Archivo de la categoría: El Mundo

Es el nacionalismo, estúPPidos

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«¿Pero de qué se quejan, Aitor?»

Nos tenían dicho que la belicosidad era cosa de la izquierda, pero también ese tópico vamos a tener que revisarlo. Hoy el antagonismo más virulento de la política española lo desempeñan Ciudadanos y el PP, mientras Pedro Sánchez se abraza melancólico a Felipe y Pablo Iglesias se abraza enmudecido a su iPhone. Los de Rivera y los de Rajoy se sacuden ya sin mesura, llegan al escaño con el botiquín de campaña y alguno hasta se arremanga antes de pedir la vez. Ya se sabe que las guerras más encarnizadas se las declaran los presuntos aliados. Si algo acredita Ciudadanos es cintura, pero ya no es solo ideológica sino también geográfica: condiciona el Gobierno y al mismo tiempo ejerce la más dura oposición. Y todos los partidos, a su vez, se oponen a Cs. Los ciudadanos con minúscula lo ven y según los sondeos se identifican. Ahora es Cs el partido anticasta.

Por eso cuando Margarita Robles llama camastrón a don Mariano a primera hora de la mañana, suena antes a pellizco maternal que a la diatriba de la portavoz –portavoza para Lastra– de la primera fuerza opositora, u opositoro. «¡Despierta usted!», gritaba doña Margarita, pero su grito nos despertó a todos menos a Rajoy, que cabeceaba aún más aburrido que antes. Vedado el tema catalán por la entente del 155, el PSOE trata de arañar la piel de kevlar del presidente con el enfoque social, la precariedad, la brecha, la pobreza. Pero Rajoy recurre a la memoria ruinosa de Zapatero y todavía le funciona.

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La generosa reseña de Jesús F. Úbeda en Zenda sobre Vidas cipotudas

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14 febrero, 2018 · 13:36

Del silicio al sílex

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Útiles de la Edad del Silicio.

Pocas épocas como la nuestra han facilitado tanto la agotadora tarea de odiar. En el pasado, el odiador se entregaba sin cálculo a una guerra de religión, a una caza de brujas o a un pogromo de judíos, y asumía gustoso el coste reputacional de su turbia pasión. Para odiar a conciencia hoy solo hace falta vivir en el primer mundo, contar con una buena conexión a internet y manejar con soltura un puñado de identidades falsas. Todas estas campañitas de inquisición posmo ayudarán a los historiadores del futuro a corroborar que incluso una civilización tan indudable como la que disfrutamos ofrecerá también nítidos documentos de barbarie.

Yo no renuncio al sueño de romper a odiar un día, pero hasta la fecha he de confesarme trágicamente incapacitado para el odio. Esa carencia me genera una aridez emocional que trato de compensar elaborando listas de cosas muy odiadas, en la esperanza de compartir alguna. El otro día descubrí a una tuitera que le tenía declarada la guerra al pantalón de campana. «¡Ojalá no vuelva jamás!», aullaba. Recordé entonces aquellas pijas deliciosas de mis remotísimos años universitarios que enseñaban la traviesa punta del zapato por debajo del vaquero acampanado. A mí me fascinaban aquellas pijas, no entendía cómo se las apañaban para moverse con tanta naturalidad partiendo con semejante desventaja. ¿Por qué no puede volver ese look? ¿A quién le ofende tanto?

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El bueno (Maite Pagaza y Teresa Jiménez-Becerril), el feo (Irene Montero) y el malo (Francia Armengol) en La Linterna de COPE

Quizá la mejor entrevista que he hecho sobre mis libros en televisión: esta de José María Marco y Nuria Richart para Libertad Digital

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11 febrero, 2018 · 19:04

Por qué legislar pudiendo pelear

No sería justo decir que sus señorías regresaron este miércoles de vacaciones, porque algunas han estado ocupadas en la Diputación Permanente o elaborando iniciativas de sus respectivos grupos. Pero para el gran público, el diputado español solo trabaja cuando se le ve pegarse con otro diputado español. Y eso que tanto echábamos de menos es lo que se reanudó tras el largo parón navideño. Hasta Pablo Iglesias volvió antes a los platós que las sesiones de control al Parlamento. Por cierto que don Pablo escogió un retorno canónico y preguntó por la corrupción, que siempre será una pregunta pertinente mientras en algún lugar Camps siga siendo imputado y mientras en algún tiempo don Mariano siga despertándose después del dinosaurio de Monterroso, que ya ha perdido cualquier esperanza de sobrevivirle.

Por parte del PSOE, que nos amenaza con una «ofensiva legislativa», abrió fuego Margarita Robles a cuenta de la brecha salarial. Le dio así a Rajoy la oportunidad de enmendar su marianismo ante Alsina -«No nos metamos en eso»- y reconocer al menos la existencia de la brecha susodicha merced a los papeles que le habría pasado Dolors Montserrat. Por algo se empieza.

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El autor, por Moeh Atitar para El Español.

Esta entrevista que me hace la temible Lorena G. Maldonado en El Español

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8 febrero, 2018 · 11:47

Piqué y el desarraigo

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El llanto de un pueblo.

