Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

Del Bosque vs. Cruyff

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Monte Rushmore celtibérico.

El plano de Vicente del Bosque hablando con Toni Grande en el banquillo equivale un poco a nuestro Monte Rushmore. En esa imagen hay quilates de institución y de consenso, de sentido de Estado y de eco histórico, de perfil patricio y de lustre senatorial. Si acaso se echa en falta, no sé, a Gabriel Cisneros, a doña Carmena en su defecto, pero la escena transmite en cualquier caso una poderosa virtud cívica. El Mundial de 2010 ha funcionado en el ámbito futbolístico como la Constitución de 1978 en el político, y se comprende que a los padres del milagro se les tenga en curial consideración.

¿Se comprende? Veamos. Hace tiempo que la prensa política señala fallas en el sistema del 78, cuando no compra directamente la burra populista y vende refundaciones adánicas; la prensa deportiva, en cambio, se conduce con mayor conservadurismo y se coge con papel de fumar las más sutiles objeciones a la deriva del ciclo delbosquista, cuyas deficiencias según se acerca la Eurocopa caminan en pelotas como el rey del cuento. Todavía se discutía esta semana si Casillas o De Gea, que a estas alturas ya viene a ser como debatir si monarquía absoluta o parlamentaria.

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Poetas guerreros de nuestras letras, esta semana en el Parnasillo de COPE

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26 marzo, 2016 · 13:08

Hombres buenos

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Banderas en la nieve. Destacamento Vilkas, Lituania, 19-III-16.

Escribo desde una ciudad nívea y remota llamada Siauliai, en el corazón de Lituania, donde un destacamento español lidera la misión de vigilancia aérea de la OTAN en el Báltico, al mando del teniente coronel Ballesta. Lituania es una pequeña nación orgullosa de su independencia reconquistada al comunismo, pero temerosa de que don Vladimiro haga ahora con ella lo mismo que ya ha hecho con Ucrania. El orgullo nacional de Lituania no es incompatible con la humildad necesaria para reconocer que carece de fuerza para defenderse de Rusia. Yo no soy futurista, pero les aseguro que hay pocos estremecimientos comparables a la crepitación atmosférica que causa el motor de un Eurofighter Typhoon en carrera de despegue. Dos veces al día, seis días a la semana durante cuatro meses, suena en los oídos de los habitantes de Siauliai esta nana maternal. Porque así suena la civilización cuando sale a patrullar cargada de cosas que hacen «pum». Hasta Colau se emocionaría.

Los pilotos de esos cazas son españoles. No se enrolaron, sospecho, para acabar defendiendo la integridad territorial de Lituania, pero tampoco es su misión establecer las alianzas estratégicas, sino de los políticos. El centenar de hombres y mujeres destacados aquí cumple a diario con tareas minuciosas, y dedica el tiempo libre a hablar con sus hijos por Skype o a ir a jugar con los niños sin familia de un orfanato cercano. Y hay una sobrecogedora continuidad moral entre el teniente coronel Ballesta que recibe el informe de vuelo de un caza letal y el mismo teniente coronel Ballesta arrodillado horas después entre muñecas para conquistar la sonrisa de un huérfano lituano.

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22 marzo, 2016 · 20:02

Alonso y la simpatía

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Saliendo siempre por propio pie.

Parece ser que Fernando Alonso no cae del todo bien. Se asegura incluso que cae más simpático fuera de España que dentro. Se rumorea que hasta Lobato acabó cansándose de él. Al campeón asturiano, uno de los grandes pioneros del deporte nacional, se le atribuye el peor de los pecados que un deportista español puede cometer: la frialdad. Alonso es un tipo templado, temperamento muy útil para conducir a 300 kilómetros por hora pero garrafal para atraerse el fervorín del aficionado español, que es un espécimen que se alimenta básicamente de lágrimas, sean de alegría o de tristeza.

El aficionado no le consiente que eligiera residenciarse en el extranjero, ni que se case o ame o rompa en secreto, ni que escude sus derrotas en los defectos del coche, ni que no aproveche cada comparecencia para levantar el enésimo monumento a la falsa modestia o al tópico de manual. A Alonso, sobre todo, no se le perdona esa manía de decir la verdad cuando la verdad decepciona.

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22 marzo, 2016 · 19:52

Nueva política según Homero

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Errejón atado al mástil para no oír a las sirenas radicales de su partido.

