Archivo de la etiqueta: El poder desgasta a quien no lo tiene

La metamorfosis

Del ceño al desmelene.

Del ceño al desmelene.

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Pablo Iglesias se despertó convertido en un monstruoso socialdemócrata. Estaba echado de espaldas sobre la blanda centralidad del tablero y, al alzar la melena, vio su vientre convexo y pálido, demasiado convexo y demasiado pálido aún, y lejos por tanto de las dulces curvaturas que procura una vida al solaz de la nómina de Estado; pero ya no tan inspirador, tan rugiente como antaño.

– ¿Qué me ha ocurrido?

Leer más…

Deja un comentario

18 septiembre, 2015 · 12:12

¿En qué momento se torció el PSC?

Dos socialistas catalanes: similar naturaleza en dos tripartitos verdaderos. Foto de Antonio Moreno.

Dos socialistas catalanes: similar naturaleza en dos tripartitos verdaderos. Foto de Antonio Moreno.

No hace tanto tiempo que el PSC salía en los telediarios por las victorias rotundas de sus alcaldes y no por la desinhibición danzarina de su candidato autonómico. O por las declaraciones contradictorias que se cruzan quienes deberían fijar una posición. Se pretende que las elecciones del 27-S pasen a la Historia por circunstancias que de momento caen del lado de la ucronía. La decadencia del socialismo catalán, en cambio, es en la presente campaña un hecho mensurable: entre los 52 escaños de Maragall en 1999 -con los 42 de 2003 alcanzó el poder- y los 20 asientos en el Parlament que acreditó Pere Navarro en 2012 se narra la historia de un fracaso que aún puede conocer un colofón más patético: el CIS les otorga el cuarto puesto en intención de voto (16-17 escaños) y está por probarse siquiera su utilidad como bisagra. Y tampoco sabemos hacia qué lado giraría.

La paternidad de este fracaso, como tantas cosas en Cataluña, es discutida y discutible. Digamos que existe acuerdo en que el PSC consta de dos almas, una españolista y otra catalanista, por adoptar la terminología al uso. Pues bien: los de alma españolista -y los barones socialistas de fuera de Cataluña- atribuyen el crepúsculo del partido a la traición del principio de la unidad nacional, que ya sólo defienden inequívocamente PP y Ciudadanos; los de alma catalanista arguyen en cambio que el PSC está donde está… porque advirtió tarde la demanda social de Estado propio y no supo liderarla a tiempo. Tal cual.

Leer más…

Deja un comentario

17 septiembre, 2015 · 10:08

Estimado don Mariano:

«Estimado amigo…»

He leído el libro que me regaló: ‘Fuego y cenizas’, de Michael Ignatieff. Lo encontré en un paquete a mi nombre una mañana en la redacción de EL MUNDO, junto con una nota manuscrita en la que usted me revelaba que estaba dedicando su asueto galaico, entre otras cosas, a leer mi libro: ‘La granja humana’ (Ariel). En la nota además emitía un juicio de valor, no desprovisto de laconismo: «Me gusta. Está bien». No voy a decir que me conmovió, pero valoré especialmente su gesto, tanto más por cuanto se trata de un libro cuya portada lo representa a usted caricaturizado con facciones de cerdo. Yo no la diseñé, debo puntualizar, pero ahora corroboro esa mítica capacidad de encaje de la que hablan todos; la correosa pasta de resistente que lo vuelve a usted tan inmune a la prensa como a sus compañeros de partido.

En todo caso no todos los días un ciudadano europeo intercambia libros con su presidente, y le reconozco que su nota -con ese elegante membrete institucional- orla el corcho de mi habitación, bien que tampoco juraría que su puja en Sotheby’s convocara un entusiasmo equiparable al que el otro día alcanzó una letra de los Beatles.

