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Libres e Iguales, Teatro Calderón, artículo 12

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Victoria Vera y yo, en el teatro Calderón.

[Reproducimos a continuación el texto que escribí para el acto en defensa del acuerdo constitucional que, convocado por Libres e Iguales, tuvo lugar del 21 de junio de 2016 en el teatro Calderón. Mi pareja constituyente fue Victoria Vera (V-), que interpretó conmigo lo que sigue, bajo una apoteósica y consensuada salva de aplausos]

AQUÍ, vídeo completo del acto

J- Título I. De los derechos y deberes fundamentales

V- Capítulo primero. De los españoles y los extranjeros

J- Artículo 12. Los españoles son mayores de edad a los dieciocho años. Damas y caballeros, urge reformar la Constitución ya solo por este artículo, a todas luces desfasado. La sociedad española ha cambiado y hoy la mayoría de edad, en el sentido kantiano de tan alta condición, no puede ya predicarse de los congéneres que han cumplido los 18 años.

V- Ni de muchos que tienen más, ya que estamos.

J- Kant identificó la mayoría de edad del hombre con la era ilustrada, es decir, con la primacía rectora de la razón universal sobre cualquier sentimentalidad identitaria, parcial, subjetiva. Sin embargo, hoy la razón está completamente desacreditada en nuestra vida pública. En tanto que la emoción más primaria, patrimonio como se sabe del adolescente a falta de otra claridad, cabalga contradicciones caminito del sorpasso, que como saben ustedes significa adelantamiento.

V- La razón es de paso lento, pero la niñez se caracteriza por la impaciencia, y hay niños con barba que no pueden esperar. Quieren el poder y lo quieren ya. Ya pensarán después.

J- Hay que reformar el artículo 12 de la Carta Magna, pero en el sentido opuesto al que reclamó, en esta ominosa y fugaz legislatura, una moción de Esquerra Republicana que contó con el apoyo entusiasta de Podemos e IU, el respaldo lerdo del PSOE, el sí efébico de Compromís y la afirmación vergonzante de Democracia, Andorra y Libertad, antigua Convergencia. Se trataba de una propuesta cosmética, pues no había ejecutivo que la aplicara. Pero el gesto enseña un cálculo y una rendición. El cálculo es desde luego astuto: Unidos Podemos sabe que es la primera fuerza de largo entre los menores de 40 años. Su popularidad entre los de 15 a 25 años ya resulta directamente propia de una Kardashian o un Justin Bieber.

V- Para qué trabajar un programa si puedes forrar una carpeta. Pero aparte del puro cálculo electoral, esta reivindicación de la izquierda pueril comporta una rendición: la de quien confía ya muy poco en su capacidad para seducir a mentes adultas y ha de conformarse con excitar los humores del parvulario. Lágrimas melancólicas llora la vieja, la genuina socialdemocracia.

J- Por todo ello pienso que el debate constituyente debería plantearse en torno a la conveniencia de elevar la edad del votante, no de rebajarla más. Si ahora dicen que los 30 son los nuevos 20, si las discotecas están llenas de canosos interesantes y tersas maduritas, si la ciencia estira la vida que es una barbaridad, ¿por qué la política no va a reconocer en la ley lo que ya es normal en la calle? Pongamos a los 20 años, señorías. Para entonces es posible que un español ya haya experimentado algún choque con la realidad:

V- Unos cuernos, una resaca histórica, un susto con la moto, un José Luis Rodríguez Zapatero, un Alexis Tsipras; una de esos serios avisos con que la vida nos concede la oportunidad de madurar.

 J- Y de votar con el cerebro, no con el intestino. Bromas aparte. No hay criatura más totalitaria que un niño. Un niño no entenderá la Constitución, ni mucho menos el crítico contexto en que hubo de tejerse. Un niño necesita catálogos con dibujitos, eslóganes de nana dulce, corazones y sonrisas. Yo no comprendo a esas casandras que nos avisan del suicidio demográfico.

V- En realidad el país se nos ha puesto perdido de infantes. Y no van a dejar vacante una sola plaza de guardería en el Estado. Todo lo cual solo nos deja una salida.

J- Damas y caballeros: pongámonos a hacer pedagogía.

