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La mierda de Zidane

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Cabeza de artista.

Lo que no se le puede negar a Zidane es que huele bien incluso cuando se enfada. En su boca, la palabra «mierda» evoca aquella colonia que orinaba Guardiola. Debería haberlo dicho en francés, un idioma capaz de sublimar cualquier indecencia, aunque fue un italiano, Piero Manzoni, el primero que enlató sus heces para demostrar que el arte puede aflorar de los lugares más insospechados, incluido Mestalla. Porque también la derrota del Madrid ante el Valencia podría haber posado en ARCO: los primeros minutos aportaron la obra maestra de la confusión, con Varane de coreógrafo patoso, y los últimos ofrecieron el espectáculo siempre hermoso de la agonía en la orilla. Arte conceptual y tres puntos al carajo.

Sabemos que el arte contemporáneo es un campo sin puertas donde una escultura ya se define como aquello con lo que tropezamos mientras retrocedemos para ver mejor una pintura. Los madridistas esperamos que el equipo no retroceda mucho más, aunque ello comporte sacrificios estéticos. Zidane sabe que el prestigio más sólido de un técnico lo labra la Liga; de ahí su enojo, que ojalá pase a sus jugadores transformado en competitividad. Ni los caprichos del calendario ni la galerna de Vigo ni el Sáhara en suspensión excusan la indolencia al principio o a mitad de un partido. Hay que hacerse a la idea de que el alirón es como las mayorías absolutas: un anacronismo que no volveremos a ver en algún tiempo, por fortuna para los cronistas.

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El bueno (Verdú), el feo (Rajoy-Puigdemont) y el malo (Blesa-Rato) en La Linterna de Cope

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27 febrero, 2017 · 12:48

Luis Enrique y la mecánica de los fluidos

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El rebelde entrevistado por el sistema.

El madridismo contuvo la euforia la noche parisina en que el Barcelona naufragó a conciencia. Sabemos que una entrañable relatividad rige los odios entre Madrid y Barça, de modo que el éxito de uno instaura el fracaso automático del otro. Pero hubo que aplazar el júbilo 24 horas, que es lo que tardaron los de Zidane en devolver al Nápoles a Italia con tres agujeros en su autoestima maradoniana, desde hace mucho trabajada por la polilla.

Y, sin embargo, con los años a uno le cuesta más celebrar la desgracia ajena o, por mejor decir, evacuar el júbilo reprimido sin mezcla de compasión alguna. Fíjense en Luis Enrique. Muchos madridistas apenas disimulan una corriente subterránea de solidaridad con ese asturiano regurgitado por el sanedrín de La Masia como un cuerpo extraño, como un bastardo en su linaje. Es verdad que su carácter no invita a nombrarlo embajador vitalicio de Unicef, pero demasiado rápido se han olvidado del triplete cosechado a su llegada, o lo que es peor: lo atribuyen exclusivamente a la inspiración de Messi y compañía. Luis Enrique ha tenido que soportar el parangón con Pep cada minuto que ha permanecido en ese banquillo narcisista donde sólo un protestante podría plantear la herejía del contraataque y la blasfemia del tridente ofensivo en detrimento del centrocampismo dogmático. Luis Enrique es el Lutero del credo cruyffista, y va a acabar en la hoguera.

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19 febrero, 2017 · 17:25

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad MouPep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08

Guardiola: femenino plural

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¿Grana o más bien rosa?

Preguntado sobre si su marcha al City podría distraerle de su compromiso en vigor con el Bayern, Pep Guardiola ha respondido que él es como una mujer, «capaz de hacer varias cosas a la vez». Luego se ha quejado de que en tres años los periodistas deportivos alemanes apenas le han preguntado sobre fútbol, lo cual es todo un consuelo, porque desmiente la singularidad de la prensa deportiva española: en eso estamos al mismo nivel que la primera potencia de Europa.

Mucho se escribió aquí sobre los atributos femeninos de don Pep cuando entrenaba al Barça, e incluso llegaron a reconocérselos no sólo acreditadas blogueras de moda sino también hirsutos graderíos de la competencia en días de partido. Todos recordamos los ingeniosos cánticos y no es cosa de repetirlos ahora. En todo caso Guardiola fue un pionero de la erotización del fútbol, que hasta entonces era patrimonio de los jugadores y él la extendió a los banquillos. En el añorado duelo Mou-Pep, que pronto se reproducirá en Inglaterra, el luso interpretaba al galán testosterónico de un culebrón mexicano y el catalán a la prima donna de una ópera de Verdi. Qué tiempos. Ya no nos divertiremos tanto hasta que se muera Azorín, según le dijo Raúl del Pozo a Umbral en el velatorio de Ruano.

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6 febrero, 2016 · 13:48

El Estado de Mateo Messi

El huevo de Colón.

El huevo de Colón.

