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San Mamés resiste la romanización

El Barça perdió porque le afectó mucho la muerte de Luis –al fin y al cabo inventó el tikitaka– y el Atleti ganó porque se lo debía a Luis. El Madrid no aclaró sus sentimientos respecto de Luis y acabó empatando.

Los sentimientos son importantes sobre todo cuando se juega en San Mamés. El sentimiento es una tara evolutiva que afecta al sapiens sapiens –a unos más que a otros– y que normalmente justifica sus peores decisiones. Pero nunca se puede subestimar el sentimiento, sea el de un árbitro mezquino, sea el de una grada hostil que animó unánime a su equipo-nación bajo una gran txapela espiritual, omnímoda e intimidatoria como la nave de Independence Day. Nunca mejor dicho.

Pero el Real Madrid no empató por el árbitro sino por un golazo indefendible de Ibai Gómez, que voleó el rechace de una falta como se volea contra el frontón, con toda su alma vizcaína. El alma normalmente envía esos disparos al osito del Guggenheim, pero esta vez lo envió al palo cruzado de Diego López con una linealidad sin dobleces. Un gol muy vasco y muy hermoso. Hay madridistas que andan rezongando por el resultado porque se descontaba el adelantamiento al Barça, y que se enojan con el buen Carletto por sustituir a Jesé y por demorar demasiado los cambios con un empate en el marcador. Pero Carletto estaba defendiendo su punto con un equipo confundido y en minoría, y hoy el Madrid sacó un empate que le deja a tres puntitos del liderato y una imagen de seriedad nada desdeñable en el primer partido exigente del año. Tensión competitiva contra doping sentimental (nada que ver con Gurpegui) igual a empate.

Carletto por tanto no es un italiano sentimental, operístico, sino pragmático, y eso a mí me da confianza porque alguien tiene que pensar en la comida mientras la afición llena cántaros con tripletes. Piano, piano, señores. El Madrid encara la temporada de verdad y el Athletic Club hizo un partido de un compromiso extenuante, intenso, rico en calorías de contacto y jarabe de choque que fundamentan la dieta local desde los primeros intentos de romanización. La causa de que Cristiano cayera en la provocación, cuando nunca lo hace por más que le buscan, debe buscarse en el comportamiento aizkolari de los aborígenes, que se figuraron maderos tiernos en el lugar de tibias lusas y actuaron en consecuencia durante todo el partido. Benzema dejó claro que no es francés de la parte de Iparralde y miraba las esquirlas que saltaban a su alrededor como el noble contempla un linchamiento popular tras los visillos de palacio. Hasta Ramos parecía frágil.

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3 febrero, 2014 · 14:35

Las edades de Ramos

Ramos versus Lewandowski.

Ramos versus Lewandowski.

 Hace diez años que Sergio Ramos debutó en primera división. Le puso Caparrós en un Depor-Sevilla para cubrir a Albert Luque, que pronto notaría la cercanía caliente de un chaval de 17 que jugaba y pegaba como uno de 27. Son 27 los años que tiene ahora el central sevillano y 28 los que tendrá cuando dispute su tercer Mundial. Cartel de veterano y edad casi de canterano recién consagrado: yo no sé qué más le puede pedir a la vida un futbolista.

Ramos es un jugador temperamental, físicamente superdotado, taurino, flamenco, sanguíneo y transparente. De estas cualidades nace todo su fútbol, cuya mejor destilación se envasó en el partido heroico contra el Borussia del año pasado. Así le quiso Mourinho, que le cogió en banda y le reconvirtió a central laureado y con el que más discutió, probablemente porque poseen caracteres homologables. Pero al final Mou acabó diciendo de Sergio que era un tío fantástico y le siguió poniendo, porque es muy difícil prescindir de Ramos en alta competición. Uno va a la guerra con tácticos y estrategas, pero también necesita capitanes y soldados.

Ramos fue una apuesta personal de Florentino Pérez, que normalmente prefiere delanteros acreditados a promesas defensivas. Pero algo vio en Sergio que al final ha acabado viendo hasta la prensa y los seleccionadores nacionales. Ramos vive con intensidad cada una de sus temporadas, y en esta campaña está dibujando una línea ascendente que va de menos a más y que viene a enseñar una vieja lección: en el fútbol vales siempre lo que vale tu último partido, y que el más alto estatus puede disolverse sin el sacrificio cotidiano y la disciplina atenta.

