Archivo de la categoría: El Mundo

Nadal no es español

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Quién es la némesis de quién.

Quizá sea Rafael Nadal el único español que merece el retrato de un genio muerto. Nadal aún está con nosotros, pero ya no viven los pintores que habrían podido dar a su figura la posteridad que reclama. Un Romero de Torres, un Zuloaga o ese Sorolla que un día, viajando por la conmovedora melancolía de Castilla, anotó: «Las cosas adquieren aquí un vigor extraordinario. Una figura en pie en esta gran planicie toma las proporciones de un coloso». Nadal no es castellano, pero sobre la meseta acotada de una pista de tenis se antoja el coloso vertical, sobrehumano, de Sorolla.

Tampoco vive ya David Foster Wallace, que en 2006 elevó la rivalidad Nadal-Federer a categoría antropológica: «Nadal es la némesis de Federer. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del Norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo».

Pero si Nadal es el mejor deportista español de la historia no es porque cumpla los tópicos idiosincrásicos de los que ni siquiera el talento de DFW se salvó, sino porque los ha negado minuciosamente. Nadal no es una masa armoniosa de músculo con un corazón latino de sangre caliente pegado a la piel: es sobre todo una mente poderosa y maquinal, que cursa órdenes precisas a sus extremidades y que no consiente que las circunstancias alteren el rigor imbatible de su mecanismo. No es el espartano estereotipado: ejecuta sus exclamaciones como un ingeniero planifica desagües a la tensión generada en la expectativa previa al golpeo.

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29 enero, 2017 · 10:53

Deformación ‘youtuber’

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El héroe consumando la hazaña.

Un chaval que se hace llamar ReSet ha sido denunciado no tanto por humillar a un mendigo como por grabar la humillación a un mendigo. Y colgar la hazaña en su canal de YouTube, que recibe 10 millones de visitas mensuales. Nuestro emprendedor ha logrado lo que no acaban de conseguir los periódicos: monetizar sus monerías hasta redondear un salario de 3.500 pavos al mes, cifra inalcanzable ya para el periodista parlamentario medio.

La mercancía que vende ReSet es tan virtual como su inteligencia y como los tiempos que tan lucrativamente sabe interpretar. El vídeo que ha merecido la denuncia lo muestra cumpliendo los retos que le piden sus seguidores -supongo que alegará escrupulosa demanda democrática-, tales como esnifar especias picantes, hablar en chino con alguien telefoneado al azar o pedir una pizza para luego decirle al pizzero en el umbral que él no ha pedido nada. Entre medias, ReSet rellena unas galletas de pasta de dientes, se dirige con ellas a un mendigo tirado en una acera, le tiende un billete de 20 para prevenir recelos y le entrega la propina de las galletas manipuladas. Consumada la gesta comenta a cámara:

-Te sientes bien cuando ayudas a una persona. Con las galletas a lo mejor me he pasado, pero mira el lado positivo: podrá lavarse los dientes, que no se los habrá lavado desde que se volvió pobre.

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El bueno (Rafa Nadal), el feo (Pedro Sánchez) y el malo (Santi Vidal) en La Linterna de COPE

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27 enero, 2017 · 11:33

Bergoglio se confiesa

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No parece el Anticristo.

Entre los católicos españoles más ortodoxos corre un malicioso chascarrillo según el cual ya no urge rezar por la conversión de Rusia y las intenciones del Papa, como fue costumbre durante el siglo XX, sino por las intenciones de Putin y la conversión del Papa. Un pellizco de humor de sacristía por lo demás revelador de la inversión categorial con que va desenvolviéndose el siglo XXI. Hoy tenemos una China aperturista, unos EEUU en trance de aislamiento, una Rusia que llama a la cruzada y un Vaticano de izquierdas. El personal anda despistado, claro.

Pero a despecho de tanta atribución política como pesa sobre él, quizá este Papa -qué decepción- no sea más que un cristiano común, y un hombre más común todavía pese a su credencial divina por cuanto nada es tan humano como la contradicción. Hay varias en la entrevista de Bergoglio. Condena el liberalismo pero acepta que los intermediarios comerciales se ganen la vida con las comisiones propias de su oficio. Abusa del calor retórico de La Gente, pero rechaza la premisa fundamental con que opera el populismo: frente al conflicto abstracto entre pueblo y élite, Bergoglio prescribe diálogo y concreción, y además no ve la tele, que es el primer mandamiento de las tablas populistas. Es depositario de un mensaje secular de salvación, pero alerta contra los salvapatrias que florecen en las crisis. Y la contradicción mayor: es argentino pero hace autocrítica.

