Archivo de la etiqueta: psicopatía sanchista

Pedro Sánchez, patrono del aire

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Nada.

La ventaja de ser Sánchez es que puedes enterrar a 50.000 compatriotas, reducir la cifra oficial a la mitad y salir luego a la tribuna a presumir de que aún te quedan vivos 450.000. A la conciencia de este hombre se asomó Munch antes de pintar El grito, pero lo que vio no fue el horror sino el vacío. La nada. El abismo.

Desde ese vértigo existencial no le costará nada presumir, cuando vayamos por seis millones de parados, de que todavía hay españoles con empleo. Y será de malnacidos que no se lo agradezcan a él a pachas con la Virgen del Carmen, patrona del mar a la que el patrono del aire (por el valor de su palabra) contraprograma con una misa laica de la que esperamos, como mínimo, una serenata al piano –allegro ma non troppo– de Rhodes. James, no Cecil. Y un coro milenial de OT rodilla en tierra.

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18 junio, 2020 · 9:52

No odiéis a Sánchez

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Torrentismo.

Ya me gustaría no escribir sobre Sánchez, ocupación menestral que da una pena que tizna cuando estalla según Miguel Hernández. Pero no a todas las generaciones les es dado atestiguar la transformación de su democracia en un comedero de patos, encabezado por el Gran Cormorán.

El mecanismo mental de Sánchez no es más sofisticado que el de un chupete: es un niño que tiraniza a los demás para satisfacer su capricho y que desconoce cualquier noción de responsabilidad. Pero por si se me escapara algo me he puesto a ver la serie que le recomendó a su compay Iglesias, Baron noir. Esperaba encontrar maniobras políticas de una diabólica sofisticación, pero me he encontrado con una serie llena de ingenuidad por comparación con el brutalismo institucional del caso Marlaska, sin ir más lejos. En Baron noir, de hecho, los ministros de izquierdas dimiten cuando la mierda rebosa la bañera. La serie es de 2016 y se nota: el partido socialista francés aún existía y Trump aún no había enseñado a los líderes-niño de este mundo que los límites son para los perdedores.

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6 junio, 2020 · 15:39

Elige tu propio villano

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Caciquín.

Ya no vivimos en una democracia deliberativa -si lo hicimos alguna vez fuera de la Transición-, sino en una agonista, donde cada partido se define no por la defensa de su programa sino por la elección de su villano favorito y donde el votante se moviliza contra alguien más que a favor de algo. Quizá lo propio de los periodos de decadencia sea la predilección por la vía negativa hacia el conocimiento: escepticismo respecto de los valores propios y fanatismo contra los ajenos. Ya que no podemos ser dioses, retratemos con esmero a nuestros demonios. Así, cada portavoz se delata por el énfasis que pone en aquello que más detesta.

Sánchez, por ejemplo. Es un apasionado de la división. Ha construido toda su carrera sobre la negación del otro, soplando las brasas del enfrentamiento allí por donde ha pasado: entre socialistas, entre votantes, entre banderas, entre instituciones, entre poderes del Estado, entre facciones de su propia coalición gubernamental. No hay moderación que no haya rehuido ni radicalismo que no haya convertido en aliado. Por eso mismo finalizó su discurso con una apelación franciscana al consenso que jamás practicó, consciente de que enseguida subiría Casado a la tribuna a descargar su indignación sobre los escándalos encadenados de este Gobierno.

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3 junio, 2020 · 20:29

Sánchez, Pedro

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Será olvido.

Sánchez Pérez-Castejón, Pedro. Político español, Madrid 1972. Era guapo, lo que le impidió desarrollar capacidades adicionales de socialización. De niño, como a cualquier niño, le contaron el cuento de Pedro y el lobo, pero no entendió el final. Un día se miró al espejo y decidió que era un niño guapo, y algo más: que seguiría siendo niño y guapo para siempre. Se dio cuenta pronto de que su prometedora apostura le abría puertas sin necesidad de atar sus obras a sus promesas, e incluso negando haberlas hecho. Intuyó un programa de vida en este don cuántico y se metió en el PSOE, donde llegó a la cima mintiendo al aparato y cuando lo echaron regresó mintiendo a las bases. Más tarde ganó las elecciones mintiendo a los españoles y se mantuvo en el poder mintiendo a sus socios.

Su trayectoria es la historia de una mentira laberíntica, un ovillo de trolas que los historiadores más ociosos han probado a desenredar como gatos aburridos. Hoy rige cierto consenso en torno a la pírrica certeza de que Sánchez fue varón y español, pero el resto de sus atributos permanece en la más intrincada de las sombras. Ningún politólogo -y los que tuvo en nómina son ahora los más críticos- se arriesgaría a afirmar que fue socialista, que legisló para el obrero o que liderara algo más que un equipo de guionistas febriles vagamente preocupados por la obesidad infantil y el dióxido de carbono, pero obligados a escribir cada día el mismo cuento del fascismo a las puertas. En aquella época Netflix llegó a contactar con Moncloa para explorar una fusión. Pero se la pegaron con Caracas TV.

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29 mayo, 2020 · 11:53

Luto oficial por los vivos

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Precursor.

