Archivo del sitio

Custodiad, escritores, vuestra torre de marfil

Ramón en su Torre de Marfil.

Ramón en su torre de marfil.

El principal problema del escritor no es la inspiración. Ni el talento innato, el argumento original o el estilo propio. Tampoco es su nivel de renta, según quiere un neomarxismo excusado en la crisis que trata de tasar últimamente a los autores como a los futbolistas. El principal problema para el escritor es una condición muy previa a todo eso y se llama intimidad. Lo decía Pla y lo sabe cualquiera que escriba con algún marchamo de profesionalismo.

Cuando decimos intimidad queremos decir tiempo y silencio, ausencia bendita de cláxones y de whatsapps de pareja, rebeldía ante la publicidad del mundo, resistencia activa al automatismo industrial de ver series, coraje para contradecir a los seres queridos y capacidad para recogerse y segregar algunas líneas de observación o imaginación. Malas o buenas, pero como mínimo personales. El primer enemigo del escritor, por tanto, es el gregarismo, y es un gigante que en la era de la reproducción instantánea, de la replicación invasiva e infinitesimal de palabras, imágenes y sonidos, parece imposible de derribar armados tan solo de adarga antigua y lanza en astillero. De papel y tinta, pantalla y teclado, lo mismo es.

Twitter es una caja de resonancia global donde resulta arduo distinguir las voces de los ecos, donde todo gregarismo halla su asiento y toda urgente banalidad hace su habitación. Los escritores de carrera ya lanzada, formados en edades sensatamente lejanas de la natividad digital, no suelen tener cuenta en Twitter, y si la tienen tuitean poco, y cuando tuitean no parecen tan preocupados por interactuar con sus seguidores como por diseminar semillas de calculada autopromoción. Lo que desde luego no hará un escritor sensato es malgastar en Twitter una idea brillante que porte el germen de un relato sorpresivo o de una columna ingeniosa. De ahí que muchos lectores se sientan decepcionados al consultar los tuits de sus escritores favoritos: solo topan con el serrín que cae de la mesa del celoso artesano. A no ser que al escritor-tuitero le sobre imaginación, y generosidad para regalar sus frutos en forma de trinos cotidianos. O puede que busque con ellos llamar la atención de los editores para que el más despierto de ellos le convierta en escritor homologado, que no es otro que quien puede permitirse el lujo de prescindir de Twitter para centrarse al fin en escribir. O puede que todo a la vez.

Sentado que la columna es un género literario, sí que encontramos en Twitter a numerosos columnistas que se comportan como activos partidarios de la red social del pajarito. Sus almas colmeneras pajarean por los altos andamios de Internet, diríamos con el poeta. La evangelización de la columna publicada esa mañana, la imposición de manos sobre los feligreses y la diatriba catecumenal contra los clérigos rivales de otras parroquias mediáticas son los usos más comunes que hace de Twitter el columnista contemporáneo. ¿Les ayuda Twitter a ser mejores escritores de columnas o reportajes? ¿Aquilata su ingenio, afila sus recursos, diversifica sus intereses, matiza su solemnidad? Mi opinión, no ya cómo ornitólogo incipiente y declarado cliente de la pajarería, sino como amigo de los pajareros y como pajarero mismo con unos pocos millares de seguidores, es que Twitter ejerce sobre el columnista una presión perversa al mismo tiempo que favorece innegablemente la popularización de su trabajo y la socialización de sus efectos, la inmediatez del retorno crítico y del aplauso edificante, la expectativa de un venial tráfico de influencias laborales y, por qué no admitirlo, el establecimiento de debates más o menos esquemáticos que alivian el tedio del escritor agraciado con dosis blindadas de intimidad.

