Archivo mensual: agosto 2013

La función fática en Roberto Fontanarrosa

A la mayoría de los españoles, por no hablar de las españolas, les fascina el habla argentina. Incluso aquellos que declaran su empalago mientras espantan a los repartidores de flyers de la calle Huertas reconocerán que hubo una época en que aceptaron todo chupito anunciado por boca de argentino. Por eso les darán ese trabajo, calculo. Al árido oído del castellano tiende a seducirle esa mezcla de musicalidad italiana y casticismo español que fluye en suaves pendientes, en graciosas cadencias, intercalando arcaísmos de evocación colonial y juramentos en teoría agresivos que suenan inevitablemente tiernos. La primera noche en que a uno le amenaza un argentino con cagarle a trompadas por pelotudo, no hay forma de sentir ese grato calor previo a la violencia. Más bien hay que esforzarse por no estallar en carcajadas y terminar invitando a copas al gaucho confundido.

A diferencia del español, que no tiene alternativa, el escritor argentino puede elegir entre el empleo de la variante dialectal —que es su código materno y cotidiano— o el seguimiento de la norma académica a la hora de confeccionar su obra. O puede manejar ambas con idéntica pericia, alternando el uso del más alto castellano con la incursión creíble en la literatura gauchesca, como es capaz Borges en Hombre de la esquina rosada. Sin embargo, escritores como Borges, Cortázar, Sábato o Lugones sabían que atenerse a la norma académica les proporcionaría más lectores, más prestigio y más seguro pase a la inmortalidad que el desinhibido cultivo de su localismo natural. Correlativamente, los autores argentinos que han preferido expresarse en dialecto asumen el coste que siempre comporta la opción de lo particular.

A este segundo grupo pertenecía Roberto «Negro» Fontanarrosa (Rosario, 1944 – Rosario, 2007), quien no aspiraba a ganar el Nobel y cuyos cuentos, declaraba, no le van a cambiar la vida a nadie, dándose por bien pagado con que un lector le parara por la calle para decirle que «se había cagado de risa» leyéndolos. La exactitud es la más genuina de las modestias y efectivamente los cuentos de Fontanarrosa, que he pasado leyendo este verano, no me han cambiado la vida, pero sí me he cagado de risa con ellos. Así que Fontanarrosa es un artista honesto, aquel que da lo que promete, y eso es más de lo que logra la mayoría.

Leer más…

Anuncios

Deja un comentario

29 agosto, 2013 · 16:39

El urgente ideario de Miguel Mihura

Cuando Mihura estaba a punto de nacer, Madrid no estaba inventado todavía, y hubo que inventarlo precipitadamente para que naciese Mihura y para que naciese otro señor bajito, cuyo nombre no recordamos en este momento, y que también quería ser madrileño.

Así empieza Mihura sus imprescindibles Memorias, libro que conservo en una urna hipobárica sobre mi estantería y que extraigo con mucho cuidado en momentos de confusión o tristeza para recuperar de inmediato el gusto por la vida y la indulgencia hacia el género humano. Porque Miguel Mihura no es sólo el comediógrafo español más importante del siglo XX sino un prosista genial de una ternura y un divertimento nunca convencionales, y yo creo que su genio no tiene nada que envidiar al de Salinger, por ejemplo, aunque a los oídos beatos del papanatismo español este ponderado juicio suene a herejía.

En estos momentos una de sus mejores comedias, Maribel y la extraña familia, ocupa la cartelera del Teatro Infanta Isabel, y todos ustedes harían muy bien en ir a verla porque el reparto es excepcional –no hay actores ni actrices guapitos de tele contratados para reclamo comercial, y la calidad interpretativa se beneficia decisivamente de esa bendita ausencia– y porque el texto es de Miguel Mihura. La comedia insiste en los temas obsesivos del escritor, pues un escritor sin temas obsesivos está siempre muy cerca de ser un farsante: la denuncia de la hipocresía burguesa, el desafío a las convenciones sociales, la postulación de la alternativa epicúrea, la búsqueda de una ética libre del individuo en un siglo de morales colectivas y la proposición del humor y la piedad como lenitivos artísticos para la crudeza de la vida. No pueden ser temas menos originales, lo cual garantiza que son honestos. El mérito estriba en la amable ironía de su tratamiento, que sólo al final de su vida dejó que se deslizara por la torrentera de la sátira; en la bondad sublimada de los personajes, cuya idealizada factura sirve para combatir la misantropía que aquejaba al propio dramaturgo y a la cual buscaba antídoto en la ficción; en la introducción de recursos vanguardistas que anticipan en décadas el teatro del absurdo cuyo estandarte se apropiarían después Artaud, Beckett o Ionesco, con el precursor inclasificable de Alfred Jarry. La fascinante Tres sombreros de copa (1932) compite en la misma liga en que juegan las obras de estos nombres extranjeros, con la ventaja a mi juicio de un romántico sentido de humanidad, una especie de última calidez franciscana que brilla por su ausencia en la dramaturgia europea del XX, presidida por el escepticismo o directamente por el existencialismo. El personaje de Maribel repite ese arquetipo mihuresco entre lo alocado y lo candoroso, mezcla de mundanidad e inocencia que había inventado con la deslumbrante Paula de Tres sombreros de copa (y que se me ocurre emparentar con la dulce Irma de Billy Wilder). Maribel es prostituta y Paula una vedette de music-hall, y sin embargo ambas reservan no se sabe dónde una pureza de corazón que el atolondrado protagonista masculino termina pulsando, desanudando poéticamente. Y el espectador burgués, en lugar de escandalizarse, termina la función sinceramente conmovido. En ese efecto consiste la maestría inmarcesible de Mihura.

