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Érase una herencia recibida

Aplauso automático y mutis por el foro.

Aplauso automático y mutis por el foro.

Carece del encanto suburbial de la tasca Tío Cuco, pero a cambio ofrece escaños en cuero rojo y azul, bancos de madera pulimentada, frescos agujereados por balas de golpista y un coro de 350 gargantas abucheándose con perfecta disciplina. Es el Congreso de los Diputados, McFly, donde ayer se celebró la última sesión de control de la legislatura. Sus señorías formaban corrillos como en el junio tardío de un instituto:

– ¿Y tú adónde te vas de vacaciones?

– Yo, con suerte, al Grupo Mixto…

Los fotógrafos se arremolinan frente a un don Mariano casi en funciones, Soraya estrena tinte moreno -¿pinturas de campaña?- y en el lugar de Irene Lozano descubro a un hipster de portada de dominical. Nueva política, supongo. Abre fuego Aitor Esteban con pregunta sumarísima:

– ¿Qué balance hace de la legislatura?

Así las quiere don Mariano: «Positivo, señoría». El peneuvista introdujo algunos matices: Gürtel y Púnica, recesión y recentralización, ley mordaza y cadena perpetua, más canibalismo que gastronomía. «Y la Y vasca», abrochó Rajoy. De quien Rosa Díez se despidió sin bajar el atizador, llamándole mentiroso de tantas maneras que espoleó al séptimo de caballería popular: ensordecedora pataleta. El presidente no tuvo la piedad deseable frente a un árbol caído:

– Usted está donde está. Para su vida futura le recomiendo un poco de humildad.

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Chandler.

Chandler.

Hoy discutimos con Herrera en COPE, en nuestra sección del Parnasillo, sobre la burbuja de la novela negra. ¿Hay demasiado detective suelto? ¿Deberíamos pinchar esa burbuja de modo que parezca un accidente?

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22 octubre, 2015 · 13:37

Estimado don Mariano:

«Estimado amigo…»

He leído el libro que me regaló: ‘Fuego y cenizas’, de Michael Ignatieff. Lo encontré en un paquete a mi nombre una mañana en la redacción de EL MUNDO, junto con una nota manuscrita en la que usted me revelaba que estaba dedicando su asueto galaico, entre otras cosas, a leer mi libro: ‘La granja humana’ (Ariel). En la nota además emitía un juicio de valor, no desprovisto de laconismo: «Me gusta. Está bien». No voy a decir que me conmovió, pero valoré especialmente su gesto, tanto más por cuanto se trata de un libro cuya portada lo representa a usted caricaturizado con facciones de cerdo. Yo no la diseñé, debo puntualizar, pero ahora corroboro esa mítica capacidad de encaje de la que hablan todos; la correosa pasta de resistente que lo vuelve a usted tan inmune a la prensa como a sus compañeros de partido.

En todo caso no todos los días un ciudadano europeo intercambia libros con su presidente, y le reconozco que su nota -con ese elegante membrete institucional- orla el corcho de mi habitación, bien que tampoco juraría que su puja en Sotheby’s convocara un entusiasmo equiparable al que el otro día alcanzó una letra de los Beatles.

Si mi ensayo encierra críticas creo que razonadas a su mandato, el que usted me envió abunda en la naturaleza caníbal de la política a través de la experiencia de un brillante intelectual pero un político fracasado. Ignatieff es un politólogo de Harvard que, como Vargas Llosa en Perú o Norman Mailer en Nueva York, fracasó con estrépito cuando pretendió llevar su pulida teoría a la siempre fangosa realidad, en su caso aspirando al puesto de primer ministro de Canadá por el Partido Liberal, equivalente a la socialdemocracia europea. Según avanzaba en la lectura empecé a sospechar que usted quería hacerme llegar este mensaje por autor interpuesto: «Es fácil dar consejos desde la barrera, amigo, como hacéis sin parar los columnistas; pero esto de la política es un pifostio incalculable en el que ninguno de vosotros duraría una semana». Más o menos. Y la verdad es que estoy de acuerdo con la apreciación.