De mi caso concreto puedo decir que sin una mediana actividad en Twitter como la que despliego desde 2011 no me habrían llegado ofertas de medios en los que hoy colaboro, ni habría accedido al trato de firmas célebres que hoy se cuentan entre mis amigos o conocidos, ni habría reeducado algunos de mis prejuicios menos firmes, ni habría descubierto algunas vetas semivírgenes del siempre proceloso temperamento nacional. Hoy opino todavía que un autor del siglo XXI, alguien que aspira a vivir de la difusión de sus productos intelectuales en la era de la telecomunicación global, debe estar en Twitter del mismo modo que un escritor de los siglos analógicos despachaba correspondencia o frecuentaba un club. La red además es gratis, instantánea y operativa.

Hasta aquí, creo, las evidentes ventajas. Sin embargo, y contra lo que cabría esperar de mis 31 años, pienso que Twitter acumula tantos quilates de panacea como de diamante había en los cristalitos con que nuestros entrañables ancestros timaban a los indios. Hay que desmitificar y racionar su uso. La adictiva red de microblogging invita con facilidad irresistible al abuso, a la pereza intelectual, al trastorno crónico de déficit de atención en adultos (aparentes), a la dilapidación del tiempo necesario para leer libros (¡o escribirlos!) y no caracteres, al acomodo convencional, a la jibarización de la lógica, a la perversión léxica, a la boutade pueril, a la alergia a lo complejo, a la confusión entre inteligencia y gracejo, al peaje chusco por un retuit, a la persecución alienante de efímera fama, al abaratamiento de los prestigios, a la igualación de las jerarquías mentales y a la irrelevancia infantil del ego en pie, en definitiva. Twitter somete al escritor a la presión fiscalizada de que el próximo texto guste a los seguidores propios o chinche suficientemente a los enemigos, lo que consolida apriorismos que terminan socavando la libertad requerida por toda escritura honesta –por esta razón ha explicado David Gistau su sonado abandono de Twitter–, y a la vez crea en el seguidor la falsa ilusión de que todos somos iguales, lo cual supone una deflación del valor de la palabra y de la misión del escritor genuino que explica con profética lucidez Ramón Gómez de la Serna, inventor del término “telecomadrismo” en sus Cartas a mí mismo de 1956, término que tan asombrosamente se ajusta al bullicio tuitero, a sus servidumbres subterráneas, sus intrigas traslúcidas y sus expectativas fraudulentas:

“Se levantan olas de comadrería y todos van envueltos y lanzados por esas olas como por una inundación. La comadrería buscar el modo de coincidir en algo con los demás y lo porteril les atrae sobre todo. ¿Quién iba a creer que ese iba a ser el motivo de unión para muchos? (…) Parece que tengo un aparato de mi invención, el telecomadrismo, que me entera de ese tacto de codos que trae algunos favores a los aproximativos y me doy cuenta de las cosas que voy a perder por no estar con ellos. Pero no importa. Yo tengo muchos caminos lejanos y estoy en los espacios libres, gozando de las gobernaciones tranquilas, sin esa espera iracunda que les cuesta la vida a ellos, estérilmente perdida al no verificarse los nuevos asaltos en pos de las gangas esperadas”.

Frente al telecomadrismo, Ramón erigió el “torremarfilismo”, una suerte de atento encierro en que debe vivir el creador, “un sensible por cada millón de insensibles, un vigía por cada millón de dormidos”, que desde su retiro interior ve las multitudes como no las ve nadie, “como el farero ve el mar”. La Torre de Marfil contra la que conspira Twitter no es más que la metáfora de la intimidad fértil que distingue al verdadero escritor, al intelectual de calado.

A Gómez de la Serna su profesión torremarfilista en época de trincheras le costó hambre, penuria y exilio. Pero le granjeó la posteridad de su literatura: la originalidad del hombre solo.

(Revista Leer, número 249, Febrero 2014)

Deja un comentario

20 febrero, 2014 · 12:43

Cita en Zugarramurdi

Fray Tomás de Torquemada: un progresista.

Fray Tomás de Torquemada: un progresista.

