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Dickens en Madrid

Odegaard sabe elegir.

Odegaard sabe elegir.

Me sorprendió un titular innecesariamente sádico de un diario deportivo catalán: «Lucas Silva también fue ofrecido al Barça». Yo no creo que haya derecho a recordar estas cosas al aficionado propio, como no lo habría a que un periódico colchonero titulara, el pasado 25 de mayo: «La Copa de Europa fue ofrecida al Atleti hasta el minuto 92».

Quiero decir que, si una de las grandezas del fútbol es que fabrica sueños, la otra es que consagra realidades. Resultados, o sea. Podemos entregarnos a la bella nostalgia del casi en los bares donde se reúnen peñas memoriosas, pero al final la gloria de tu equipo se cimienta en un palmarés. Lo tienes o no. Has fichado a Odegaard y a Lucas Silva o no. Y sobre todo: los has fichado con arreglo a la ley o bien te ha caído encima el zas del TAS.

Porque la llaga que tocaba aquel titular se ensancha si tenemos en cuenta que Lucas Silva no pudo ir este invierno al Barça aunque hubiera querido -que tampoco fue el caso- sencillamente porque la ley no lo permite. El Barça, con su prohibición de fichar, está purgando ciertos modos estrepitosos de irrumpir en el dickensiano jardín de infancia del fútbol mundial, y si hay quien quiere que la culpa sea compartida por el Real Madrid y se ha aplicado con entusiasmo a la tarea, no es menos cierto que el club blanco ha levantado las manos y ha pedido ya que le registren con un comunicado ilegible de tan exhaustivo. Mi sereno deseo es que prosigan las indagaciones y que triunfe la luz sobre las tinieblas.

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2 febrero, 2015 · 11:39

Entrevista en Neupic

[Agradezco a Alfonso Basallo esta larga, por momentos mordaz, y siempre grata entrevista que me hace para Neupic. Su generoso interés por mis opiniones resulta a todos luces desmedido]
 
Hughes, Bustos, Ignacio Ruiz Quintano y Manuel Jabois.

Hughes, Bustos, Ignacio Ruiz Quintano y Manuel Jabois.

Acaba de fichar por El Mundo, donde se estrena como columnista bajo una galería de retratos ilustres, presidida por el maestro Umbral. Dará que hablar. Y hará reír. Ya saben: “castigat ridendo mores”.

Sé que no es fácil, pero cómo calificaría a los nuevos columnistas: ¿generación perdida, umbralianos posmodernos, Miquelarenas despeinados, Julios Cambas con la camisa por fuera del pantalón?
Lo mejor que se podría decir de los nuevos columnistas es que huelen a viejo. Es decir, a tradición. Es decir, que han leído a los clásicos del género y escriben sobre el mundo de hoy a hombros de aquellos gigantes. Mis detractores suelen decirme que escribo como un viejo, cuando probablemente quieren decir que escribo como cuando se sabía escribir: así que no saben el elogio que me hacen. El clasicismo es la modernidad constante.
 
Cuénteme su árbol genealógico: ¿es usted nieto de Ruano, hijo del matrimonio (periodístico ojo) de Alcántara y Umbral, y ahijado de Gistau pongamos por caso?
En la columna española, después de Larra, hay dos maestros genesíacos: Camba, del que nace la finura irónica y redonda, y Ruano, del que brota el costumbrismo lírico, apoyándose en Ramón. Son los Mozart y Beethoven de esto y hay que saberse a los dos. Luego cada temperamento propende a una veta u otra. Más hacia acá surge Umbral como gran heredero del género y a la vez creador de escuela. Con él conviven maestros como Alcántara y Campmany.
 

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2 febrero, 2015 · 11:30

Los sueños de Pablo producen mítines

Cuando Iglesias dejó Sol, Calderón seguía en Santa Ana.

Cuando Iglesias dejó Sol, Calderón seguía en Santa Ana.

Pablo Iglesias entabló ayer en la Puerta del Sol un duro combate con Calderón de la Barca por definir la materia de la que están hechos los sueños. «Soñamos, pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños», fue la letanía que pautó su hermoso, ecuménico discurso: no hay izquierda ni derecha, ni programa ni reivindicación concreta: están «ellos», los malos espectrales de arriba; y nosotros, la gente decente de abajo, que ha despertado.

