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Si hay fallo hay esperanza

El fútbol que viene.

El fútbol que viene.

Alan Turing habría sido un buen entrenador de fútbol porque no perseguía exactamente la infalibilidad de la máquina, sino su perfectibilidad sostenida. Su ideal no era el robot impecable sino el niño que no deja de aprender porque no deja de fallar. El fútbol contemporáneo se parece cada vez más a un certamen de trigonometría que va enterrando en el hielo a mamuts entrañables del cojonudismo español como Clemente o Camacho. Se llevan ahora los estrategas pulcros como Marcelino, cuyo Villlarreal se replegaba en defensa y se estiraba en ataque con un compás armónico de pleamar, o mejor, de marcapasos. Su fútbol no acusará infartos repentinos, pero tampoco allega las emociones de un corazón de carne.

¿Y Ancelotti? Bueno, lo más infalible que hay en Ancelotti es el radar delicadísimo de su ceja. Si pusiéramos a don Carlo a pie de urna, con fijarnos en la fluctuación de su ceja obtendríamos las mejores israelitas. Al final de la primera mitad la ceja le dibujaba un arco apuntado que significa: estamos dominando pero no les hacemos ocasiones claras, y además no me quedan más chicles en la americana. Dejó de mascar tras el penalti convertido maquinalmente por Cristiano y subió la ceja de nuevo en el empate. Pero no siempre es tan previsible, como cuando sacó a Illarra por Isco, la máquina con menos apariencia de máquina pero más engrasada del Real Madrid hoy por hoy.

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De aldeanas y ninfas

Pepe rules.

Pepe rules.

A Zola no le disgustaban los paisajes de Corot, pero opinaba que mejorarían definitivamente si el pintor «se decidiese a matar las ninfas con las que puebla sus bosques y las sustituyese por campesinas». Como los cuadros de Corot, las alineaciones de Ancelotti a veces parecen parnasillos tardorrománticos en los que echamos a faltar naturalismo. Y lo más parecido que tenemos en la plantilla a una ruda aldeana es Pepe. Usted alinea a Pepe y el lienzo mejora automáticamente. La defensa se adelanta, las líneas se juntan algo más, los alemanes altos del Schalke se achican y se meten como enanitos en la mina, ay bo, ay bo.

Qué tranquilidad para el madridista ver de nuevo a Pepe izando atrás la bandera pirata, cantando alegre en la popa, por su bravura el temido. Pepe imanta el peligro como un agujero negro, y el peligro desaparece en su interior. En este sentido se trata de un central cósmico, a cuyo lado se expanden Varane o Ramos al tiempo que se contraen los delanteros rivales. Ayer robó bruscamente, cortó con delicadeza, cambió el juego, se anticipó de codos, derribó a Boateng con su célebre golpe de cadera y fue retribuido con un codazo que descubrió al fin la utilidad del fucsia en una camiseta: disimular la sangre el tiempo justo para que el árbitro no estropee la salida de balón de tu equipo.

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Cómo no te voy a querer

Galán meridional madridista.

Galán meridional madridista.

Nunca entendí el éxito de aquella definición boba que se daba del amor en Love Story: no tener que decir nunca lo siento. No, hombre, no: el amor, precisamente, consiste en tener que decir lo siento una y otra vez. Tan es así que el madridismo prueba su condición de amor global pidiendo perdón todas las semanas por razones variopintas: por ganar al contragolpe y por ganar al toque, por celebrar cumpleaños y por contratar a entrenadores que exigen contención con los polvorones navideños, por meterle ocho al Depor y por meterle solo dos. No jugó el Madrid el partido que los lectores de Love Story que infestan la grada del Bernabéu y las cabinas de la prensa esperaban para perdonarle, pero ganó. Y a nosotros, que siendo madridistas no somos tan exigentes como San Valentín o Meg Ryan, no nos sale disculparnos.

