Archivo de la etiqueta: El Parnasillo

Un alto para confraternizar

Miguel Gila

«¿Es el enemigo?»

Este era el año del cambio que inauguró el ‘tic-tac’ de un reloj y termina con el desconcierto del ábaco: todos sumando bolitas de colores para ver quién gobierna qué. Iba a ser el año en que eclosionara la nueva política que regenerase la democracia secuestrada por el régimen del 78 y concluye en rendida, unánime mímesis de los pilotos de la Transición. La invocan ya todos desde Iglesias a Susana, pasando por Rivera. El problema es que quieren ser Suárez, pero cuando más falta hace serlo, en pleno periodo de negociación postelectoral, cada cual tira al monte de su Fraga o su Carrillo.

El Rey, navideño, habló de concertación en la tierra por donde aún vaga errante la sombra de Caín. Así debió de sonar Jobs cuando presentó el primer Mac en pleno apogeo del Spectrum. ¿Coalición, gabinete polícromo? Puro futurismo. Con nosotros o contra nosotros: ¡ni un paso atrás! En España, por fortuna, tenemos el humor para no morir siempre del cainismo. Aquella viñeta que satirizaba a un orador de la Transición:

-¡Algún día os arrepentiréis de esto que os estoy diciendo!

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El último Parnasillo del año, con los hitos que nos traerá 2016

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1 enero, 2016 · 20:31

El típico chaval conflictivo

MERKEL  CAMERON Y OTROS LIDERES DE LA UE SE INTERESAN POR LA AGRESION A RAJOY

Navidad.

Otra ventaja del periódico es que puede tomarse su tiempo para titular con exactitud que fue un joven de extrema izquierda el que agredió al presidente del Gobierno, mientras las redes sociales y las televisiones engordaban su historia particular de la infamia. Primero madrugaron la palabra bofetada, de tierna connotación reeducativa, y no crochet de izquierdas a traición, que es el nombre técnico. Después deslizaron esquizofrenia, con su atenuante matiz compasivo. Por último, los patrulleros de progreso se aplicaron a señalar al imprudente que vinculase la indecencia verbal de Sánchez con el puñetazo físico en Pontevedra.

Esa causalidad resulta tan infundada y torticera como la cuca equidistancia de Oriol Junqueras -tiene mérito equidistar siendo bizco- cuando, interpretando el sentir de una indigerible cantidad de izquierda política, mediática y tuitera, afirmó que condena toditas las violencias, incluyendo los desahucios y los despidos. Hay un abismo metafísico y moral entre despedir a un trabajador y hostiar a un presidente, y que Junqueras y miles de españoles más aún no lo entiendan certifica el fracaso de generaciones enteras de maestros. La agusanada psique del podemita Urban -declaró cuando Bataclan que hay moritos suburbiales que no ven más salida que inmolarse- volvió a asomar el miércoles, al menos hasta que se supo que el fascista antifascista provenía de familia de cuna meneada.

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Al hilo del tabarrón galáctico de Star Wars, traemos a los grandes autores de ciencia-ficción al Parnasillo

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18 diciembre, 2015 · 11:48

Lincha que algo queda

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Marta Rivera, del partido a batir.

La política se vuelve charca en campaña, «pestífero lamedal» en palabras modernistas de Valle, que fue en las listas de Lerroux pero cuyo aristocrático concepto de sí mismo le impedía rebajarse a hacer campaña: patear aldeas, fingir afectos populares, pedir el voto. Cuando la circunscripción provincial le negó el escaño, don Ramón María masculló una sentencia olímpica: «Pensaba que los gallegos sentían algún respeto por sí mismos».

Pero en campaña no solo se pierden el respeto a sí mismos los políticos sino también los periodistas pasados de narcisismo y los activistas de entrañable observancia goebbelsiana que han confundido la Ilustración con el Twitter, y la Enciclopedia de Diderot con los 140 caracteres de Monedero. La última emanación pestífera de esta campaña sale del patíbulo digital donde han querido linchar a Marta Rivera de la Cruz, periodista y candidata del partido a batir, con el pretexto de un tuit cuya textura irónica se le hace obvia a cualquier humano alfabetizado, capaz de acreditar un nivel de competencia lectora superior al exigido por el género meme.

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Esta semana en El Parnasillo de COPE, un anecdotario de genialidades de políticos

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11 diciembre, 2015 · 17:41

Por qué votan a don Mariano

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¿La cocina del CIS?

Pocas virtudes españolas como la irreverencia hacia sus gobernantes, que a falta de guillotina padecen la chirigota. Ningún pueblo se burla tan bien de sus jefes como nosotros, lo cual fomenta entre ellos una cierta solidaridad de compañero mártir como la que Rajoy confesó hacia Zapatero en el sofá de Bertín. Y nos mofamos mucho de Zapatero, pero según datos oficiales ningún presidente ha sido peor valorado que Rajoy, quien en el CIS de 2012 dejó el suelo de la popularidad presidencial en 2,78. Ahora bien, ya pedía Suárez que le quisieran menos y le votaran más; al malquerido Rajoy le dieron una absoluta que nunca soñó el hombre del talante, y el CIS de ayer le otorga ocho inopinados puntos de ventaja sobre el mejor de sus opositores.