Para el desengañado autor de La vida es sueño, sólo la muerte supone un despertar auténtico; pero al flautista de España, capital Hamelín, sólo puede despertarle una derrota electoral. Entretanto hay que hacer soñar al público diciéndole -y cito a los oradores- que es la piedra en el estanque, la palanca del cambio, el verso que repica, la dignidad que intranquiliza a los satisfechos, el vapor de nuestro descontento, el anhelo de mar que prometimos, el ensanchamiento de los corazones, la caída de las telarañas, el avance de la alegría, la dignidad que rechaza el asiento en el fortín de la ignominia y la escritura en vivo y en directo de la Historia. Usted no va a un mitin de Podemos: usted está escribiendo el libro de texto de su hijo. Los versos arrebatados de Juan Carlos Monedero causaban estragos en los lacrimales de la concurrencia más cercana a este cronista, con tráfico de kleenex incluido. «¡Qué bonito!», suspiraban, y a sonarse la congestión emocional. Eso nunca lo logrará Rajoy.

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2 febrero, 2015 · 11:06

Moreno Bonilla tiene gripe

El padrino y el novio.

El padrino y el novio.

A la hora en que Telecinco prestaba foco a Susana Díaz, el hotel Ritz ponía de largo a Juan Manuel Moreno Bonilla ante 700 invitados, no necesariamente andaluces. En estos desayunos informativos siempre comparece un misterioso grupo de elegantes que solo se conocen entre ellos pero que toman asiento con el seguro ademán del patricio. Han recorrido la democracia saltando de desayuno en desayuno postinero sin perder su prestancia de ardilla engominada. No son banqueros, no son tertulianos, ni siquiera pobres diputados: son el mismísimo Poder descendido sobre cuerpos mortales. Y el resto son sus escoltas.

Moreno Bonilla no los saludó a todos por no pegarles la gripe -habría gripado el Sistema: ¡la fantasía podemista!-, pero compuso un sufrido papel de novio al pie de la escalera del hall para recibir el desfile de los notables orgánicos, estos ya bien conocidos: María Dolores de Cospedal, Alfonso Alonso, Fátima Báñez, Rafael Hernando, Don Cristóbal. Besamanos de partido: le iban abrazando, le palmeaban el hombro, le susurraban algo al oído que nos gusta imaginar en siciliano: «¡Porca Susana!». Rajoy, que debía presentar al candidato nacido del áureo dedo, tardaba en aparecer; se llegó a temer que se hubiera decidido al final por acudir a Telecinco. Qué quieren, son tiempos de lealtades raras. Y si no que se lo digan a Pedro Sánchez.

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29 enero, 2015 · 12:45

Big Time. La gran vida de Perico Vidal

Vidal y Loren, en un receso.

Vidal y Loren, en un receso.

He aquí un libro letal, una mágica elegía, un viaje al corazón de la fábrica de los sueños (cuando lo era) narrado en semejante estado de gracia que uno no sale de su lectura indemne sino corroído por la nostalgia de lo que jamás vivirá. De un tiempo irrepetible. Y no hay tópico, porque Sinatra ya no regresará al hotel Felipe II de El Escorial a lanzar beodo sillas contra un cuadro de Franco; ni Ava Gardner volverá a subirse a una mesa en un tablao flamenco de madrugada, levantarse las faldas y aliviarse allí mismo ante el gitano respetable sin incurrir en grosería, porque “hasta meando sobre una mesa tenía clase”; ni Orson Welles se ausentará durante semanas del rodaje de una película para perderse bien acompañado en la larga noche madrileña; ni David Lean entrevistará a Julie Christie en toda su gloria -Dios mío, Julie Christie- para el papel de Lara en Doctor Zhivago en un restaurante cercano a la Castellana; ni habrá ya otro español que trate al star-system clásico de Hollywood con la naturalidad con que Perico Vidal, asistente de director, trató a Robert Mitchum, Marlon Brando, Peter O’Toole o Dean Martin.

La increíble leyenda de Perico Vidal se va construyendo ante nuestros ojos gracias a las sesiones de grabación que un comprensiblemente fascinado Marcos Ordóñez mantuvo con el protagonista en sus últimos años de vida (murió en 2010), tras preparar sabiamente al hablador para la fastuosa apertura de su memoria. Que Pedro Vidal -quizá junto a Gil Parrondo el español más hollywoodiense de siempre- resultase aproximadamente desconocido más allá de los márgenes de la industria puede explicarlo ese desdén por la autopromoción que suele apoderarse de quienes han tocado la verdadera gloria con las manos. Por el ático de Príncipe de Vergara, rebautizado como “Hostal Vidal”, pasó a pillar su curda diaria o a dormirla lo más granado del cine y del jazz internacional, configurando una España paralela a la grisura del franquismo cuyos gerifaltes, por lo demás, tampoco parecían demasiado interesados en reprimir aquellas juergas inacabables. Lo importante es que Ordóñez se dio cuenta a tiempo y recabó el testimonio más impagable sobre la etapa “española” del cine americano, aquellos sesenta en que las grandes superproducciones se rodaban en España por su paisaje, su mano de obra y el competitivo cambio dólar-peseta. Los años que hicieron exclamar a Ava, avecindada en La Moraleja: “In Madrid, if you know the city well, the night never ends”.

