Archivo de la etiqueta: La Europa de Merkel

La gélida Lagarde

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FMI: el mundo nunca es suficiente.

Se pasa uno los días pontificando contra el populismo. Advirtiendo de su tramposa estrategia de confrontación entre pueblo virtuoso y elite perversa. Discutiéndole la propiedad política de los sentimientos -no hay emoción superior a la libertad-, condenando su resentimiento fratricida y sometiendo sus apocalípticos diagnósticos al desmentido cotidiano de la cuarta economía del euro. Y llega doña Lagarde, del Fondo Monetario Internacional, se chupa su gélido dedo, lo levanta al viento y sentencia: «El momento populista ha pasado. Ya pueden proceder a congelar las pensiones y fomentar la privatización».

Si doña Lagarde se piensa que la victoria de Macron cierra el ciclo en que vivimos peligrosamente es que no se ha enterado de nada; trastorno autista, por lo demás, de lo más prevalente entre los culos afelpados del FMI. Es justamente ahora cuando la democracia liberal bienestarista se la juega porque, como enseña Escohotado -que ha escrito la historia entera del anticapitalismo-, las revoluciones se hacen siempre en tiempos de prosperidad: no en las crisis sino al salir de ellas, porque unos salen mejor que otros, que es lo que indigna.

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Una entrevista de Carlos Barragán donde prescindo un poco del pudor

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19 julio, 2017 · 13:05

Democracia ‘Snapchat’

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«Como todos los jóvenes yo vine…»

Que la democracia iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde; como todos los británicos yo vine a llevarme a Europa por delante. Lo recitan ahora los arrepentidos. Yo no quería salir de la Unión, lagrimean. Yo sólo quería castigar un poco a esos burócratas continentales. Farage me engañó, acusan. Si lo llego a saber voto Remain.

No podemos respetar estas reacciones. Farage no engañaba a nadie que no quisiera llevarse a engaño. Las ranas croan, las hienas himplan y los populistas mienten: se trata de un principio básico de zoopolítica, y un votante responsable de un país con libertad de expresión tiene a su alcance medios bastantes para decantar la verdad, so pena de animalizarse él mismo. Pero hay una irresponsabilidad peor que la de los demagogos que atizan la eurofobia a cambio de votos; peor que la de los mayores que atan a sus nietos a la nostalgia estéril de un mundo ido; peor que la de los jóvenes que optaron por marcharse el jueves de festival y ahora deploran el resultado. El irresponsable más enojoso es el arrepentido, porque a la frivolidad del uso arrojadizo del voto añade la cobardía del niñato que no asume el coste de sus decisiones.

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27 junio, 2016 · 14:01

Angela Merkel, una justa

Los peregrinos besan su foto.

Los peregrinos besan su foto.

No siempre puede uno guardar la compostura en un mundo de incontinentes emocionales donde la autoridad parece emanar no del espesor del seso sino de la finura de la piel, así que voy a confesar que ‘La lista de Schindler’ fue la última película que me hizo llorar. No ocurrió cuando aparece la niña de rojo sino ya al final, en esa escena desgarradora en que Liam Neeson se lamenta ante los judíos que ha salvado por todos aquellos a los que no salvó; aquellos que podrían estar vivos de haber empeñado hasta la última de sus pertenencias. «¡Mi coche! ¡A cuántos habría podido salvar a cambio de mi coche…!». El héroe se debate en medio del silencio de los presentes, desgranando un soliloquio febril mientras los judíos lo miran con una escalofriante mezcla de gratitud y compasión. Gratitud porque están ante un justo en un tiempo de bestias; compasión porque imaginan el tormento interior que un escrúpulo justificado desata en la conciencia sana. Yo no sé si se ha plasmado mejor en cine la condición insobornablemente moral del ser humano. Eso fue lo que me derrotó.

Tampoco sé si alguien ha reparado ya en el cierre metafórico que el comportamiento de Angela Merkel en la crisis de los refugiados sirios supone para la Historia de Alemania de 80 años a aquí, considerada como una Historia de perfeccionamiento ético a partir del mal absoluto. Adviertan la recurrencia estremecedora de la imagen y su variación feliz: trenes atestados de miserables llegando a Alemania… no para ser gaseados, sino atendidos con la más generosa de las acogidas continentales. Aplaudidos, hospedados, curados. «Merkel es nuestra madre», proclaman.

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8 septiembre, 2015 · 10:50