Archivo de la etiqueta: es la guerra

Almeida

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Un alcalde.

No es el más alto ni el más carismático, pero es un político decente. Uno con más principios que estrategias. Las estrategias sirven para salir favorecido en los medios, y esa batalla la tenía perdida José Luis Martínez-Almeida desde que se metió en el PP, un partido en inmunodeficiencia mediática en gran parte por su culpa. Los principios, en cambio, sirven para saber lo que hay que hacer cuando todo el mundo a tu alrededor pierde la cabeza, empezando por el presidente de tu país. Mientras los estrategas forcejeaban con sus propios argumentarios y el virus se propagaba feliz, Almeida oyó la voz interior que en su gremio suele yacer bajo toneladas de tacticismo y le puso un micrófono: los ciudadanos se merecen la verdad; no cabe descartar el cierre de Madrid; los jóvenes deben estar a la altura del legado de sus mayores; necesitamos medidas económicas ya: aquí van las nuestras. Almeida no esperó a consensuar estas declaraciones con nadie porque hay momentos especialmente contraindicados para las mesas de negociación, sobre todo si al otro lado se sienta tu conciencia. Tu deber.

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17 marzo, 2020 · 10:55

La última noche de Madrid

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Solo en Sol.

Madrid es una ciudad de más de 2.940 contagiados y 133 cadáveres, según las últimas estadísticas. Un enemigo silencioso y voraz se encargará pronto de caducarlas: para cuando usted lea esto, sus víctimas serán más. Y quizá muchas más. Madrid es el rompeolas de una pandemia y es también la capital de un país en estado de alarma. Como a otras urbes del mundo, pero con la saña adicional que nació de la imprudencia política, la ataca la cólera abstracta del Covid-19. Los madrileños no oyen bombardeos ni gritos de dolor, ni cuentan con un aparato que mida la radiación arrojada al aire tras un accidente nuclear. Por eso se resisten a confinarse del todo. Porque el madrileño es un pueblo vitalista y hedónico que necesita ver para creer, sentir para cambiar y sufrir para obedecer.

Es viernes por la tarde y el presidente del Gobierno acaba de anunciar un decreto de medidas extraordinarias que entrará en vigor mañana. Será interesante descubrir cómo interpreta Madrid esta víspera tensa, prórroga inverosímil, fruto de la improvisación si no de la irresponsabilidad.

Desde su pedestal en Colón la cabeza blanca de Julia se alza sobre una ciudad conmocionada. Ahora ya sabemos por qué Jaume Plensa la esculpió con los ojos cerrados: para no ver cómo una metrópoli concebida para el ruido enmudece lentamente. Demasiado lentamente a juicio de las autoridades. Los viandantes transportan bolsas de avituallamiento por el Paseo de Recoletos, los ciclistas pedalean contentos de no tener que compartir calzada con los coches y los runners consideran que corren más rápido que el coronavirus. Los políticos han apelado a la responsabilidad individual, un concepto que lleva cogiendo polvo en el desván del primer mundo desde que se inventó el consumo de masas y el paternalismo de Estado, más o menos.

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15 marzo, 2020 · 23:44

El ángel Covid-19

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Un hombre desarbolado.

No me atrevo a pedirle al coronavirus que sea nuestro terremoto de Lisboa, porque entre nosotros no diviso a un Kant ni a un Voltaire, pero debería serlo. Cada generación padece un trauma colectivo que le permite redescubrir el mediterráneo de la fragilidad humana y le invita a actuar en consecuencia. La Ilustración no se habría desplegado como lo hizo sin el brutal seísmo de 1755, que obligó a la inteligencia a replantearse su optimismo y ofreció a la voluntad un nuevo límite que superar. Así es como la catástrofe estimula el progreso, el periodismo depura la injusticia y el mal, en suma, convoca al bien.

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14 marzo, 2020 · 11:36

Apocalipsis paleto

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Aldea.

