Archivo mensual: noviembre 2015

La cuchara de Albert Rivera

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La perfecta simetría.

Ustedes habrán jugado en alguna boda aburrida a sostener una cuchara por su centro de gravedad: la cuchara se balancea a izquierda y derecha sobre su dedo, pero no termina de decantarse porque entonces caería con estrépito y su pareja rezongaría que no se le puede sacar de casa.

Albert Rivera sujeta la cuchara de la intención de voto como nadie en España: su dedo marca el centro exacto como el de Colón las Indias, y el electorado español sigue esperando que el cubierto se le decante por algún lado. Espera en vano. Rivera es un equilibrista que habla sin papeles y pisa sin red, y no hay modo de desequilibrarle.

Lo intentó nuestro director, David Jiménez, dándole la mala noticia de que EL MUNDO no respaldaría su candidatura -ni ninguna otra- porque este diario apoya propuestas y no siglas. Tardó segundos Rivera en refutar que eso fuera una mala noticia, porque él cree en la libertad de prensa. Casi nos agradece la falta de respaldo. Los reflejos son la primera condición del táctico.

Pero lo original del líder de C’s es que hace táctica con la estrategia: electoralismo con medidas a largo plazo como el pacto de Estado por la Educación. En el manual retórico del centrista no ha de quedar afirmación sin matiz: «No soy muy de himnos y banderas pero sí pido respeto». O bien: «Odio la guerra pero odio más el terrorismo».

Se trata de anular la bipolaridad clásica de la política española, lo que le permite distinguirse no sólo de los viejos partidos, sino también de Podemos: «Ellos proclaman que el miedo cambia de bando; yo no quiero ni miedo ni bandos». Y si las elecciones se ganaran sólo por el centro, como se cacarea, Rivera sería presidente; pero nos maliciamos que en España tiene aún Goya mucho que pintar.

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Hoy, en El Parnasillo de COPE, el mediocre autor de La Marsellesa que sufrió un rapto de genialidad

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19 noviembre, 2015 · 13:16

«La ironía total lleva al nihilismo»

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El clasicismo aporreando al tertuliano-centauro. Museo de Historia del Arte, Viena.

La entrevista tuvo que hacerse en tres sesiones, en tres bares de tres hoteles de Madrid, pues coincidió con la publicación en El Mundo de una conversación con Montoro, con firma en un recuadro del entrevistado, y, claro, durante tres días su móvil no paró de echar humo: llamadas de la redacción, llamadas del ministerio, llamadas de las televisiones… Sirva lo anterior no como composición de modo ni de lugar ni de tiempo, en todo caso de personaje: Jorge Bustos, un periodista que lo mismo es capaz de un scoop que hace moverse el suelo del partido en el Gobierno que de llegar al punto final de una columna sin esfuerzo aparente, que de frecuentar las tertulias del prime time sin parecer un tertuliano, que de estrenarse como autor -y aquí va la razón de esta entrevista- con un libro de ensayo. Un libro que huye del recurso facilón del refrito recopilatorio, del manual de autoayuda del que solo se alimenta de galletitas chinas y de frases de almanaque, del comentario a mil fotos en blanco y negro de Steve McQueen y Audrey Herburn, del relato nostálgico de uno que aprendió a escribir en los cuadernos de caligrafía Rubio. La granja humana, en fin, lecciones amenas de Filosofía -y de Política, y de Literatura, y de Sociología…- profunda.

 -Quien llegue a su libro por sus columnas y, al revés, a sus columnas por su libro, ¿se llevará una sorpresa o verá en el trayecto una lógica continuidad?

-No debería llevarse una sorpresa, creo. El libro pretende conectar con el género canónico del ensayo, de más aliento que la columna, y la columna es, a su vez, un subgénero del ensayo. El resultado de esos dos vectores son los ensayitos de tres o cuatro páginas de los que está compuesto el libro, en el que he tratado de huir de cierta tendencia al academicismo aplicando el tono ligero del columnista pegado a la actualidad.

 -¿Cree haberlo logrado?

-En un primera versión del libro no. Porque cuando me llaman para hacerme el encargo, enseguida pienso en Ariel como la gran editorial del mundo académico y fijo en mi cabeza un lector ideal al que me quiero dirigir, un catedrático campanudo cuya aprobación debo merecer. Cuando enseño en Ariel lo que llevo escrito, me dicen que lo rehaga. En su momento, me cabreé bastante. Pero ahora entiendo la labor benéfica del editor.

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18 noviembre, 2015 · 12:15

Oración en París

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Exvotos a los pies de uno de los restaurantes tiroteados.