El interés informativo estaba centrado en el volumen de decibelios que alcanzaría el reproche a Cristiano por su canto y a Casillas por su cantada, pero yo no logré establecer una sentencia acústica más allá de la duda razonable. En todo caso Bale confirmaba sus ganas de desagraviar a la BBC en cada arrancada, Cristiano en un larguero y Benzema en las faltas que recibía y que la neutralidad exquisita del locutor desplazaba al limbo de las decisiones opinables. La delantera del Madrid luchaba por sacudirse el hielo que petrifica todavía a la defensa, sobre la que se abatieron más contras deportivistas de las que consiente el decoro. Al fondo espera Casillas, jugador místico que es capaz de combinar en segundos los milagros del santo y los estigmas del mártir según ataje un remate o le boten un córner.

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Fracasa mejor

Primer ripio de la antología del disparate.

Primer ripio de la antología del disparate.

Empezaremos por lo bueno. La perfección siempre es difícil de alcanzar, y cuando se alcanza merece un reconocimiento. El Real Madrid cuajó ayer en el Calderón una obra maestra del error, el disparate sin mezcla de acierto alguno, una apoteosis de la abulia, un drama antológico del teatro del absurdo. Recomendaba Beckett: «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». El Madrid aplicó el consejo a rajatabla fracasando mejor minuto a minuto, conquistando cotas no vistas de torpeza, ascendiendo por la espiral mística del sindiós. Esto ha de tener algún mérito.

Por lo demás, el equipo de Ancelotti no arroja hoy una radiografía muy distinta a la del CIS para el bipartidismo, y eso que Chicharito se da un aire a Albert Rivera. La primavera lisboeta nunca se marchitará, pero el cholismo empieza a ocupar el hueco dejado por el guardiolismo en nuestras pesadillas. Lo peor es que los atléticos no necesitaron siquiera tirar botas a nadie para pasar sobre el Madrid como la prensa sobre la uva. Con el mosto recogido se llenaron cuatro botellas, pero pudo ser bodega y media. El noble y bélico adalid, caballero del honor, contradijo todos y cada uno de los versos de sus distintos himnos empezando por la actitud. ¿Dónde estaban los campeones de Europa cuando una tromba rojiblanca que ganaba 3-0 aún se comía a protestas al árbitro? Pues suponemos que defendiendo el resultado y reservándose los goles para la fiesta de cumple de Ronaldo, convocada para la noche.

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¡Viven!

James planeando.

James contra Newton.

Si en los telediarios se libra a diario una batalla territorial entre los sucesos, el deporte y el tiempo, el Madrid-Sevilla conjugó todos esos elementos en un partido crítico que desde el principio se planteó como una lucha por la supervivencia. Saltar al campo en calzones a cero grados condiciona decisivamente el juego: los delanteros corren más para entrar en calor, los defensas se quiebran con la delicadeza de un témpano y los centrocampistas, antes de meter la pierna, meditan inevitablemente si les tocará ponerse en la barrera. Todo eso sucedió mientras los jugadores iban cayendo lesionados, Casillas se aparecía y los lobos aullaban.

El Real Madrid recordó a tiempo que en ¡Viven! uno sobrevivía comiéndose a los compañeros crudos, pero antes había que encontrarlos y desenterrarlos. La tarea de buscar comida en el área les fue encomendada a expedicionarios como Marcelo, que botó la imprevisible asistencia del primero, y a zapadores como Benzema, que desmintió su sangre fría implicándose en Stalingrado al punto de lesionar a Beto, con el solidario objetivo de nivelar las bajas de Ramos y James: su gol en plancha pedía un patrocinio de Red Bull. Las carreras de Bale por la izquierda merecieron aplausos de desagravio; o quizá eran piperos sacudiéndose el frío.

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Dickens en Madrid

Odegaard sabe elegir.

Odegaard sabe elegir.

Me sorprendió un titular innecesariamente sádico de un diario deportivo catalán: «Lucas Silva también fue ofrecido al Barça». Yo no creo que haya derecho a recordar estas cosas al aficionado propio, como no lo habría a que un periódico colchonero titulara, el pasado 25 de mayo: «La Copa de Europa fue ofrecida al Atleti hasta el minuto 92».

Quiero decir que, si una de las grandezas del fútbol es que fabrica sueños, la otra es que consagra realidades. Resultados, o sea. Podemos entregarnos a la bella nostalgia del casi en los bares donde se reúnen peñas memoriosas, pero al final la gloria de tu equipo se cimienta en un palmarés. Lo tienes o no. Has fichado a Odegaard y a Lucas Silva o no. Y sobre todo: los has fichado con arreglo a la ley o bien te ha caído encima el zas del TAS.