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Reseña en Aceprensa de La granja humana

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11 septiembre, 2015 · 11:41

La legislatura cuaresmal de Cristóbal Montoro

"Pero qué me está contando, majadero".

«Pero qué me está contando, majadero».

El día en que don Cristóbal Montoro terminó de defender los que -dicen- serán sus últimos Presupuestos Generales del Estado, después de haber confeccionado nueve, vino a coincidir caprichosamente no solo con la Tomatina de Buñol, sino también con el aniversario de Puerto Hurraco. La primera es una cita señalada en rojo en el calendario de la jarana nacional; el segundo, una efeméride negra en la mejor tradición del tremendismo goyesco. Sin embargo, el color que corresponde a la clase de batalla que ha librado Montoro es el gris. El gris ceniza.

Don Cristóbal no es un hombre de negro como los de la troika, porque estos no dan razón pública de sus actos sibilinos pero vinculantes, mientras que la locuacidad del ministro normalmente desata el pánico primero en sus asesores de comunicación, y solo después en el resto de contribuyentes. Fue Wert el que a lo bardo de Orihuela declaró que se crecía en el castigo como el toro -ahora sabemos que se asemeja más al tórtolo-, pero el que ha llevado de verdad al toro en el apellido y la conducta ha sido don Cristóbal. Morlaco cárdeno, con resabios, de derrota imprevisible y no apto para torear a menos que se pague pronto la paralela (Messi) o forme uno parte del clan Pujol… hasta que Pujol dejó de ser el estadista del Majestic y rompió en padrino investigable por lo fiscal y por lo territorial.

En las sesiones de control de esta legislatura Montoro solía ser el ministro más interpelado junto con el propio Wert o Gallardón; de los tres no solo es el único que permanece, sino también el más temido por el resto de colegas de gabinete. Su mejor aliada allí es Soraya Sáenz de Santamaría, y con eso está todo dicho; su crítico más afilado: Margallo, que no pierde ocasión de menospreciarle en la intimidad del Consejo de Ministros, o de airear entre periodistas que Montoro le está investigando. A él. Al ministro de Exteriores. «Eso es porque quería la cartera de Hacienda», aseguran desde el Ministerio. Pero a don Cristóbal las críticas de los enemigos (los compañeros de partido) o de los meros adversarios (como ese emisor de «mandangas» que a su juicio es Pedro Sánchez) le rebotan como chinas sobre el amianto. Este jienense de 65 años hizo una oposición aproximadamente liberal al socialismo, pero al ocupar su despacho en diciembre de 2011 recibió un sobre lacrado que decía: «Sabemos lo que vas predicando. Ahora harás lo contrario. Ajustarás lo nunca ajustado y subirás impuestos que no sabías que existían. Creerás en un solo dios llamado techo de déficit. Y serás salvo. Firmado, Angela«.

Y don Cristóbal asumió su ardua encomienda con fervor de neófito. Se convirtió en una mezcla original de recaudador transilvano, podador ultraortodoxo y parlamentario sanguíneo con ribetes de matonismo. Es en la tribuna o el escaño donde Montoro ahoga al dócil tecnócrata y deja que emerja el castizo espontáneo con muchas cuentas pendientes. Y es entonces cuando los periodistas deben aparcar sus juicios sumarísimos por discrecionalidad tributaria, injerencia política o vocación orwelliana y concederle la gratitud que merece todo pintoresco surtidor de titulares. ¡No habrá salvado Montoro tertulias plúmbeas de monotema económico en virtud de un exabrupto jubiloso! «A priori no parece el hombre con el carácter adecuado para llevar a cabo la misión que se le encomendó. Sus intervenciones públicas a menudo complican más el ya impopular mensaje del ajuste. Pero tiene una ventaja: no le importa caer antipático. Nunca se imaginó su cara en un cartel electoral. Y eso en política da mucha libertad», cuenta un ex alto cargo del Gobierno. Una libertad suicida, si se quiere. Pero de lo más práctica.

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Cortesías

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27 agosto, 2015 · 11:41

Humanizar a Rajoy

De colegueo.