Leer más…

Deja un comentario

26 agosto, 2013 · 11:47

Cristina Cifuentes es un ser humano

Cuando un político sufre un accidente grave o le acontece cualquier género de desgracia personal, sus adversarios más cucos se apresuran a puntualizar su compasión en la misma frase en que deslizan, incontenibles, su censura ideológica. Así, si a Esperanza Aguirre se le declara un cáncer, la cuquería de sobremesa que practican las personas de progreso impone una proposición cortés –“A la persona le deseo que se mejore”– antes de deponer la adversativa fatal: “Pero como política no me da ninguna pena”. Como a ella no le dieron ninguna pena las familias oprimidas de los sindicalistas de metro etcétera. Y esto sucede en los mejores casos, cuando el dinero de los padres del progresista alcanzó a pagarle una cierta educación. Que en trayectorias fallidas como las de Pepiño, Llamazares o Tomás Gómez, ni eso.

Todo el mundo entiende que al adversario ideológico damnificado se le desee pública y gentilmente una pronta recuperación apelando a su tautológica condición de “ser humano”. Será Esperanza Aguirre, pero también es un ser humano. O será Cristina Cifuentes, pero al fin y al cabo es una persona. Y enseguida unos murmullos de aprobación recorren de punta a cabo la mesa de contertulios. Esta actitud deferente que distingue con devoto esmero lo personal de lo institucional se antoja un rasgo de fair play, un gesto de magnanimidad que eleva la confrontación política por encima del barro espiritual en que chapotea el chequista o el inquisidor. No hablamos ahora de Twitter, donde ciertamente el anonimato espolea esa heroica bravura del brazo español, musculoso de tirar piedras y elástico de esconder manos. Nos referimos a una convención en el debate público tan vigente como la de no reportajear suicidios o no sacar a pasear a las amantes de los candidatos en campaña electoral.

Leer más…

Deja un comentario

26 agosto, 2013 · 11:36

El llanto de la Esfinge

Partiendo de la base de que masacrar a 800 musulmanes no es la mejor manera de evitar una intifada, y de que convocar “marchas de la ira” a la salida de la oración no es la idea de paz que le pedimos al influjo religioso, se llega fácilmente a la conclusión de que el problema árabe no tiene solución. La geopolítica sólo puede aspirar allí al suministro de anestesias temporales. Que la primavera árabe fue un descorche de riots de barriada antes que una revolución jeffersoniana, se antoja ya tristemente irrefutable. Que la gran abeja Obama libaba la miel de una retórica gratuita cuando discurseó zapaterinamente en El Cairo para anunciar el chapado de Guantánamo y el cumplimiento de los sueños de las misses del mundo, nadie puede discutirlo, como tampoco su entrega inevitable a la realpolitik como comandante en jefe de la única superpotencia mundial, cuya hegemonía amenaza el capitalismo chino, mucho más peligroso que el maoísmo. Que la fuerza civilizadora de Europa –con todos sus tratados kantianos cogiendo polvo en el cerebro demoscópico de sus pequeños líderes– se reduce a la exportación de los derechos televisivos de la Champions, no creo que ni los más futboleros lo rebatan. De Oriente vino la luz, decían los romanos, y de Oriente vendrá la tercera guerra mundial en la que todos nosotros moriremos, decía mi profesor de historia de COU.