Hay que ver lo que la realidad ha hecho con don Alexis Tsipras. Contemplad, podemitas, el prodigio obrado en él. Sólo ha transcurrido un año entre aquel amanecer nietzscheano en que levantó acta de defunción de la Troika y este crepúsculo realista en que defiende la necesidad de deportar refugiados a Turquía, pasando por sus ronroneos en la pernera del FMI cuando lo de Davos. Sería Tsipras un griego paradigmático en quien se suceden dos héroes opuestos: el pendenciero Aquiles de la ‘Ilíada’ que ganó las elecciones desafiando a los dioses y el flexible Ulises que retorna a la Ítaca del crédito negociando con inteligencia. El trecho metafórico que separa al rudo guerrero del astuto navegante cifra el paso del mito al logos, de la utopía a la praxis. De la adolescencia a la responsabilidad. Del populismo a las instituciones.

Toda fuerza populista experimenta crisis de crecimiento en las que la voz no termina de modularse y la barba no acaba de salir. Paradójicamente, es el sector liderado por el lampiño Errejón el que más rápido madura, superando la retórica calimochera de fiesta del PCE y aceptando con todas sus consecuencias la efigie de diputado que el espejo -y la nómina pública- les recuerda. Mientras que Iglesias regresa con demasiada frecuencia al narcisismo estudiantil de Guerra Fría y megáfono caliente. Hay un alma parda en Podemos con el reloj parado en los 70 que si mira a Grecia se avergüenza de Tsipras y se excita con Varoufakis, ese Peter Pan de moto y chupa que sale a 53.000 napos por conferencia. Ya se sabe que la ficción vende más que el ensayo.

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Esta semana Rubén Darío en El Parnasillo de COPE, en el centenario canéforo de su muerte

Comentario en COPE sobre el 11-M: una herida española que no cicatriza

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11 marzo, 2016 · 10:38

El Empecinado, o el orgullo del arroyo

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El héroe en el pincel de Goya.

Ganar una guerra es la manera más segura de escribir la historia, según quiere el famoso adagio. Pero pocos hombres legaron, además de su nombre al panteón de guerreros ilustres, también su apodo a la psicología popular, al mismo tiempo que su peculiar táctica de combate al vocabulario universal de la estrategia bélica. Estas tres hazañas juntas le fueran concedidas a Juan Martín Díez, el partisano que venció a Napoleón empecinándose en una guerra de guerrillas antes de despertar del sueño de libertad y toparse con Fernando VII, que traía consigo las cadenas para su pueblo y la horca para su héroe.

De niño me fascinó la vida de este guerrillero de fiero mostacho y vida trepidante, siempre entre la gloria y la condena, ese brusco vaivén tan español y tan siglo XIX. Quizá todo empezara por el libro que mi padre me regaló en mi primera Feria del Libro: Fray Perico, Calcetín y el guerrillero Martín, donde el fraile ficticio y el combatiente histórico cruzaban sus destinos en plena Guerra de la Independencia. Hubo un tiempo en que los niños no solo leían, sino que se les daba a leer cuentos sobre la historia de España y no solo magia con hormonas. De Barco de Vapor al episodio nacional que Galdós le dedicó fui saciando mi curiosidad y alimentando una púber vocación de emboscador de franceses sin reparar en que mi país ya había entrado en la OTAN, y por tanto Francia era nuestro aliado.

Le llamaban “empecinado” por el cieno o pecina que perfumaba las aguas en descomposición del riachuelo que atravesaba su pueblo natal: Castrillo de Duero, provincia de Valladolid. Me encanta el simbolismo del detalle: a uno de nuestros héroes decimonónicos más indiscutibles le recordaban cada vez que le llamaban que era hijo del fango, un paria del arroyo, pero cuando fue ascendido a mariscal firmaba “Empecinado” con el orgullo crecido. Esa raza ya no se estila.

Se conoce que un soldado gabacho violó a una del pueblo y por ahí no pasó. Tirando de amigos y familia, Juan Martín armó una cuadrilla y se echó al monte a hacer la guerra por su cuenta, como buen español. Más tarde se enrolaría en el ejército regular, pero algunas batallas perdidas le persuadieron de regresar a su método, que se reveló eficacísimo: su dominio del terreno por todo el frente castellano le permitía tender emboscadas, interceptar correos, apresar convoyes y convertir en general su nombre en una pesadilla para los mandos napoleónicos. Cuando uno de ellos atrapó a su madre para exigirle que se entregara, el hijo capturó a cien franceses y respondió que o soltaban a mamá o los fusilaba a todos allí mismo.

Lograda la victoria continuó la guerra por medios políticos, pero esa trinchera exige más fortuna que coraje. Liberal comprometido con la Pepa, partidario de Riego, gobernador de Zamora, desterrado a Portugal con la restauración absolutista, el rechazo del título nobiliario con que fueron a sobornarlo terminó de enojar a Fernando VII. Todavía camino del cadalso logró romper las esposas y arremeter contra la soldadesca realista; reducido con una maroma, el golpe de soga al cuello fue tan violento que sus alpargatas salieron despedidas.

