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La toalla de Wert

No sé cómo le habrá sentado a mi amigo Gistau que el ministro más odiado del país le cite en acto oficial, rodeado por Soraya Sáenz de Santamaría, Gallardón, Fátima Báñez y Jesús Posada. Una cosa es que al PP nunca le haya interesado fundar su propia bodeguilla de escritores y otra que te mencione el mismísimo Wert a traición:

–Me hace gracia que, en un país en que no hay mucha afición por el boxeo, quitando a David Gistau, se hable tanto de tirar la toalla, que yo creo que mucha gente no sabe lo que quiere decir. Yo tiro la toalla, generalmente con cierto desorden, al salir de la ducha, que es el único sitio donde la tiro.

Wert es el héroe de una epopeya personalísima que se llama la Wertíada y que persigue no tanto la españolización de los niños catalanes –pues aquí lo único españolizable es Diego Costa, y sin consenso– como la remontada en algunos puntos del Informe Pisa, a ver si en próximas ediciones conseguimos desmarcarnos de Letonia. La tarea no es pequeña y ya desmoralizó a otros más idealistas que él, desde Jovellanos a Larra, y por eso nos explicamos que le pregunten por el peso insoportable de su toalla. El problema de Wert es que su asistente en la esquina es Mariano Rajoy, y Rajoy no detiene una pelea (¡ni la empieza!) aunque el rostro de su púgil entone una oda a la tumefacción. Sobre todo si lo pide la prensa.

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5 diciembre, 2013 · 11:46

Ejercicios espirituales en el PSOE

“Al igual que la mayoría de los hombres que combinan rentas de tres mil libras al año con digestiones pesadas, Lucas era un socialista convencido, por lo que sostenía con una firme convicción que no se puede aspirar a elevar el espíritu de las masas si a estas no se les da antes la oportunidad de descubrir cosas tales como los huevos de codorniz”.

Así presenta el venoso Saki –el gran cuentista satírico de la era victoriana– uno de sus personajes de clase, esa populosa oligarquía que hoy llamaríamos progresía de salón y que no tiene nada que ver con la rebeldía individualista de Camus. El PSOE está lleno de Lucas y ahora los coge a todos y los lleva de ejercicios espirituales para reencontrar su alma tironeada en sus puntos cardinales por el federalismo, el quincemismo, el derecho a decidir, la brigada de demolición de Cuelgamuros, el justicialismo garzonita, el esencialismo manchego de Page y el oportunismo femenil de Susana Díaz, que quiere ser una Esperanza Aguirre en rojo cortijero. Los Levi´s que estira la impar cuadra socialista los calza el pobre Rubalcaba –ya le vimos con unos que le quedaban holgueros cuando salía del hospital, las Ray-Ban caladas– y ya todo es restar semanas para el desgarro sonoro y capitulador.

El penúltimo tirón ha salido de la cocina caliente del CIS, que ahonda la caída del PSOE y premia con subida el optimismo macroeconómico popular. Y ya puede Rubalcaba desacreditar los fogones estadísticos que ese fuego lo alimentarán ahora con chispas de navaja los afiladores traperos que hace tanto tiempo esperan su ocasión. La soledad de Rubalcaba, pese a que sigue siendo el socialista más listo que tienen en ese partido evanescente, hoy solo admite parangón con la de José Ignacio Wert, ninot achicharrado de la política no profesional. Luego se quejan de los políticos profesionales, pero como para entrar en ese horno sin carné ignífugo, oigan. Cagadas aparte.

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6 noviembre, 2013 · 18:13

Cristina Cifuentes es un ser humano

Cuando un político sufre un accidente grave o le acontece cualquier género de desgracia personal, sus adversarios más cucos se apresuran a puntualizar su compasión en la misma frase en que deslizan, incontenibles, su censura ideológica. Así, si a Esperanza Aguirre se le declara un cáncer, la cuquería de sobremesa que practican las personas de progreso impone una proposición cortés –“A la persona le deseo que se mejore”– antes de deponer la adversativa fatal: “Pero como política no me da ninguna pena”. Como a ella no le dieron ninguna pena las familias oprimidas de los sindicalistas de metro etcétera. Y esto sucede en los mejores casos, cuando el dinero de los padres del progresista alcanzó a pagarle una cierta educación. Que en trayectorias fallidas como las de Pepiño, Llamazares o Tomás Gómez, ni eso.