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23 enero, 2017 · 14:15

Make Real Madrid great again

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Ramos dando un mitin eufórico tras un gol.

Si hay un futbolista trumpiano, uno capaz de devolver el Madrid a los madridistas después de reñirlo con los sevillistas, uno que haga al Madrid grande otra vez después de dos derrotas que habían puesto al club al borde del apocalipsis, ese sólo puede ser Sergio Ramos. No es que haya batido su marca goleadora, igualando números de delanteros como Benzema o Morata; es que sigue acudiendo a los remates como a una toma de posesión. Ramos no sube a rematar: se alista en un córner. Y cuando marca lo celebra con furia identitaria, como si sus tatuajes cifraran el mapa del tesoro que hay en las vitrinas de Chamartín.

Tenía que ser Ramos en ausencia de Ronaldo, que no está pero aún se le espera. Falló todo lo que tuvo, que fue mucho, gracias a Dios, así que no es problema de actitud sino de finura. Los síntomas más preocupantes provienen de su gestualidad, o más bien de la falta de ella: ya no se enfada tanto consigo mismo cuando la manda a la grada y ya no se encoleriza con sus compañeros cuando no le pasan o le pasan mal. Un CR sin aspavientos es un CR conformista, inocuo. El público del Bernabéu se da cuenta y ha empezado a aplaudirle, una crueldad innecesaria porque a Cristiano siempre le han animado más los pitos que las palmas. Esperemos que pronto vuelva a inspirar miedo, no empatía, que es la recompensa de los mediocres.

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El bueno (Cospedal), el feo (Patxi López) y el malo (Bárcenas) en La Linterna de COPE

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22 enero, 2017 · 12:39

Posesión en Washington

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El presidente, haciendo política.

Todos intuimos que la toma de posesión de Trump resulta especialmente posesiva. Pese a que tomar posesión parece un sintagma redundante al estilo de comer comida, si alguien puede tomar y poseer sin empacharse es DT, que hoy realiza el prodigio de consumar la gran hipérbole: presidir Estados Unidos. Si las lágrimas de Chuck Norris curan el cáncer -lástima que no haya llorado nunca-, ¿por qué Donald no iba a ser capaz ahora de revertir la globalización sin dejar de tuitear?

A Trump sus votantes le han encomendado una tarea mitológica porque él mismo se ha presentado como un Hércules. Lo ha advertido Hughes: en Trump hay algo de avatar de Hulk Hogan, una agresividad más paródica que real. Su advenimiento inaugura una edad en que la respetable frontera entre farsa televisiva y política imperial se vuelve porosa, de modo que los críticos de televisión a partir de ahora están tan legitimados para enjuiciar a Trump como los analistas geopolíticos. Como el efecto de la porosidad es por definición bidireccional, el lenguaje de la telerrealidad modelará la realidad misma, pero también el ojo crítico terminará acostumbrándose a descontar los esteroides retóricos de las posturitas del presidente-forzudo. El trumpismo no es un fascismo, ni siquiera es de derechas: no es mucho más que la apoteosis del zasca. Por eso causan cierta lástima los nostálgicos de los buenos viejos tiempos, largamente confinados en las catacumbas de la incorrección política, a cuyo cándido corazón hoy llega el calor de la revancha viendo al astuto Donald ceñir la corona. La suya es la euforia del feo que cree haber ligado con la bella puta contratada por unos amigos piadosos.

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20 enero, 2017 · 10:54

Corre, Patxi, corre

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«Mira, mejor ya voy yo».

No discuto que el populismo haya contaminado el lenguaje político, con sus empoderamientos y sus oligarquías. Pero su efecto alcanza mayormente al patio mediático. La escuela política realmente influyente es la marianista, y en ella se forman a diario y de incógnito los ambiciosos de España para titularse en maquiavelismo tranquilo. El marianismo es un movimiento afásico que no acuña términos felices ni marcos conceptuales de debate, pero cuyo influjo sobre la estrategia partidista resulta ya abusivo. Así como hay escritores para escritores, don Mariano es un político para políticos, más que para el gran público. Lo prueban los candidatos al trono de Ferraz que hasta la fecha, con el partido acechado por la descomposición y la disidencia royendo a su competidor, han imitado la técnica marianista de la dilación con el escrúpulo del buen alumno.