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21 enero, 2015 · 14:17

Partido Postigo

Jaque Mato.

Jaque Mato.

Parece ser que los europeos no usan postigos. La costumbre de escudar las ventanas para ponernos a salvo de la curiosidad ajena es netamente española y uno, que es europeo tan solo mediante el original modo que tiene un español de serlo, se escandalizaba cuando viajaba por ahí y advertía el campo abierto al voyeurismo que ofrecen los desnudos ventanales de Europa. Por el contrario el nuestro es un país entre visillos, y el fenómeno me parece digno de estudio.

Como no estoy a salvo de los tópicos historiográficos ni de las opiniones de los volterianos ratoneros –“país de pandereta”, “Españistán”, “Spain is different” y en este campanudo plan– lo primero que hice fue culpar a la Inquisición, a quién si no, que habría inducido una sospecha secular, epigenética casi, en el homo hispanicus al punto de hacerle desconfiar por sistema del vecindario, temeroso siempre de una hipotética delación. Esto habría excitado un españolísimo sentido del pudor y la intimidad del que desde luego carecen las guiris que con suma facilidad nos levantábamos en la calle Huertas.

Luego pensé que aquella desconfianza por defecto tenía su reverso positivo, que es una hidalga noción de la dignidad individual, nota presente en nuestra literatura más o menos desde doña Jimena, por no hablar de la tauromaquia. Por ahí, por nuestro acendrado individualismo y nuestra resistencia a la colectividad –cosa de protestantes– fuimos asentando un narcisismo de lo propio que encontraba su lógico corolario en el desprecio de lo ajeno por el mero hecho de ignorarlo, como vio Machado. Y de toda esa madeja psicológica se fueron desovillando complejos tan idiosincrásicos como la raíz honda de la envidia, la obsesión por la pureza de sangre, el sectarismo de capilla angosta, la enfermiza atención a la vida sexual de los demás o la delirante conciencia de que hay un genio o un santo o un héroe agazapado en el interior de cada español, según satirizó Camba.

Lo que no habría en España es gente normal: gente de una razonable mediocridad, de un elemental sentimiento comunitario, personas juiciosas que han llegado a la conclusión de que sus vidas no son tan interesantes como para blindarlas tras complicadas celosías. Pero este grato tipo de paisano –las pruebas en Instagram– no alcanzó en nuestro país una masa crítica. Piensen ustedes que aquí los mayores escándalos los causan siempre los casos de escuchas: del CESID a la malsana curiosidad que echó a Garzón de la judicatura; de los memes a cuenta de Snowden y Obama al SMS de Rajoy a Bárcenas. No importa tanto la gravedad real del caso sino el propio hecho de que algo oculto salga a la morbosa luz. El peque Nico es el último ejemplo de ese morbo. Si nada aterrorizaba tanto a los galos como que el cielo cayera sobre sus cabezas, nada roba el sueño al español como el temor a que un fallo en Whatsapp desvele sus mensajes en alguna web global de cotilleos. Como si el adulterio o sus intentos entrañaran alguna originalidad. El mecanismo mental es inexorable: el pudor excesivo obliga a una hipocresía excesiva y genera una vergüenza proporcional cuando el velo se rasga.

Y como han tenido la paciencia de llegar hasta aquí, ahora les hablaré del PP, que sé que es lo que les gusta. El Gobierno del PP ha impulsado la primera Ley de Transparencia y hoy mismo don Mariano presentará en el Congreso nuevas medidas de regeneración política. Pero don Mariano tiene un grave problema de credibilidad porque no ha alcanzado todavía su sueño, que consiste en que dejen de mezclarle de una santa vez con esos golfos del Partido Popular. Lo ha intentado con tanto ahínco como Soraya, pero lo tiene difícil porque los papeles aseguran que de hecho es el jefe del Partido Popular, del mismo modo que Jaimito se quejaba a su madre de que no quería ir al colegio y ella le respondía que debía ir porque tenía 50 años y era el director.

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27 noviembre, 2014 · 11:08

In Kroos we trust

Reyes de Europa. Más aún.

Reyes de Europa. Más aún.