Si mi ensayo encierra críticas creo que razonadas a su mandato, el que usted me envió abunda en la naturaleza caníbal de la política a través de la experiencia de un brillante intelectual pero un político fracasado. Ignatieff es un politólogo de Harvard que, como Vargas Llosa en Perú o Norman Mailer en Nueva York, fracasó con estrépito cuando pretendió llevar su pulida teoría a la siempre fangosa realidad, en su caso aspirando al puesto de primer ministro de Canadá por el Partido Liberal, equivalente a la socialdemocracia europea. Según avanzaba en la lectura empecé a sospechar que usted quería hacerme llegar este mensaje por autor interpuesto: «Es fácil dar consejos desde la barrera, amigo, como hacéis sin parar los columnistas; pero esto de la política es un pifostio incalculable en el que ninguno de vosotros duraría una semana». Más o menos. Y la verdad es que estoy de acuerdo con la apreciación.

Leer más…

Reseña en Aceprensa de La granja humana

Deja un comentario

11 septiembre, 2015 · 11:41

La legislatura cuaresmal de Cristóbal Montoro

"Pero qué me está contando, majadero".

«Pero qué me está contando, majadero».

El día en que don Cristóbal Montoro terminó de defender los que -dicen- serán sus últimos Presupuestos Generales del Estado, después de haber confeccionado nueve, vino a coincidir caprichosamente no solo con la Tomatina de Buñol, sino también con el aniversario de Puerto Hurraco. La primera es una cita señalada en rojo en el calendario de la jarana nacional; el segundo, una efeméride negra en la mejor tradición del tremendismo goyesco. Sin embargo, el color que corresponde a la clase de batalla que ha librado Montoro es el gris. El gris ceniza.

Don Cristóbal no es un hombre de negro como los de la troika, porque estos no dan razón pública de sus actos sibilinos pero vinculantes, mientras que la locuacidad del ministro normalmente desata el pánico primero en sus asesores de comunicación, y solo después en el resto de contribuyentes. Fue Wert el que a lo bardo de Orihuela declaró que se crecía en el castigo como el toro -ahora sabemos que se asemeja más al tórtolo-, pero el que ha llevado de verdad al toro en el apellido y la conducta ha sido don Cristóbal. Morlaco cárdeno, con resabios, de derrota imprevisible y no apto para torear a menos que se pague pronto la paralela (Messi) o forme uno parte del clan Pujol… hasta que Pujol dejó de ser el estadista del Majestic y rompió en padrino investigable por lo fiscal y por lo territorial.

En las sesiones de control de esta legislatura Montoro solía ser el ministro más interpelado junto con el propio Wert o Gallardón; de los tres no solo es el único que permanece, sino también el más temido por el resto de colegas de gabinete. Su mejor aliada allí es Soraya Sáenz de Santamaría, y con eso está todo dicho; su crítico más afilado: Margallo, que no pierde ocasión de menospreciarle en la intimidad del Consejo de Ministros, o de airear entre periodistas que Montoro le está investigando. A él. Al ministro de Exteriores. «Eso es porque quería la cartera de Hacienda», aseguran desde el Ministerio. Pero a don Cristóbal las críticas de los enemigos (los compañeros de partido) o de los meros adversarios (como ese emisor de «mandangas» que a su juicio es Pedro Sánchez) le rebotan como chinas sobre el amianto. Este jienense de 65 años hizo una oposición aproximadamente liberal al socialismo, pero al ocupar su despacho en diciembre de 2011 recibió un sobre lacrado que decía: «Sabemos lo que vas predicando. Ahora harás lo contrario. Ajustarás lo nunca ajustado y subirás impuestos que no sabías que existían. Creerás en un solo dios llamado techo de déficit. Y serás salvo. Firmado, Angela«.