El Madrid lleva ocho partidos seguidos sin encajar un gol con Sergio Ramos de titular indiscutible, concentrado como en su mejor edad. Yo, que soy un raro caso de madridista al que lo único que le importa es ver al Madrid ganar títulos, le deseo a Ramos que en su décimo año de alternativa levante la décima Copa de Europa, que es el único título que le falta para ser torero de época.

(La Lupa, Real Madrid TV, 30 de enero de 2014)

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Velocidad de crucero y un comandante en jefe

El Madrid dudó al principio si bajar del autobús, pero al final acabó haciéndolo para ponerse el primero en la parada del liderato a la espera de que lleguen o no los muchachos desfondados de Simeone y los huérfanos de Rosell. El equipo da la impresión de poseer una caja de cambios más larga que ninguno, de disponer de velocidades que todavía ni ha estrenado, y el aficionado, que de momento solo ha intuido las prestaciones del bólido por acelerones parciales, fía partidos como el de liga contra el Granada a la marcha de crucero asentada por Ancelotti. Y con eso basta y sobra, pero todos desean ya las carreras de primavera que demanden el rugido a fondo del motor. A ver cómo suena.

No salieron enchufados los blancos. En la radio decían que eso pasa por inaugurar un día antes residencias deportivas y por distraerse de mañana en homenajes a Cristiano. Como si homenajear a Cristiano no fuera fiesta de precepto en el madridismo. Lo cierto es que la defensa ordenadita que planteó Lucas Alcaraz y un cierto descaro en el toque cuando tenían la pelota agigantaron al Granada durante la primera mitad, aunque se sospechaba que aquella insolencia duraría lo que quisiera el gigante de verdad: precisamente Cristiano. Velocidad de crucero más comandante en jefe igual a victoria.

Volvía Di María al Bernabéu y salió de él aplaudido. Eso quiere decir que la afición ha reacomodado sus afectos tras atestiguar el propio reacomodo penitencial del argentino, que lleva cuajando partidazo tras partidazo desde que se tocó los huevos. Esta meritocracia olvidadiza es una de las cosas que más nos gustan del fútbol, donde uno siempre puede valer lo que valió su último partido, haya cometido el crimen que sea en el penúltimo. Di María centró bien y mal, corrió la banda, defendió la espalda de Marcelo y la de otros, se asoció con Cristiano, intentó marcar de rosca exterior –es un zurdo excluyente–, de empalme frontal, de zigzag canchero. El temible runrún de Concha Espina cedió jabonosa y justamente a la ovación. Otra muestra de finezza del salomónico italiano, que primero reanima a Di María con la titularidad fuera de casa para ponerle en el Bernabéu cuando su buena forma garantice la reconciliación con la grada.

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25 enero, 2014 · 21:03

Últimas lecciones del profesor Alonso

El estratega.

El estratega.

Teníamos pendiente hablar de Xabi Alonso cuando la gloria de Ronaldo se nos cruzó por medio. Si Cristiano es el comandante que carga en primera línea de batalla, Alonso es el estratega que guarda el orden de la formación, y también el profesor que alecciona a los cadetes en la escuela militar. A los cadetes y a los veteranos, pues todos le obedecen en el campo y a todos coloca con el brazo, que es una extensión del cuerpo técnico. Fue Ancelotti el que le bautizó con toda propiedad, el que reconoció su magisterio futbolístico cuando más falta hacía, cuando buscábamos el equilibrio como el arca perdida. Ancelotti, que sabe lo que es jugar en ese arduo puesto de mando e intemperie; Ancelotti, que como entrenador edificó sus éxitos sobre la inteligencia de Pirlo, el pariente italiano de nuestro elegante vasco.

Xabi Alonso, con su porte caballero y su conversación universitaria, es el futbolista menos futbolista del mundo. Hay que remontarse a Pardeza y Butragueño para encontrar una textura humana semejante, unas inquietudes distintas al imperio de la Play que gobierna los ocios del deportista contemporáneo. En la tertulia que en Real Madrid TV le dedicamos por la feliz noticia de su renovación, dije que posiblemente sea el único futbolista del planeta capaz de escribir sus memorias sin necesidad de un negro. Tampoco necesita a un negro para defender el medio centro del Madrid, porque su clase es tan incontestable como su coraje cuando el partido exige trinchera, choque y deslizamientos por el barro.