Amèlie Nothomb ha señalado que la Inquisición constituyó un hito progresista, pues antes de ella a las brujas se las quemaba sin proceso previo. Algo es algo. En ese sentido, las sesiones de control al Gobierno de los miércoles escenifican el mismo avance instituido por Torquemada, si bien en la hoguera democrática arden más bien las vanidades que desinhibidas señoras de Zugarramurdi. Son fuegos fatuos sin la espectacularidad del alarido poseso –como mucho el abucheo de bancada– y con las cenizas de cada ministro fénix puntualmente regeneradas para la pira de la semana que viene.

Este cronista tiene la incómoda impresión de que los verdaderos incendios se declaran en todas partes menos en el Congreso: en Suiza a cuenta de la cuenta de Granados, censor del fraude fiscal en mil tertulias; en Ceuta, a propósito del muro de las lamentaciones negras; en Andalucía, al hilo del hilo telefónico entre Moreno Bonilla y Dolores de Cospedal, apagado o fuera de cobertura en este momento; o en el Canal de Panamá, o en la Extremadura del extremoduro Monago, o en los Madriles revueltos de Espe, o en Kiev, o en Venezuela o qué sé yo. En cualquier sitio menos en el hemiciclo soberano.

La voluntariosa Soraya Rodríguez trata de paliar esta dislocación de la noticia concentrando en su pregunta semanal todos los asuntos de actualidad que pueden dañar al Gobierno. La rea de su torquemadismo sumario es tocaya, paisana y compañera de insti: Soraya Sáenz de Santamaría. Entre ambas se entabla una sorayomaquia más pirotécnica que combustible, prendida en la mañana de hoy por una traca compuesta de los siguientes petardos:

1) Molinos o gigantes. Acusación de pucherazo electoral por la voluntad autonómica de recortar el parlamento manchego en 15 diputados.
2) Gürtel. Analogía abrupta entre la trama corrupta y la mentada reforma estatutaria: «es la misma filosofía: sobres de más y escaños de menos» (sic);
3) Elegía ceutí. Se pide la dimisión del delegado del Gobierno y se formula una amenaza escalofriante: si Interior no entrega al Parlamento en 24 horas las cintas con las cinco horas de grabación de los hechos del Estrecho, este grupo parlamentario registrará ip-so fac-to una petición de demanda de amago de comisión de investigación. Ojito.
4) «¡Y además no fue penalti!», completó oficiosamente Gistau desde la tribuna de prensa.

La vicepresidenta se puso en pie, se arremangó mientras Posada trataba de apagar las teas recién encendidas y contestó solo al primer punto, que era el previsto en el orden del día. Dijo que recortar el número de diputados obedece a una demanda de ajuste que está en la calle hace tiempo. Se entiende la pataleta con que la Cámara recogió este pretexto de ahorro: no se mete uno a estudiar oposiciones si baja la tasa de reposición, y no se mete uno a medrar en un partido si le achican la boca del embudo que traga torrentes de ambición y escupe chupitos de escaños.

Leer más…

Deja un comentario

19 febrero, 2014 · 19:10

Por San Valentín, pachanga

Luka Modric, estirando antes del partido.

Luka Modric, estirando antes del partido.

Partido del amor el del Madrid contra el Getafe, partido tan ayuno de confrontación que podría haberse jugado en el prado florido de un hotel rural, escapada romántica con Luka Modric en el exacto papel de Cupido, lanzando pases delicados como flechas.

No solo San Valentín situaba el choque en las inmediaciones conceptuales de la pachanga: también los apenas 10.000 espectadores –y aseguran los zelotes del dato que esa es buena entrada para un estadio que pomposamente se presenta como Coliseo, cuando al de Vespasiano entraban 50.000 peplos–, la hora solar de la siesta o esa publicidad de congelados “Antonio y Ricardo” entrañablemente rotulada sobre el banquillo. Únicamente la demora del gol blanco habría podido alimentar alguna ilusión de competitividad, pero el ígneo Jesé no estaba por la labor de contemporizar: a la primera de cambio la metió al palo largo con el interior y entre dos defensas, suave plátano de gol. Jesé tiene clase en el remate pero aún no en el control: a veces le rebota la bola y sale disparado a enmendar una mala amortiguación como la señora del chiste debe darse un paseo hasta la acera después de aparcar. En eso es el reverso literal de Benzema, que acomoda los balones como el sofá los culos, pero al que no cabe pedirle que salga disparado hacia ningún sitio, qué ordinariez.