Todo el mundo entiende que al adversario ideológico damnificado se le desee pública y gentilmente una pronta recuperación apelando a su tautológica condición de “ser humano”. Será Esperanza Aguirre, pero también es un ser humano. O será Cristina Cifuentes, pero al fin y al cabo es una persona. Y enseguida unos murmullos de aprobación recorren de punta a cabo la mesa de contertulios. Esta actitud deferente que distingue con devoto esmero lo personal de lo institucional se antoja un rasgo de fair play, un gesto de magnanimidad que eleva la confrontación política por encima del barro espiritual en que chapotea el chequista o el inquisidor. No hablamos ahora de Twitter, donde ciertamente el anonimato espolea esa heroica bravura del brazo español, musculoso de tirar piedras y elástico de esconder manos. Nos referimos a una convención en el debate público tan vigente como la de no reportajear suicidios o no sacar a pasear a las amantes de los candidatos en campaña electoral.

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26 agosto, 2013 · 11:36

Brey absoluto

En un Senado ultramundano y paralelo al nuestro debatieron esta mañana Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche, Alexander Pope, Catón el Viejo y Ketama sobre la contabilidad del Partido Popular, empleando para apuntalar sus diatribas citas célebres de Mariano Rajoy, Rosa Díez, Cayo Lara y Alfred Bosch. Durante horas se entregaron a una orgía de comillas completamente ajenos al hecho de su inexistencia real, pues todos esos sabios muertos eran en realidad los otros de Amenábar, y la verdadera Nicole Kidman a esas alturas se hallaba en otro Senado de indudable granito planteándole al presidente español veinte preguntas incontestadas en la voz cafeínica de la líder de UPyD. Durante toda la mañana reinó la confusión entre el universo ficcional y el valle de lágrimas parlamentario, con puertas espaciotemporales entreabiertas que condujeron a la indistinción concluyente de Animal Farm, donde al final ya no se distinguían los cerdos de los hombres. Cuando finalizaron sus citas, sin embargo, Rajoy todavía estaba allí, se diría incluso que menos extinguible que antes, pues a la dieta de dinosaurio le beneficia lo mismo la carne porcina que la humana.

El microrrelato cruzado de Monterroso y Orwell que hoy se representó en el palacio de la Plaza de la Marina Española tuvo la encomiable virtualidad de mandar a los españoles de vacaciones con la lista de lecturas recomendadas ya hecha. Para que luego digan que la política no sirve para nada y que no le hemos encontrado todavía una función útil al Senado: sustituir al Congreso en obras del mismo modo que las citas de autoridad sirven para suplir al propio pensamiento en ruinas. Sólo cabe esperar que a los aguilillas de Standard & Poors les pillara el debate haciendo balconing en Mallorca o tendremos que refinanciarnos donando órganos.

Veamos. Arrancaba la matinal con ambientazo periodístico entre el deseo constituyente y el fastidio por la obligada cesura vacacional. Reporteros de toda glaciación, desde la Santa Transición hasta la desdichada casta del becariato Apple. El hemiciclo rebosante, con madera funcional en lugar de frescos tiroteados y ganas de convertir aquello en la madre de todos los plenos por ver de variar algo la escaleta condenada al penúltimo incendio y a la consabida ola de calor. Pero quia. Rajoy no estaba por la labor de dar otro titular que dos palabras ciertamente novedosas y necesarias: “Me equivoqué”. Él puso a Bárcenas, sí, pero también lo depuso. Sobre los sobres, negación y amparo en el proceso judicial. Y renovación fervorosa de los votos en la presunción de inocencia, con catecismo escrito por el propio padre Alfredo en escándalos simétricos y contrarios. En la réplica aún estuvo más firme, con esa fuerza parlamentaria que no sabemos dónde guarda cuando se baja del atril, desactivando en el repaso a la triste figura de su opositor toda sospecha personal, que para eso tiene el IRPF pulcro a la vista de todo el mundo, y si alguien del PP no lo tiene, que lo diga Ruz. Moragas seguía sobre los apuntes argumentales la evolución de su pupilo y la vice Sáenz de Santamaría aplaudía con la izquierda contra la mesa mientras tomaba apuntes con la derecha. Todo muy en estilo de preparador de oposiciones.

–No soy un compendio de virtudes como usted, señor Pérez Rubalcaba, pero soy una persona recta y honrada. No me piden explicaciones: me piden que me declare culpable, pero no lo voy a hacer porque no lo soy, y por eso no voy a dimitir.

