Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

Martín de Riquer, que buen caballero era

Solo el más grande cervantista vivo podía morir dejando a su último auditorio estas palabras:

–Me extraña que les interese que hablen de mí.

“Llaneza, Sancho, que toda afectación es mala”, aconsejaba el de la Triste Figura a su infatigable escudero en una de esas ocasiones del libro en que Cervantes habla directamente por boca de su loco personaje. Y por eso el mejor lector que Cervantes tuvo en el siglo XX español y que era Martín de Riquer –Martí en la intimidad–, con la verdadera modestia del sabio, no se explicaba que la presentación de su biografía concitase alguna expectación.

Uno tuvo la suerte de cursar una asignatura semestral en Filología que se llamaba, sencillamente: “Cervantes”. Seis meses hablando exclusivamente de Cervantes, y en concreto del Quijote, en el año además del cuarto centenario de su publicación. Me hice con la edición canónica de Martín de Riquer, cuyo aparato crítico estaba sabiamente dosificado para instruir sin abrumar, y leí entera la novela de novelas en 15 días. Se habla tanto del Quijote que no se lee ya, y sin embargo cuando se lee enseguida se explica uno lo mucho que se habla de él, y todavía le parece muy poco. El Quijote justifica una vida dedicada a su estudio como la de Riquer, a quien ahora se entierra en su Barcelona natal con 99 años cumplidos y en medio de la bárbara ignorancia –cuando no premeditado desprecio– que la figura del gran filólogo catalán merece a la intelligentsia catalana, parece que irreparablemente entregada a la construcción mítica de una nación. ¿Por qué no presumir de que el mayor cervantista del mundo fuera catalán? Porque no era nacionalista, claro. Había leído demasiado como para eso.

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19 septiembre, 2013 · 14:36

Sorayomaquia barcenológica

En una bodega de la ciudad de Rostov del Don, al sur de Rusia, un hombre recibió el pasado lunes un disparo en el decurso de una acalorada discusión sobre la filosofía de Immanuel Kant. Uno estaría argumentando que los juicios sintéticos a priori representan la única vía hacia un conocimiento científico, es decir, necesario y universal, y el otro debió de responderle –con total desfachatez– que el acuerdo epistemológico entablado por las peculiaridades estructurales del objeto con las condiciones perceptivas del sujeto no prueba apodícticamente el deslinde entre fenómeno y noúmeno. Ante semejante lenguaje tabernario, como es lógico, cualquiera se lía a tiros.

Esta escalofriante noticia, completamente verídica, demuestra que el interés de un debate no depende del tema de la discusión sino de la pasión de los contendientes. El caso Bárcenas, por ejemplo, cuenta a priori con muchos más alicientes para el disfrute parlamentario que la Crítica de la razón pura, y sin embargo puesto en boca de Soraya Rodríguez empieza ya a provocar unas cabezadas indisimulables entre los cronistas, y sospecho que también entre los votantes. Del mismo modo que Artur Mas es un cadáver político, Bárcenas es un cadáver dialéctico como mínimo hasta que Pedro J no enseñe más SMS, a poder ser con fotos para competir con las grabaciones carcelarias de La Sexta.

Pese a todo el PSOE se agarra a Bárcenas con tanta fuerza como a las cuotas de Susana Díaz, con más aplicación que a su propia propuesta de reforma constitucional y desde luego con mayor fe que al liderazgo de Rubalcaba. El líder socialista delegó esta vez en su Soraya la asignatura de Barcenología y prefirió preguntar por la “pasividad temeraria” del Gobierno tras la Diada. A Rubalcaba, como a muchos votantes del PP, no le basta la correspondencia epistolar Mas-Rajoy como enérgico compendio de política territorial, pero comete un error. No sólo porque pedir acción a Rajoy es como pedírsela a una peli de Eric Rohmer, sino porque en el desván de Ferraz se custodia a cal y canto el retrato wildeano del PSC, al que se le ha borrado el angelical rostro del federalismo y en cuyo lugar aparece el feo particularismo del derecho a decidir. Rajoy solo tuvo que sacar el espejo y ponérselo delante:

–Diga de una vez si apoyan o no el derecho a la autodeterminación de Cataluña.