Leer más…

Deja un comentario

18 agosto, 2013 · 13:16

La ‘pantojización’ de Cospedal

¡Qué escándalo, el chico del megáfono que jaleaba ayer a Cospedal a la puerta del juzgado era de Nuevas Generaciones! El día, señores, que dejemos de rasgarnos las camisas por lo obvio igual arraiga la democracia y escalamos un par de puestos en el Informe Pisa. Digo yo que lo suyo es que los cachorros peperos vayan a apoyar a su señora y que la noticia, qué fatigoso resulta repetirlo, sería ver a los preferentistas estafados arremolinándose entre lágrimas para tocarle el borde del blanco vestido a María Dolores como a una aparición mariana que regara las aceras de consuelo y de milagro. Pues qué iba a pasar sino lo lógico en estos tiempos de desafección, que los apoyos al político en dificultades provengan de su estricto negociado. ¿Quién que no aspire a meter la cuchara en la sopa boba del organigrama va a interrumpir su agosto por dar palmas a Cospedal?

Así que una mitad de la calle coreaba su nombre y la otra el de su familia, y por el medio cruzó salomónicamente la secretaria general del PP con una sonrisa atirantada como los cables del puente de Brooklyn y el gesto desafiante de quien cree que la calle es suya. Y en este caso lo es, porque se trataba de la calle Génova. María Dolores de Cospedal escogió un vestido tan blanco como la contabilidad del PP, o eso parecía declarar ya desde el atavío, que hoy importa más que la oratoria para colocar tu mensaje. Y si lo llenas con la espléndida osamenta de Cospe, entonces absolución, crédito y mando en plaza Tahrir si ella nos lo pide, aunque el frugal Ruz no lo vea tan claro de momento. Ruz es un espíritu con flequillo, un abad en el cuerpo de un novicio.

Leer más…

Deja un comentario

15 agosto, 2013 · 12:31

La exquisita alegría de ser Salvador Dalí

A Dalí (Figueres, 1904 – Figueres, 1989) le habría gustado mucho enterarse de que la completísima exposición a él dedicada en el Museo Reina Sofía está salvando del cierre a los locales de la zona. Aquel hijo rebelde del surrealismo, a quien el patriarca Breton –en perfecto anagrama de las letras que forman el nombre de Salvador Dalí­– rebautizó como “Ávida dollars”, nunca se avergonzó de su fortuna astutamente amasada, de su olfato fenicio, de su pionera encarnación del artista capitalista en la ya convencional tipología del escandaloso calculado. Dalí es otro de los nombres del éxito, y él hizo que el éxito y el narcisismo resultaran tan artísticos como el malditismo y la bohemia autodestructiva.

A Breton y a Orwell les cabreaba profundamente el individualismo irreductible de Dalí en tiempos de grandes causas colectivas, fueran éstas el marxismo o el socialismo (y más adelante la misma democracia, frente a la que el pintor de Figueres se declaraba anárquico-monárquico metafísico). Sus guiños manifiestos a Franco y su incalculable legado testado a favor del Estado español y no de la autonomía catalana terminan de convertirlo en un artista incómodo para la izquierda orejera y para el aldeanismo institucional que rige su tierra. Pero tratar de encorsetar a Dalí en las tumefactas taxonomías de la crítica engagé o pretender ahormarlo a los propósitos propagandísticos de la política de barretina no es menos disparate que subir el zapato de tu mujer a una balanza adornada y llamar a la ready made “Objeto objeto escatológico de funcionamiento simbólico”. Con Dalí ni se puede ni se podía contar para ningún empeño social que tratase de involucrar a más de dos personas: el genio y su musa, o sea, Gala. “La lucha contra el mundo moderno tiene que ser solitaria. Donde haya dos hay traición”, escribió Gómez Dávila, y Dalí, que presumía de no tener un solo amigo porque Gala colmaba toda la potencia afectiva de su corazón, no luchaba contra el mundo moderno sino que más bien ampliaba sus márgenes para hacer hueco en él a su disparatada egolatría. En estos tiempos de socialdemocracia espiritual –una forma de pacatería supletoria y simétrica del pietismo santurrón­– que glorifican la humildad de los que no pueden ser otra cosa que humildes, Dalí nos señala el santo camino de la autorreferencia:

Cada mañana, cuando me levanto, experimento una exquisita alegría, la alegría de ser Salvador Dalí, y me pregunto entusiasmado: “¿Qué cosas maravillosas logrará hoy este Salvador Dalí?”

Claro que es un camino sólo transitable por algunos elegidos, y en la im-pres-cin-di-ble entrevista concedida a Soler Serrano el propio genio rizaba el rizo de la modestia vanidosa:

–A medida que me admiro más, encuentro que soy una real catástrofe. Si hubiera dos mil Picassos, treinta Dalís o cincuenta Einsteins, el mundo sería prácticamente in-ha-bi-ta-ble. Pero que nadie se espante: no los hay.