Sinunaduda partido de muchos quilates –resumía antes de empezar Radomir Antic en ese dialecto escarpado suyo por el que se despeña toda gramática. ¿Cómo se habrá hecho entender entre tantos equipos españoles como ha entrenado? Junto con el origen del euskera, queda el misterio verbal de Rado para arqueólogos del indoeuropeo.

El Real Madrid empieza la temporada a la altura vertiginosa de su mito, ganando con suficiencia al Sevilla en la campiña galesa que primero vio corretear al niño Gary Bail (en antiqués). El de Cardiff no pudo marcar en su tierra pese a que lo intentó con esa machacona inocencia de sus carreras sustanciales, donde el balón parece mero accidente y el viento silba en su diadema de dama de Elche celta.

Hierro se pinzaba el índice y el pulgar en el banquillo con la mirada tensa y racial, que no tiene nada que ver con la de Zizou. Carletto mascaba chicle; lo mascaría también sobre un vehículo anfibio en Omaha.

Comenzó el Madrid encadenando fallos primorosos en defensa, a un millón el fallo, pero no tardó nada en asentarse y ponerse a desplegar ese juego que, con Kroos y James, ya no podrá ser del todo igual al que detonaba la BBC. Será complementario, pero a nadie se le oculta que, sin renunciar a la tendencia genética a la verticalidad, este Madrid mejorado por el medio deberá perfeccionar la técnica costurera de la circulación paciente y la posesión con sentido. Otra opción es turnarse para que en cada partido se ocupe de marcar los goles una línea distinta, tal es la versatilidad del potencial ofensivo blanco.

Pero un jugador como Kroos es de los que imponen el estilo. Anoche parecía que hubiera ganado no ya la Décima, sino incluso la Novena y la Octava. Qué imperio. Que alemanidad admirable en el criterio siempre correcto para cambiar el juego, para posicionarse, para meter la pierna cuando se debe. Qué bueno es Toni Kroos. Y qué barato, coño.

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13 agosto, 2014 · 10:30

Amable Lenin

La dupla que veía el amanecer del hombre nuevo.

La dupla que veía el amanecer del hombre nuevo.

Hablamos mucho de Pablemos y poco de Monedero, pero puede que esto empiece a cambiar. No porque queramos, ay de nosotros, que tanto echamos de menos las serpientes de verano; sino porque el tipo se lo va ganando a pulso. A pulso contra la realidad, naturalmente.

Ustedes habrán reparado por YouTube en la mal disimulada hinchazón que ahueca las gargantas de Monedero y Pablemos cuando deslizan constantemente su condición de profesores de Ciencias Políticas. Ahí les tienen, fardando de placa como si invocaran el Eton de Orwell y Connolly. Como si ser profesor de Políticas fuera algo relevante (y menos en mi Complu), como si la política fuera una ciencia, o como si los puestos universitarios se repartieran con un gramo más de meritocracia que los puestos en los partidos, según conoce cualquier hijo o hermano de profesor universitario español.

Es cierto que nuestros Marx y Engels comprados en Alcampo acreditan verborrea más pintona y lecturas más frescas que un Carlos Floriano o una Micaela Navarro, digamos; pero su formación, sobre un tufillo a telar de Manchester de mediados del XIX, exhibe la consabida hemiplejia ideológica que se le presupone al profesor de Humanidades de la Complutense, académica palanca de mi primera juventud donde alguna latinista que perdió el sostén entre los adoquines parisinos del 68 nos escamoteó una semana de clase «porque me parece una frivolidad hablar de Séneca mientras Bush mata a inocentes en Irak» (sic). Así que me conozco el paño hasta el último costurón, desgraciadamente. Pocas cosas, por cierto, más coherentes que traducir a Séneca durante un bombardeo: «Nunca te quejes si sufres, pues si el sufrimiento es intenso no será duradero, y si dura no será tan intenso». Y se quedaba tan flamenco.

Lo último de Monedero, al parecer secretado en el curso de un aquelarre peronista –Dios los cría y no los abandona, porque desde Tierno sabemos que Dios nunca abandona a un buen marxista–, es que los países del sur de Europa deberían salir del euro para acuñar moneda propia y que Podemos atraviesa de momento una fase de «leninismo amable». Lo de la moneda me sigue pareciendo un exceso capitalista, pudiendo remontarse a la edad roussoniana en que trocábamos un cerdo por veinte gallinas. En cuanto al leninismo amable, no se me ocurre oxímoron más sonoro, salvo quizá «fiscalidad convergente».

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7 agosto, 2014 · 12:45