En el cruce entre las calles Bichat y Albert, a los pies llagados de dos restaurantes contiguos -Le Petit Cambodge y Le Carillon-, los parisinos han improvisado un atrio con velas, flores y folios preñados de malos versos, que suelen ser también los más sinceros. A este cruce sagrado los ciudadanos de la laica República acuden temblando para volver a ligarse con los muertos, que eso significa religión. Vi ayer a una chica rubia llorar en silencio sobre el hombro de su novio. A un africano añadir deprisa (pudoroso, casi furtivo) otro ramo al cerro de rosas y crisantemos. A un oriental prender un cirio y juntar las manos. A un joven tatuado pedir con una camiseta la fraternidad entre las tres religiones del libro. También los vi hacer fotos, pero no ‘selfies’: sospechaban que un borrón de vanidad profanaría este pedazo de acera ardiente. He aquí el rebaño europeo, las buenas ovejas de Occidente.

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17 noviembre, 2015 · 10:49

El ego comunicante de CR

Cristiano y él.

Cristiano y él.

Preguntados por la cuestión más candente de España, Pablo Iglesias respondió que prefería a Cristiano y Albert Rivera que a Messi. Del portugués admira Iglesias el coraje, que quizá sea otro de los nombres de la arrogancia, y con Messi se quedó Rivera porque es un culé irremediable. Se agradece en todo caso la claridad de ambos: es bueno que se vayan concretando los programas según se acercan las elecciones.

Esta semana Cristiano presentó su película en Londres, estreno al que no acudió nadie del equipo por cuestiones de agenda y no porque su ego tuviera ya copado el aforo, como dicen las malas lenguas cansadas de que la autopromoción agote el talento que el luso últimamente escatima sobre el césped. No hace falta citar a Dominguín –«En el toreo es modesto el que no puede ser otra cosa»– para explicar el narcisismo inevitable de Ronaldo, que ha llegado a la cima del mundo partiendo de la favela familiar de Madeira. Sin la desorbitada atención que Cristiano le merece a Cristiano, este futbolista de más autoexigencia que don natural nunca podría haber cuajado los logros ya históricos que pautarán el documental. Es significativo que sus responsables sean los mismos que entregaron recientemente el estremecedor biopic de Amy Winehouse, en cierto modo el perfecto envés de la carrera abdominal y dietética sostenida por el portugués. La autodestructiva Winehouse es el reverso tenebroso del apolíneo Ronaldo, cuyo cuerpo ha cincelado con el mismo entusiasmo con que la cantante maltrataba el suyo.

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14 noviembre, 2015 · 11:20

Del Danubio al Llobregat

El autor, en la casa donde Beethoven hizo testamento. Heiligenstadt, Viena.

El autor, en la casa donde Beethoven hizo testamento. Heiligenstadt, Viena.

Me avisaron de que Viena era una ciudad demasiado perfecta. De que un español corre allí el riesgo de escandalizarse ante la buena educación de los vieneses, el silencio que reina en vagones y restaurantes atestados, la pulcritud de las aceras, la devoción con que se orienta al extranjero, el orgullo imperial que centellea en su arquitectura o el triunfo burgués que consagra la Ringstrasse. Entiendo que tanta perfección resulte indignante, pero confieso -no sin vergüenza- que yo no tuve ningún problema para asimilarla. Disculpen ustedes la maldad si digo que Viena conserva el tranvía, como Lisboa y a diferencia de mi Madrid, porque hay algo que ver en la superficie.

Ahora bien. Si perfecto es sinónimo de completo, para que la perfección sea cabal debe incluir lo imperfecto. Y ahí es donde Viena da su planetario do de pecho. Porque por debajo del barroco abigarrado de San Pedro y San Carlos, o de la monumentalidad convencional del distrito museístico, la Viena de la Belle Époque prohijó la vanguardia artística e intelectual más desatada, según rememora Zweig a lo largo de cinco páginas estelares de El mundo de ayer. Es entonces cuando el doctor Freud funda el psicoanálisis para revolucionar no ya la psicología, sino el mismo ejercicio de la crítica cultural. Y es entonces cuando Gustav Klimt abandona la fidelidad fotográfica de sus inicios para construir la imagen onírica de la mujer moderna; un desafío a las convenciones más histéricas que sus discípulos Egon Schiele y Oskar Kokoschka profundizaron hasta los extremos perturbadores que cuelgan de las paredes del Belvedere. Por no hablar de lo que Schönberg y Berg hicieron con los bailes de salón de los Strauss (maravillosos, por lo demás).

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Traemos al finado André Glucksmann al Parnasillo de COPE

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13 noviembre, 2015 · 18:21

El aborto de una nación

El viñetista Ricardo también pensó en un Delacroix bufo.