A Jesé se la había dado Bale, y los locutores se enzarzaron en el bizantinismo de asistencia sí o asistencia no. Yo soy muy de Gales pero hay que decir que fue lo mejor que hizo el galés, jugador que se ofusca por momentos, se perpetúa en el casi y roza el runrún de la pregunta impaciente: ¿Para cuándo un Bale que se comporte regularmente como Bale? Se le adivinan las posibilidades cada vez que avanza con el balón controlado, pero no termina de elegir bien la jugada y pasa demasiados minutos perdido en una campiña platónica, en la banda de la banda. Así las cosas, me digo: ¿Cómo sería Bale con pretemporada? Es la fantasía ciberpunk de esta hora. Falló en el 33 un jugadón de Benzema que pedía palo largo, y el francés, sabiéndolo, se mesaba su barba de moro hipster con una mezcla de rabia e indulgencia.

Para entonces ya había llegado el segundo gol tras un centro delicioso de Di María que Karim envolvió en el regazo y proyectó sin problema a la red. Está enrachado el francés pero no es suerte sino actitud: se comprobó en su reacción airada –¡casi fogosa!– a la bellaquería del árbitro en la segunda parte, cuando le mostró amarilla por quejarse de una agresión que quedó impune. Ahí se revolvió Benzema como si realmente le corriesen por las venas gotas de sangre jacobina, y tuvo que ser el mismísimo Pepe el que le apartara del lío musitándole al oído palabras de sabiduría, words of wisdom, let it be, let it be. Hay que ver lo que nos ha madurado Pepe.

Leer más…

1 comentario

17 febrero, 2014 · 14:41

Sin César no es lo mismo

Publicidad al gudari modo.

La publicidad al gudari modo.

Una sesión de control al Gobierno consta en la España actual de cuatro momentos verdaderamente reseñables: la esgrima más o menos sedosa entre Rajoy y Rubalcaba, la sorayomaquia o riña de Sorayas, el aria de Gallardón frente al coro de bacantes y el numantinismo de Wert contra los paladines del krausismo, tengan un Goya o no. Rajoy está en Turquía y para Wert no hubo preguntas de la oposición –preguntas a pillar, que son las que dan juego–, así que el espectáculo, privado de dos de sus highlights, quedó deslucido, poco seductor para grandes anunciantes, diríamos. Si en la tribuna de invitados se encontraba algún promotor de la Superbowl, pueden ustedes apostar a que salió corriendo y no paró hasta Gamonal.

No se censuró ningún spot publicitario de Scarlett Johansson pero a cambio Jesús Posada reprobó la cartelería proetarra de los muchachos de Amaiur, que llevaban quizá demasiado tiempo sentados en silencio y cualquiera corría el peligro de confundirlos con diputados. Cuando uno de los amaiurenses, período antecessor, entregó un sobre a Soraya Sáenz de Santamaría justo antes de comenzar la sesión, el presidente del Congreso le espetó a la vice sobre el micrófono abierto: “¡Tíralo, tíralo, coño!” Destapó así Posada una íntima vocación de guardaespaldas que olfateara ántrax, si no químico, al menos ideológico o protocolario.

Para colmo, la escasa expectación que levantaba el partido la mató Sáenz de Santamaría en los primeros minutos, igual que Cristiano contra el Atleti, y que Dios me perdone el parangón. Soraya Rodríguez le dirigió una de esas preguntas-baúl de la Piquer en que cabe de todo: el tren de la libertad abortista, el elitismo de la derecha, el oprobio derramado sobre los actores por la ausencia goyesca de Wert, el consiguiente símil de la Pascua militar y al fin la lucha de clases reloaded por obra nefanda de un Ejecutivo de señoritos que habría restringido el acceso a las becas para que los niños pijos paladearan en exclusiva las mieles del Erasmus. Como si los niños de papá las necesitaran. La vice vio bajar el balón suavemente, arqueó el cuerpo y remató sonoramente con un recurso que no le habíamos visto todavía:

–A usted, señora Rodríguez, la demagogia diaria se la desmiente la vida misma. Le recuerdo que usted y yo hemos estudiado en un instituto público, y no en cualquiera: en el mismo.