El PP ha perdido muchos votos pero no los suficientes para todo lo que nos hemos reído de él. Y a mí esta asimetría me escama. Es más, está recuperando apoyo. Los periodistas serios, los tuiteros, los monologuistas, los compañeros de partido, los hipsters de cuello vuelto y las almas sofisticadas en general siguen subestimando a Mariano Rajoy, mientras el pueblo que habla en el CIS y en el audímetro insiste en avalar la vigencia de este anacronismo con barba. Siempre podemos sacar al cuñado de progreso y exclamar desde la cima de la superioridad moral que el pueblo es imbécil, que no hay peor idiota que un obrero de derechas, que por qué tanto tonto de los cojones o tanto hijo de puta vota al PP, por citar a aquel alcalde de Getafe o a aquella columnista perita en menopausias. Pero esta solución no me convence. Ensayaré otra.

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Reivindicación de Eduardo Mendoza en El Parnasillo de COPE

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4 diciembre, 2015 · 11:44

Einstein ante Rajoy

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Rajoy, un desafío para la ciencia.

El marianismo es un movimiento político que niega el movimiento político. De haber tenido que analizar el marianismo, Einstein sin duda habría concluido -resignado- que el espacio-tiempo acotado a una jornada en Moncloa no es dinámico, sino estático. Pues don Mariano es el único pedazo de materia conocido a cuyo contacto la energía renuncia a transformarse, e incluso se destruye. Y así, mientras la ciencia va descubriendo nuevas dimensiones de lo real -tengo entendido que la cuarta ya se ha quedado obsoleta-, el universo marianista tiende a comprimirse, y si por él fuera quedaría reducido a un punto primigenio y fijo, ubicado en la ría de Pontevedra, a partir del cual la política del «sentido común» para la «gente normal» no conociera alternativa.

Sin embargo, fuera de Moncloa el mundo sigue fastidiosamente sometido a la relatividad general. No eran precisamente relativistas sino fanáticos los que atentaron en París, pero su crimen obliga a Hollande a tejer pronto una alianza militar, con sus cazabombarderos y sus fragatas, o sea, la cosa menos estática que existe. La calle tampoco permanecería quieta, sino agitada por los demonios familiares del agit-prop municipal y espeso. Y ése no es el escenario electoral que soñaba para el 20-D el marianismo, al que tan grata demoscopia le estaba reportando la solidez institucional frente a los lemmings indepes. Muchos se meten en política para canalizar algo; Rajoy para hacer de dique.

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En El Parnasillo de COPE, esta semana, cómo acabar de una vez por todas con los cuentos de Navidad

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25 noviembre, 2015 · 10:49

Del Danubio al Llobregat

El autor, en la casa donde Beethoven hizo testamento. Heiligenstadt, Viena.

El autor, en la casa donde Beethoven hizo testamento. Heiligenstadt, Viena.

Me avisaron de que Viena era una ciudad demasiado perfecta. De que un español corre allí el riesgo de escandalizarse ante la buena educación de los vieneses, el silencio que reina en vagones y restaurantes atestados, la pulcritud de las aceras, la devoción con que se orienta al extranjero, el orgullo imperial que centellea en su arquitectura o el triunfo burgués que consagra la Ringstrasse. Entiendo que tanta perfección resulte indignante, pero confieso -no sin vergüenza- que yo no tuve ningún problema para asimilarla. Disculpen ustedes la maldad si digo que Viena conserva el tranvía, como Lisboa y a diferencia de mi Madrid, porque hay algo que ver en la superficie.

Ahora bien. Si perfecto es sinónimo de completo, para que la perfección sea cabal debe incluir lo imperfecto. Y ahí es donde Viena da su planetario do de pecho. Porque por debajo del barroco abigarrado de San Pedro y San Carlos, o de la monumentalidad convencional del distrito museístico, la Viena de la Belle Époque prohijó la vanguardia artística e intelectual más desatada, según rememora Zweig a lo largo de cinco páginas estelares de El mundo de ayer. Es entonces cuando el doctor Freud funda el psicoanálisis para revolucionar no ya la psicología, sino el mismo ejercicio de la crítica cultural. Y es entonces cuando Gustav Klimt abandona la fidelidad fotográfica de sus inicios para construir la imagen onírica de la mujer moderna; un desafío a las convenciones más histéricas que sus discípulos Egon Schiele y Oskar Kokoschka profundizaron hasta los extremos perturbadores que cuelgan de las paredes del Belvedere. Por no hablar de lo que Schönberg y Berg hicieron con los bailes de salón de los Strauss (maravillosos, por lo demás).

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Traemos al finado André Glucksmann al Parnasillo de COPE

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13 noviembre, 2015 · 18:21

El 23-F de Pablo Iglesias

¿Podem o no?