En la Diada del año promisor de 2015, la buena gente de Cataluña se echó a la calle embutida en la segunda equipación del Barça para celebrar la encarnación de Mateo Messi, Rómulo neonato del nuevo Estado con nombre de evangelista. Así arrancará una pieza de historiografía a la ‘bilbeny’, y sabremos entonces que se ha consumado la futbolización de la democracia. El ciudadano diluido en afición, la urna degradada a bombo, la ley rebajada a arbitraje, el TC tomado por el TAS, el voto evacuado a pitos y la quiebra nacional considerada como un gol a Madrid. Aún no me explico por qué Guardiola cierra la alineación de ‘Revueltos por el Sí’ en vez de encabezarla.

Cabe esperar que la inmersión lingüística del pequeño Mateo resulte más satisfactoria que la de su tía Marisol, hermana de Leo, que se fue de Cataluña porque no podía estudiar en castellano. Le faltó paciencia a Marisol, pues de haber esperado hasta septiembre de 2015 habría asistido a un prodigio no visto desde el episodio de Babel: los mamporreros de la lista de Mas redescubriendo el viejo pragmatismo fenicio para repartir propaganda… traducida al español, conscientes de que no hay mejor manera de llegar a más votantes. La paradoja es sólo aparente: hay una simetría perversa pero inequívoca en la voluntad de utilizar la lengua común para fabricar extranjería por parte de quienes siempre utilizaron la lengua vernácula para apropiarse de lo de todos.

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15 septiembre, 2015 · 11:05

Chat del clásico con Sostres

Sostres / Bustos.

Sostres / Bustos.

¿Qué les parece que el partido se juegue un domingo a las nueve de la noche?
-JB: Si de mí dependiera no habría avisado al Barça de la hora del partido, como diría Shankly.
-Salvador: Me parece estupendo porque cuando el Barça juega el sábado, el domingo es aburridísimo.

Buenos días, Salvador y Jorge, ¿estáis de acuerdo, como se está comentando por ahí, que el Barca con el mejor Messi desde hace mucho tiempo, le va a dar un repaso a un Madrid en horas bajas? Jorge, ¿será el domingo uno de esos días que te gustaría que Cataluña fuera un país independiente y, consecuentemente, este partido no tendría lugar? Muchas gracias a los dos.
-JB: A mí no me gustaría que Cataluña fuera independiente ni aunque encadenáramos manitas una década. Bueno, entonces puede. Pero quizá no hemos reparado en que la rivalidad del clásico nos une en un odio redentor muy español. Mientras juguemos clásicos, el Estado está a salvo. Y el folclore.
-Salvador: El Barça es Messi, sin duda. Sin Messi, el Barça es un equipo caótico y desfigurado. Hasta irrelevante. Pero hacer pronósticos sobre los clásicos es aventurado. Puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. Dar al Madrid por muerto es de cateto provinciano. Y te lo digo yo, que estoy rodeado.

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La gloria de Xabi Alonso

La última prueba del heroísmo siempre es el sacrificio.

La última prueba del heroísmo siempre es el sacrificio.

La épica de nuestro tiempo se llama Liga de Campeones. La creó el Real Madrid para que a todos los pueblos llegara la noticia de su grandeza, y se preocupó de regar la leyenda con el polvo cósmico de nueve noches triunfales. Con ese polvo de estrellas se labra luego la plata maciza de la orejona. De la última de ellas, sin embargo, hacía ya demasiado tiempo y el mundo corría el peligro de olvidar a su rey.

Doce largos años llevaba el eco de la historia esquivando al Real Madrid. Para salir de tan amarga travesía se necesitaba una acción heroica, a la altura de su destino legendario: se necesitaba nada menos que arrasar Germania. Encararse con la bestia negra y torearla en buena lid. Y lo hizo este Madrid de don Carlo Ancelotti en el año del Señor de 2014, primero contra el Schalke, luego contra el Borussia y para finalizar, postre de dioses, el Bayern de Guardiola reducido a escombro y humillación.

El Madrid, sin necesidad de filosofías genialoides, consumó la gesta con una idea tan antigua como difícil: los atacantes defienden, los defensores atacan. El Madrid se comportó como un grupo tan compacto y solidario que se hace imposible destacar aportaciones individuales. Podríamos cantar el poderío de Ramos, el sacrificio de Bale, la movilidad de Modric, la solidez de Pepe, el récord sobrenatural de Cristiano Ronaldo. Cada uno de ellos merecería su propia Lupa.

Pero en el día después de la batalla, cuando preparamos con ilusión incontenible el viaje a Lisboa, queremos fijarnos en el hombre que no podrá jugar esa final soñada. Sabía Xabi Alonso que estaba apercibido, pero se marchaba Bastian Schweinsteiger y el vasco fue al suelo como van los hombres. La falta no estaba en su intención, pues encogió la pierna, sino en la inercia de un césped regado y en el efecto colateral de su coraje, el mismo que se requiere para vencer. Enseguida se tapó la cara con las manos: sabía que el árbitro no se la pasaría. Él ya ganó una final de Champions, con gol incluido, pero quizá ningún otro jugador del Madrid ha ayudado tanto a Ancelotti a construir este Madrid ganador. “Me debía una Champions”, dijo de Alonso el entrenador italiano cuando llegó a Madrid, recordando la remontada histórica del Liverpool frente a su Milan.