Rajoy sabe que el concurso del socialismo hispano ayudaría a levantar un dique de constitucionalismo en el levantisco nordeste peninsular como lo hizo en Euskadi, pero los artríticos danzantes del Bocaccio y otros acomplejados restos de la gauche divine no quieren ni oír hablar de España y mucho menos de pactos de Estado unionistas con el PP, no digamos ya de Corcuera. El presidente ha convertido así el tabarrón catalán en una oportunidad dorada para invocar la razón de Estado y la oposición responsable, y luego ha vuelto a sentarse en el escaño bajo una ovación partidista a mi juicio excesivamente favorable. Con tanta música de palmas se corre el riesgo de reabrir las grietas del techo. Celia Villalobos, orgullosa presidenta sustituta de la Cámara –suponemos que Posada habría salido a por balas para reponer los disparos tapiados–, tuvo que cortar tajantemente el concierto de aplausos para hacerse perdonar su condición pepera ante Julia Otero. (Luego llamaría “Señor Pérez” a Rubalcaba para compensar por el otro lado.)

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18 septiembre, 2013 · 17:05

Cortina de agua para tapar a Bárcenas

Cuando este cronista abrió la puerta de la tribuna de prensa, un pequeño niágara bajaba por los tiros de Tejero y se filtraba hasta las cabezas de los diputados de Izquierda Unida. ¿Un baño de realismo o una cortina de agua para evitar que se hablara de Bárcenas?

Las metáforas se precipitaban de la boca de políticos y periodistas en la primera sesión de control del curso político, en cuyo orden del día no figuraba en absoluto el Plan Hidrológico Nacional. Lo que sí estaba programado era la visita de una delegación de taiwaneses que desde la tribuna de invitados disparaban como locos el flash de sus móviles a la catarata parlamentaria, desconcertados por los originales ritos de las democracias meridionales. Como a simple vista un taiwanés resulta indistinguible de un japonés, todo fueron comentarios sobre la justificada concesión de los Juegos a Tokio a la vista de nuestro agrietado andamiaje institucional, pese a que los andamios llevan meses rodeando el Congreso. Se conoce que se han centrado tanto en vallar los exteriores frente a los quincemistas que se ha descuidado el calafateado de la techumbre. Lo cierto es que la catarata parlamentaria resultaba mucho más aparatosa que las fugas de Fukushima, y en cuanto a radiactividad, tratándose de lluvia madrileña, tampoco creemos que exista mucha diferencia. A esta hora los amigos de Facebook de los taiwaneses se explican perfectamente que la película más taquillera del cine español sea Lo imposible.

–Son sólo unos hilillos –razonaba malicioso Llamazares mirando a Rajoy y refugiándose en el centro del hemiciclo, adonde no alcanzaba el aguacero.
–Esto pasa por gastarse todo el dinero en Bale –apuntaba otro.
–Vayamos al Senado, y así acreditamos su utilidad –se propuso.
–Menos mal que la gotera no está encima de Rosa Díez. Ya veía venir una diatriba contra el ahogo al que nos aboca el bipartidismo –aventuré yo.

El caso es que Posada adujo riesgo de cortocircuito (dejemos las metáforas) para suspender la sesión hasta las diez, que luego resultó ser las diez y pico. Nos refugiamos en el Manolo a encadenar cafés constatando que en días como hoy la crónica de color se impone claramente a la de información pura. Lo demostró la delegación taiwanesa: para cuando se reanudó la matinal, los charlies se habían marchado. “Para asistir a fenómenos monzónicos nos quedamos en casa”, pensarían.