El viñetista Ricardo también pensó en un Delacroix bufo.

Pasado el mediodía titulamos: «El Parlament escenifica la ruptura con España». Todo el tino inapelable del titular recaía en el verbo, que evoca tablas y actores: un escenario y la farsa que sobre él se representa. Cataluña siempre fue la tierra del diseño, la fábrica del postureo, la cuna de cómicos: una acreditada meca de la ficción. Ayer se programaba un gran estreno, pero la función quedó deslucida por la grisura -casi pacatería- de la oratoria insurgente: cuando uno decide separarse de la realidad, habitar resueltamente en la húmeda fantasía, debe hacerlo a lo grande, poniéndose campanudo y pintarrajeándose a lo Wallace. Pero ay, Romeva y Anna Gabriel no hablan de revolución sino de desconexión, porque su causa está más cerca del folleto de una startup que de un cuadro de Delacroix.

La resolución nace muerta como el aborto de una madre loca y abandonada. Pero ese aborto será enterrado sin la grandeza que necesitaría el martirologio de la nación naciente: bastará un mail del TC. Extramuros del Parlament, el gran vodevil generaba indiferencia, a excepción de los cuatro gatos cursis con sus cuatro enhiestos deditos, gesto que no es ciertamente el saludo romano pero que tampoco iguala la vis subversiva de la manita de Piqué. Si algo vuelve estomagante al independentismo es su impenitente cursilería, que ha contagiado incluso al más alto rango militar: oír al general Rodríguez prescribir amor a Cataluña, ahogar la sedición en achuchones, se antoja menos tolerable que si reclamara los manidos tanques por la Diagonal.

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10 noviembre, 2015 · 10:56

Carmena en el Bernabéu

Casta de viejo y nuevo cuño.

Casta de viejo y nuevo cuño.

En su crónica del Madrid-PSG se preguntaba Hughes si sufrió Manuela Carmena cuando Nacho marcó el gol. La pregunta es pertinente porque doña Manuela, que por algo se hizo jueza, nunca ha podido con la injusticia y se trataba de un gol injusto: no solo porque era un pase, sino porque instalaba en el marcador una ventaja no merecida a tenor del juego exhibido, por decirlo suavemente.

Ya es mala suerte que la primera vez que doña Manuela pisa el Bernabéu -su diabólico palco, en concreto- presencie un espectáculo tan poco equitativo como el que deparó la victoria del Real Madrid sobre el equipo de su homóloga Anne Hidalgo. Habría disfrutado más con el empate del derbi, pues un empate siempre transmitirá al alma de progreso cierta idea -así sea numérica- de igualdad, pero respecto de ese partido tan madrileño la alcaldesa declaró una perfecta indiferencia. Ahora que al fin condesciende con entretenimientos banales tiene que soportar una iniquidad notoria. Porque los de Benítez debieron irse apalizados del Bernabéu y resulta que han pasado a octavos de final encabezando el grupo. ¿Tomará medidas?, inquiría el cronista.

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9 noviembre, 2015 · 11:14

Tú eres Pedro (Sánchez)

Sobre las canas de Pedro edificaremos el pasado del PSOE.

Sobre las canas de Pedro edificaremos el pasado del PSOE.

Llamarse Pedro parece un buen comienzo para liderar un proyecto ambicioso, sea la Iglesia Católica o el Partido Socialista Obrero Español. En cambio apellidarse Sánchez tiende a estropear cualquier augurio. De Pedro Sánchez muchos -cada vez más- critican que acierte principalmente cuando rectifica, la última vez esta semana, que inauguró adjudicando en televisión al PSOE la ley del divorcio y reconociendo al día siguiente en radio que fue cosa de la UCD y que él entonces tenía nueve años. Normal que no se acordara.

En todo caso si los errores de don Pedro se atuvieran al pasado del país no sería grave, porque para eso están los historiadores. El problema es que atañen a su futuro, que es para lo que deberían estar los políticos. Así, el aspirante socialista a La Moncloa promete derogar en parte la reforma laboral y luego derogarla entera; anuncia que extirpará la religión de todos los colegios y más tarde solo de los públicos; forma lealmente junto al Gobierno para plantar cara al separatismo catalán y a continuación censura a Rajoy por ceñirse a vías judiciales y desechar las políticas. El sanchismo es una fábrica de arrepentimiento más productiva que el más sórdido adulterio. El sanchismo se nos antoja el único movimiento político al que cabe pedir no más autocrítica, sino menos. No mayor humildad, sino alguna autoestima.

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9 noviembre, 2015 · 11:08