Mi querida España

El salmantino de la triste figura.

El salmantino de la triste figura.

Se puede caer con más dignidad, pero no con menos autocrítica. España terminó su ciclo triunfal con una aparatosidad torera, concluyente, y así como pasó de la leyenda negra a la rosa sin matices, anoche volvió de golpe a pintarse el blasón de hollín, de manera que solo la proclamación del rey Felipe proporciona hoy un motivo de exhibición a la rojigualda. Esta brusquedad nuestra, idiosincrásica, se explica por la inexistencia de la autocrítica, por la sobreabundancia de la adulación, por la secular victoria del amiguismo sobre la meritocracia, por la obsesión hegeliana con la Idea Innegociable de Nuestro Juego, por la hipoteca del estatus en detrimento de la calidad. Vicente del Bosque, caballero de la triste figura en Maracaná para los restos, no quiso negociar con la realidad como Alonso Quijano no quiso hacerlo con los molinos. Pero al final siguen siendo molinos. Y La Roja se ha estrellado contra ellos: el peor Mundial de su historia en números redondos.

Lo dijo el papa Francisco: “La única diferencia entre el protocolo y el terrorismo es que con el terrorismo se puede negociar”. Pero en La Roja, como en todo, ha durado más el protocolo que la grandeza a la que sirve, y aunque pequeñas voces tildadas de radicales señalaban que el rey iba desnudo desde la final de la Confederaciones, nadie estaba dispuesto a renunciar al dulce protocolo de la estrellita pectoral ni a reconocer que Xavi, Casillas, Piqué, Alonso y compañía ya no son amadises sino hidalgos avejentados. Gloria a ellos por lo que dieron. Y oprobio también por su final, porque pudo evitarse la humillación, el astillamiento de lanzas, el revolcón de caballos, las carcajadas inmisericordes del planeta fútbol.

Chile se desató sobre España como el tsunami de Lo Imposible, que arrasó Lo Innegociable. La diferencia es que el ingenioso hidalgo acababa recobrando la cordura en el lecho de muerte, mientras que el campechano marqués declaró tras la debacle: “Hoy el equipo ha demostrado carácter”. ¡Ah, qué poca cosa es el carácter cuando se trata de marcar goles! En fin. Corramos un pudoroso velo sobre un espectáculo siempre terrible: el de la pérdida del sentido de la realidad.

La alineación de Javi Martínez y Pedrito parecía atender una petición general, pero ni de lejos fue suficiente. En la primera que tuvo Costa, lento como un burócrata, ya se vio que persistía su crisis de identidad. Tras el Mundial que ha hecho tendrá muy difícil explicar que en realidad no ha jugado para Brasil. Alonso estuvo nefasto, gerontocrático. Da su patapúm y a ver qué pasa, pero ahora ya no pasa nada: o al muñeco o al anfiteatro, o a Costa, que es lo mismo. De una pérdida de balón del tolosarra nació la contra fulminante de los chilenos, que en dos pases de genio malvado dejaron a Vargas ante Casillas, que hoy por hoy es poner a Robin Hood ante el arco iris. Gol. Y es que la última caridad de San Iker es aumentar la ficha de los delanteros que le encaran. El dios de la amargura lloró sobre el estudio de Mediaset: allí nadie podía creerse lo evidente.

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19 junio, 2014 · 11:11

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