Goya lo retrata como el héroe que fue: paleto hasta la nobleza, irreductible hasta el martirio. Empecinado.

(Publicado en La aventura de la historia, número 209, marzo de 2016)

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6 marzo, 2016 · 9:30

Zizou busca su coalición

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«Ese no está corriendo, socio».

He pasado la semana viendo documentales de Zidane. Una actividad muy indicada para entretener meses como estos, vacíos de poder pero llenos de ruido y furia que no significan nada. Consumí íntegro un documental en francés del que entresaqué la definición más exacta del Zidane futbolista, obra de un tal Hidetoshi Nakata: «Era un jugador como de música clásica». Dicho por un japonés, de quien más bien esperaríamos lo de Valdano sobre Romario («Es un jugador de dibujos animados»), la sentencia gana mucha vibración.

Pero ahora Zidane ya no interpreta el fútbol sino que debe dirigir la orquesta. Y lo primero que ha hecho es halagar los oídos finísimos de sus primas donas, que hoy presumiblemente correrán contra el Deportivo todo lo que no corrieron con Benítez en la esperanza de que el ex tenga la tele conectada, para que le joda más. No se descarta incluso que la BBC baje a defender en un córner, sevicia equivalente a subir al Facebook aquella foto en la que se te ve colgando del cuello de su mejor amiga.

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9 enero, 2016 · 13:32

El madridismo como decepción

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«Lo intentaré» sí es un frase sensata.

Cumpliendo con añejas tradiciones, Florentino le da boleto al entrenador al que meses antes ratificó. El Real Madrid es un club aristocrático donde todos los vicios llegan a viejos: un presidencialismo blindado, una plantilla estelar, una bulimia mediática que jamás se sacia y una grada narcisista que ignora que lo es: rasgos que ya distinguían al club en los 50. Y ahí seguimos, honrando los cánones.

Lo que no está en los cánones es la sobriedad, la liturgia casi furtiva con que el presidente despachó a Benítez -hay más gente llorando todavía por el puesto de Edurne en Eurovisión- y presentó a Zidane, que tuvo el buen gusto de emocionarse para caldear un poco esta atmósfera aborrascada. Zidane ha prometido corazón, y del suyo no dudo. Ni siquiera dudo ahora de la santa voluntad de los jugadores, esa rehala de divas exfoliadas a las que disgustó la jeta de Benítez desde el primer día, cuando se conjuraron para echarlo. Cinco meses les ha durado, en el transcurso de los cuales -digámoslo todo- Benítez no supo armar un estilo ni buscar aliados para hacerse respetar. Ese fracaso es suyo y por eso sale. Porque si no, tendrían que salir los demás.

-¡Pero yo quiero un equipo de fútbol, no una constelación de estrellitas!, salta el pipero de guardia.

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5 enero, 2016 · 10:29

El puente de Spielberg

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Tom Hanks, como el idealista letrado Donovan.

Spielberg ha entregado nada menos que una película de Spielberg, gesta que probablemente hoy sólo esté al alcance de Spielberg. Sin ser redonda, El puente de los espías abunda en momentos memorables.Uno de ellos nos presenta al abogado Donovan -nuevo Atticus Finch del garantismo judicial- respondiendo así al agente Hoffmann de la totémica CIA, quien le intimida para que viole el secreto de confidencialidad en aras de la seguridad nacional, madre de todos los pretextos despóticos:

– Usted se apellida Hoffmann. De origen alemán. Yo soy Donovan, de origen irlandés. ¿Sabe usted lo que hace que ambos seamos americanos? El reglamento.

O sea, la Constitución. En la película, Donovan se queda solo defendiendo aquel sencillo axioma que insiste en que sin ley no hay libertad: los periódicos, los policías, los jueces y hasta su esposa se muestran incapaces de entender que la superioridad moral del estilo de vida americano sobre el soviético emana precisamente de la observancia estricta del reglamento. Sobre el puente de Spielberg se canjean espías pero no principios: no hay equidistancia posible, y si la CIA queda retratada en su legendaria arbitrariedad es porque el antiamericanismo es el hijo autocrítico del americanismo más noble (aún esperamos una peli castrista anticastrista). Se dice que el comunismo se derrumbó por el efecto publicitario de la industria de consumo; pero la famélica legión del Telón de Acero tenía sed de libertad, no sólo de Coca-Cola.

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Comentario en COPE sobre el comedero de patos o debate Sánchez-Rajoy

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15 diciembre, 2015 · 11:29