No cayó en el error de apostillar “y ahora compare trayectorias”, pero todo el mundo lo entendió perfectamente. Es lo que tiene jugar la baza del clasismo si no estás seguro de que el otro chorrea sangre azul.

Leer más…

Deja un comentario

12 febrero, 2014 · 20:12

Tres validos para el rey Cristiano

A falta del rey, Cristiano, brotó la ambición de los validos: BaleJesé y hasta Benzema, quien contra el Villarreal llevó la eficacia y la finura a los socorridos terrenos del sinónimo. Se ha repetido mucho lo alargado de la sombra de Ronaldo y aun así no lo suficiente, porque uno mide mejor la influencia del coloso luso cuando falta; pero no porque el equipo se resienta, sino sobre todo porque responde con ese aparato de tímido desinhibido, deseoso de reivindicación.

En Bale y en Benzema hay dos tímidos forzosos a la sombra de Cristiano, y en Jesé unos versos de Calderón: “En llegando a esta pasión, / un volcán, un Etna hecho, / quisiera sacar del pecho / pedazos del corazón”. Al fin y al cabo el chico proviene de la tierra negra del Teide. El primero en explotar, sin embargo, fue el galés. A los cinco minutos robó un balón a dos defensas del Villarreal que se pararon inoportunamente a discutir sobre la declaración de la Infanta y el balón acabó en la red tras suave vaselina. El buen Gareth no se conformó con eso y completó una formidable primera parte a base de internadas, pases de la muerte a Benzema en el segundo gol, disparo lejano, desborde real, desborde fingido, paredes y hasta centros inverosímiles, cubistas, con el exterior zurdo desde la banda derecha: una refutación caprichosa de la doctrina de la pierna cambiada, en la misma línea de pensamiento heterodoxo que las rabonas de Di María.

De Bale se apunta siempre su explosividad, pero lo cierto es que la mayoría de las veces avanza por su carril con pausa y con la bola no escondida sino ofrecida al defensor como una muleta. El defensa se cree que trama algo y no sabe si entrar o qué, de modo que la decisión final de Gareth se acaba beneficiando más del desconcierto intelectual ajeno que de la velocidad propia. Si hay algo más eficaz que ser un extremo imparable es parecerlo.

Jesé, viendo aquello, se encendió y quiso dar la réplica desde el carril simétrico. Se entendía bien con Di María –tacón va, rabona viene–, quien cumplió una vez más con su doble papel creativo y burocrático; a veces hace la de Raúl corriendo a presionar arriba como alma que lleva no Ginés Carvajal sino el diablo, con la diferencia de que el argentino sí que llega. En el medio descansaba Alonso y sumaba horas de vuelo Illarramendi, con lo que la presencia y el equilibrio no eran precisamente los mismos que contra el Atleti. No fue un partido equilibrado, la verdad, y para colmo se lesionaron uno detrás de otro Marcelo y Coentrao. Tuvo que salir Arbeloa, con la aprensión de Howard Carter tras ver caer a otros egiptólogos en la tumba maldita de Tuntankamón, que equivaldría a la posición de lateral izquierdo del Real Madrid. Menos mal que está Modric, que es tan imprescindible como una pija en una fiesta, y que justamente se deshace de los contrarios con la facilidad gestual con que las pijas disuaden a los rijosos desde el centro de la pista. Va tan sobrado Lukita que a veces controla el balón pisándolo, como en futbito, y otras rebotándolo en direcciones imprevisibles, como en rugby.

Leer más…

Deja un comentario

9 febrero, 2014 · 14:04

La madurez de Pepe

Costa no marcó. Pepe sí.

Costa no marcó. Pepe sí.

