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Ovejas eléctricas en el Congreso

Distopía parlamentaria.

Distopía parlamentaria.

Blade Runner ha quedado como la distopía más verosímil para un Occidente hiperdesarrollado, con su atmósfera de hollín, sus replicantes líricos, su humedad ácida, sus ovejas eléctricas soñadas por androides sin escaño. Pero uno se inclinaba a pensar en los gordos satisfechos y motorizados de Wall-e como el futuro más esperable, futuro que se producirá tras la derrota final de los gimnasios y la victoria silenciosa de los triglicéridos y la tecnología. Hasta hoy. Porque hoy, un día después del multitudinario debate sobre el Tabarrón Catalán, el hemiciclo comparecía comido de calvas, sin fotógrafos, sin reporteros, sin apenas diputados; y este cronista, únicamente acompañado en la tribuna de prensa por una ujier rubicunda, experimentó una visión de la distopía más plausible en democracia: un pequeño hemiciclo urbano con portavoces hablando de Europa en idioma de signos y una multitud popular, pastoreada por personal shoppers, derramándose sobre plazas y comercios y locales de apuestas deportivas, felizmente ajena al destino de sus impuestos.

Del escalofriante ensueño vino a socorrerme la voz familiar de Mariano Rajoy. En estos plenos rutinarios que siguen a un gran evento político, sobre todo en los infumables partes del Consejo Europeo, sabedor de que nadie le presta demasiada atención el presidente gallego suele pinchar en el tocadiscos de la tribuna de oradores la cara B de su retórica personal: sus psicofonías más campechanas, tautológicas y geniales: “Si usted, señor Cayo Lara, estuviera en mi lugar, se mostraría razonablemente satisfecho. Y si yo estuviera en el suyo, me mostraría razonablemente insatisfecho”. O bien: “Usted habla mucho de Asturias, y es muy natural, puesto que es asturiano y es diputado por esa circunscripción”. Y también: “No diga lo que yo no he dicho, porque yo digo exactamente lo que he dicho”. Y en este plan. Yo miraba a los lados para compartir mi admiración con algún compañero, pero la ujier rubicunda se estudiaba las uñas.

La noticia era Cañete –nunca una novedad fue tan rebajada por el rumor antes de su oficialización–, quien aparecía en su escaño volcado sobre un tomazo de folios, supongo que los papeles para el exilio. Dulce exilio, en su caso. La primera pregunta de la sesión de control la hizo Rosa Díez sobre sus bailarinas azul eléctrico a juego con el vestido (¡y su prosodia!): versó sobre pobreza infantil y aparejaba una queja por el trato que don Mariano había dispensado a la líder de UPyD en el Debate del Estado de la Nación. Rajoy obvió lo segundo y respondió a lo primero con una cascada de millones de euros para partidas sociales que combatan “la cara amarga de la crisis”. La cara amarga de la crisis es el nuevo marco incomparable, que a su vez sustituyó al crisol de culturas edificado sobre la fiesta de la democracia. A este abuso del tópico adscribimos la cara A de la oratoria presidencial: la menos interesante y divertida.

Don Cayo y don Mariano oficiaron una dialéctica trinitaria a cuenta de la desigualdad social y la reforma tributaria. Rajoy aseguraba que esta próxima reforma persigue tres cosas: empleo, lucha contra el fraude y equidad recaudatoria. Pero el portavoz de IU contratacaba con la trinidad reivindicativa de las llamadas Marchas por la Dignidad: pan, techo y trabajo. Va uno aprendiendo que esto de la economía guarda una relación cada vez más estrecha con la teología, no solo porque se ocupa de entidades trimembres (tierra-capital-trabajo, producción-mercado-consumo, Padre-Hijo-Espíritu Santo y así) sino porque además exige notables cantidades de fe para su desarrollo. Al final a Lara se le escapó una sentencia maravillosa que nos lo acerca a Peppone, el alcalde comunista que anda siempre cordialmente peleado con Don Camilo en las novelas de Guareschi: “Usted y yo, señor Rajoy, coincidimos en la filosofía, pero no en la práctica”.

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9 abril, 2014 · 20:58

Una patria de azúcar

La terna de Mas para enseñar democracia en Madrit.

La terna de Mas para enseñar democracia en Madrit.

