
Política francesa.
Ya puede escribir Cayetana Álvarez de Toledo un libro sobre su caso titulado «El malentendido». Será un libro bien escrito, lo que sin duda su ¿antiguo? gremio tomará como una nueva provocación, porque hoy un partido es una factoría de ágrafos alineados. Y será un libro melancólico, jovellanesco, donde explicará por qué cometió el error de meterse en política por segunda vez. Pudiendo ejercer el periodismo, que es la política sin responsabilidad, y decir su verdad quizá desatendida pero blindada a toda represalia fuera del gusto del lector, se empeñó en militar bajo Rajoy primero y bajo Casado después.
Pero CAT, pese a su marcial apellido, no sabe militar. Contra ambos liderazgos, el de Rajoy y el de Casado, ahormados por la ley de hierro de la oligarquía mucho más que por los temperamentos personales de cada jefe, se han terminado estrellando su obstinada concepción de la política como una épica batalla de ideas racionalmente defendidas en el ágora y su nulo instinto de poder para sobrevivir en la política real: un turbio negocio donde se trafica con emociones simples hacia afuera y con lealtades complejas hacia dentro.
No será el más exquisito ni quizá el más laureado, pero es el único futbolista que juega como si acabara de apearse de su propia estatua ecuestre. Y cuando acaba el partido, Sergio Ramos vuelve al parque donde se levantan los monumentos a los héroes de la patria, se encarama a su pedestal y se petrifica para seguir ejerciendo de gloria nacional el tiempo que media hasta el próximo compromiso sobre el césped. Noble y bélico adalid, caballero del honor.