De colegueo.

Humanizar a don Mariano no sé yo si es buena idea. Que se bañe en el hielo licuado de un río gallego si es lo que le apetece o lo que le ha prescrito el médico para reactivar la circulación. Pero la circulación de la sangre de don Mariano, en todo caso, seguirá siendo un misterio. Yo sospecho que es tan sobrenatural como la de San Pantaleón, que se licúa la víspera de cada 27 de julio. La de don Mariano, de hecho, debería licuarse la víspera del 27 de septiembre, y Artur Mas sabe muy bien por qué.

Quiero decir que estamos asistiendo a un Rajoy novedoso, sanguíneo, casi efusivo. Don Sánchez ha blindado su veraneo, del que no trasciende una mísera foto de su torso praxiteliano. A Mas le hemos visto humedeciéndose el trasero en una playa menorquina, mirando al infinito, componiendo el trazo imaginario de su nombre con las formas caprichosas de las nubes. En cuanto a Iglesias Turrión, todo lo que ha circulado de él es una autofoto estilo Le llaman Bodhi que abochorna a los ortodoxos del ceño leninista. Pero del veraneo de Rajoy conocemos la cadencia de su paseo mañanero, su posado entre ciclistas, la cañita en la tasca, el brindis en la bodega, las efusiones en el colegio y así. Me lo van a desgastar, pensará doña Elvira.

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22 agosto, 2015 · 13:38

Rodrigo-Díaz: cantar de gesta

"No les puedo dejar solos..."

«No les puedo dejar solos…»

Ya le han estropeado las vacaciones a don Mariano. Si es que no les puedo dejar solos, habrá pensado esta mañana mientras marcaba rítmicamente el sendero gallego con sus botas -uno, dos, uno, dos- junto al marido de Ana Pastor (Ferreras no: me refiero a la autoridad portuaria de Marín). Pero tan difícil resulta batir la torpeza épica del ministro Fernández Díaz como pretender que la corrupción no persiga al PP hasta la misma jornada de reflexión. Se lo han ganado a pulso.

A quién se le ocurre recibir a Rato, ese Himalaya del cinismo pijo, ese Nagasaki de radiación mefítica para el partido, en el Ministerio del que dependen los agentes que llevan su investigación. Hombre, sí, más vale en el Ministerio que en el puti donde concedía audiencia Correa. O no, mira: si se trataba de contratar un servicio, cuanta más transparencia mejor.

Así las cosas, ¿cómo vamos a creer que Rodrigo, el pluriimputado, fue al despacho de su amigo Jorge, el jefe de la Policía, para tratar del fichaje de De Gea, según reza aproximadamente el comunicado de Interior que redactó algún Berlanga? No es que la mujer del César no deba recibir a corruptos en casa: es que la foto presenta a la legítima abrazando a la querida con el marido en Pontevedra. El pueblo de Roma se mosquea, claro.

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17 agosto, 2015 · 18:13

La gran decepción

Y de repente, Rajoy.

Y de repente, Rajoy.

Yo no sé si este país está preparado para ver a don Mariano renovando mandato. Desde luego no lo están nuestros platós, donde se oficia el entierro del bipartidismo ya no con alegría, sino casi con el fastidio burocrático con que despachamos el spam cada mañana. ¿Cómo reaccionarían los televidentes que contemplaran al mismísimo PP en las instituciones? ¿Han pensado los programadores en habilitar un teléfono de aludidos y defraudados, como cualquier espacio decente del corazón? ¿Es posible que la democracia, pensarán los regeneradores, resulte en la práctica tan decepcionante?

