Archivo de la etiqueta: inquisición rosa

Un Midas cutre

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El presidente, y Sánchez a su lado.

El sanchismo -Moncloa, Ferraz, redacciones amigas- trabaja a toda máquina en su relato de campaña. Es poco original pero ellos confían en su vieja eficacia: «Ponte la pinza en la nariz si quieres pero vótanos, que vienen los fachas». El autor de esta filigrana intelectual es el mismo que convenció a Xavier García Albiol de que limpiar Badalona de inmigrantes era una promesa lícita si servía para ganar. Esto es el sanchismo: una impostura estructural diseñada por aprendices de brujo persuadidos de que el votante es un tarado con amnesia que creerá lo que dices, olvidando lo que hiciste y engañándose respecto de lo que harás, a condición de que repique tu doctrina un número suficiente de terminales.

Todo en Sánchez es mentira desde que empezó a escalar en el aparato de su partido. Es el hermano cutre del rey Midas, que convierte en plástico todo lo que toca. Se forra la carpeta con Machado, que dejó escrito: «Creo que el Estatuto de Cataluña es en lo referente a Hacienda un verdadero atraco y en lo tocante a enseñanza algo verdaderamente intolerable». Pero el poeta no puede remover la lápida de Colliure para salir a reprocharle a Sánchez la mesa con relator, el negacionismo del adoctrinamiento escolar o las asimetrías presupuestarias. Machado, por lo demás, se preocupaba de escribir los dolientes libros que firmaba, mientras el Resistente no supo componer ni su tesis cum laude ni su verbenera hagiografía, y tampoco alcanza a avergonzarse por someter a ministros con estudios al humillante culto de su personalidad en una grotesca presentación literaria.

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26 febrero, 2019 · 13:51

Electrolatino feminista

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Ana Guerra.

Era cuestión de tiempo -cinco meses- que el 8-M alcanzara también a la canción del verano, género durante demasiado tiempo dominado por convencionales estallidos de hedonismo solar, tu piel morena, machito de yate, cinturas locas y cópulas de playa, con lo incómoda que es la arena al contacto de tejidos íntimos. Pero al éxito dionisiaco de Despacito le está relevando este año el moralismo naif de Ana Guerra y Juan Magán, cuyo tema Ni la hora funda, si no me equivoco, la vanguardia pop del electrolatino feminista.

En efecto, si hasta ahora a la estrella del mainstream estival le pedíamos una voz aceptable pero sobre todo un cuerpo contundentemente normativo, a la estrella del futuro ya no le bastará el atractivo físico sino que debe acompañarlo del moral. Hoy la moral pública está en manos del feminismo, que fija los pecados -del mortal al micromachista-, gradúa las penitencias, pone coto a los instintos y prescribe la redención del aliado previo sacramento de la confesión en redes. En el caso de Ana Guerra, que ronda la edad media de la tuitera militante, el capitalismo vuelve a demostrar su diabólica inteligencia casando el eterno ánimo de lucro con la obediencia a los nuevos mandamientos. Me gusta ser una zorra, de las Vulpes, difícilmente sonaría hoy en una barbacoa de sensitivos mileniales. En cambio, las adolescentes tararean unos versos -«Hola, mira qué bien me va sola / Nadie a mí me controla / Y aunque me lo pidas, ya no te doy ni la hora»- que ya formuló Olé Olé con mayor beligerancia, mejor humor y mucho menos puritanismo.

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22 julio, 2018 · 12:15

Calvo y las calvinistas

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Nos vigila.

Lo malo será cuando legislen el arrepentimiento. Me quedé rumiando los ecos distópicos de este tuit de Alemany, que posee la clase de ingenio capaz de simultanear la sonrisa y su congelación. Vivimos en un país cuya ministra de Justicia amenaza la boca con una comisión de la verdad y cuya vicepresidenta amenaza la bragueta con un ERE sexual, un Expediente de Regulación del Erotismo que deje sin trabajo a la seducción, ese elemento subversivo: se empieza aceptando un piropo y se acaba confraternizando con un varón. Boca, bragueta… no importa el órgano sino la función regulatoria que anima a la nueva izquierda, cada día más indistinguible de la vieja derecha. Estamos a tres consejos de ministros de ser informados de que la masturbación causa ceguera. Y estamos a cuatro jueves de RAE de aceptar la reescritura calvinista -por Calvo– de la Constitución, con Reverte en el papel de Servet.

La ingeniería social es un sintagma siniestro que inventó un famoso seminarista secularizado: Stalin. Lo hizo sin necesidad, pues él encarnaba una izquierda que se podía permitir el lujo de prescindir del capitalismo, para lo cual tuvo que prescindir correlativamente de unos cuantos millones de vidas humanas. Pero constatado el genocida fracaso de la economía planificada, privada de misión material, a la izquierda le resta la misión espiritual: erigirse en ingenieros de almas bellas, igualitarias. Y a las que se resistan, se las embellece a golpe de BOE.

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El bueno (Borrell), el feo (Llarena) y el malo (Calvo) en La Linterna de COPE

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16 julio, 2018 · 10:21

Normas para una revolución

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Sea posmoderno, derogue la responsabilidad.

