
Desembarcaron en Normandía hace hoy 80 años para liberar a los europeos de la peste nacionalista, esa que en palabras de Zweig envenena la flor de la conciencia. Ganaron, a un alto precio. Pero la lucha contra el nacionalismo y su latente pulsión criminal es un castigo sisifeo que nunca se completa: cada generación lo hereda de las mentiras de sus padres, los peores se rinden y las abrazan, los mejores se resisten y las combaten.