No los hay, y por eso veneramos a los pocos que afloran. ¿Pero por qué la modestia en Dalí habría sido pecado? ¿Por qué suspendió el examen de graduación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando –enojando mucho a su freudiano padre– al negarse a desarrollar el tema de Rafael ante un tribunal de tres catedráticos, alegando que él sabía más sobre Rafael que los tres miembros del tribunal juntos? Pues porque, efectivamente, sabía más. Todo el genial invento de la personalidad de Dalí se sustenta en un talento nato para el dibujo, una dolorosa hiperestesia, una técnica superdotada, un estudio obsesivo de los maestros del Renacimiento italiano y del Barroco español, una imaginación densísima, una formación intelectual de primer orden. Sin nada de eso, Dalí se habría quedado en Damien Hirst o en cualquier otro payaso del star system museístico posmoderno.

Leer más…

Deja un comentario

14 agosto, 2013 · 12:23

En Marivent despachando, que es gerundio

El presidente del Gobierno mantuvo con el Rey el tradicional despacho de verano en Palma de Mallorca. No sólo es la primera frase de los teletipos sino también su titular. Podría decirse asimismo que es un planteamiento, pero también un nudo y, lo que ya es abiertamente dadaísta, un desenlace. Despachar con el Rey es una acción política de estío que los medios presentan en forma intransitiva, tautológica, inmanente, concluida en sí misma como una sentencia de Parménides o Spinoza. El ser es, dijo Parménides; cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser, dijo Spinoza; con el Rey no se despacha nada sino que sólo se despacha, en general, dicen los medios en verano. De hecho, el titular debería construirse en gerundio, forma no personal del verbo que enfatiza el hecho y desprecia al sujeto: “En Marivent despachando, que es gerundio”.

A nadie por tanto parece importarle demasiado el contenido del despacho de Don Juan Carlos cuando Mariano Rajoy se mete en él. No me refiero ahora a la rueda de prensa posterior que protagonizó Rajoy –y una rueda de prensa de Rajoy, dado lo poco que se prodiga en el género, empieza a ser noticia desde la mera formalidad de su convocatoria–, donde el presidente anunció que el Gobierno no tomaría en Gibraltar medidas ilegales y que espera que la cosa no vaya a más. Nunca está de más enterarse de que tu presidente no emprende ilegalidades a bombo y platillo, pero ustedes comprenderán que semejantes proclamas equivalen informativamente a señalar que los perros seguirán mordiendo a los niños mientras confiamos en que no se les ocurra morder también a sus padres.

Leer más…

Deja un comentario

12 agosto, 2013 · 12:40

Gibraltar para los ingleses

Mucho me temo que al final se enfríe el asunto y nos quedemos sin guerra contra Inglaterra. Hace ya demasiados años que los españoles no entramos en guerra contra Inglaterra, incluso contra nadie ajeno a nosotros mismos, y eso no puede ser sano. Inglaterra nos ganaría, por supuesto, porque a los ingleses –en boca de Churchill– sólo los vence el Real Madrid, tradicionalmente poblado de extranjeros talentosos, pero la decisión de convertir Gibraltar en el Vietnam de mi generación nos mantendría ocupados mientras termina la crisis y encontramos empleo. Una guerra thatcheriana pero a la inversa ahorraría a este Gobierno mucha vergüenza, como es la de cargar con un 60 por ciento de paro juvenil en menores de 25 años. Cuando se tiene esa edad lo más indicado es estar haciendo el amor o la guerra, y quizá ahora estemos a tiempo de desplazar a un contingente de feos a convertir La Línea de la Concepción en la Línea Maginot. Del paro a la leva, de la frustración al honor marcial: ¡menudo golpe de efecto, don Mariano!

En Europa la guerra ha estado muy mal vista en las últimas décadas, pero todas las modas son pasajeras y es de esperar que pasado el tiempo del aburrimiento y desaparecida la UEFA acabemos matándonos de nuevo entrañablemente. De momento, sin embargo, todo se ha reducido a un cruce de llamadas entre Cameron y Rajoy, y yo creo que hay pocas acciones más ignífugas, más antibelicistas, que llamar a Rajoy. Si Kim Jong-un llama a Rajoy, lo siguiente que hará al colgar el teléfono será cambiar misiles por bicicletas. Fue Rajoy el tipo que inventó el famoso refrán que reza: dos no se pelean si uno no quiere. Así que me malicio que Margallo está envidando sin cartas.

Leer más…

1 comentario

8 agosto, 2013 · 16:14