España se ha llenado de paletos. Asistimos a la apoteosis cateta y proclamamos el dogma de la inmaculada concepción de tu terruño, que ya tenía hacienda propia y comisarios lingüísticos vigilando patios cuando desembarcaron los putos fenicios. La izquierda plurinacional y la derecha imperial se postran ante el nuevo ídolo, sea una virgen muy rezada por Isabel de Trastámara o un fetiche tallado por guanches en taparrabos o por astures que meaban al pie de un tejo, y el único partido que combatía el nacionalismo centrífugo sin caer en el centrípeto pena en el infierno, según se ha hecho aquí toda la vida con la herejía liberal. La antigua sede de la soberanía degenera hacia la yuxtaposición de terruñistas con boca de fraile y alma de banquero, sus manos en la masa anémica de un Estado narcotizado por el gorigori del santo progreso, tendido en el catre de San Jerónimo como una eslava de trata. A la ansiedad existencial que provoca la globalización se suma el repliegue identitario que fomenta la burbuja digital y esto, que ocurre en todo el mundo, en España lo empeora un diseño constitucional que puso en los nacionalistas la fe del cornudo y la llave del gobierno. Ahora, viendo a las amantes elevadas a legítimas, no hay comarca que no envidie el mismo trato. Y el epígono de Rinconete con ojeras que preside pero no gobierna trata de aguantar en Moncloa abrazando naciones como si fueran farolas. Cuando acabe su obra ya no va a hacer falta que el cantón de Cartagena declare la guerra al de Murcia porque la batalla irá por barrios, Chamberí contra Malasaña y así, por no hablar de Vallecas. Seremos como Javier Espinosa sin salir de casa. Así lo quiere el progreso desde que la unidad es un invento del fascismo y la Revolución Francesa fue hija de Franco. Quien por cierto escribió en su despedida: «Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la patria». Pero la momia de Mingorrubio, pese a echárselas de centralista, no nos dejó dicho cómo casar la exaltación de lo múltiple con el mantenimiento de la fortaleza de la etcétera.

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24 noviembre, 2019 · 23:05

El buen nacionalista

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Nacionalismo.

El buen nacionalista se asoma a la calle, aspira el hedor a plástico quemado y murmura: «Així no«. El buen nacionalista no entiende lo que está pasando: ellos son gente de paz. Lo han sido siempre, lo han demostrado una y otra vez. Su fuerza es la sonrisa, sonreían incluso a pesar de saberse un pueblo milenario oprimido por un Estado remoto, cerril y atrasado. Resultaba agotador andar reclamando en Madrid lo que les corresponde -el lugar que la Historia les adeuda- a los gobiernos de PSOE y de PP. Durante demasiado tiempo han sido la locomotora de esa ristra de vagones que a duras penas traquetea Ebro abajo, sin impulso propio, lastrado por inercias africanas. Pero un día eso se acabó. La hora de aligerar peso sonó en sus corazones. La Dinamarca del noreste peninsular debía marchar hacia su destino. Y el procés echó a andar sobre los ejemplares raíles del pacifismo. El mundo les miraba.

El buen nacionalista contempla los esqueletos calcinados de los vehículos, las imágenes virales de las palizas callejeras, el padre que pone a salvo a su bebé del avance de las llamas que rasgan la noche. Y murmura: «Així no«. No le sale otra cosa. Violencia y Cataluña son agua y aceite: una mezcla imposible. Seguramente la mayoría sean infiltrados. Y los demás serán chavales que están en la edad. Pero ojo, tampoco es excusa. Primero paciencia, luego independencia. No podemos hacerle el juego a los tribunales españoles justo ahora que Europa entera descubre sus reminiscencias franquistas. El fuego no ayuda a la causa. Las cosas arden y da pena. Quina tristesa.

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20 octubre, 2019 · 23:47

Orgullo hermafrodita

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Un liberal progresista.