Del dulce momento que atraviesa el Madrid solemos destacar las estadísticas goleadoras, la facilidad de este equipo para llegar al área y perforar las defensas más numantinas. Nadie mete tantos goles ni da tantas asistencias como el Madrid. Y desde luego ninguna plantilla posee tantas variables en ataque ni a tantos hombres bendecidos con el instinto de gol. Así es y así debe ser, porque si otros prefieren ser recordados por el número de rondos en los que participaron, al jugador del Madrid se le ha reivindicado siempre por la cantidad o la calidad de sus goles.

Sin embargo, el buen aficionado sabe que el primer factor del éxito en la alta competición es la defensa. De lo que más orgulloso se siente Ancelotti hoy no es de la famosa BBC, porque Cristiano, Benzema y Bale no necesitan demasiadas lecciones para hacer bien su trabajo, sino de que sus centrales hayan cerrado la puerta trasera por la que se colaban demasiados intrusos en la primera parte del campeonato. Y gran parte de ese mérito corresponde a Pepe, que no solo ha recuperado su mejor estado de forma sino que también parece haber alcanzado una madurez de la que nos sentimos orgullosos como el hermano mayor de un chaval especialmente travieso que acabó encadenando sobresalientes.

Pepe es hoy uno de los mejores centrales de Europa porque a su generoso despliegue físico suma una sobriedad nueva, eficaz, concentrada en lo esencial. Su presencia siempre fue temible para los delanteros, pero es que él mismo se ocupaba de fomentar una leyenda licántropa como la de Romasanta. Ahora los delanteros no le evitan por temor, que también, sino porque saben que por ahí no van a pasar. Pepe no pierde la posición, anda seguro en el juego aéreo, está atento a las ayudas, sale rápido al corte, presiente los pases del rival para ejecutar sus célebres anticipaciones y no añade más agresividad a los uno contra uno que la estrictamente constitucional. Pero cuando el partido se pone bélico, como quiso el Atleti, Pepe tampoco ha olvidado cómo sobrevivir en el frente. Que se lo digan a Diego Costa, que no solo no pudo marcar sino que tuvo que ver cómo marcaba su némesis.

Durante la era Mourinho, Pepe fue el termómetro humano que marcó la fiebre competitiva que necesitaba el quipo para hacer frente al mejor Barça. Contra los azulgrana hizo sus mejores partidos, en especial aquella final de Copa que remató otro portugués, y también sufrió el puro prejuicio arbitral. Pepe fue excesivo en lo necesario y a veces también en lo superfluo.

Todo aquello pasó como una militancia de adolescencia, y para demostrarlo hasta se ha dejado crecer una melena afro, mullida y desenfadada, con la que yo sospecho que acolcha mejor el balón. El Pepe de hoy es el mejor de los Pepes porque se ha instalado en la madurez sin perder un ápice de fiereza. Con Pepe de encargado de seguridad, el público del teatro puede despreocuparse y disfrutar de la función.

(La Lupa, Real Madrid TV, 7 de febrero de 2014)

Deja un comentario

7 febrero, 2014 · 20:00

El PP y Faulkner

La cocina del CIS, pese a todo lo que se dice, no alcanza el grado de artificio de un doctorado de Rahola o un acta de Ayza Gámez. Cuando yo mismo empezaba a creer que la existencia de tales encuestados era una exageración, un día del pasado enero llamaron a la puerta de casa de mi novia y la amable señora del umbral se presentó como enviada por el mismísimo Centro de Investigaciones Sociológicas.

En ese momento yo estaba en la ducha. Como no estoy acostumbrado a poner nota al Gobierno en pelotas salvo cuando escribo en verano, la encuesta se la hicieron a mi novia, que se mostró muy cicatera en la valoración del equipo de don Mariano a excepción de Soraya, a quien mi novia llama “Sorayita” y por la que siente una positiva admiración de género. Le puso una nota inconcebiblemente alta. Completado el interrogatorio la encuestadora se marchó a otro bloque de pisos, arguyendo que debe observar un complejo criterio de selección geográfica para garantizar la representatividad de la muestra. Ya solo me falta conocer al depositario de un audímetro para darle un vuelco completo a mi escepticismo vital.

