo con la mística abulense, la redacción del Quijote, el descubrimiento de América o la defensa fallida de Barcelona. Ese cuerpo místico que es la catalanidad, de la cual Jordi no es otra cosa que un nuevo operario, se expresa a través de la lengua catalana, de la cual Jordi chapurreará alrededor de 50 palabras a partir de los dos años, según las últimas estadísticas. Es posible que en sus primeras parrafadas se le deslicen balbuceos de una lengua extranjera, hablada por pastores que no han visto el mar. Pero los pediatras autóctonos aseguran que no hay razón para alarmarse: la confusión a esas edades es natural. Ya se corregirá en los patios de la escuela, siempre que estén vigilados por verdaderos patriotas.

Pasado un tiempo Jordi aprenderá a leer y a escribir. Su uso de razón se desarrollará en la tierna oscuridad de las raíces, a imagen del tallo de un calçot, por más que los insidiosos afirmen que también se cultivan en Consuegra. Pronto estará Jordi capacitado para distinguir el bien del mal, el catalán del español, el Barça del Madrid, la emancipación pendiente del DNI vigente. Con las primeras fiebres de la adolescencia despertará al interés por las chicas y por la política, se enamorará, perderá toda virginidad ideológica y le romperán el corazón, pero Catalunya nunca le abandonará. La bandera íntima de las cuatro barras nunca le helará el corazón, que es el órgano donde Jordi tiene radicado el compromiso de país, liberando el cerebro para los negocios.

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El bueno (Rivera), la fea (Bescansa) y el malo (Mas) en La Linterna de COPE

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3 febrero, 2017 · 11:14

¿Ven a Rajoy preocupado?

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La viva imagen del estrés.

Cuando llegamos al hemiciclo y no vimos a Errejón en su escaño, todos pensamos que lo habían encerrado en el lavabo y que Mayoral le estaba haciendo la autocrítica con su enorme pañuelo palestino. Quia: solo llegaba tarde. En el día después de su discrepancia poco holandesa con el compañero secretario general tocaba exagerar la nota de normalidad. Incluso de mutua admiración: Errejón aplaudió con ganas la interpelación de Iglesias sobre la subida de la luz -y fue una pregunta bien preparada, con propuestas de un intervencionismo disparatado pero al menos no completamente demagógicas- y don Pablo aplaudió la pregunta de su número dos sobre la pérdida de puestos de España en el índice de Transparencia Internacional. No da para un Príncipe de Asturias de la Concordia pero algo es algo. Diputados de todos los partidos se daban a la tertulia: ¿sobreactuación o rencor sincero? «Yo lo vi todo y había mucho teatro. En el escaño, que es territorio neutral, con tantos fotógrafos gratis… Y lo han conseguido: solo hay que ver las portadas de los periódicos», opinaba un ministro. Porque Podemos es ya como el reality de anoche: un comentario socorrido en la oficina del que pueden participar lo mismo el jefe que el becario. «La cosa está difícil, pero no hay que dramatizar», trataba de matizar la propia Irene Montero, testigo privilegiada. Pero la impresión general es que la pelea interna lastra ridículamente su tarea de oposición: los acuerdos del bipartidismo les cogen con la pólvora mojada en lágrimas adolescentes.

Sorprendió la agresividad de Rivera contra Rajoy a propósito del saqueo de las cajas (41.000 millones), para el que pide una comisión de investigación. «Dejen de meter la basura debajo de la alfombra: ya huele». Es la cuña que ha encontrado el líder centrista para abrir hueco entre PP y PSOE. Don Mariano no se dio por ofendido y recordó a su socio que la reestructuración bancaria se ha completado con éxito. Manzanas traigo. Más incisiva estuvo Soraya con el monotema de Tardá, que debería preguntar por la industria de la butifarra hasta que termine de esfumarse la polvareda levantada por Vidal, el Snowden del Procés. La vicepresidenta no dejó pasar el balón y remató a placer, abonando el terreno para su comparecencia de la tarde con Arrimadas. En C’s se afronta la asamblea con marianil tranquilidad, aunque escoger Coslada para oficializar el giro liberal no entusiasma a algún dirigente partidario de mayor glamour.