Usted, naturalmente, está harto de este mundo, que le parece invivible. Usted tiene poderosas razones para desear cambiarlo, porque una exótica fe le ha convencido de que es más fácil cambiar el mundo que cambiarse a sí mismo, y una infundada esperanza le persuade de que su posición mejorará con el cambio. Usted calienta su fantasía admirando a revolucionarios históricos que voltearon las condiciones objetivas de su tiempo. Por debilidad poética, y al contrario que los buenos narradores, glorifica los principios y olvida los finales, porque al revolucionario le inspira la excitante destrucción del presente, no la trabajosa edificación del futuro. Que tiene la ventaja de que nunca llega, así que todo sacrificio en su nombre está justificado. Usted vive en el siglo de los sacrificios baratos, pero deberá poner algo de su parte para triunfar.

Los revolucionarios modernos reclamaban libertad, es decir, la capacidad de hacerse cargo de sí mismos. Pero la autonomía individual resultó una pesada carga, de modo que las revoluciones posmodernas añoran la tribu. Libérese de la libertad. Su causa será viral si implica la abolición de la responsabilidad. Quién quiere ser libre si serlo limita la empoderadora industria de la queja. Usted es posmoderno: odia responsabilizarse de sus propias decisiones, y por tanto de sus fracasos intransferibles. Examinar la propia conciencia anula la revolución, pero examinar la ajena la desata. Evite examinarse. La autocrítica ya se la harán camaradas más ambiciosos que usted.

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Vuelve El bueno (Tomás Burgos), el feo (la memoria histórica del PSOE) y el malo (Puigdemont)

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5 marzo, 2018 · 11:31

Sospechosos habituales

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Kevin Spacey fue un actor estadounidense nacido en Nueva Jersey y hallado muerto en la clínica The Meadows, Arizona, donde había ingresado para tratarse la adicción al sexo que precipitó su caída en Hollywood. Comenzó a despuntar en los 80, encarnando papeles secundarios para televisión, pero no mereció el reconocimiento de la industria hasta mediados de la década siguiente, cuando obtuvo su primera estatuilla por Sospechosos habituales. Condición esta, la de sospechoso habitual, que la ironía macabra del destino convirtió en insoportable hasta que el círculo tragicómico quedó cerrado. Antes, tuvo ocasión de tocar la gloria con el Oscar por su papel protagonista en American Beauty, considerada el reverso satírico del sueño americano, vaciado por el hedonismo.

Las redes sociales han recibido con alivio la noticia de su fallecimiento. «Ya no podrá seguir toqueteando a jovencitos», ha tuiteado Pamela Anderson. «Nadie puede celebrar la muerte de otro ser humano, pero mentiría si confesara que siento tristeza», declara en su muro la joven musa del nuevo feminismo, Emma Watson. Y en su acostumbrado tono provocador, el enfant terrible de la Alt-Right gay, Milo Yiannopoulos, ha lamentado no poder cruzarse ya con Spacey en algún sórdido rincón de un estudio en penumbra para calentar a otro hipócrita del partido de Clinton antes de huir y dejarle con las ganas.

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Vuelve El bueno (Albert Rivera), el feo (camiseta de la Selección) y el malo (Sánchez Mato) en La Linterna de COPE

Agradezco esta reseña que Santos Sanz Villanueva hace en El Cultural de mis «Crónicas biliares», porque me coloca donde siempre quise estar: «entre la seriedad doctoral y la informalidad insolente»

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13 noviembre, 2017 · 20:34

Condenada Cassandra

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La barítona y su arma.

Lo primero que me sorprendió de la entrevista que ayer le hizo Ferreras a Cassandra Vera, la tuitera condenada a un año de prisión por la Audiencia, fue el timbre de su voz. Confieso que esperaba algo más melódico, o menos pedregoso, pero en todo caso no se me ocurriría bromear al respecto de la condición trans de la entrevistada, porque yo soy un hombre de mi tiempo. Lo segundo que me sorprendió es que ella no recordara haber escrito tuits como los que se reproducían a la derecha de la pantalla durante la entrevista:

-Esperemos que Cristina Cifuentes muera antes de las doce, será un puntazo que muera en el aniversario del pioletazo a otra rata.

Cuando uno logra cuajar un aforismo tan redondo, suele acordarse. Pero también es verdad que la condenada acumula tantos frutos de su versátil y caudaloso ingenio que no ha de ser fácil responsabilizarse de cada uno. «Qué pena que en el tapón de los San Fermines (sic) no haya muerto nadie». Es otra delicada pieza de su orfebrería mental.

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31 marzo, 2017 · 11:27

Pene y vulva en Beirut

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Mezquita reconstruida en Beirut.

A Líbano, desde donde transmitimos este cable, llega con urgencia la última polémica española. Según los datos de que disponemos, un juzgado de Madrid habría prohibido la circulación de un autobús rotulado con esta advertencia: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen». Sospechamos que semejante autobús circularía por Beirut cosechando la más perfecta indiferencia, pues los árabes son desde Averroes muy aficionados a la lógica y no encontrarían en la tradicional descripción de los atributos sexuales de nuestra especie otro argumento que el de la más tediosa tautología. Sin embargo en España, donde la presencia árabe queda cada vez más lejana en el tiempo, el autobús ha levantado una polvareda considerable, a caballo entre el delito de odio y la lección de anatomía.

Partiendo del tenor literal de la publicidad busera, el escrito del juez no infiere racionalmente el público fomento de odio, discriminación, hostilidad o violencia alguna, ni en forma directa ni indirecta, pero en cambio sí aprecia menosprecio de las personas transexuales, razón que justifica sobradamente su veto. Técnicamente se trata por tanto de un autobús transfóbico, si esto no es llevar muy lejos la figura retórica de la personificación o prosopopeya.

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3 marzo, 2017 · 12:06