Pues bien: Xabi ha cumplido. Su esfuerzo ha llevado al Madrid hasta la orilla de la Décima, y él mismo se ha quedado en ella, castigado injustamente. Pero no nos fijemos en el rigor del árbitro ni en la estupidez de la norma, sino en la pura verdad de que, si se toca la gloria, a las manos de Xabi corresponderá uno de los pedazos más grandes. Los héroes no siempre están en la última foto: donde tienen que estar es en todas las anteriores.

(La Lupa, Real Madrid TV, 30 de abril de 2014)

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Roma vincit

El centauro de Camas.

El centauro de Camas.

En el año 2767 desde la fundación de Roma, que equivale al 2014 del calendario gregoriano, el capricho de los dioses encomendó al Real Madrid la ardua misión de arrasar Germania. Debía vencer donde la historia le había humillado. Eliminar a los esquivos mineros del Schalke, a los jóvenes orgullosos de Dortmund. Y en una noche primaveral del mes cuarto, con todos los elementos en contra, la horda bárbara perfectamente alineada, la mofa de los conspiradores ya secándose en amarillento pergamino a la espera de ser difundida, el equipo blanco llevó a término su misión reduciendo a escombros los cimientos de Baviera, con ayuda de Marte, guiado por la cegadora astucia de Carlo Ancelotti, fecundo en ardides, y los poderosos muslos de un hispano y un lusitano, de tremolantes penachos, queridos por los dioses.

No hay palabras en la ancha paleta de las musas para describir la gloria de los vencedores ni el pesar de los vencidos, en especial el pesar de su primus inter pares: Pep Guardiola, de torva mirada y lengua silbante. La batalla comenzó como se esperaba, pero terminó antes de tiempo. El esquema de Ancelotti era tan previsible como eficaz: 4-4-2 en defensa que se desplegaba en fulminante 4-3-3 cuando el Madrid robaba y lanzaba el ataque. La principal novedad la representaba el trabajo defensivo de Bale, que corría hacia atrás sin reparo para ayudar a Carvajal a secar a Ribery, interpretando a la perfección el plan del mando: los atacantes defienden, los defensores atacan. Nada más y nada menos bordó el Madrid en una primera parte homérica que obró el milagro de un ninguneo histórico al Bayern en su campo.

Sabemos que, llegados hasta aquí, sin Décima no habrá paraíso ni memoria. Pero valdría la pena recordar siempre el modo en que el Real Madrid de Carlo Ancelotti se ensañó con la potencia muniquesa del filósofo Guardiola, cuyo dogma de la santa posesión queda tan seriamente revisado en Europa como el geocentrismo. Veremos si no es Beckenbauer el primero en prender la tea del sacrificio expiatorio, la quema del heresiarca.

El Bayern no tejió su rondo como en la ida. El partido nació a brincos, a cabezazos, a desconexiones nerviosas. Carlo y Pep ya estaban de pie en el minuto dos para tratar de atajar semejante espectáculo, tan indigno de una legión romana como de una horda bárbara con estudios. Enseguida Di María quiso emular la de Coentrao en el Bernabéu y sacó un centro desde la banda al que esta vez no llegó Karim. Bale voleó luego muy alto un rechace de Neuer que anunciaba cosas raras, inversiones de hegemonía, fallas paradigmáticas: un gol en Múnich. Y el gol no tardó, pasados unos rifirrafes pueriles entre Ribery, Carvajal y Pepe que evidenciaban tanta ansiedad alemana como picaresca madridista. Recupera el Madrid, Cristiano toca de espuela, Benzema controla en la frontal, se la roban y es córner. Modric al lanzamiento. Coloca el balón en la curva fantasmal donde se aparecen los muertos. Y ahí estaba Ramos, agazapado. Se elevó con toda su raza, aplicando lo ensayado ante Osasuna, y la puso tan lejos de Neuer que todo pareció hecho. El sagitario de Camas inauguraba su noche colonial, insomnio de los niños bávaros que soñarán con la criatura mitológica que hundía imperios a cabezazos.

Los alemanes acusaron el golpe. Empezaron a pegar. Plantillazo escalofriante a Cristiano de Dante (faltaban Virgilio y Beatriz), signo elocuente de frustración. Ni siquiera tuvieron tiempo de hacer muchas más faltas. Di María cuelga otra falta al área y Ramos avanza el rostro con determinación caníbal. Segundo gol. El relincho del centauro apaga las gargantas. ¿No era este el que tiró aquel penalti hace dos años? Sí era, sí.

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30 abril, 2014 · 1:47