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Guardiola: femenino plural

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¿Grana o más bien rosa?

Preguntado sobre si su marcha al City podría distraerle de su compromiso en vigor con el Bayern, Pep Guardiola ha respondido que él es como una mujer, «capaz de hacer varias cosas a la vez». Luego se ha quejado de que en tres años los periodistas deportivos alemanes apenas le han preguntado sobre fútbol, lo cual es todo un consuelo, porque desmiente la singularidad de la prensa deportiva española: en eso estamos al mismo nivel que la primera potencia de Europa.

Mucho se escribió aquí sobre los atributos femeninos de don Pep cuando entrenaba al Barça, e incluso llegaron a reconocérselos no sólo acreditadas blogueras de moda sino también hirsutos graderíos de la competencia en días de partido. Todos recordamos los ingeniosos cánticos y no es cosa de repetirlos ahora. En todo caso Guardiola fue un pionero de la erotización del fútbol, que hasta entonces era patrimonio de los jugadores y él la extendió a los banquillos. En el añorado duelo Mou-Pep, que pronto se reproducirá en Inglaterra, el luso interpretaba al galán testosterónico de un culebrón mexicano y el catalán a la prima donna de una ópera de Verdi. Qué tiempos. Ya no nos divertiremos tanto hasta que se muera Azorín, según le dijo Raúl del Pozo a Umbral en el velatorio de Ruano.

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6 febrero, 2016 · 13:48

Guiñol de rogelias

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Candidato español y Lagarde en plena rueda de prensa.

AL FINAL del libro de Ignatieff que me regaló don Mariano, el fracasado político canadiense que tanto había criticado el partidismo desde el burladero académico confiesa haber aprendido, tras desangrarse en la arena, que el partidismo es necesario. Lo que el votante ilustrado considera sectarismo, juramento de fratría, lealtad siciliana, teatro cainita más o menos sobreactuado resulta que es fundamental para articular la democracia representativa, pues la alternativa es el partido único: el totalitarismo.

Ninguno de los tres primeros partidos ha pensado en otra cosa durante los últimos 50 días que en la supervivencia de su sigla o la mejora de su expectativa electoral, y si excluyo a C’s de ese trío de la bencina y su política de tierra quemada es solo porque la originalidad naranja consiste precisamente en que su interés particular -exhibir músculo negociador- coincide con el general en una coyuntura de bloqueo. Rivera es el único líder que gana cuando cede (acordar es ceder) porque está libre de hipotecas periféricas, de baronías vigilantes y de mochilas corruptas. Pero vengo a decir que el egoísmo partidista es tan natural en política como el instinto monopolístico en la empresa o el hambre de exclusiva en el periodismo. Un periodista cabal no regala una primicia a la competencia aunque sepa que la va a contar mejor, igual que ningún Rajoy se abstiene en favor de un Sánchez aunque sepa que concita más apoyos. Los periódicos ambicionamos monopolizar la noticia como los partidos el BOE: se trata de que el bien común conecte de vez en cuando una medida inteligente con un respaldo amplio y una cobertura responsable.

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El Parnasillo de esta semana versó, al hilo de los Goya, sobre la complicada relación entre cine y literatura

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5 febrero, 2016 · 18:34

Pactos Zika

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Pacto de progreso PSOE-Podemos.

Hemos descartado muy rápido que don Sánchez, que viajó a Lisboa convencido de que peregrinaba a la meca del pacto de progreso, no fuera alcanzado allí por el aguijón ponzoñoso de un Aedes aegypti proveniente de las antiguas colonias. Esto explicaría no sólo que hubiera contraído el Zika, sino también que lo hubiera portado hasta la Carrera de San Jerónimo, por donde se habría extendido infectando a portavoces parlamentarios, estrategas del partidismo y diputados en stand by.

Aventuro este diagnóstico a la vista de los síntomas de microcefalia política que presenta la España postelectoral. El espectáculo de filibusterismo, cuquería y grosero instinto de supervivencia que ofrecen nuestros representantes desde el 20-D sólo podría disculparlo una epidemia. Si el pacto es el parto de los políticos, más nos vale que vayamos poniéndole velas a la Bicha de Balazote, símbolo íbero de fecundidad.

