
Cuando pasen los años en que vivimos peligrosamente, los años en que fuimos gobernados por un insensato sin escrúpulos por decirlo con la fórmula exacta de El País, algunos españoles memoriosos nos dirigiremos a la plaza de Las Salesas, donde se alza el Tribunal Supremo, con una ofrenda personal de gratitud. Allí nos dirán que las ofrendas son para los héroes, que ellos se limitaron a cumplir con el que es su deber desde 1812, cuando España dejó de ser propiedad de una familia (tanto da Borbón-Dos Sicilias que Sánchez-Gómez) para serlo de todos los españoles.