Fin de la cita. Y gran decepción, claro, porque el guión no era ese. El guión que le tenían escrito a Mariano establecía que titubeara, que anunciara purgas, que se contradijera entre lágrimas, que dimitiera de una vez, coño. Pero ya va siendo hora de que los medios reconozcan que llevan años subestimando brutalmente a este político que los va a sobrevivir a todos sin una mala multa de parquímetro en el debe, a falta aún de saldar el haber. Opino que se equivoca insistiendo en la disyuntiva yo o el caos, pero de momento a Rajoy no le mueve ni Dios, y Bárcenas, Rubalcaba y Pedro J juntos le inspiran tanto miedo como a Justin Bieber la pérdida de tres fans. Hoy seguramente deseaba finiquitar el aquelarre cuanto antes para enterarse de la cifra barajada por el traspaso de Bale.

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1 agosto, 2013 · 19:32

Wert y Montoro alcanzan la propiedad conmutativa

Algo tendrá que hacer, señor Posada, con las acreditaciones de los periodistas que van quedando y madrugando para cubrir sus sesiones de control en el Congreso. Como por ejemplo -no nos pongamos tampoco demasiado originales- cursarlas. Cada mañana de miércoles sobre el hall de la Carrera de San Jerónimo planea la sombra de la Lubianka, pero no por el terror que inspiran sus mortecinos funcionarios, sino por su inoperatividad como de agrimensores kafkianos. Nos venían advirtiendo de que el modelo de la Transición se estaba agotando; lo que no sabíamos es que lo que viene después es la perestroika. En todo caso, no descarto el día en que los reporteros debidamente acreditados puedan acceder a la sede de la soberanía nacional sin distinción de credo, raza, orientación sexual. De momento seguimos soñando, como Luther King.

Cuando por fin me senté en la tribuna de prensa, Soraya Rodríguez estaba llegando puntual a su cita con el género de la diatriba. Ahora bien: en el extremo opuesto del chorro no estaba su tocaya azul, frustrando así la reedición semanal de la sorayomaquia. En la orilla de enfrente comparecía, serenísimo, el propio Mariano Rajoy, a quien la portavoz socialista se estaba dirigiendo en un tono más modulado del que reserva para la vicepresidenta, si bien tampoco se puede decir que se deshiciera en elogios al plan de becas del Gobierno:

–Mire cómo tiene el patio, señor Rajoy. ¿Por qué desea que los alumnos de menos renta no puedan estudiar? ¿Adónde quiere mandarles? –desliza, sugiriendo destinos inefables, no sé, una fábrica de Nike en Bangladesh.

Y a continuación, apuntando al escaño de José Ignacio Wert con el dedo pero sin dignarse a mirarle, como si señalara un experimento genético, remonta triunfalmente la cadena de mando para zanjar la autoría del engendro:

–Él es ministro porque usted le nombró. Sigue de ministro porque usted no le cesó. Usted se esconde tras un plasma pero el señor Wert debe volver a las tertulias, de las que nunca debió salir.

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26 junio, 2013 · 18:34

A Montoro le falta un sicario

Esta semana Cristóbal Montoro se va a reunir con las autonomías de los cojones para que rule la navaja de Ockham de la reforma de la Administración, medida la más pertinente entre las que debía adoptar el Gobierno de Rajoy desde su llegada a La Moncloa, y que le venían exigiendo ya hasta desde las páginas del Marca. Ockham, con ese talante empírico tan juicioso de los ingleses, no entendía la bulímica necesidad de multiplicar entes que tenía la metafísica escolástica, una de cuyas máximas me ha sido de gran utilidad en mi aún corta vida de columnista: «Cuando llegues a una contradicción, haz una división». A base de ramificaciones, el árbol de la ontología se volvió tan frondoso que no dejaba ver ni el bosque ni el árbol ni a Don Pimpón detrás del árbol, y ante jungla tan intrincada formuló el fraile franciscano su célebre principio de economía del pensamiento: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». Montoro, que por lo gárrulo de sus comparecencias no parece haber leído a Ockham, sin embargo ha hecho desfilar su política económica sobre el filo de la navaja filosófica, y si primero nos tajaron el Estado del Bienestar, ya iba siendo hora de que ahora se tajaran a sí mismos el Estado a secas.