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Comentario en COPE sobre el audaz Sánchez

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4 febrero, 2016 · 11:41

Muckrakers. Orígenes del periodismo de denuncia

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‘Muckrackers’, en Ariel.

Durante las primeras dos décadas del siglo XX en Estados Unidos nació, se desarrolló y murió un movimiento periodístico formado por hombres y mujeres que confundieron la pluma con un rastrillo, el periódico con un capazo de inmundicia, el mundo político-financiero con una parcela abonada y la denuncia con el único género urgente al que debía entregarse un reportero con sensibilidad social y talento expositivo. Fueron los muckrakers, cuyas piezas fijaron a golpe de escándalo el canon del periodismo de investigación, y propiciaron algunas reformas de esas que sí justifican la condición de garante de la democracia que tan gratuitamente se arrogan plumillas de sigla o tertulianos de show.

Vicente Campos entrega una antología imprescindible que no solo selecciona sino también aporta el contexto sociopolítico y el perfil biográfico de cada articulista. El lector acaba inmerso en una época fitzgeraldiana de magnates intocables, editores lunáticos y reporteros orgullosos, decididos a barrer la porquería de América desde la Olivetti.

Fue Roosevelt quien acuñó el término de muckrakers -“rastrilladores”- en un discurso de 1906 donde revuelve interesadamente el periodismo digno que señala a los corruptos con el sensacionalismo de los “daltónicos morales” que solo miran al suelo y nunca al cielo del sueño americano. Los muckrakers no eran activistas ni militantes ideológicos más allá de una vaga adscripción progresista: eran reformadores vocacionales de clase media o alta con acceso a los salones donde los capos de los trusts se repartían la nación comprando a los legisladores, adaptando las leyes a sus intereses empresariales, sometiendo a sus trabajadores a condiciones dickensianas y diseñando estafas para saquear al contribuyente.

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1 febrero, 2016 · 12:08

Sánchez, líder básico

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«Ya mismo estamos en Moncloa, amor».

Después de todo, Sánchez es un líder elegido por las bases, y a ellas vuelve acorralado como el líder básico que es. La maniobra de don Pedro ‘el Prorrogado’ -tres meses más de agonía- resulta coherente con su estatura política. Tan básica que olvida la primera ley del darwinismo partidocrático, según la cual uno se hace militante con la vaga esperanza de sentarse un día en el comité, y una vez sentado no quiere saber nada de sus tiempos novicios de pegador de carteles. Pero si Sánchez ya ha partido el partido entre podemófobos y podemófilos, qué más le da ampliar el desgarro entre Dirección y bases.

A don Pedro no se le puede discutir la coherencia cristalina del desesperado. Cada uno de sus movimientos rompe un jarrón chino de la venerable casa socialista, pero se comprenden como los manoteos del náufrago. Si está rompiendo el PSOE, poco le dolerá parcelar España cediendo referendos como lindes a sus caseros de La Moncloa, para quienes el derecho de autodeterminación es un contrato de arrendamiento. Sánchez o el entreguismo: primero el partido, después el Consejo de Ministros y por último el Estado. Y Granada para el ISIS, como dice Gistau.

Con tal de evitar unas elecciones que lo desalojarían del cartel, don Sánchez va a acogerse a la militancia, aunque sólo un poquito, pues la consulta no es vinculante: lo justo para escenificar la división y envenenarle la campaña a su sucesora. «¡Los ciudadanos demandan democracia interna!», pretextará don Luena. No: antes que eso los ciudadanos castigan la discordia. Un Pablo Iglesias lo fundó, otro lo heredó: más coherencia sanchista.

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1 febrero, 2016 · 11:38

Moral Cristiana

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No impidáis a los niños que se acerquen a mí.

Hará más de medio siglo. Se enfrentaban en Old Trafford el Manchester United y el Real Madrid, donde jugaba Alfredo Di Stéfano, de terrible carácter. A la expedición blanca, en vísperas del partido, pudo acercarse un niño inglés cuyo ídolo era Di Stéfano. Traía consigo cuaderno y bolígrafo, y se dirigió hacia Di Stéfano con la resuelta intención de pedirle un autógrafo. Pero el astro, que no tenía el día, agarró la libreta, la arrojó a un lado y siguió su camino.