¿Podem o no?

Un país alcanza la mayoría de edad democrática cuando al fin distingue entre institución y sigla. Entre Estado y Gobierno. Entre Monarquía y Borbón. Entre España y Rajoy. Los españoles sabremos si hemos alcanzado esa madurez gracias, paradójicamente, al golpe de Estado catalán, que sacude cualquier cómoda hibernación en la equidistancia: o estás no con Rajoy sino con el presidente de la democracia española, o estás con los golpistas. La alternativa no es apta para menores: la izquierda entrañable aún cree que el sintagma «unidad de España» expresa fascismo; la tierna derecha le exige a Rajoy que aplique ya el 155, que nadie sabe qué implica pero acojona.

Reconozco mi discrepancia con la línea editorial de EL MUNDO, que reclamaba a Rajoy que se reuniese también con Pablo Iglesias. Entonces entró el teletipo que anunciaba la reunión de don Mariano con los líderes de los dos partidos emergentes. Llamar a Rivera, que debe su existencia política a la lucha contra el nacionalismo catalán, se me antojaba una perogrullada. Pero aún discuto la pertinencia de llamar a Iglesias porque no me parece muy operativo incluir en un frente constitucionalista a un político que ha construido su carrera de bengala -fulgurante y efímera- sobre declaraciones como que esa Constitución que a él le ha hecho un hombre es un candado que urge hacer saltar por los aires. Nadie maneja esos alicates en esta península tan eficazmente como la Forcadell, a quien votaron cinco diputados de la coalición podemita, así que en mi infinita inocencia di por supuesto que Forcadell, lejos de representar un accidente, un indeseable efecto colateral, se erigía en primera ganzúa de Podemos para empezar a cambiar las cosas en España. Para descerrajar el régimen del 78.

Pero don Mariano finalmente se reunirá hoy con el cerrajero Iglesias en La Moncloa, y celebrará un protocolario intercambio de pareceres siempre que consiga que Iglesias deje de lamer los sofás en que descansa su lúbrica fantasía de poder. Ya sabemos que no saldrá gran cosa de esa reunión, que Iglesias declarará que «le gusta» que Cataluña siga en España, que lo que hace falta es diálogo, que la gente es buena y que los consensos son fundamentales para la consecución de objetivos político-sociales de relevancia estratégica y entendimiento hegemónico, y ventosidades complutenses por el estilo. Pero cuando eso suceda, nosotros no podremos disimular la melancolía que nos causa la enésima oportunidad perdida por la izquierda española de presentarse, de una vez para siempre, como izquierda y española al mismo tiempo.

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Pla, la leyenda.

Pla, la leyenda.

Visita El Parnasillo de COPE el gran Josep Pla al hilo del tabarrón catalán. Hablamos de su enfrentamiento con el «milhombres» Jordi Pujol, de su catalanismo moderado y del criterio insobornable de mejor escritor catalán de siempre, que sentenció: «La independencia es mal negocio, porque los catalanes podemos hacer muchos calzoncillos pero no tenemos tantos culos».

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30 octubre, 2015 · 10:12

Érase una herencia recibida

Aplauso automático y mutis por el foro.

Aplauso automático y mutis por el foro.

Carece del encanto suburbial de la tasca Tío Cuco, pero a cambio ofrece escaños en cuero rojo y azul, bancos de madera pulimentada, frescos agujereados por balas de golpista y un coro de 350 gargantas abucheándose con perfecta disciplina. Es el Congreso de los Diputados, McFly, donde ayer se celebró la última sesión de control de la legislatura. Sus señorías formaban corrillos como en el junio tardío de un instituto:

– ¿Y tú adónde te vas de vacaciones?

– Yo, con suerte, al Grupo Mixto…

Los fotógrafos se arremolinan frente a un don Mariano casi en funciones, Soraya estrena tinte moreno -¿pinturas de campaña?- y en el lugar de Irene Lozano descubro a un hipster de portada de dominical. Nueva política, supongo. Abre fuego Aitor Esteban con pregunta sumarísima:

– ¿Qué balance hace de la legislatura?

Así las quiere don Mariano: «Positivo, señoría». El peneuvista introdujo algunos matices: Gürtel y Púnica, recesión y recentralización, ley mordaza y cadena perpetua, más canibalismo que gastronomía. «Y la Y vasca», abrochó Rajoy. De quien Rosa Díez se despidió sin bajar el atizador, llamándole mentiroso de tantas maneras que espoleó al séptimo de caballería popular: ensordecedora pataleta. El presidente no tuvo la piedad deseable frente a un árbol caído:

– Usted está donde está. Para su vida futura le recomiendo un poco de humildad.

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Chandler.

Chandler.

Hoy discutimos con Herrera en COPE, en nuestra sección del Parnasillo, sobre la burbuja de la novela negra. ¿Hay demasiado detective suelto? ¿Deberíamos pinchar esa burbuja de modo que parezca un accidente?

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22 octubre, 2015 · 13:37