Pocas veces habrá levantado tanta expectación una comedia con final anunciado. Por eso me había prometido levantarme de la tribuna de prensa a las 17.14 exactamente, en correspondencia poética a la pretensión independentista. Y fue en ese preciso momento cuando Mariano Rajoy, que se encontraba a mitad de su discurso de réplica a los tres comisionados del Parlament, advirtió:

–Y aquí, señorías, podría acabar mi intervención. Pero como les he dicho al principio, quiero ir más allá…

Habría sido ese un gran final, ceñido a la simbología cronológica que propone el nacionalismo, dejar que el discurso muriera tras cumplir su propósito vehicular: repetir que la purita ley impide, aquí y en la China popular, que la parte decida por el todo. Pero ya que había accedido a hablar, con lo que le cuesta eso, el presidente Rajoy quiso añadir consideraciones históricas, económicas, sociales e incluso afectivas sobre su imposibilidad de concebir España sin Cataluña y Cataluña sin España… y sin Europa.

En el hemiciclo no cabía un alma. A mi lado en la tribuna de prensa comparecía una delegación de diputados venidos de Cataluña sin necesidad de escolta para apoyar a su equipo pese a que el partido ya se había jugado: en concreto en 1978. Cuando el 90,4% de los catalanes votó a favor de la Constitución en su más genuino ejercicio de autodeterminación, según hizo notar Rajoy. Tomó primero la palabra Jordi Turull (¿Tururull?), que fue el más moderado de la terna dentro del disparate general que se oficiaba esta tarde en la sede de la soberanía española. Turull quiso cargarse de legitimidad apelando a los 103 de 135 escaños que obtuvo el proyecto suicida en noviembre de 2012, y evocando después el viscoso concepto de democracia popular: las masas diadas y su festivo juego floral. Cataluña, dijo, es un pueblo que siempre ha querido gobernarse a sí mismo, que siempre se ha sentido una nación, una de las más antiguas del mundo según Pablo Casals –y Pep Guardiola–, que nunca se ha resignado y que ahora contempla cómo una sensación de fatiga mutua se ha instalado definitivamente en Barcelona y en Madrid. Esto último, la fatiga que nos provoca a todos el Tabarrón Catalán, fue la primera verdad de su intervención, quizá la única. Luego Turull destapó el tarro de la esencia argumental que traía la terna o troika secesionista a la Carrera de San Jerónimo: el almíbar. La identidad como encarnizamiento sentimental. La vuelta rousseauniana a la aldea. El complejo de concejal perpetuo.

–Queremos mejorar porque amamos a este pueblo, y lo amamos porque es el nuestro. No desistiremos. El pueblo de Cataluña no se ha metido en un callejón sin salida sino en un camino sin retorno. La historia nos ha convocado a todos. ¡Desde el Parlament seremos dignos del mandato de nuestro pueblo!

Y gran aplauso a mi derecha de la delegación de les Corts. Jesús Posada reconvino su efusividad y les avisó de que en la tribuna de invitados no está permitido ni mostrar las tetas ni ofrendar otros testimonios de aprobación o descontento. Me fijé en una diputada con amago de llanto en el lacrimal que se frotó los ojos, emocionada. He ahí el hueso pálido, la víscera más bien, de todo este pifostio insensato, fenomenal farsa, anacronismo mareante. La misma lógica del cortatroncos que le oí al speaker de un campeonato de aizkolaris celebrado en el Arenal de Bilbao durante un Aste Nagusia:

–¡Tenemos que defender estos deportes! ¿Por qué? ¡Porque son nuestros!

Pero oiga, en Europa nadie compite cortando troncos ya. ¡Da igual, es nuestro! Y en este plan. Españoleo eterno con más franjas rojigualdas, nada más. Romanticismo tardío, pulsión decimonónica que no cesa, vigencia antiilustrada de las doctrinas del señor Herder que llevaron a Europa al desastre. Y junto al sentimentalismo grosero, sus primos hermanos: el moralismo, el paternalismo, la fabulación retrospectiva, el mesianismo comprado en los chinos que te vende a Gandhi y te da a Quico Homs, acodado sobre el reloj parlamentario. Nosotros, diputados del Parlament, peregrinamos limpiamente a la Meseta esteparia para ilustraros, para desasnaros un poco y podaros la lana facha de la dehesa, para iniciaros en esto de la democracia, que parece mentira, Señor, dame paciencia, seny mediterráneo. Y no es que las actuales bancadas de PP y PSOE reúnan muchas más lecturas que los rupturistas, pero al menos poseen mayor sentido del ridículo, ese que Pla siempre ponderó en la raza catalana y que parece haber naufragado entre pícaros y milhombres. Hoy, los sedicentes representantes de la vieja y admirable Cataluña han degenerado en pueriles Hansel y Gretel que aspiran a vivir en su patria de caramelo, que la cimientan sobre bases cariadas y que la defienden con fundamentos dialécticos nubosos y suaves como algodón rosa de verbena.

