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Marx y las rebajas

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La pulsión que nos salva del comunismo.

Cada campaña de rebajas prueba que la revolución anticapitalista no se puede hacer a la vez que la revolución feminista. O la una o la otra: hay que elegir. Ningún partido de izquierdas seducirá masivamente a las votantes predicando contra la austeridad exterior al tiempo que ansía imponerla en el interior. No sería descabellado afirmar que el Muro lo echó abajo el mismo impulso que convoca de amanecida a barricadas de fieras señoras a las puertas de El Corte Inglés.

-Qué machista es usted. ¡Como si los hombres no se entregaran a caprichos, y más caros!

Cierto. La diferencia la formuló Lemmy, difunto líder de Motörhead, cuando descubrió que las mujeres quieren lo mismo que los hombres… solo que durante más tiempo. En efecto, los varones de la especie a menudo se muestran volubles en su deseo, delatan una peligrosa tendencia al ideal colectivista y se embrutecen en general con menor conciencia y mayor resignación. La mujer, en cambio, ser antirromántico por excelencia según Pla, está naturalmente dotada para el individualismo y la selección, odia la uniformidad y ama distinguirse, que es el primer efecto de la elegancia. Tengo observado que, cuando el look de una mujer causa sensación, la protagonista se resiste a revelar dónde adquirió su flamante vestido, pues trata de evitar que otras la imiten. Lo cual prueba que una mujer no aspira jamás a vestirse para atraer a un hombre, sino para matar de envidia al resto de mujeres.

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Me entrevista Carmen Carbonell en esRadio por «El hígado de Prometeo»

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4 julio, 2016 · 11:50

Farlopa ‘pa’ la tropa

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Cada cual se droga como puede.

Yo igual que Suárez, pienso que el comunismo debe ser legalizado como cualquier otra droga. La clandestinidad solo empeora la calidad de la mercancía, sea química o ideológica. Ahora bien, el drogadicto químico destruye su vida y la de su familia, mientras que una sobredosis de voto comunista intoxica las arterias de toda la nación. Si tu descarriado vecino se mete colectivismo en vena por debilidad o por frecuentar malas compañías, todas ellas con derecho a voto, al final será contigo con quien terminen cebándose los impuestos, por mucho que desayunes zumo de naranja a las siete cada mañana. Y por toda estimulación, un café cargado.

Kiko Veneno desconfiaba de la cocaína porque persuadía al artista de que lo trivial es genial, que es una confusión muy propia de nuestro tiempo. El comunista, que tiene tanto de artista, está convencido de que su mierda devolverá la energía al pueblo. Y sin embargo no hay constancia de ningún drogadicto que haya triunfado a causa de su adicción -sino más bien a pesar de ella- ni de ningún pueblo que haya prosperado gracias al comunismo. El providencialismo histórico de Marx contiene tanta sustancia opiácea como la religión tradicional que don Karl se creyó llamado a abolir, sin sospechar que únicamente la remedaba.

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24 junio, 2016 · 11:17

El cielo prometido

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Trotsky descansando tras debatir con un comunista español.

Eficaz antídoto para el virus colectivista que aqueja a cada nueva generación de indocumentados con tendencia a la utopía es este trepidante ensayo biográfico sobre Caridad Mercader, la madre del asesino de Trotsky, que ha armado con criterio mixto de reportero, pensador y memorialista el filósofo Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955).

Su trabajo se inscribe en el género de la quest de no ficción: narración lineal con intercalaciones en primera persona que dan cuenta de los obstáculos que presenta la búsqueda o de sus avances -muchas veces por medio de fuentes de primera mano, algunas vivas-, lo que confiere veracidad y amenidad al relato. Pero Luri no se limita a reconstruir la peripecia del linaje Mercader, sino que juzga sus consecuencias morales con honestidad. Intenta comprender la íntima motivación ética y psicológica de sus biografiados, al tiempo que ejerce la crítica de una militancia que ampara el crimen como necesario instrumento de la historia.

Ante según qué hechos no cabe el decoro deontológico de la distancia. La obra de Luri combina el rigor documental más exigente (nos sumerge en las mil sectas de la escolástica roja) con la reflexión moral para derribar mitos funestos que hoy rebrillan y alumbrar verdades incómodas, como que la burguesía fue la vanguardia ilustrada de la revolución comunista, y no solo su víctima. Caridad del Río, como Fidel Castro, como tantos, fue una burguesita nacida en la Cuba española que se casó con un próspero industrial catalán llamado Pablo Mercader, al que dio cinco hijos y después se los arrebató, embarcándolos en una militancia fanática que redistribuyó el dolor por el mundo a la vez que se cebaba con sus propias biografías. Fue una Medea moderna en quien arde la ideología en vez del amor. Pero el precio de la felicidad personal (o ajena) ha de ser irrelevante para un agente de la Historia.

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20 junio, 2016 · 11:46