Por las razones expuestas, netamente autobiográficas, tiendo a concederle más crédito a este sondeo que a los anteriores so pena de bronca de pareja. El PP arroja el peor dato desde que llegó al poder, pero es que el PSOE cae otro poquito más, no se sabe ya desde dónde, aunque el voto del cabreo –a quién votaría usted mañana mismo– es para los socialistas (¡la intención es lo que cuenta, Alfredo!). Los clásicos recientes del CIS se mantienen: IU y UPyD suben, todos odian a Wert y a Gallardón, y Rosa Díez es la líder más valorada desde Aníbal, cuyos elefantes barritaban como doña Rosa en sesión parlamentaria. El CIS es generoso con Artur Mas y con Iñigo Urkullu, a cuyas respectivas formaciones aleja mínimamente de las zarpas jacobinas de ERC y Bildu. Cañete es el más valorado, y no solo por la perfección decimonónica de su barba sino porque la gente considera que es el único que se dedica a algo tangible: la agricultura, las cosas de comer. Vox aún no cosecha reacciones en esta encuesta pero a cambio tiene la de El Gato al Agua, donde Vox se hace el solitario en las trampas.

Leer más…

Deja un comentario

6 febrero, 2014 · 12:50

San Mamés resiste la romanización

El Barça perdió porque le afectó mucho la muerte de Luis –al fin y al cabo inventó el tikitaka– y el Atleti ganó porque se lo debía a Luis. El Madrid no aclaró sus sentimientos respecto de Luis y acabó empatando.

Los sentimientos son importantes sobre todo cuando se juega en San Mamés. El sentimiento es una tara evolutiva que afecta al sapiens sapiens –a unos más que a otros– y que normalmente justifica sus peores decisiones. Pero nunca se puede subestimar el sentimiento, sea el de un árbitro mezquino, sea el de una grada hostil que animó unánime a su equipo-nación bajo una gran txapela espiritual, omnímoda e intimidatoria como la nave de Independence Day. Nunca mejor dicho.

Pero el Real Madrid no empató por el árbitro sino por un golazo indefendible de Ibai Gómez, que voleó el rechace de una falta como se volea contra el frontón, con toda su alma vizcaína. El alma normalmente envía esos disparos al osito del Guggenheim, pero esta vez lo envió al palo cruzado de Diego López con una linealidad sin dobleces. Un gol muy vasco y muy hermoso. Hay madridistas que andan rezongando por el resultado porque se descontaba el adelantamiento al Barça, y que se enojan con el buen Carletto por sustituir a Jesé y por demorar demasiado los cambios con un empate en el marcador. Pero Carletto estaba defendiendo su punto con un equipo confundido y en minoría, y hoy el Madrid sacó un empate que le deja a tres puntitos del liderato y una imagen de seriedad nada desdeñable en el primer partido exigente del año. Tensión competitiva contra doping sentimental (nada que ver con Gurpegui) igual a empate.

Carletto por tanto no es un italiano sentimental, operístico, sino pragmático, y eso a mí me da confianza porque alguien tiene que pensar en la comida mientras la afición llena cántaros con tripletes. Piano, piano, señores. El Madrid encara la temporada de verdad y el Athletic Club hizo un partido de un compromiso extenuante, intenso, rico en calorías de contacto y jarabe de choque que fundamentan la dieta local desde los primeros intentos de romanización. La causa de que Cristiano cayera en la provocación, cuando nunca lo hace por más que le buscan, debe buscarse en el comportamiento aizkolari de los aborígenes, que se figuraron maderos tiernos en el lugar de tibias lusas y actuaron en consecuencia durante todo el partido. Benzema dejó claro que no es francés de la parte de Iparralde y miraba las esquirlas que saltaban a su alrededor como el noble contempla un linchamiento popular tras los visillos de palacio. Hasta Ramos parecía frágil.

Leer más…

1 comentario

3 febrero, 2014 · 14:35