La cortesía de Albert de Paco

Y en el Parnasillo esta semana el premiado Richard Ford, maestro de novelistas (y de periodistas deportivos)

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23 junio, 2016 · 14:14

El cielo prometido

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Trotsky descansando tras debatir con un comunista español.

Eficaz antídoto para el virus colectivista que aqueja a cada nueva generación de indocumentados con tendencia a la utopía es este trepidante ensayo biográfico sobre Caridad Mercader, la madre del asesino de Trotsky, que ha armado con criterio mixto de reportero, pensador y memorialista el filósofo Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955).

Su trabajo se inscribe en el género de la quest de no ficción: narración lineal con intercalaciones en primera persona que dan cuenta de los obstáculos que presenta la búsqueda o de sus avances -muchas veces por medio de fuentes de primera mano, algunas vivas-, lo que confiere veracidad y amenidad al relato. Pero Luri no se limita a reconstruir la peripecia del linaje Mercader, sino que juzga sus consecuencias morales con honestidad. Intenta comprender la íntima motivación ética y psicológica de sus biografiados, al tiempo que ejerce la crítica de una militancia que ampara el crimen como necesario instrumento de la historia.

Ante según qué hechos no cabe el decoro deontológico de la distancia. La obra de Luri combina el rigor documental más exigente (nos sumerge en las mil sectas de la escolástica roja) con la reflexión moral para derribar mitos funestos que hoy rebrillan y alumbrar verdades incómodas, como que la burguesía fue la vanguardia ilustrada de la revolución comunista, y no solo su víctima. Caridad del Río, como Fidel Castro, como tantos, fue una burguesita nacida en la Cuba española que se casó con un próspero industrial catalán llamado Pablo Mercader, al que dio cinco hijos y después se los arrebató, embarcándolos en una militancia fanática que redistribuyó el dolor por el mundo a la vez que se cebaba con sus propias biografías. Fue una Medea moderna en quien arde la ideología en vez del amor. Pero el precio de la felicidad personal (o ajena) ha de ser irrelevante para un agente de la Historia.

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20 junio, 2016 · 11:46

Los mártires de Pulse

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Tristeza arcoiris.

No nos engañemos: los han matado por ser gays. Porque les gustaba el sexo equivocado y encima tenían el descaro de no esconderse. El terrorista ha elevado a los 50 asesinados de Orlando a la condición de mártires de la causa arcoriris, pero ellos no querían ser mártires de nada. Estaban en un pub, habían salido a divertirse. Así que no sólo les han quitado la vida sino también el arduo privilegio de la normalidad: les han devuelto de golpe y para siempre el estigma social que durante décadas habían luchado por sacudirse. Ahora serán recordados como los mártires de Pulse, porque la muerte violenta exige siempre un significado simbólico en el relato de una comunidad. Aunque sea injusto con los propios muertos.

Así actúa siempre el terrorismo, y por eso nunca se libra contra él una guerra convencional, en la que uno adopta voluntariamente la defensa de una causa de civilización y asume el coste quizá fatal de la batalla. El fanático te reduce a lo que cabe por el angosto enfoque de su ojo vidrioso. De un poeta, de un deportista, de un cantante nada ha de importar su condición sexual al ciudadano de una sociedad abierta; para el fanático, en cambio, es lo único que importa. Y esa brutal reducción de la persona humana es la segunda muerte que han padecido los chicos de Pulse, Orlando.

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13 junio, 2016 · 11:34

Esto viejo que empieza

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Ojalá.

Conmueve ver a tantos niños con barba figurándose que viven tiempos excepcionales, que van a construir la historia, que están ganando el país o como se le llame ahora al loco deleite de pastar en una nómina de Estado. Todo, en realidad, va encauzándose con armonía hacia la broma infinita, hacia la farsa perpetua, hacia la rancia tradición del bloqueo español, de la intransigencia simétrica, del duelo goyesco. Todo viejísimo. Evoca como tarde el bronce africano de Leopoldo O’Donnell y los gordos cojones del caballo de Espartero; el cantón de Cartagena y la taifa andalusí; el vértigo sucesorio de gobiernos eunucos en las dos repúblicas, depuestos ayer por sables impacientes, hoy por urnas frenéticas.