Debemos ser agradecidos con la calidad del debate parlamentario al día de hoy, porque su recuerdo infundirá ternura comparado con el nivel que alcanzará mañana. Cada día que pasa España se desliza un poco más por la pendiente gelatinosa de la polarización. Su desembocadura es una ciénaga tan infame como familiar, donde dos españoles eternos se matan entre sí. La gente ha sido golpeada por la muerte y ahora lo está siendo por la ruina: la primera causa un dolor que paraliza, pero la segunda añade la indignación que moviliza.

Otoño verá el estallido de movilizaciones urgidas por la primera miseria. El miedo y la ira volverán a cotizar muy alto en el mercado de la demoscopia y los partidos, por su propia naturaleza, correrán a atizarlo más para disputarse una subida en las encuestas. Pronto la única diferencia de la España poscovid con la de los años 30 será que hoy la vida humana se ha revalorizado tanto desde entonces que de momento no puede liquidarla un virus ideológico, sino uno estrictamente biológico.

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27 mayo, 2020 · 17:27

Lo que ve Sánchez

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Como se ve él.

Donde tú tropiezas con una mentira, él encuentra un hecho alternativo. Donde tú exiges la especial responsabilidad aparejada al estado de alarma, él disfruta de la embriagadora sensación del mando único. Donde tú oyes la homilía cargante de un cursi de teleprómpter, él aprovecha una nueva ocasión para solidificar consignas en el cerebro del espectador. Donde tú compruebas su creciente aislamiento parlamentario, él prepara el próximo chantaje -él o el fascismo- y subasta otro retal del Estado. Donde tú ves una imparable degradación institucional, por la que una ministra militante promociona a fiscal general en funciones de escudo y una veintena de directores generales son colocados a dedo sin hacer oposiciones, él extiende la tela de araña del favor debido. Donde tú ves a un hortera, él ve aviones depositándole en Doñana. Donde tú quieres ver barones socialistas con vestigios de dignidad, él rememora apenas el mal sueño de aquellos insufribles perdedores a los que silenció para siempre en los estatutos. Donde tú descubres a un arribista sin lecturas, él contempla a un candidato socialdemócrata a presidir el Consejo de Europa. Donde tú señalas al plagiario, él localiza el engorroso trámite que necesitaba para trepar en el partido. Donde tú recuerdas la advertencia de Rubalcaba, él vierte otra palada de tierra y otra lágrima de hipocresía.

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26 mayo, 2020 · 11:58

Frankenstein en la UCI

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Profilaxis básica.

No recordamos cómo empezó, pero sabemos que la política española consiste ya básicamente en prorrogar estados de alarma. Se debate sobre la prórroga, se prorrogan los debates sobre la prórroga, se especula con su caída, se caen las especulaciones, se vuelve a empezar. No tenemos tiempo de aburrirnos porque aún hay muchas prórrogas que pedir, debatir, maldecir y finalmente aprobar.

Para Sánchez llegar a la mañana misma del debate sin los apoyos atados es pura rutina. Yo he llegado a la conclusión de que la estabilidad le molesta. Su corto plazo es esta mañana, su medio plazo es la semana que viene y su largo plazo es el mes que toque ir a Bruselas. Fuera de ahí se desorienta completamente, como cuando se perdió yendo a Washington en coche una vez. No sabría vivir guardando lealtad al mismo aliado sin ponerle los cuernos la misma noche de la boda, ni soportaría aplicar su propio programa de no poder abandonarlo en el acto si la pasma -su realidad aritmética- le pisa los talones, como diría De Niro en Heat. Si a Sánchez lo pones frente a un espejo no se refleja, pero no porque sea un vampiro, sino porque el reflejo es más lento que sus principios. Cuando se asoma ya se han ido a otra parte, preferentemente al lado contrario de donde estaban: de ERC a Ciudadanos, por ejemplo. Como es el piloto y lleva a todo el pasaje de rehén, ya le apoyará alguien. A él le sobra con saber que esa noche volverá a dormir en La Moncloa; con quién, y me refiero a compañías políticas, es lo de menos.

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20 mayo, 2020 · 18:05

Pablo Casado, demasiado decente

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Con escrúpulos.

Empieza a cundir la idea de que Casado es demasiado decente para llegar a La Moncloa. No está dotado para el cinismo, dicen, en grado remotamente comparable al de su adversario, contra quien los escrúpulos morales, lejos de ser una ventaja apreciada por el electorado, suponen una rémora imperdonable: contra alguien como Sánchez el propietario de una conciencia salta al ring con una mano atada a la espalda. Y al final los aplausos son solo para el ganador, no importa la forma de imponerse. La mayor victoria del sanchismo es la subversión ética: ya no solo se señala la integridad como una antigualla estúpida y castrante sino que así lo reconoce por igual el votante del PSOE con una sonrisa de triunfo y el del PP con una mueca de resignación. Los años que Sánchez aguante en el cargo habrán servido para instalar entre nosotros la afición a un maquiavelismo hortera, la degradante celebración de la desfachatez si sirve a la conservación del poder. Los principios son cosa de pardillos, de perdedores: el pueblo adora al villano que lo somete sin mostrar debilidad. Si el símil futbolístico es tolerable, la política española ha pasado de alabar el toque limpio y vulnerable de Valerón a premiar la marrullería subterránea y destructiva de Javi Navarro.

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12 mayo, 2020 · 10:17