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9 abril, 2014 · 10:00

Elogio y refutación de la naturalidad

No lo celebró por modestia.

No lo celebró por modestia.

Los menonitas constituyen una rama pacifista y trinitaria de la herejía anabaptista que se estableció en Pensilvania en 1683 huyendo de la persecución religiosa en Europa, donde no se consentía su reformismo radical. De una rama suiza de los menonitas surgieron los amish, que ustedes conocerán por su terca oposición a vestir de chándal, comer en el Cien Montaditos y encarnizarse en luchas melancólicas contra operadoras sudamericanas de telefonía móvil. Tampoco hubo forma de que se avinieran a pelea alguna, de la Gran Guerra a Vietnam, razón por la cual Stalin, más conocido como Koba o Estanli, disfrutaba deportándolos a Siberia.

Bajo la actual ola de verdor entre Disney y New Age que sacude al primer mundo, los menonitas comienzan a ser vistos con manifiesta admiración por su forma de vida extremosamente natural. No es que no consuman huevos ecológicos: es que duermen con la gallina en el cuarto, cuyas paredes de madera han levantado con sus manos desnudas, y cuyo sudor se han secado en las enaguas. Y en todo caso, ¿no pertenecen las enaguas, los establos, el pastel de carne a la historia tecnológica del hombre tan propiamente como el iPhone o la crema contra el herpes? La cuestión es dónde fijas el punto de estancamiento, pero el siglo XVII resulta tan poco natural respecto del primer sapiens sapiens como el XXI.

Sin embargo, yo os pregunto: ¿de dónde procede el prestigio de lo natural? Y sobre todo: ¿está justificado? Recuerdo que un verano, encontrándome por trabajo en la playa nudista de Sopelana, escribí contra el nudismo una columna de contraportada que provocó enconadísimas –silvestres, ciertamente– reacciones en mi blog. Todas las críticas participaban del mismo argumento pueril: ir en pelotas es lo más natural del mundo. Mi opinión, revolucionaria si queréis, carecía de cualquier escrúpulo moralista y se limitaba a alzar los ojos fuera de Sopelana y a señalar que lo natural parece más bien vestirse, al menos desde el episodio de la serpiente y la manzana del Génesis, y desde luego por el bien de la Mercedes Fashion Week, Amancio Ortega y toda una pujante industria del trapo.

¿Es natural que un equipo como el Bilbao se componga exclusivamente de jugadores vascos? No importa si son ocho apellidos o dieciséis: si sigues remontándote en la genealogía acabarás topando con un López. ¿Es bueno pretender lo natural? No está nada claro. En los nidos de búho en que cohabitan dos crías suele ocurrir que la más fuerte acapare todo el alimento aun cuando sepa que así condena a su hermano débil a morir de hambre, todo bajo la mirada neutral de los padres; lo peor es que en esos casos la cría más fuerte suele morir literalmente atragantada, ahogada por el bolo alimenticio que no pudo ingerir con tal de no verlo en el pico lánguido de su hermano hambriento. Las arañas de cierta especie segregan al nacer una droga que atonta a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias recién nacidas. La naturaleza, lo natural puro (el liberalismo sin regulación, diríamos con los tertulianos de progreso), está inconcebiblemente lleno de estos ejemplos atroces que nos hacen desear la técnica, la urbe, el artificio con la rotundidad de Baudelaire en su Elogio del maquillaje (1863): “Todo lo bello y noble es el resultado de la razón y el cálculo. Lo que da la naturaleza es horrible”.

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7 abril, 2014 · 12:31

Venganza bajo la lluvia

Chupar también es un arte.

Chupar también es un arte.

Tenía que quedarse ahí el marcador, en el exacto 3-0 que colocó con clase Ronaldo tras asistencia traviesa de Modric. Porque ese era el resultado que el Madrid necesitó el año pasado en el Bernabéu y no consiguió, y el que debía ofrendar a la memoria blanca para consumar su venganza con aguacero, canon climático de la venganza desde William Munny. El Real en semis salvo avance de Putin o cosa similar. Hay vuelta en el temible Westfalenstadion, Florida Park o como se llame ahora, pero este Borussia ya no mete el mismo miedo.