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El bueno (Gallardón), el feo (juez De la Mata) y el malo (padre de Nadia) en La Linterna de COPE

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16 enero, 2017 · 12:35

Profeta en Sevilla

Football Soccer - Sevilla v Real Madrid - Spanish La Liga Santander

Él lo da, él lo quita.

La trilogía sevillana del Madrid no resultará finalmente tan traumática para los blancos como se preveía. Los traumas retroceden ante la sonrisa de Zidane como los vampiros ante el agua bendita o la justicia ante los Pujol. Pero si no caben más argumentos que los esotéricos para explicar el empate en el Pizjuán que selló la clasificación copera y abrochó el lujoso récord, no hace falta desviarse de la estricta razón para argumentar la superioridad de los de Zidane en la ida, cuando zanjó la eliminatoria. El tipo es tan asquerosamente elegante que concedió mayores merecimientos a los de Sampaoli antes de concluir, computando los 180 minutos, que el pase de su equipo era lo «lógico». Que sigan insistiendo en su chiripa: como buen francés él es un cartesiano que piensa luego entrena y que practica la duda metódica de la rotación.

Se antoja una cifra bíblica: 40. Tantos como los años que duró el éxodo de Israel por el desierto, fiado del cayado de Moisés como el madridista se fía de la flor de Zidane cada vez que repite el prodigio. Si 40 partidos sin perder no son suficientes para refutar la fe de los necios en la suerte, tampoco servirán 80. Casi mejor que hoy gane el Sevilla para dejar la cifra en redonda y para que el sindicato de botánicos cabalistas encuentre por fin el descanso.

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16 enero, 2017 · 12:30

Aznar y los campeadores

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Los campeadores.

Hay un hastío en la paz que justifica las ansias de batalla. Hesíodo creía que los hombres se mataban entre sí cada vez que la madre Gea se sentía demasiado poblada: la guerra como dieta de enero de la Tierra. Los mitógrafos de hoy trabajan en los medios, y tras un par de años de bulimia electorera padecen ya el síndrome de abstinencia de la estabilidad, que es un coñazo. A la desesperada huronean disidencias y cuando las encuentran las miman para que ningún partido se quede sin su crisis, a cuyos minuciosos relatos contribuyen los propios políticos con el antiguo entusiasmo de Caín. Era el PP el único a salvo de titulares agónicos desde el restablecimiento de la pax mariana, cuyo blasón debería representar a un gran oso celta abrazando a todos sus opositores en un ancho regazo socialdemócrata. La fuerza constrictora de ese abrazo se mide además por el estallido de la burbuja de los politólogos, quienes con tanta regularidad como alegría nos entregaban sus irisados pronósticos. Ya no hay pactómetros ni sondeos de voto ni fraseología de campus complutense. Hay que hacer algo o moriremos de aburrimiento contando cómo cuatro partidos españoles dirimen civilizadamente sus diferencias en las instituciones y ejercitan la responsabilidad en la negociación multipartita de propuestas de ley.

De semejante infierno ha venido Aznar a rescatar a la prensa. Aznar es oro mediático: con él vivía la derecha más orgullosa y contra él fluía más libre el odio de la izquierda, pues hay que ser muy retorcido para odiar a don Mariano. Aznar funciona muy bien como supervillano y al mismo tiempo se le invoca como al Cid en Valencia: flamígero y restaurador. Que la liquidez ideológica del marianismo acabaría despertando la nostalgia del absoluto aznarista podíamos preverlo; a lo que no nos acostumbramos es a la falta de memoria del personal, empezando por la del mismo Aznar, que ya no recuerda sus cesiones al nacionalismo, sus viajes al centro y su perfecta asunción de la moral pública del felipismo, aborto incluido. Y nosotros le entendemos, porque gobernar un país grande y diverso es difícil. Pero lo cierto, atendiendo a su ejecutoria y no a su caricatura, es que el pedigrí derechista de Aznar es tan genuino como el tono azabache de su pelazo.

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13 enero, 2017 · 18:17