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11 septiembre, 2013 · 18:56

Mas y Junqueras: la quijada contra el párpado

Hace mucho que no escribimos de Artur Mas y al hombre se le nota. ¡Un año ya desde aquella entrada triunfal en el desayuno informativo del Ritz, cuando anunció que le cabía el Estado propio en la cabeza –en la quijada, concretamente– y el todo Madrid le abrió paso entre murmullos de plebe deslumbrada mientras los plumillas aprovechábamos para engullir cruasanes! Aquel Mas era verdaderamente un caballero de saga artúrica que había roto el tópico catayufo del me voy pero me quedo para dejarlo llanamente en el me voy, inaugurando una claridad secesionista desconocida en CiU que no quedó sin la respuesta admirativa de Madrid, porque en Madrid se admiran siempre los cojones, sean de torero o de césar visionario. Y sin embargo la testiculina patriótica de Mas ha venido a menos, su propietario ha perdido pelo, a sus gafas afloran manchas ahumadas como de poeta místico pobretón –un José Ángel Valente subtitulado– y su otrora poderosa quijada apenas acierta a descolgarse en sonrisas de pergamino ante la cercanía intimidatoria de Oriol Junqueras.

El guerrero cuatribarrado comparece exhausto antes de que empiece la batalla. Incluso el patriarca Pujol parece más animoso que el delfín, desatando en sus apariciones un chisporroteo de visajes, una epilepsia facial, un balbuceo acalambrado que nadie entiende y todos le aplauden. Se ha sabido que, ojeroso, viajó Artur recientemente a Madrid en carromato incógnito para pactar una tregua con el señor feudal que según el mito oprime sus tierras y según los hechos las presupuesta y financia. Volvería meditabundo a Cataluña el president, revolviendo en su cerebro esquizoide la manera de postergar la dichosa consulta a cambio de seguir cobrando el dinero del opresor, que será del opresor pero sigue sirviendo para comprar cosas. Y fue llegar, musitar que ya si eso en 2016 y cerrarse la ruda mano de mesonero de Oriol en torno a su entrepierna secuestrada.

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10 septiembre, 2013 · 17:52

Carme Chacón: conexión Villadiego

Más que un fiel cartógrafo de la mente humana, el doctor Freud de Viena fue un brillante metaforista. En una de sus intuiciones más geniales escribió que la civilización nació el día en que un homínido, en vez de enfrentarse a muerte a otro por causa de una homínida o de una cueva más confortable, se dio a la fuga. La huída como chispa de la coexistencia pacífica; el deshonor, si quieren, como premisa de sociedad. Por eso Carme Chacón, que durante su baja maternal no leía a Freud sino a Marta Robles según propia confesión, ha acreditado una gran capacidad civilizatoria poniendo el océano Atlántico entre ella y el PSOE.

Influida por la efeméride soñadora de Martin Luther King, Chacón explicó que ella en vez de un sueño tenía un proyecto, un proyecto que le chafó Rubalcaba con su insidiosa resistencia a la vida civil, ese legendario encono con que ostenta la cabeza de ratón del socialismo hispano, que efectivamente ya no es un partido sino una ratonera. Rubalcaba nos impidió por tanto asistir a la eclosión del proyecto regenerador de Carmen o Carme –según– del mismo modo que a ningún negro sesentero le habían dejado aún subirse a ese tranvía llamado igualdad. Así que Carme o Carmen –según– dijo que de momento se iba, que si la querían la dejaran irse, que marcha pero volverá como MacArthur, que quiere aprender y enseñar –según– y que ya estaba bien de soportar la mierda de partido que le legó el supervisor de nubes, del cual ella misma fue estratocúmulo favorito. O no lo dijo así pero se le entendió perfectamente.