El problema es que sólo desde el Estado central se advierte con claridad la hipertrofia arbórea de la cosa pública. Los barones se miran al espejo y, si no se atreven a compararse con una sílfide de Miss USA 2013, desde luego justifican cada una de sus adiposidades presupuestarias como absolutamente vitales para el saludable funcionamiento del organismo autonómico de los cojones. A esos cuerpos mórbidos debe enfrentarse esta semana el Estado central armado de un bisturí. Pero ay, Cristóbal Montoro no es Furio Giunta, el sicario más expeditivo de la familia Soprano. A Furio lo podías mandar a cobrar el pizzo de un comerciante remolón y te traía el fajo regado en escarlata y de propina un vistoso llavero confeccionado con las orejas del moroso. Don Cristóbal no es Furio y Monago, que vendría a ser el Júnior de Montoro, lo sabe. Y así no hay manera de dirigir una familia de la vieja escuela.

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24 junio, 2013 · 11:41

Al PP le falta relato

De los creadores de la «Iglesia tiene un problema de comunicación», llega con fuerza a las tertulias: «Al PP le falta relato». El relator que relate al PP, buen relator será. Relato es el palabro cursi de curso impune que empezó a sangrarnos en los oídos a cuenta del fin de ETA, convertido en un certamen literario donde el jurado no son las víctimas sino los terroristas presos que cuentan con los dedos el número de años de condena como si contaran las sílabas alejandrinas de la Sonatina de Darío. De la doctrina Parot a la cesura del cese definitivo y al hemistiquio de la reinserción.

Qué coño el relato, señores. La Iglesia tiene el mismo problema de comunicación desde hace veinte siglos; miren si lo tuvo que a su Líder lo crucificaron por ese mismo problema. Malo será cuando la Iglesia, cuyo mensaje es literalmente extraterrestre, deje de tener un problema de comunicación, como alertaba Nicolás Gómez Dávila en los borrascosos días del Concilio Vaticano II: «No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia ha resuelto enseñar lo que practican».

Rajoy no es el Papa, probablemente porque no se lo ha propuesto todavía, pero su política comparte con el cristianismo el problema de la ininteligibilidad. Cristo nos pide poner la otra mejilla como don Mariano nos exige poner el otro bolsillo, y a ambos mandamientos reacciona con natural desagrado nuestra humana condición. El relato es el racional intento del hombre por introducir orden en el caos, pero el caos tiene que poner algo de su parte en el juego creativo. Y no digo que la política de Rajoy sea caótica, sino que carece de relato porque es una política de ciencias y no de letras: un problema puramente matemático que no se puede narrar. Llevamos dos años dando Álgebra sin parar, castigados sin el desahogo de la clase de Literatura, y lógicamente acabamos gritando que al PP le falta relato. Pero es que en eso consiste la tecnocracia: no en que al PP le falte relato, sino en que directamente le sobre.

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16 junio, 2013 · 13:17

Salvad el Senado

Del legado político de Zapatero nos acordamos a diario, pero nos acordamos especialmente en días como ayer en que se celebró un pleno del Senado. Zapatero fue una vez al Senado y lo vio tan tristemente hueco que quiso llenarlo de contenido, y pudiendo llenar aquel vacío con las motos acrobáticas de Red-Bull o los animosos leones marinos del Zoo Aquarium, eligió llenar la Cámara Alta de provectos senadores cabreándose a lo largo de prolongadísimas sesiones parlamentarias convenientemente televisadas, a ver si así los tertulianos dejaban de cacarear que el Senado no sirve para nada y que hay que suprimirlo, con el dramático coste que tan bárbara decisión depararía a las arcas del Estado, obligado a subvenir los internamientos de sus senatoriales señorías en lujosos asilos repartidos por las 17 autonomías. Porque en algún sitio habrá que meter a los senadores si el Senado chapa, oigan.

Pero pese a las proverbiales buenas intenciones de Zapatero, que nadie se atreverá a discutir, el Senado no ha logrado equipararse al Congreso en interés mediático, no digamos ya en interés ciudadano. No hace mucho, cuando los esforzados quincemistas luchaban por la democracia en los alrededores de la Cámara Baja -bien que prefiriendo enseñar las tetas a recitar capítulos de Montesquieu, pero ése es otro tema-, los senadores contemplaban en sus tabletas aquellas vistosas cargas policiales y les acometía una envidia cainita:

—¡Míralos! ¡Siempre igual! Asaltemos el Congreso, asaltemos el Congreso… ¿Y el Senado, qué? ¿Quién se acuerda del Senado? —se lamentarían por entonces los senadores en límpido castellano, sin necesidad alguna de pinganillo autonómico para entenderse.

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5 junio, 2013 · 11:59