El gran error del centro es existir. En este mundo hay peras y manzanas, blancos y negros, izquierda y derecha: el centro es una aberración genética, y una agresión al hispánico cerebro donde chirría como en ningún otro la disonancia cognitiva. Por eso en estos días poselectorales regresan nuestros sexadores ideológicos a examinarle la entrepierna a Cs para ver si tiene pene o vulva, cuando la naturaleza de Cs consiste en tener pene y vulva a la vez, y se equivocará si no usa ambos. El insensato proyecto de un centro en el país de las guerras civiles pretende elevar el hermafroditismo ideológico a hegemonía política. Calibremos, pues, sus atributos.

El hermafrodita o extremocentrista es alguien que no soporta la superioridad moral de la izquierda pero tampoco la noción patrimonial del poder de la derecha. Odia los sermones, vengan del obispo de Alcalá o de una neomonja feminista. Le revienta que se juzgue a un cargo público -pongamos Carmena– por su aura mística y no por su gestión, como le asquea el ademán señoritil del conservador cuando sube al coche oficial. Sabe que el liberalismo no tiene nada que ver con el reparto de mamandurrias entre amiguetes ni con el populismo fiscal, sino con bajar los impuestos precisos a los bolsillos adecuados, porque el Estado de bienestar es la red de seguridad de los más débiles y al centrista le importa la igualdad -la igual libertad de oportunidades, no de resultados- tanto como la libertad.

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2 junio, 2019 · 21:42

Albert Rivera y la política rocanrol

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Política.

El fichaje de Ángel Garrido por Ciudadanos a cuatro días de unas elecciones generales que entre otras cosas dirimirán el liderazgo del centroderecha es un capítulo de Netflix. Tiene de todo. Él se enteró por la prensa de que Casado no contaba con él y por la prensa se ha enterado Casado de que Garrido se va con Rivera después de haber firmado su conformidad con el puesto número 4 en las listas del PP a las europeas. Pero Garrido solo pierde dinero -en Bruselas se vive bien-, porque el respeto de su ex partido ya sentía haberlo perdido cuando le sustituyeron por Díaz Ayuso, cuyas sentencias públicas están más cerca de Yogi Berra («Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro») que de Eleanor Roosevelt. El barón que no cedió al chantaje del taxi y empezó en UCD puede vender afinidad a Cs.

La maniobra de Garrido desnuda una venganza fría, cariñosamente planeada, que expresa en toda su impactante crudeza hasta qué punto el 28-A no dirime solo la permanencia de Pedro Sánchez en el poder sino el liderazgo del centroderecha que se disputan Rivera y Casado. Disputa que afloró con virulencia en los debates: el primero lo ganó Rivera y en el segundo estuvo mejor Casado, pero el golpe de mano del líder naranja a la mañana siguiente entierra esos ecos triunfales junto con la insidia ya ociosa de su entendimiento poselectoral con el PSOE. Rivera ya no quiere ser la bisagra de nadie ni jugar a centro impoluto: quiere acercarse al PP hasta rebasarlo. Que eso revele un delirio de grandeza o el instinto de quien ha olido sangre -el PP sufre por añadidura la hemorragia hacia Vox, adonde se ha marchado hasta el autor del logo de la gaviota- lo dirán las urnas. Pero de momento ha conseguido que de aquí a las elecciones se hable de su aspiración a liderar la alternativa al sanchismo. Se llama guerra psicológica.

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24 abril, 2019 · 18:31

La década sanchista

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Plurinacionalizando.

Tan antigua y profunda es la pasión de España por la guerra civil que se las ha arreglado para reducir a la pugna de dos únicos bandos unas elecciones a las que concurren cinco partidos nacionales. El 28-A ha quedado configurado como un revival posmoderno y tristísimo de las dos Españas, donde los nietos de los vencedores se han cansado de esperar las credenciales democráticas extendidas en régimen de monopolio desde hace décadas por los nietos de los vencidos.

Una garrafal polarización se ha larvado durante años en el subsuelo de lo establecido. Era un rumor de fondo al que el marianismo puso sordina y al que el sanchismo se la ha quitado por cálculo electoral: ahora señala a voces a su criatura desenterrada para espanto de almas bellas en busca de cantautor. Si Franco no sale de la montaña, la montaña sale al encuentro de Franco.

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16 abril, 2019 · 11:04