Alonso es guipuzcoano y de la Real, fe íntima que profesa sin dobleces, pero igualmente admite que el madridismo ha ido calando en él como cala cualquier causa a la que se entrega lo mejor de uno mismo. Lo que empezó siendo profesionalidad, que es el mínimo exigido por la afición, ha terminado cediendo a estandarte unánime, indiscutido, con lo imposible que resulta la plena conformidad del madridismo, no digamos ya de la prensa satélite. Pues bien: a Alonso hoy todos le respetan porque se lo ha ganado, y esta es una de las primeras lecciones que nos recuerda el profesor de Tolosa: todavía hay en el fútbol una cosa que no se compra, y es el respeto.

Podríamos glosar ahora otras lecciones suyas sobre el campo, como la generosidad con que ha asumido el retraso de su posición para facilitar la tarea de los centrales al tiempo que cede el lucimiento del juego creativo a Luka Modric, quien por otro lado no puede recorrer mejor su trecho hasta entregar el testigo a los delanteros en la carrera del gol. Alonso es admirable porque no ejecuta un solo movimiento para sí mismo; porque cada una de sus maniobras refuerza las costuras de una idea de equipo.

Pero yo quiero celebrar una virtud suya no futbolística sino personal: la decisión de atarse al Madrid desde la libertad absoluta de un contracto ya expirado. En un tiempo en que el último representante de una estrella menor exige renovaciones anuales cuando no mensuales, la decisión de Xabi de quedarse adquiere el brillo de lo deseado. Xabi ha elegido sin presiones y seguirá dando lecciones en el Madrid porque le da la Real gana. Y en esa forma limpia de decidir su futuro nos ofrece su penúltima lección el profesor Alonso.

(La Lupa, Real Madrid TV, 22 de enero de 2014)

La locución aquí, a partir del 70:25.

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La música callada del recorte

La plena integración de Croacia en la Unión Europea no se produjo hasta julio de 2013, en paralelo a la plena integración en el Real Madrid de Luka Modric, quien ya llevaba meses presentando firme candidatura a la titularidad. Hoy todo el vestuario blanco habla croata, al menos en el campo, y apetece llamarle Real Modrid. En justa correspondencia, Lukita se ha españolizado hasta el punto de conducirse como un torero de poder en los medios, desde donde cita, recibe, da pases, vigila los derrotes, burla la embestida, gesta la faena y dispensa en suma la música callada del recorte que ayer se hizo sinfonía en el gol de Benzema. Tres defensas al suelo con un gesto y el balón cosido como una muleta para cuadrar al portero indefenso ante el remate del francés. ¿Cómo es posible, siendo croata?

Otro partido genial del pequeño Luka, cuyo recorte de hoy entronca con la dinastía del taconazo de Guti (jugada que también coronó Benzema: un terminador en piel de gato) y del regate de Di María a Puyol, y torerías por el estilo. Para ponerse líder del campeonato el Madrid recuperó precisamente el querido estilo vertical, el gozo de la zancada, la lujuria de la transición sin componendas debidas al ídolo azteca de la posesión. Llegaba el Madrid con prisa arriba, con tanta prisa por marcar el primero que Cristiano no quiso correr más y tiró a la salida del primer quiebro. De su rica panoplia esta vez desechó el misil teledirigido y eligió el mortero, el zapatazo Premier, empeine total, el golazo de toda la santa vida por la escuadra. Un gol difícil de ver en el Madrid que vuelve a argumentar la superioridad de repertorio a favor del luso y en contra de Messi, quien siempre mete más o menos el mismo gol, por más que sea un golazo.

Saciada la primera sed con la que salta al campo, no le importó a Cristiano ceder una falta a Bale, que se lo agradeció marcando con sutileza caballeresca. Bale mete una de cada dos faltas que tira, registro solo al alcance de Lee Harvey Oswald. El Betis intentaba levantarse de la lona pero la defensa del Madrid –¡albricias!– ha vuelto a soldar, y a la espera de sopletes ofensivos más fundentes no tuvo problemas para mantener la puerta a cero ni cuando Marcelo se quedaba arriba alisando las sábanas. Correcto estuvo Carvajal, Pepe puso otra piedra en el fiel de la fiabilidad que contrapesa sus episodios oscuros y Ramos se fue aplaudido del Villamarín, no solo por los béticos. Nacho cumplía hoy 24 y Carletto, que es un padrazo, le regaló unos minutos; me gusta Nacho por sobrio y porque va al balón dividido con decisión y limpieza, por lo que le suelen pitar la falta a favor. En las coberturas se aplicaba Di María, que está cumpliendo su penitencia a base de gol y sacrificio, y ya parece claro que será un jugador importante lo que queda de temporada. Al menos fuera de casa: el Bernabéu decidirá cuándo corta la soga que une al pecador al fardo ominoso que arrastra catarata arriba como Rodrigo Mendoza en La Misión. Marcó un golazo de empalme desde Rosario que levantó en su escaño (albi)celeste al padre Bartolomé de las Casas, el primer intelectual que creyó en la dignidad de los indios.