Y eso es exactamente lo que repetirán viudas de toda índole y robinsones de toda isla para desmerecer la contundente imagen ofrecida por un Madrid con la enfermería a rebosar de cojos, tullidos y un argentino con dolor de panza. La enfermería del Madrid es hoy por hoy un cuadro de Ribera y yo creo que va siendo hora de inventar otra enfermedad-pantalla que la socorrida y gastada gastroenteritis. Lo importante es que el Madrid sacó la actitud, subió la temperatura competitiva al alto grado que marcan las ingles de Pepe y mandó en el partido de principio a fin.

Isco debía dar el paso y lo dio. De hecho dio demasiados por momentos, la bola sorbida codiciosamente como queriendo resarcirse de muchas suplencias en una sola conducción, pero todos sabemos que el panteón de la fama está lleno de chupones. Lanzó ataques constantes, enlazó con Luka por detrás y por delante con una BBC que planeaba permutándose las posiciones y se fabricó el hueco preciso para trazar un disparo inteligente desde la frontal hasta el palo más lejano a Weidenfeller. Fue el segundo del Madrid: el primero lo había marcado Bale en el minuto tres a pase de un meritorio Carvajal, que jugó el mismo buen partido que la entera línea de zaga, con mención especial a Coentrao aparte de Pepe. ¿Deberemos agradecer también la rotura de los isquiotibiales de Marcelo? Eso es pasarse, pero desde luego con el lateral luso no hay lugar a las puertas herméticamente abiertas que a veces deja la alegría brasileña.

Lo que no vale es decir cuando la paliza al Rayo que esos huevos hay que tenerlos contra el Borussia y ahora destapar que los chicos de Klopp son una recua de mataos y que aquellos que no se ha llevado Pep ahora fuman en los baños. No, no. El Madrid anuló cualquier peligro alemán –ahí es nada, anular el peligro alemán– hasta muy avanzado el partido, y los dos disparos que no paró Pepe con alguna extremidad legítima los paró Casillas para riego de su propia maceta, llena de flores europeas.

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3 abril, 2014 · 1:31

La homilía performativa de don Rouco

Acto performativo del lenguaje.

Acto performativo del lenguaje.

Y entonces el cardenal decidió añadir el sintagma de la discordia: “… y que la pueden causar”. Se refería a la guerra civil, no como concepto discutido y discutible sino como realidad producida y reproducible, y en el torpe deslizamiento semántico hacia este segundo adjetivo todo el sermón se le despeñó por la pendiente vertiginosa de la hipérbole. Y los españoles, pastoreados por el nuevo mester de clerecía que integran teletipistas astutos y tertulianos de ancha vestidura, corrieron a cumplir la infalible sentencia de Foxá: “Los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”.

Si Foxá no exageraba en un sentido literal, quizá Rouco tampoco en un sentido figurado, a jugar por las inflamadas reacciones a su polémico sintagma. ¿Hipérbole? No tan rápido, españoles. El filósofo del lenguaje John Langshaw Austin tipificó en su conocida teoría de los actos del habla una modalidad lingüística a la que llamó performativa, y a la que definió por su fascinante poder de causar aquello que nombra en el momento mismo en que lo nombra. Si un cura católico, explicaba Austin, pronuncia en las circunstancias apropiadas la frase “Yo te bautizo”, no simplemente estará pronunciando una fórmula ritual sino que estará introduciendo a una nueva oveja en el rebaño de Dios. El lenguaje performativo es por tanto la modalidad adecuada a toda liturgia, pero no solo a la religiosa sino también a la judicial –yo, Pablo Ruz, condeno al Barça a pagar tanto dinero escamoteado a la caja pública, por ejemplo–, o incluso a la afectiva: “Te perdono, Palomita, pero no me los vuelvas a poner”. Desde ese mismo instante, el Barça sería (no más que) un club condenado y Paloma una casquivana novia redimida por obra y gracia del puro lenguaje.

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2 abril, 2014 · 8:24

Palizas sin calorías

El coloso de Cardiff.

El coloso de Cardiff.

La reforma moral de la grada del Bernabéu es un proyecto hermoso porque es estrictamente irrealizable. Será una de los pocos alardes de genuino romanticismo al que pueda entregarse cualquier madridista tribal o en solitario. Es cierto que Byron cruzó a nado el Helesponto pese a la deformidad congénita de sus pies, pero su hazaña no sirvió a la independencia de Grecia. Hoy Grecia pertenece a Alemania y las gradas del Bernabéu –que hoy vieron un 5-0 y se vaciaron mucho antes de verlo entero y pitaron a Diego López, a Cristiano y a Benzema– pertenecen al alma mesocrática, ternurista e invencible del pipero español, categoría eterna contra la que ya se estrelló Alonso Quijano. ¿Pasó Rust Cohle por Chamartín? ¿Se le reveló allí el secreto de la misantropía? Ya que la reforma moral del Bernabéu no es posible, Florentino Pérez, con pragmatismo, impulsa la reforma urbanística.