La solución al bloqueo político de Cataluña se llama Gerard Piqué. Reúne todos los requisitos para que el presidente del Parlament proponga su investidura en el lugar de Puigdemont: reside en Cataluña, sabe escuchar a su pueblo -aunque su pueblo termine insultando a su familia- y despide en todos sus gestos y palabras el inconfundible tufo del supremacista altivo. Piqué es un hombre preocupado por la buena educación de los demás, nunca de la propia, lo cual hace de él un perfecto animal de sigla. A escupir sobre subalternos -que deben responder que llueve- ya aprendió hace unos años en la cubierta de un autobús. A separar escrupulosamente su vicio privado (el separatismo) de sus responsabilidades públicas (la defensa de la Selección Española) llegó pocos años más tarde, cuando las circunstancias lo aconsejaban, lo cual revela ya todo el cinismo adaptativo que exige una prometedora carrera en el escaño. Su sensibilidad es innegable, y se desborda en lágrimas cuando se trata de defender el derecho de su raza o de su clase a decidir por todos los demás. Nadie cuestiona su buena presencia, cualidad que siempre se agradece en los carteles electorales, y sería por lo demás el único candidato que aterriza en la política con el himno ya hecho, confeccionado a su medida por verdaderos profesionales: Me enamoré.

Como buen político nacionalista, el principal peligro que Piqué advierte en la sociedad catalana es el mestizaje. Ahora bien, el radio de su desprecio es más corto que el del xenófobo estándar: en su caso se mide por barrios. Para él, África empieza en Cornellá. Tampoco le gustan los chinos, uno de los cuales preside el Espanyol, aunque no le hace ascos al dinero de Qatar. Será que la burguesía catalana y el feudalismo árabe tienen más cosas en común de las que confiesan. Por ejemplo, el reparto, el clasismo o la opacidad.

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6 febrero, 2018 · 11:55

Entrevista a Federico Jiménez Losantos: «Dejé de ser marxista por ser español»

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Federico.

No hay necesidad alguna de presentar al comunicador más influyente de la derecha española en las últimas tres décadas. Pero sí la hay de leer ‘Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos’ (La Esfera de los Libros), porque librará a muchos incautos de perder el tiempo y la moral por culpa del vigente influjo de la ideología más criminal de la historia. Losantos la profesó, salió con vida y aquí explica cómo lo hizo.

Presentas el comunismo como una «teología de la sustitución». Aron y Steiner afirman que más que una ideología, es una religión política. ¿Sin catolicismo no hay comunismo?

En mi generación sin duda. El catolicismo popular español tiene unos ingredientes -igualitarismo, ayudar al débil, obras de misericordia…- que entre nosotros estaban profundamente arraigadas. El protestante se salva por la fe; el católico, por la fe y por las obras. El católico, cuando deja de creer en Dios, tiene que seguir creyendo en hacer el bien. Russell decía que el comunismo se parece más al islam porque es una religión despótica, que te organiza la vida, mientras que el catolicismo, al creer en el libre albedrío, te deja libertad para hacer el bien o no. Si la salvación no llega en el más allá de la religión, tiene que venir en el más acá de la política, que en el comunismo se vive como una forma de redención: propia y de los demás.

Eres de los pocos que se ha leído entero ‘El capital’. Dedicaste años a la formación teórica: Engels, Althusser, Derrida, Foucault… ¿Cómo recuperas el castellano limpio en el que hoy escribes tras semejante exposición a la jerga marxiana?

Mi tesis doctoral sobre las acotaciones en los esperpentos de Valle-Inclán la hice a base de Kristeva, Barthes y los formalistas rusos, porque entonces la filología seguía la senda de la semiología, que era una mezcla de marxismo y psicoanálisis. En esa época escribía muy mal, por eso no he publicado nunca mi tesis. Esa jerga universitaria debería ser delictiva. Uno necesita aprender a escribir claro, no para presumir de que escribes sino para que alguien te lea, y eso es lo más difícil. Tienes que ir a los clásicos españoles, que es donde se aprende realmente a escribir.

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5 febrero, 2018 · 11:28

Lacitos de fuerza

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Paciente que se cree Napoleón.

Si la mudanza a Waterloo se frustra no será porque Puigdemont haya dejado de creerse Napoleón, sino porque se ha convencido de que Napoleón no le llega a la suela de los zapatos. Quizá lleve razón. De Bonaparte sabíamos que era un loco que se creía Napoleón, y llevó su locura tan lejos que se adueñó de un continente. Para que el hombre llegue a la luna antes tiene que especular durante siglos con la idea de que llegar a la luna es posible. ¿Qué falló entonces en el plan de Puigdemont, el patriota que soñó una república europea y se despertó con Cataluña convertida en un distrito de Madrid?