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19 enero, 2014 · 13:39

La reconquista

Una dinastía en marcha.

Una dinastía en marcha.

Pelé dijo tu nombre y bajaste la cabeza para que resbalara hasta el suelo la carga insoportable de la expectativa. Besaste a tu novia y subiste las escaleras pensando, ingenuamente, que serías capaz de contenerte. Pero esta vez no. Esta vez habían pasado demasiadas cosas. Ahí estaba Blatter, sin ir más lejos. Echaste el resto al tocar la brillante esfera, pero cuando tu hijo te abrazó ya no te quedaban fuerzas. Lo vio todo el mundo en cuanto te incorporaste: lágrimas como puños corriendo pómulo abajo libres como el alivio, líquidas como el deseo cumplido, incontrolables como el recuerdo de una vida consagrada a la propia superación.

“Es muy difícil ganar este premio”, dijiste a modo de excusa, aprovechando uno de los pocos segundos en que aflojó el nudo de la garganta antes de cerrarse luego definitivamente. ¿Desde cuándo lloran los comandantes?, podríamos preguntar con el manual del buen soldado en la mano. Pues desde siempre que se gana una guerra, señores. El buen soldado no llora en la derrota, sino cuando vuelve a casa con la misión cumplida.

Sobre todo si la misión es imposible. Nadie antes ha ganado un segundo Balón de Oro cinco años después de haberlo ganado por primera vez. Se entiende que los cuerpos empeoran con el tiempo, las habilidades menguan, las de otros más jóvenes o mejor relacionados se imponen. Solo hay una sensación más dulce que una conquista, y es una reconquista. En la reconquista llora el que pierde, como Boabdil, pero debe llorar más el que gana, porque recupera aquello por lo que lloró cuando lo vio perdido.

Irina lloraba también, llanto unísono de quien conoce las confidencias de mucho sacrificio derrochado y mucha frustración acumulada. Ella sabe lo que le importaba a Cristiano este premio y, como hemos dicho en las tertulias de Real Madrid TV, si le importaba a él también nos importaba a nosotros. Así que lloró Cristiano, antes lloró Pelé, lloró Irina, lloró la madre del premiado, casi llora Florentino y lloró mucho madridista enrabietado, deseoso del desquite oficial que supone, lo queramos o no, este galardón esquivo pero poderosamente mediático.

Descartando que tanta lágrima naciera exclusivamente de la visión del traje de Messi, quien por otro lado estuvo elegante reconociendo lo merecido de la elección, hay que señalar que el llanto sincero del triunfador ha humanizado una gala hasta ahora fría, impersonal, con un tufo indisimulable a comida precocinada. Este segundo Balón de Oro de Cristiano Ronaldo quedará en los anales del fútbol como un premio a la tenacidad insensata de un campeón que forzó los límites de la estadística hasta hacerla jirones para reclamar lo que era suyo y se le estaba escamoteando. Cuando rindes a tu burlador delante del mundo entero pero sobre todo ante los tuyos y ante tus rivales, si no lloras es que estás loco o has perdido las ganas de vivir. Ahora muchos entenderán mejor la personalidad sin dobleces de Ronaldo.

“No dije lo que quería decir”, reconociste después. Yo creo que no te hacía falta hablar. Pero luego, en zona mixta, diste la clave de todo con esta declaración: “Lo celebraré tranquilo, con la gente que me quiere. Tomaré un vaso de champán porque mañana hay que madrugar para entrenar”.

(La Lupa, Real Madrid TV, 16 de enero de 2014)

La locución aquí, a partir del 56:00.

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Comandante Ronaldo

Oh, comandante.

Oh, comandante.

Recuerdo la luz del Atlántico que batía la torre de Belem en mi viaje a Lisboa, y recuerdo que subí a lo alto del Monumento a los Conquistadores, donde están esculpidos los héroes que abrieron para Portugal un nuevo mundo. Dentro de unos años habrá que añadir a ese coro de glorias nacionales la cara de Cristiano Ronaldo, pero de momento el país hermano acaba de nombrar a la leyenda viva del Real Madrid Gran Oficial de la Orden del Infante don Enrique, distinción que ya compartirá con José Mourinho, pues no hay portugueses vivos que hayan llevado tan lejos como estos dos el nombre de su patria, tomando el relevo donde lo ha dejado Eusebio.