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1 septiembre, 2013 · 19:41

Cristina Cifuentes es un ser humano

Cuando un político sufre un accidente grave o le acontece cualquier género de desgracia personal, sus adversarios más cucos se apresuran a puntualizar su compasión en la misma frase en que deslizan, incontenibles, su censura ideológica. Así, si a Esperanza Aguirre se le declara un cáncer, la cuquería de sobremesa que practican las personas de progreso impone una proposición cortés –“A la persona le deseo que se mejore”– antes de deponer la adversativa fatal: “Pero como política no me da ninguna pena”. Como a ella no le dieron ninguna pena las familias oprimidas de los sindicalistas de metro etcétera. Y esto sucede en los mejores casos, cuando el dinero de los padres del progresista alcanzó a pagarle una cierta educación. Que en trayectorias fallidas como las de Pepiño, Llamazares o Tomás Gómez, ni eso.

Todo el mundo entiende que al adversario ideológico damnificado se le desee pública y gentilmente una pronta recuperación apelando a su tautológica condición de “ser humano”. Será Esperanza Aguirre, pero también es un ser humano. O será Cristina Cifuentes, pero al fin y al cabo es una persona. Y enseguida unos murmullos de aprobación recorren de punta a cabo la mesa de contertulios. Esta actitud deferente que distingue con devoto esmero lo personal de lo institucional se antoja un rasgo de fair play, un gesto de magnanimidad que eleva la confrontación política por encima del barro espiritual en que chapotea el chequista o el inquisidor. No hablamos ahora de Twitter, donde ciertamente el anonimato espolea esa heroica bravura del brazo español, musculoso de tirar piedras y elástico de esconder manos. Nos referimos a una convención en el debate público tan vigente como la de no reportajear suicidios o no sacar a pasear a las amantes de los candidatos en campaña electoral.

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26 agosto, 2013 · 11:36

La ‘pantojización’ de Cospedal

¡Qué escándalo, el chico del megáfono que jaleaba ayer a Cospedal a la puerta del juzgado era de Nuevas Generaciones! El día, señores, que dejemos de rasgarnos las camisas por lo obvio igual arraiga la democracia y escalamos un par de puestos en el Informe Pisa. Digo yo que lo suyo es que los cachorros peperos vayan a apoyar a su señora y que la noticia, qué fatigoso resulta repetirlo, sería ver a los preferentistas estafados arremolinándose entre lágrimas para tocarle el borde del blanco vestido a María Dolores como a una aparición mariana que regara las aceras de consuelo y de milagro. Pues qué iba a pasar sino lo lógico en estos tiempos de desafección, que los apoyos al político en dificultades provengan de su estricto negociado. ¿Quién que no aspire a meter la cuchara en la sopa boba del organigrama va a interrumpir su agosto por dar palmas a Cospedal?

Así que una mitad de la calle coreaba su nombre y la otra el de su familia, y por el medio cruzó salomónicamente la secretaria general del PP con una sonrisa atirantada como los cables del puente de Brooklyn y el gesto desafiante de quien cree que la calle es suya. Y en este caso lo es, porque se trataba de la calle Génova. María Dolores de Cospedal escogió un vestido tan blanco como la contabilidad del PP, o eso parecía declarar ya desde el atavío, que hoy importa más que la oratoria para colocar tu mensaje. Y si lo llenas con la espléndida osamenta de Cospe, entonces absolución, crédito y mando en plaza Tahrir si ella nos lo pide, aunque el frugal Ruz no lo vea tan claro de momento. Ruz es un espíritu con flequillo, un abad en el cuerpo de un novicio.