Y don Cristóbal asumió su ardua encomienda con fervor de neófito. Se convirtió en una mezcla original de recaudador transilvano, podador ultraortodoxo y parlamentario sanguíneo con ribetes de matonismo. Es en la tribuna o el escaño donde Montoro ahoga al dócil tecnócrata y deja que emerja el castizo espontáneo con muchas cuentas pendientes. Y es entonces cuando los periodistas deben aparcar sus juicios sumarísimos por discrecionalidad tributaria, injerencia política o vocación orwelliana y concederle la gratitud que merece todo pintoresco surtidor de titulares. ¡No habrá salvado Montoro tertulias plúmbeas de monotema económico en virtud de un exabrupto jubiloso! «A priori no parece el hombre con el carácter adecuado para llevar a cabo la misión que se le encomendó. Sus intervenciones públicas a menudo complican más el ya impopular mensaje del ajuste. Pero tiene una ventaja: no le importa caer antipático. Nunca se imaginó su cara en un cartel electoral. Y eso en política da mucha libertad», cuenta un ex alto cargo del Gobierno. Una libertad suicida, si se quiere. Pero de lo más práctica.

Leer más…

Cortesías

Deja un comentario

27 agosto, 2015 · 11:41

Maquiavelo 2015

Maquiavelo vestido de seda, Maquiavelo se queda.

Maquiavelo vestido de seda, Maquiavelo se queda.

Pla adoraba a Maquiavelo porque en época de superstición se ciñó a los hechos, y porque bajo la ola petrarquista escribió prosa de pura observación, que es la única forma no perecedera de vanguardia. Maquiavelo es el colmo del realismo que el tierno socialdemócrata preferirá llamar cinismo. Pero alguien tiene que decir la verdad de vez en cuando.

El sábado en el Coliseo Carlos III de El Escorial el actor Fernando Cayo puso en pie al mismo Niccolò di Bernardo dei Machiavelli en metamorfosis fidedigna pero vigente, enjundiosa pero vibrante. Desgranó las verdades sin caducidad de El príncipe en el soliloquio que desde el siglo XVI ha retumbado en la mente de todo estratega ambicioso. Porque el modo de conducirse de los hombres -la gran premisa maquiavélica- no cambia jamás. Sea cual sea el régimen con que se gobiernen o la sigla que los cobije. Extraje cuatro ideas definitorias, una para cada partido en liza.

1) La ocasión: Podemos. Para alcanzar el mando el príncipe debe aguardar la ocasión, que consiste siempre en un momento catastrófico de la patria. El asalto al poder sólo es posible desde un estado general de postración, real o propagandística. Sólo cuando ha persuadido a Florencia de la absoluta corrupción reinante logra Savonarola instaurar su inflexible teocracia. Claro que al poco tiempo el fraile ceñudo es quemado en la hoguera de la propia vanidad, de la cual va bien servido Iglesias Turrión.

Leer más…

Deja un comentario

25 agosto, 2015 · 11:12

El peso de la púrpura

El desequilibrio liguero visto por Ricardo.

El desequilibrio liguero visto por Ricardo.

Mitologías aparte, España es un país bicéfalo en números redondos. Madrid y Barcelona acaparan el poder económico, demográfico, turístico, mediático, cultural, político. A nadie puede extrañar que acaparen también el futbolístico. Lo raro es lo de Berlín, ciudad que gobierna el continente y tiene un equipo que ni siquiera voy a pararme a mirar cómo se deletrea.

Según el CIS, el 38% de los españoles se declara madridista y el 25% culé. Después vienen Atleti (6%), Valencia, Athletic y Betis. Luego están los que son de su equipo y además del Madrid o del Barça. Siguen los antimadridistas, que no se pierden un solo partido del Madrid. Por último, la aldea global paga por ver al portugués y al argentino: no aprecia las delicadezas tácticas de Paco Jémez.

Madrid y Barça recaudaron 1.103,5 millones según la última memoria económica de la Liga (2013-2014), la mitad de los ingresos totales de Primera y Segunda División: 2.328 millones. A uno esto le parece perfectamente coherente con los afectos e intereses de la población española (y mundial), por más que tan armónica simetría cabree a los aficionados de los equipos pequeños.