Cuando Santiago Bernabéu se enteró, mandó localizar al chaval e ideó un lujoso desagravio por el estúpido gesto de su superestrella: metió al crío en un avión y lo sentó en el banquillo de Chamartín en partido oficial, como un jugador más. A Di Stéfano le explicó, suponemos que recurriendo a una retórica escasamente versallesca, que un jugador del Real Madrid no va por ahí tirando cuadernos de niños deseosos de autógrafos.

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30 enero, 2016 · 12:57

El aprendizaje de la decepción

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Mesianismo Alcampo.

POR MOMENTOS uno desea que gobierne Podemos para acelerar el «aprendizaje de la decepción» en que consiste la misma democracia, según Innerarity. Hay burbujas, como la inmobiliaria o la populista, que no se desinflan gradualmente: se pinchan cuando el principio adulto de realidad perfora el principio adolescente de placer. Atraganta a España una ilusión de cambio tan hinchada que los pedazos de promesa barata acabarán saltando hasta Bruselas como en una de Tarantino. O una de Tsipras.

Los libros de historia y las páginas salmón se inventaron para no tener que escarmentar siempre en carne propia, pero al censo electoral afluyen cada día nuevos ignorantes ayunos de imaginación (vaya si se puede estar peor) y sobrados de utopía. Si fueron precisos 40 años de franquismo para vacunarnos contra el extremismo de derechas, calculo que cuatro de populismo de izquierdas serán suficientes para aprender que las situaciones complejas no se arreglan con soluciones simples. Que «blindar» en la Constitución el derecho a un curro fijo y a una manta de cuadros en invierno no es lo mismo que crear empleo y regular el mercado eléctrico. Que los desahucios no siempre se pueden prohibir sin desproteger al propietario. Que la suciedad no se muda por cambiar el nombre a las calles. Que el paternalismo de Estado es el opio del pueblo en el siglo XXI, y que una economía esclavizada por el reparto de paguitas sustituye el Estado de Bienestar socioliberal por el «ogro filantrópico» que Octavio Paz descubría en los regímenes latinoamericanos.

¿Necesitaremos pasar por eso para renegar de mesías comprados en Alcampo? ¿Logrará la democracia domesticar al populismo o embrutecerá este a las instituciones? Serán incógnitas divertidas de despejar si don Sánchez, elegido por las bases y por ello el más básico de los líderes socialistas, persevera en su pacto de regreso.

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Esta semana en el Parnasillo de COPE hablamos de Cela, pero del escritor inmortal, no del personaje totémico.

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29 enero, 2016 · 10:27

Democracia con acné

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Predicador de ‘Deadwood’ clamando contra la casta.

Hasta Cospedal habla ya de una segunda transición cuando lo urgente sería repetir la primera, a ser posible corregida, no empeorada. La inmadurez de la democracia española se manifiesta en esta ansia retórica de novedades combinada con una intransigencia pomposa, ridícula. Si un adolescente es un ser inconcluso que divide el mundo entre cofrades de una determinada idolatría pop y herejes comercialones, nuestros acneicos partidos acreditan una incapacidad cargante para persuadir o para ser persuadido, en la estúpida creencia de que ceder es de débiles y de que la sigla prima sobre el país. En todos los parlamentos de Europa, excepto Malta, se han dado ya gobiernos de coalición. Pero aquí queremos ser halcones malteses y no palomas de Alberti.

Del ansia de novedad política que padecemos no encuentro mejor prueba que la fascinación, incluso excitación, que las circenses evoluciones de Pablo Iglesias despiertan en el oficio. Lo advertía Jabois el día después del numerito del vicepresidente zumbón y sus ministros mágicos, más propio de una banda de rock de camerino caprichoso que de un partido coherente con sus principios, los que les queden. Ni los tertulianos de derechas disimularon cierto estupor admirativo ante el espectáculo, y ya la prensa militante no tiró sostenes al atril de puro milagro. Yo, que siento por Iglesias la misma admiración que por el predicador de Deadwood, sólo me explico estos desmayos por la aridez informativa a que la tecnocracia marianista ha sometido sus crónicas durante cuatro larguísimos años. El brusco contraste predispone a divertirse un poco, así como a agradecer al bufón sus andanzas e industrias.

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25 enero, 2016 · 12:02