Archivo de la etiqueta: identidades empinadas

Cibeles estelada

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Mitología.

Un separatista en gayumbos llegó más lejos el sábado que Raúl en toda su gloria: se subió a la Cibeles y colgó de la diosa una estelada en feroz duelo de mitologías. El combate en favor de los restos del procés se parece al combate contra los restos de Franco porque ambos suceden en el plano del símbolo. Hay un catalán irremediablemente capturado por la leyenda que cree que el referéndum vinculante es el decimotercer trabajo de Hércules. Fijémonos en la imagen de ese alpinista estelado que trepa al regazo de la diosa madre del madridismo convencido de que es un astronauta del Institut Nova Història hollando un planeta desconocido y plantándole su bandera. No creo que el constitucionalismo -¡ni el madridismo!- pueda aspirar a mayor reconocimiento que el de este entrañable paleto de canillas desnudas con derecho a voto que ha consumado el delirio de la confusión entre política y religión, entre realidad y deseo, entre hombres y dioses.

Pensemos que nuestro separatista vino de lejos para hacer lo que hizo. Se tomó sus molestias. Trazó un plan y lo ejecutó con la determinación que sólo nos asiste cuando nos quedamos en calzoncillos ante una mujer, aunque sea una mujer de piedra. Ella, atónita, ni siquiera parpadeó. Se encomendó a la libertad de expresión consignada en la Carta Magna mientras rezaba con los labios inmóviles para que el trance pasara rápido y algún mortal caritativo procediera a retirarle pronto el trapo aquel de sus santos hombros.

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19 marzo, 2019 · 11:55

Envidia de tribu

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El buen salvaje.

Argentina encarnada en la rivalidad Boca-River pasó por Madrid, levantando en los nativos unánime admiración. A los españoles se les concedió el olvidado espectáculo de la pasión sin las contrapartidas incómodas de su hermana la brutalidad. El periodismo deportivo, descontando sus confianzas con la hipérbole, comparte veredicto: jamás cubrió un partido tan emocionante. Se diría que el domingo ocurrió la navidad del fútbol, se redescubrió el balompié en España, lo que explicaría la amplísima cobertura y el entusiasmo plumífero.

Del Bernabéu ya se quejaba Bernabéu por la cicatería emocional del madridista, que malacostumbrado por la victoria acude a Chamartín a que le animen, mientras el hincha argentino va a animar porque no ha tenido ocasión de que el triunfo reiterado le aburguese. Así que el Boca-River en el Bernabéu, además de un tributo póstumo a don Alfredo, ha deparado sobre todo un choque cultural: un neocolonialismo invertido por el cual la metrópoli mira con envidia a la antigua colonia. Esas gradas frías se calentaron por una noche no por la calidad del juego practicado -lo que sucedía en el césped dañaba la vista- sino por el fervor de unos buenos salvajes. Ante semejante fenómeno, el madridista examina su conciencia y se pregunta por qué no grita ni llora como esos porteños que no saben lo que es ganar tres Champions seguidas. Se pregunta, asustado, qué harían si las ganaran.

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11 diciembre, 2018 · 13:45