Veamos. El CIS marca una tendencia al alza del partido en el Gobierno que los analistas no han dudado en calificar de remontada. Si la remontada alcanzará cotas de altitud suficientes para mantener al PP en el poder, es pronto para decirlo. No es pronto, sin embargo, para concluir que necesitará el apoyo de Ciudadanos, de quienes las malas lenguas aseguran que ya han puesto precio a tan lúbrico servicio: la cabeza de Rajoy y la investidura de Soraya. Es solo un rumor, pero yo no le prestaría mucho crédito: los meigos gallegos son difíciles de sumergir, y en cualquier caso poseen un número indeterminado de cabezas. Otro rumor apunta a que el PSOE de don Sánchez anhela el abrazo de Rivera antes que el de Iglesias, pero me temo que la experiencia suele vencer sobre la esperanza y que don Sánchez empastará el bajo continuo de su celebrada voz en la polifonía que más sume, como hizo en mayo, con tal de salir de opositor. Cómo suene luego el orfeón, una vez ocupado el coro, es lo de menos.

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7 agosto, 2015 · 16:59

No le toquéis ya más

Economía. What else?

Economía. What else?

Al parecer los estrategas electorales del PP -allá donde estén nos estarán mirando- han decidido «humanizar» a Rajoy. Había faraones en Egipto con ambiciones más modestas. Suponemos que Mediapro ya habrá pujado por los derechos de retransmisión de la hazaña. Pero a nosotros, que no nos gusta la telerrealidad, nos parece que llamar Mariano a Rajoy, o multiplicar a última hora sus contactos con periodistas, o televisar su chapuzón en un río gallego no es la forma de recuperar al votante de derechas, aunque desde luego sí lo es de inmolarse ante los humoristas de izquierdas.

Hace unas semanas me encontré en los alrededores del Congreso a un destacado asesor monclovita. Cuando le pregunté por el célebre manejo marianista de los tiempos, me contestó: «Lo que importa es la gestión. Hoy coges un mono, lo vistes y fabricas una candidatura en dos meses». Me quedé pensando que si ésa es la opinión que impera en La Moncloa, no hace falta excavar mucho más para explicar la pérdida de dos millones y medio de votos el pasado 24 de mayo.

Es posible que aquella cita marcara el fondo electoral del PP. Algunas encuestas señalan ya un rebote, lo que probablemente se deba más a los deméritos de los emergentes, quemados en la hoguera de una expectativa insostenible. Rajoy no es que no se haya quemado explicando la recuperación: es que ni siquiera se ha bronceado. Y ahora pretenden meterle en una cabina de rayos UVA para la boda de diciembre.

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3 agosto, 2015 · 14:06

Don Mariano el Afásico

Qué queréis que os diga.

Qué queréis que os diga.

Don Mariano, como cualquier artista de vanguardia, es un hombre que encuentra un extraño placer en frustrar el horizonte de expectativas de su público. Da igual que su público lo formen periodistas, políticos, comentaristas de bar o contribuyentes del común. Si la sociedad de la información es una conversación perpetua que se nutre de la novedad, Rajoy es un heraldo de edades analógicas empeñado en desmoralizar a quienes viven de dar noticias y a quienes pagan por recibirlas. O no pagan pero las consumen igual. Si de él dependiera, informaría de las crisis de Gobierno por la noche y mandando cuervos desde su Invernalia monclovita. Otros, más adelantados tecnológicamente, enviaban motoristas.

La revolución política de Mariano Rajoy -y así se lo reconocerán los libros de historia- no es la que ha desatado contra el déficit, sino contra la charleta de sobremesa. De acuerdo, no parece una empresa demasiado ambiciosa, pero a juzgar por la desesperación que en estos días de cambio rumoreado se apodera de las enfebrecidas redacciones, hay que reconocer que su éxito es incontestable. Rajoy no solo no cambia de ministros salvo que se los mate un dron, sino que cuando pierde dos millones y medio de votos y alguien le traduce el mensaje -porque al parecer necesita que se lo traduzcan-, todavía musita la necesidad de un relevo a regañadientes por tener que violentar su estatismo estructural. ¿Qué durará más tiempo quieto, Rajoy o la Torre de Hércules? Una vez le preguntaron a Bill Shankly por la alineación que sacaría su equipo, el Liverpool, en la Copa de Europa.

-¿Qué alineación voy a sacar? No voy a revelar un secreto como ese al Milan. Si por mí fuera, procuraría que no se enterase ni de la hora del partido.

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