Que nadie crea que el 26-J acaba el numerito: sólo comienza. Ni los pijos respirarán de alivio por el orden restaurado ni los perroflautas atarán a los chuchos con longanizas públicas, por irnos a los polos. España inaugurará una era de inestabilidad, de mociones de censura y elecciones anticipadas, de leyes necesarias abortadas por partidismos. Luego regresará más fuerte el bipartidismo, pero hay que pasar por la decadencia para alzarse, como hubo que pasar por el franquismo para hacer la Transición. Sólo suplicamos que las costuras de la UE nos aguanten hasta entonces.

¿Por qué un niño con barba vota a la CUP o a Unidos Podemos? Primero por falta de imaginación griega, pues no sabe anticipar que podemos estar peor muy rápido. Segundo, porque comparte con otros niños barbudos europeos una crisis de representación -es decir, de soberanía- que tiene su doble origen en la ley de hierro de la oligarquía de Michels y en el triunfo del iPhone, valga la sinécdoque. Michels formuló la degeneración de todo partido en endogamia, lo que deja espacios pronto ocupados por movimientos sociales, identitarios, antipolíticos; Jobs vuelve a probar que a la ruptura del paradigma histórico contribuye la técnica tanto o más que la idea. De la colaboración entre decepción partitocrática y satisfacción digital nace el hombre-niño, en sustitución del hombre-masa orteguiano. Un votante que no sospecha que internet, su juguete, es el que devasta las industrias tradicionales y sus relaciones de producción. La deslocalización global, la muerte del empleo fijo, el descrédito de la política como garante de contratos sociales, el auge de la xenofobia y del populismo, la cronificación de una adolescencia de derechos sin deberes, la extinción del humanismo formativo, la virtualización de las relaciones humanas y políticas: no son más que efectos de un nuevo paradigma que está eclosionando. Y que ni siquiera don Mariano puede detener.

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10 junio, 2016 · 10:28

El amor caníbal de D’Annunzio

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D’Annunzio, el primer narciso satánico.

Ya su nacimiento fue heroico y maldito, pues venía el niño con tres vueltas del cordón umbilical alrededor del cuello. Sobrevivió a esa y a emboscadas aún peores, la mayoría de ellas tendidas por su propia, retorcida egolatría. Triunfó en todo -en el periodismo, en la literatura, en la guerra, en el amor- y sobre todos. Conquistó la cima de la estética y paseó por las simas de la inmoralidad. La nación le concedió unánime el sobrenombre de Il Vate, y eso fue mucho antes de que Mussolini le otorgase el principado de Montevenoso después de haberle llamado, preso de admiración, «el Juan Bautista del fascismo», digno de los funerales de Estado que le organizó. Si bien el aludido, siendo diputado, prefería el sencillo título de «candidato de la belleza».

Bajito, alopécico y cargado de hombros, tuerto tras el accidente del avión que pilotaba, su voz y su palabra sobraron para domeñar a las masas como para rendir a mujeres de toda extracción, del palacio lampedusiano a la escena teatral. Con mechones de sus cabelleras -se decía- confeccionó el relleno de la almohada sobre la que reposaba todas las noches, después de beber buen vino de una copa -se decía- fabricada con el cráneo de una joven que se había suicidado por amor. Su nombre de pila era Gaetano Rapagnetta, pero el mundo lo conoció como Gabriele D’Annunzio (1863-1938). Satánica majestad, pero de veras.

De un molde entre Byron y Bonaparte, a D’Annunzio no le bastó con ser considerado el mejor poeta desde Dante: tuvo que ponerse al frente de 2.000 hombres, reconquistar Fiume a Croacia y fundar allí un estado protofascista, una especie de Síbaris o Nínive de orgías cotidianas con acentos marciales, saludos a la romana -él los recuperó- y uniformes luego imitados al por mayor. La editorial Fórcola ha publicado sus crónicas periodísticas y su correspondencia amorosa con Barbara Leoni: si, para muchos, las primeras fundan el género de la moderna crónica mundana, la segunda instituye el canon del amor fou, y quizá no ha sido superada como monumento de la literatura epistolar erótica.

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16 mayo, 2016 · 12:58

Bajad a Cervantes de ahí

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Plaza de las Cortes, 1835.