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15 agosto, 2013 · 12:31

Brey absoluto

En un Senado ultramundano y paralelo al nuestro debatieron esta mañana Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche, Alexander Pope, Catón el Viejo y Ketama sobre la contabilidad del Partido Popular, empleando para apuntalar sus diatribas citas célebres de Mariano Rajoy, Rosa Díez, Cayo Lara y Alfred Bosch. Durante horas se entregaron a una orgía de comillas completamente ajenos al hecho de su inexistencia real, pues todos esos sabios muertos eran en realidad los otros de Amenábar, y la verdadera Nicole Kidman a esas alturas se hallaba en otro Senado de indudable granito planteándole al presidente español veinte preguntas incontestadas en la voz cafeínica de la líder de UPyD. Durante toda la mañana reinó la confusión entre el universo ficcional y el valle de lágrimas parlamentario, con puertas espaciotemporales entreabiertas que condujeron a la indistinción concluyente de Animal Farm, donde al final ya no se distinguían los cerdos de los hombres. Cuando finalizaron sus citas, sin embargo, Rajoy todavía estaba allí, se diría incluso que menos extinguible que antes, pues a la dieta de dinosaurio le beneficia lo mismo la carne porcina que la humana.

El microrrelato cruzado de Monterroso y Orwell que hoy se representó en el palacio de la Plaza de la Marina Española tuvo la encomiable virtualidad de mandar a los españoles de vacaciones con la lista de lecturas recomendadas ya hecha. Para que luego digan que la política no sirve para nada y que no le hemos encontrado todavía una función útil al Senado: sustituir al Congreso en obras del mismo modo que las citas de autoridad sirven para suplir al propio pensamiento en ruinas. Sólo cabe esperar que a los aguilillas de Standard & Poors les pillara el debate haciendo balconing en Mallorca o tendremos que refinanciarnos donando órganos.

Veamos. Arrancaba la matinal con ambientazo periodístico entre el deseo constituyente y el fastidio por la obligada cesura vacacional. Reporteros de toda glaciación, desde la Santa Transición hasta la desdichada casta del becariato Apple. El hemiciclo rebosante, con madera funcional en lugar de frescos tiroteados y ganas de convertir aquello en la madre de todos los plenos por ver de variar algo la escaleta condenada al penúltimo incendio y a la consabida ola de calor. Pero quia. Rajoy no estaba por la labor de dar otro titular que dos palabras ciertamente novedosas y necesarias: “Me equivoqué”. Él puso a Bárcenas, sí, pero también lo depuso. Sobre los sobres, negación y amparo en el proceso judicial. Y renovación fervorosa de los votos en la presunción de inocencia, con catecismo escrito por el propio padre Alfredo en escándalos simétricos y contrarios. En la réplica aún estuvo más firme, con esa fuerza parlamentaria que no sabemos dónde guarda cuando se baja del atril, desactivando en el repaso a la triste figura de su opositor toda sospecha personal, que para eso tiene el IRPF pulcro a la vista de todo el mundo, y si alguien del PP no lo tiene, que lo diga Ruz. Moragas seguía sobre los apuntes argumentales la evolución de su pupilo y la vice Sáenz de Santamaría aplaudía con la izquierda contra la mesa mientras tomaba apuntes con la derecha. Todo muy en estilo de preparador de oposiciones.

–No soy un compendio de virtudes como usted, señor Pérez Rubalcaba, pero soy una persona recta y honrada. No me piden explicaciones: me piden que me declare culpable, pero no lo voy a hacer porque no lo soy, y por eso no voy a dimitir.

Fin de la cita. Y gran decepción, claro, porque el guión no era ese. El guión que le tenían escrito a Mariano establecía que titubeara, que anunciara purgas, que se contradijera entre lágrimas, que dimitiera de una vez, coño. Pero ya va siendo hora de que los medios reconozcan que llevan años subestimando brutalmente a este político que los va a sobrevivir a todos sin una mala multa de parquímetro en el debe, a falta aún de saldar el haber. Opino que se equivoca insistiendo en la disyuntiva yo o el caos, pero de momento a Rajoy no le mueve ni Dios, y Bárcenas, Rubalcaba y Pedro J juntos le inspiran tanto miedo como a Justin Bieber la pérdida de tres fans. Hoy seguramente deseaba finiquitar el aquelarre cuanto antes para enterarse de la cifra barajada por el traspaso de Bale.

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1 agosto, 2013 · 19:32