Hay un profundo sentido democrático en la desigualdad que encabezan Madrid y Barça. Es la democracia decantada por la meritocracia del tiempo: hubo una época en que Benfica o Nottingham Forest dominaron Europa, y ahora se conforman con disputar el título doméstico, si pueden. La hegemonía sostenida de Madrid y Barça, pese a errores estratégicos, fichajes absurdos e imputaciones por evasión, se debe a que acertaron más veces de las que erraron. Y es a través de sus éxitos sobre el césped como se mantiene y crece la afición, y por tanto el interés publicitario, y por tanto el merecido privilegio en el reparto televisivo. La gracia de ser del Atleti por su manera de palmar, más allá de la lírica bohemia, no colma los anhelos de ningún corazón indio, que preferiría ganar. Como todos. Si Atleti o Valencia acumularan cinco Champions cada uno -no digamos ya diez-, hoy su pedazo de tarta sería más suculento.

Leer más…

Deja un comentario

23 agosto, 2015 · 12:26

El que quiera peces

McLuhan: la cita es el mensaje.

McLuhan: la cita es el mensaje.

De McLuhan suele citarse su manida confusión entre medios y mensajes, pero hay otra sentencia suya que me parece más certera: «No sabemos quién inventó el agua, pero desde luego no fue un pez». En efecto, el pez no sabe lo que es el agua porque siempre ha vivido en ella y no concibe otra forma de vida que no sea acuática. Al que está inmerso en un determinado elemento, quiere decir McLuhan, le resulta imposible pensar sobre él. Pensar lo suficiente como para definir su alcance, descubrir sus carencias, idear su mejora. Todo descubrimiento requiere una cierta dosis de excentricidad, por eso los genios suelen ser gente rarita para el resto de la especie. Y por eso el instante de lucidez genial -el eureka del inventor- suele detonarlo un fenómeno externo que los saca violentamente de su medio: una manzana en el caso de Newton o la visión de su propio cuerpo bañándose en el de Arquímedes.

Con la democracia sucede quizá lo mismo que con el agua. A los ciudadanos que han nacido y nadado en ella desde siempre les cuesta imaginar que ese régimen -perfectible- de derechos y libertades no sea obvio, y que incluso pueda evaporarse, del mismo modo que el pez no puede imaginar el desierto. Y sin embargo el precio de la democracia, como el de la libertad, es la eterna vigilancia. Porque expuesta a determinados agentes climáticos, la democracia también se seca.

Leer más…

Deja un comentario

Archivado bajo El Mundo

Don Mariano el Afásico

Qué queréis que os diga.

Qué queréis que os diga.

Don Mariano, como cualquier artista de vanguardia, es un hombre que encuentra un extraño placer en frustrar el horizonte de expectativas de su público. Da igual que su público lo formen periodistas, políticos, comentaristas de bar o contribuyentes del común. Si la sociedad de la información es una conversación perpetua que se nutre de la novedad, Rajoy es un heraldo de edades analógicas empeñado en desmoralizar a quienes viven de dar noticias y a quienes pagan por recibirlas. O no pagan pero las consumen igual. Si de él dependiera, informaría de las crisis de Gobierno por la noche y mandando cuervos desde su Invernalia monclovita. Otros, más adelantados tecnológicamente, enviaban motoristas.

La revolución política de Mariano Rajoy -y así se lo reconocerán los libros de historia- no es la que ha desatado contra el déficit, sino contra la charleta de sobremesa. De acuerdo, no parece una empresa demasiado ambiciosa, pero a juzgar por la desesperación que en estos días de cambio rumoreado se apodera de las enfebrecidas redacciones, hay que reconocer que su éxito es incontestable. Rajoy no solo no cambia de ministros salvo que se los mate un dron, sino que cuando pierde dos millones y medio de votos y alguien le traduce el mensaje -porque al parecer necesita que se lo traduzcan-, todavía musita la necesidad de un relevo a regañadientes por tener que violentar su estatismo estructural. ¿Qué durará más tiempo quieto, Rajoy o la Torre de Hércules? Una vez le preguntaron a Bill Shankly por la alineación que sacaría su equipo, el Liverpool, en la Copa de Europa.

-¿Qué alineación voy a sacar? No voy a revelar un secreto como ese al Milan. Si por mí fuera, procuraría que no se enterase ni de la hora del partido.

Deja un comentario

Archivado bajo El Mundo