El problema de Puigdemont no es de falta de imaginación. A su lado, J. K. Rowling resulta tan previsible como Rafa Hernando. En el frondoso caletre del carlista errante está redactada ya no solo la Constitución de Cataluña, sino también sus diez primeras enmiendas. Y en pos de ese delirio ha lanzado a un millón de napoleones de rambla, de los cuales un número indeterminado está dispuesto a calzarse la careta del emperador y a trepar con ella a los árboles del Parque de la Ciudadela sin dejar de reclamar legitimidad. ¿Cómo se explica que semejante derroche de fantasía no haya cristalizado ya en uno, dos o incluso cuatro nuevos estados miembros de la Unión?

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El Bueno (Infanta Sofía), el feo (Comín) y el malo (Monedero) en La Linterna de COPE

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5 febrero, 2018 · 11:21

Hoy es siempre todavía

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Amigos de Alcántara.

No es lo mismo vivir que durar, musita Manuel Alcántara, que acaba de cumplir 90 años, la mano izquierda sobre el Ducados y la derecha aferrada al cono invertido de su copa de cristal. Un camarero temerario se propone servirle agua -¡agua!- y Alcántara, indignado, le sacude un manotazo. Mirándole uno deja de respetar a Raymond Chandler: el líquido vital de los hombres cansados ya no es el café sino el dry martini, cuchillo que saluda a Alcántara cada mañana desde las entrañas mismas de la literatura. Vamos a concederle que el hígado le salió bueno; si todas las piezas le hubieran salido igual, reflexiona, habría tenido un harén. No quiere reconocer que ya lo tiene, porque cada columna que escribimos hoy se asienta sobre el cimiento de su muñeca decana y sarmentosa.

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El ‘Dry Maestrini’.

Alcántara nos dice, modesto, que no sabe cómo agradecernos que hayamos venido a su entierro. Pero se delata cuando afirma que se es más joven a los 91 que a los 90, pues el mal duende patrulla la aduana psicológica del cero, cifra mortífera. De modo que el año que viene estará más joven todavía. Habla Alcántara en sentencias, prolongando por los rincones luminosos de su Málaga la voz andaluza de un Séneca de folio al día. La última que vez que lo vi, tan perenne como ayer, me reveló que el ser humano no es gran cosa, aunque ha tenido buena prensa. Mejor prensa de la que ha escrito Alcántara pienso yo que es imposible, si bien me ronda la duda de que Alcántara sea humano. A lo sumo demasiado humano.

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El bueno (Felipe VI), el feo (Ric Costa) y el malo (Baltasar Garzón) en La Linterna de COPE

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27 enero, 2018 · 9:10

Elcano y Campoamor: dos cipotudos

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Juan Sebastián Elcano.

Hay españoles que se convirtieron en héroes porque fracasaron como villanos. La gloria no estaba destinada al vasco Juan Sebastián, sino al portugués Fernando de Magallanes, que quería aprovechar que la tierra tenía pinta de ser redonda para abrir una ruta comercial directa hasta las Molucas. También llamadas islas de las Especias, la mercancía más preciada de la cocina europea. Pero el rey de Portugal prefería seguir costeando África como habían hecho hasta ahora, así que don Fernando renegó de sus raíces y le vendió el proyecto al emperador Carlos, que le dio su imperial bendición.

Magallanes fletó en los muelles del Guadalquivir cinco naves tripuladas por 234 hombres: no podía sospechar que solo volverían 18, y que él no figuraría entre ellos. Antes de zarpar, un día de septiembre de 1519, hizo testamento, obligó a toda la tripulación a confesarse y prohibió que embarcase ninguna mujer, creyendo con ello que dejaban el pecado en tierra. Y saliendo por Sanlúcar se dirigieron al sur, pasando por las Canarias y Cabo Verde antes de poner proa a la inmensidad del Atlántico. Nadie dijo que iba a ser fácil. Tuvieron mala navegación. Tempestades, marejadas, tormentas eléctricas que los supersticiosos marinos llamaban el fuego de San Telmo.

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Clara Campoamor.

Había nacido Clara Campoamor en la Malasaña de finales del XIX, cuando la tasa de analfabetismo femenino frisaba el 80%. Su madre era costurera, pero su padre se desempeñaba de contable en un periódico. Y fue la pronta familiaridad con el mundillo periodístico, el hábito de leer noticias y artículos de opinión en la encrucijada sociopolítica de la España de entresiglos, lo que propició en la niña el despertar de una temprana toma de conciencia. Desarrolló un agudo sentido de la justicia que balizaría su camino de pionera.

Progresaba adecuadamente cuando murió su padre, contando ella apenas 10 años. Aparcó los estudios para emplearse como modistilla, telefonista o dependienta. Pero la necesidad no torcería su ambición. Lo primero era garantizarse la independencia económica, así que con 21 años logró por oposición una plaza de auxiliar del cuerpo de telégrafos y la destinaron a San Sebastián. Pero el puesto le sabía a poco. Se preparó unas oposiciones al Ministerio de Instrucción Pública y sacó la primera plaza. Volvió a Madrid como profesora de taquigrafía, puesto que alternó con traducciones de francés y clases de mecanografía. Lectora incansable, en esos años forjó el estilo que pavimentaría sus éxitos parlamentarios. Publicó sus primeros artículos. Pero sentía que necesitaba formarse mejor.

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25 enero, 2018 · 17:00