El resultado, digámoslo todo, engaña. Apalizar al Rayo de Paco Jémez es como pegar al Dalai Lama y no sirve como termómetro de recuperación anímica, como el crecimiento de las exportaciones no vale para medir la recuperación económica. Hasta el segundo gol, de hecho, el equipo blanco exhibió las mismas dudas que ante Barcelona y Sevilla; la herida, a qué ocultarlo, ha sido profunda. El orgullo podría sanarla en un día, pero de momento el Madrid no lo encuentra dentro de sí y necesitará un pinchazo de sus rivales para enchufarse de veras a la esperanza. La persistencia de la épica culé –penalti y expulsión– no ayuda.

En todo caso se merodeó el área rayista desde el minuto cinco. Illarra quiso ser Modric por momentos pero sus pases al hueco resultan aún de una timidez enternecedora. Xabi recibió algunos gritos de don Carlo motivados supuse por su querencia a las tablas. Pero a cambio están Di María y Bale. Fuera de Suárez no hay otro hombre que simbolice mejor la transición que el galés: va del medio a la banda, de la banda al medio, de la carrera al frenazo, de la asistencia al gol, del poderío a la caricatura también. Ejecuta la pared y el disparo con la suficiencia con que Roddick hacía su tenis de saque y volea. Cambia de ritmo como Butragueño (como dos Butragueños, uno encima de otro). Metió un gol de rematador, otro de fondista para el que partió desde el punto en que Lasa vio al portero adelantado y asistió a Ronaldo con una pausa exquisita, incoherente casi con su potencia. También falló, claro, como falló Benzema, y esta es la parte que nos desespera al pensar en Dortmund.

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30 marzo, 2014 · 14:03

Almas bellas vs. policía

El "Lorca" que le hicieron a Pasolini.

El «Lorca» que le hicieron a Pasolini.

Pier Paolo Pasolini nació de teniente y campesina, combatió a los nazis y fue capturado en campaña, se afilió al Partido Comunista y le expulsaron bajo acusación de una homosexualidad incontinente que pervertía a los cándidos cachorros de Gramsci. Todo ello sin dejar de declararse cristiano. Dando tumbos siempre personalísimos acabó en el cine, donde continuó haciendo travesuras. Era un tipo difícil de alinear. Por eso volvió a sorprender a la intelligentsia la postura antigregaria, insobornable, de una coherencia ofensiva, que Pasolini adoptó durante los disturbios del mayo del 68:

–Todo el mundo se pone de parte de los estudiantes, pero yo voy con los policías, porque yo siempre estaré del lado del proletariado.

A los guevaritas de bate y cantazo que salieron a cazar maderos el sábado por la noche no se les podrá gritar, ciertamente, lo que Ionesco a los pijiprogres del mayo francés:

–¿Adónde vais, insensatos? ¡Mañana seréis todos notarios!

Lamentablemente, para llegar a notario y disfrutar de los placeres bien ganados de la condición burguesa se precisa una porción fértil de cerebro que no encontrarán las ondas P300 del escáner neuronal en las mentes vírgenes de los pobres milicianos que le pusieron al 22-M el consabido broche de la violencia criminal con coartada política.

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28 marzo, 2014 · 12:38

El rock de la cárcel

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

La tentación obvia para un madridista esta noche es vender a Cristiano y a Bale, echar a Ancelotti, raptar a Florentino por todo su dinero y donarlo (su dinero, no a Florentino) a la Fundación Vicente Ferrer que opera en la India; y, de paso que estamos allí, reclutar de entre los basureros de la casta intocable a un selecto ramillete de jóvenes humildes y sanos que quieran integrar la primera plantilla del Real Madrid Club de Fútbol, a poder ser con pinta de tener pegada.

La santa pegada, hay que joderse. Porque la pura verdad de la crónica de este partido, más allá de una gestión miope desde el banquillo, de una cachaza inquietante en la defensa, de una lentitud lacerante en el medio, de una puntería regional en la delantera, la pura verdad, señores, es que el Madrid tiró 26 veces a puerta y el Sevilla dos. Resultado: 2-1.

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27 marzo, 2014 · 13:14