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2 febrero, 2017 · 12:47

Gastos, disgustos y tiempo perdido

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Un clásico vivo.

Continúa Debate publicando la obra ensayística de Ferlosio con este volumen, el segundo de los cuatro que integran el proyecto de Ignacio Echevarría. Aunque para algunos será siempre el autor de El Jarama, muchos críticos -y sospecho que él mismo- reivindican por encima del narrador al ensayista fino y enciclopédico, moderno como un posestructuralista y tradicional como un escolástico, sincrónico en prensa y diacrónico en historiografía, insobornable, severo y humorístico. Su entrañable odio a Ortega no le exime a él mismo de una prosa igualmente culta y barroca, tan prolija como la del filósofo oficial pero sin sus raptos de cursilería: los famosos “ortegajos”. Ahora bien, Ferlosio es muy capaz de escribir “sinaítico” porque “veterotestamentario” le parezca manido.

Ferlosio compensa lo que le falta de sintético con la hondura del análisis y una mareante -¡más hipertáctica que hipotáctica!- capacidad de abstracción. Los artículos reunidos aquí abarcan desde la Transición hasta el zapaterismo, la mayoría publicados en El País, en un alarde continuo de libertad de opinión y de sintaxis que hoy, bajo la dictadura del buenismo político y el cretinismo expresivo, invita a la melancolía. Aunque los temas sonarán al lector -del café para todos de Suárez al GAL, del Prestige al Quinto Centenario del Descubrimiento-, su tratamiento no hace concesiones. Arremete por igual contra Suárez y contra Felipe, contra Rouco -sus diatribas eclesiásticas revelan una pasión de canonista- y contra Aznar, contra nacionalistas y monárquicos, contra los mandarines culturales y los policías de manga ancha, contra otros escritores con nombre y apellidos.

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30 enero, 2017 · 13:10

La justa desigualdad

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Amancio genera tantas camisas como envidias.

Cada tanto, un titular arrojadizo nos pone en nuestro lugar dentro de la cadena trófica del capital. «Los tres más ricos de España tienen lo mismo que el 30% más pobre», clamaba hace poco Oxfam, martillo de la avaricia. Aquellos tres eran Amancio Ortega, su hija Sandra y don Roig de Mercadona, en cuyos abisales bolsillos cabe tanto como en los de 14 millones de españoles. Estas vistosas estadísticas permiten poner el grito de la injusticia en el cielo de la redistribución, pero abochornan a la inteligencia. Son huesos que nos lanzan como a perros pavlovianos para que segreguemos indignación, aullemos lastimeramente y nos pasen la mano por el lomo de la conciencia. A ese hueso estadístico le falta la carne de la verdad.

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30 enero, 2017 · 13:03

Nadal no es español

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Quién es la némesis de quién.

Quizá sea Rafael Nadal el único español que merece el retrato de un genio muerto. Nadal aún está con nosotros, pero ya no viven los pintores que habrían podido dar a su figura la posteridad que reclama. Un Romero de Torres, un Zuloaga o ese Sorolla que un día, viajando por la conmovedora melancolía de Castilla, anotó: «Las cosas adquieren aquí un vigor extraordinario. Una figura en pie en esta gran planicie toma las proporciones de un coloso». Nadal no es castellano, pero sobre la meseta acotada de una pista de tenis se antoja el coloso vertical, sobrehumano, de Sorolla.

Tampoco vive ya David Foster Wallace, que en 2006 elevó la rivalidad Nadal-Federer a categoría antropológica: «Nadal es la némesis de Federer. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del Norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo».

Pero si Nadal es el mejor deportista español de la historia no es porque cumpla los tópicos idiosincrásicos de los que ni siquiera el talento de DFW se salvó, sino porque los ha negado minuciosamente. Nadal no es una masa armoniosa de músculo con un corazón latino de sangre caliente pegado a la piel: es sobre todo una mente poderosa y maquinal, que cursa órdenes precisas a sus extremidades y que no consiente que las circunstancias alteren el rigor imbatible de su mecanismo. No es el espartano estereotipado: ejecuta sus exclamaciones como un ingeniero planifica desagües a la tensión generada en la expectativa previa al golpeo.

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29 enero, 2017 · 10:53