Empezamos a ver en el mote peyorativo de “comandante” que acuñó Blatter un brillo nuevo y apropiadísimo que Cristiano fue el primero en asumir con aquel gol celebrado al modo militar, del mismo modo que los beatniks acabaron abrazando ese nombre que había urdido un periodista norteamericano con intención despectiva. Lo que se pensó como insulto ha acabado nombrando a una de las corrientes artísticas más influyentes del siglo XX.

Cristiano es el comandante en jefe del fútbol contemporáneo, y esperemos que como tal recoja en Zúrich el Balón de Oro que le corresponde. Pero no quiero hablar ahora del fútbol de Ronaldo, sino de esa estatura simbólica por la que este Quijote luso es nombrado caballero después de haber cambiado el cuento para dejar todos los molinos derruidos a sus pies: los molinos de Messi, los molinos de su criticado fichaje, los molinos de cierta afición del Bernabéu, los molinos de la estadística, los molinos de la FIFA. Todos vencidos por la quijotesca acometida de Cristiano.

En la hora de las condecoraciones, sin embargo, importa echar la vista atrás, a la aspereza de Funchal, a la dureza de las circunstancias familiares, al momento exacto de su infancia en que el niño Cristiano se rebela contra su destino previsible: el de una infancia sin rumbo y una vida anónima. Importa recordarlo ahora, cuando recibe los honores de la patria y es venerado por la afición del mejor equipo de la historia. Este no era precisamente el final cantado para un Oliver Twist de Madeira, y si lo ha sido solo se puede atribuir a eso que los comentaristas llaman ambición, voracidad, competitividad extrema, profesionalismo ejemplar, pero que yo creo que es solamente memoria y conciencia: memoria de sus raíces y conciencia de superación.

Ese es el símbolo que encarna Cristiano: la rebeldía contra el contexto aciago, y la tenacidad increíble que se precisa no solo para vengar su propio infortunio, sino para seguir siendo el mejor después del triunfo. Por eso amamos a Cristiano, y por eso su chulería nos parecerá siempre modesta. A sus órdenes, mi comandante.

(La Lupa, Real Madrid TV, 10 de enero de 2014)

La locución aquí, a partir del 58:35)

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Luis Enrique se lleva el roscón

El Celta es un equipo que ha pasado de repudiar a Salva por facha a ser entrenado por Luis Enrique, amigo de Pep, depositario por él, con él y en él de un fúpbol pentecostal cuya lengua de fuego también ha socarrado hasta las raíces el pelo de Paco Jémez, otro personaje de los Coen. Luis Enrique se llevó tres del Bernabéu y yo, modesto madridista, me voy a alegrar de ello, porque no me alcanza la memoria a recordar otro jardinero que haya regado tan amorosamente el odio florido de Chamartín.

Todos los locutores alababan el juego del Celta, que consistía en un autobús de defensas y arriba un chófer talentoso llamado Rafiña. Todo locutor, como Santiago Pedraz, tiene sus opiniones preconcebidas, y si se ha hecho la composición de lugar de que el Celta es un gran equipo, dueño de un sistema de juego descarado y creativo, se pasará todo el partido husmeando jugadas que justifiquen su apriorismo. También decía la radio que el estadio en Reyes iba a hacer una entrada misérrima, pero cuando estaban a punto de ejecutar el salto dialéctico hacia la pérdida de imagen del club y la inminencia de la república el Bernabéu se llenó, silenciosamente, y hubo que hablar de fútbol.

El Madrid empezó el año con el polvorón a medio esófago y la poética confianza en que se hace camino al andar. Pero eso es lírica, caballeretes; en la épica la prosodia ha de ser fija y ya va siendo hora de que establezcan una ruta para llegar al área de los equipos que se blindan atrás como hetero en bar de ambiente. Cristiano y Benzema se obstinaban en coincidir por el medio y en la banda, Kyrie eleison, estaba Di María. Di María fue, señores. El lacito cuanto antes, que mañana empiezan las Rebajas. La inteligencia del Fideo nunca fue precisamente borgiana, pero la poca que tiene la ha alojado definitivamente fuera del mejor club del mundo, él y su representante sabrán por qué. El resultado es la higuanización de Di María, la ofuscación como forma de estar en el campo, la huida hacia delante por puro disimulo, el caracoleo intransitivo como de flamenco ronco. El fallo constante y la fe perdida. Ese prensado manual de escroto dirigido a la afición es su sentencia final.

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7 enero, 2014 · 14:26