Por la exposición conmemorativa de la Biblioteca Nacional supe que Miguel de Cervantes fue el primer civil español al que se colocó encima de un pedestal, en la madrileña plaza de las Cortes. Ahí sigue desde 1835, años antes de que llegasen a custodiarle las espaldas los leones de bronce del Congreso. Que Cervantes estrenara en España la condición de hombre monumental mejora nuestro estereotipo de ingratos culturales, pero empeora decididamente a Cervantes. Es preciso bajar a don Miguel de la peana. Es preciso boicotear todos los universales simposios perpetrados en su nombre. Urge pagarle de nuevo con el trato familiar, irreverente incluso, con que los lectores del XVII respondieron a su disparatada criatura, recreada en los festejos aldeanos por puro regocijo, no para justificar una partida presupuestaria.

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23 abril, 2016 · 20:02

La izquierda parvularia

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«Te estamos buscando».

Que la derecha renuncie al voto joven me parece lamentable, y así se lo dije a Rajoy la última vez que lo vi. Pero que la izquierda, de la más europea a la más tropical, se una para pedir la rebaja de la edad mínima del votante hasta los 16 años delata una sospecha respecto del uso de razón que sume en la melancolía a los espectros de Voltaire, Diderot, Constant y otros padres ilustrados. Hubo un tiempo en que la izquierda reivindicaba el legado kantiano que proclamó la mayoría de edad del hombre, el alba de un tiempo en que la luz horadaría las tinieblas del mito y toda superstición quedaría abolida. Pero desde que cayó el Muro la izquierda no para de involucionar, hasta acabar tocando el extremo de la reacción más negra, como esos cuperos manresanos que luchan contra el tampón imperialista recomendando esponjas marinas a sus buenas salvajes o compresas de paño como las que ponían a tender nuestras sufridas bisabuelas.

Se dice que quien no es de izquierdas de joven no tiene corazón, y que quien sigue siéndolo en la madurez no tiene cabeza. En la sentencia viaja implícito un sólido prejuicio: que uno se hace de izquierdas obedeciendo a resortes sentimentales, no después de someter el mundo a un análisis racional. No pocos filósofos han debatido sobre el origen de la ética, ubicándolo en el fellow-feeling, el impulso solidario de Hume, o bien en la razón práctica, como prefería Kant. Hasta que llegaron los neurocientíficos y constataron que el auriga de dos caballos de Platón era eso, mero platonismo, y que en realidad emoción y raciocinio andan bastante revueltos. Y sin embargo vivimos en un régimen glandular que despeja toda consulta directa a las hormonas mientras desacredita al córtex, órgano encargado de aguarle la fiesta al manipulador emocional; que jibariza la palabra hasta los 140 caracteres, mientras remunera con lujo las capciosas operaciones de la industria audiovisual; que extiende la adolescencia hasta la treintena; y que espectaculariza la política para no tener que estudiar su árida codificación de siglos.

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22 abril, 2016 · 16:00

Azúa contra la élite

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Barcelona, 2016. Auto de fe al estilo alemán.

De todas las acusaciones vertidas contra Félix de Azúa, la menos exacta es la de elitismo. No hay que ir muy lejos en la polémica entrevista; en la segunda respuesta afirma: «La gente tiene fascinación por el lenguaje. Son las élites las que son analfabetas y hacen lo posible por destruirlo». La élite que ostenta el poder en Barcelona hoy se llama Colau, y es contra la mediocridad de esa élite contra la que protesta el represaliado por los perros pavlovianos de guardia.

Hace tiempo que en España caducó la clásica dicotomía orteguiana entre masas y élites. Aquí las masas ya están alfabetizadas y las élites dejaron de estarlo como deberían. La clase media, pese a la crisis, goza de oportunidades que antaño eran privilegios gracias al efecto nivelador del capitalismo y de la democracia socioliberal, algunos de cuyos frutos se llaman Google o Estado de Bienestar. A la vez que la condición de los humildes mejoraba, el espíritu de los potentados se empobrecía, volviéndose indistinguibles el rico y el nuevo rico. Y sin embargo, cierta izquierda sigue creyéndose abogada de famélicas legiones y cierta derecha sigue pensando que encarna alguna forma de aristocracia intelectual. Dos formas de quijotismo.

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4 abril, 2016 · 13:03