Porque la llaga que tocaba aquel titular se ensancha si tenemos en cuenta que Lucas Silva no pudo ir este invierno al Barça aunque hubiera querido -que tampoco fue el caso- sencillamente porque la ley no lo permite. El Barça, con su prohibición de fichar, está purgando ciertos modos estrepitosos de irrumpir en el dickensiano jardín de infancia del fútbol mundial, y si hay quien quiere que la culpa sea compartida por el Real Madrid y se ha aplicado con entusiasmo a la tarea, no es menos cierto que el club blanco ha levantado las manos y ha pedido ya que le registren con un comunicado ilegible de tan exhaustivo. Mi sereno deseo es que prosigan las indagaciones y que triunfe la luz sobre las tinieblas.

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2 febrero, 2015 · 11:39

Un Cristiano, una Mezquita y un milagro

Cristiano equivocándose en tres tiempos.

Cristiano equivocándose en tres tiempos.

No perdonamos a Cristiano que nos estropeara el cincuentenario de la muerte de Churchill con ese bofetón de diva agraviada que causó su expulsión. Si han de expulsarte que sea por un cabezazo en una final mundialista y porque te hayan mentado a la madre; reacción que, por lo demás, goza ahora de coartada vaticana. Se marchó luego el astro abrillantándose ese ego dolorido que llevaba cosido al escudo, sin reparar en que le daba hecha la homilía de la santa humildad a Sor Lucía Caram. Se viene semana de turre tertuliano por el gestito, astutamente captado por el realizador (el realizador es el más sibilino y madrugador de los líderes de opinión).

A Cristiano y a Sergio Ramos les debe el madridismo los últimos títulos como a ningún otro, y sin embargo se empeñan en poner a prueba la adoración más cerrada como esos genios que deciden pasar del folk contestatario a la guitarra eléctrica quizá porque les empalaga tanto amor. La mano de Ramos palmeó el cuero como si fuera un cajón flamenco, aunque la bola parecía venir rebotada de la pierna en la enésima repetición. El partido se ponía feo y don Carlo, que no es sir Winston, escupió en un plano el chicle -¡el realizador!- con tanta determinación que temblaron los cimientos de la Mezquita.

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En la guerra como en la guerra

Convocatoria en Concha Espina.

Convocatoria en Concha Espina.

Ha dicho Simeone en una entrevista reciente que los suyos no temen a la muerte, que salen a morir al campo y que ese es el secreto de su éxito. Hay que tener cuidado con las metáforas porque las carga el diablo, y si medimos las palabras del sargento Cholo con las imágenes de los tobillos rivales tras un encuentro con el Atleti habremos de concluir que el papel de víctima lo acaba personificando más bien el adversario. El nivel de lenguaje figurado en estas frases bélicas lo debe marcar el árbitro.

Pero el Real Madrid no es un club nacido para perderse en teorías militares sino para encarnarlas, así que el jueves debe ir al frente con todo el coraje que sea necesario para lograr la remontada épica que la afición ya espera, convocada por Arbeloa en la curva mítica de Concha Espina. La Copa no se tira y el Atlético es el rival perfecto para escribir sobre su eliminación otro capítulo de la gloria blanca.

“Para mí, el gol más importante es el siguiente que voy a marcar”, sentenció Cristiano tras recoger su tercer Balón de Oro. Esa máxima y el aullido mismo del guerrero conforman el espíritu que el equipo necesita. Ahora no importa tanto especular sobre táctica, sobre el dibujo en el campo, sobre rotaciones posibles: ese es trabajo de Ancelotti y el italiano se ha ganado de sobra el crédito del madridismo y la confianza en el once que él elija. Debe vencer al Atlético y tiene en la plantilla la unidad, la calidad y las ganas de revancha que la historia demanda para configurar otra de esas noches memorables de las que el Bernabéu da fe como el replicante de Blade Runner: allí hemos visto cosas que vosotros no creeríais.

Es hora de creer, y es hora de pelear. Con violines de baile o con percusión de zambomba. Es igual. Pero hay que salir ahí y eliminar al Atleti.

(La Lupa, Real Madrid TV, 14 de enero de 2015)

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