Archivo de la etiqueta: cosas de la democracia

A las armas, ciudadanos

14929675515013

Llamado a reformar.

Al barrio francés de Madrid lo llamamos de Justicia porque el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional enmarcan la hermosa plaza de la Villa de París, a la que se asoma la fachada del Instituto Francés, partida cada noche por un haz tricolor de luz roja, blanca y azul. Muy cerca, de la puerta del consulado, brotaba ayer una larga cola de votantes residentes en España. Estaban llamados a reventar el sistema o a reformarlo.

Sospecho que la mayoría de ellos, por haber experimentado la facilidad europea para instalarse en un país vecino, votó por lo segundo. Pero hace ya tiempo que sobrevaloramos la lógica cuando pronosticamos el sentido del voto en Occidente. Lo prueba el hecho de que los votantes de Mélenchon, en caso de que su extremista de izquierdas no pase a la segunda vuelta, declaran en las encuestas que se pasarán en masa a la extremista de derechas. La idea es que todo se vaya a tomar por culo, con uno o con otro, pero que se vaya. Romper la baraja y que vuelvan a repartir cartas como en 1789 (ignoran que entonces ya las dieron trucadas, pues nunca fue una revolución del pueblo sino de clase: la burguesía contra la aristocracia). Y a ver si hay más suerte con la nueva mano, que lo viejo nos ha decepcionado demasiadas veces.

Leer más…

Deja un comentario

24 abril, 2017 · 10:38

Corrupción, divino tesoro

IGNACIO-GONZÁLEZ

Bebiendo del Canal de Isabel II.

La corrupción sería un asunto fascinante si la tratáramos con un poco más de curiosidad, en lugar de despacharla mecánicamente pidiendo dimisiones como un linier de brazo fácil. Salta un nuevo caso, detienen al enésimo cacique, se llama a declarar al presidente y corremos a redes y tertulias a ruborizarnos como calvinistas, segundos antes de prender la fastuosa hoguera de la purificación.

La intensidad de cada fuego, sin embargo, varía en función del combustible: el último corrupto del PP avivará la llama roja de la izquierda, mientras que la picaresca podemita arde más alto en la indignación conservadora. Pide Pablo Casado que la corrupción no sea utilizada políticamente, en aras de un compromiso transversal para combatirla mejor; pero en el país por donde vaga errante la sombra de Caín nadie está dispuesto a renunciar a su mejor baza en la lógica de la confrontación partidista. Empezando por su PP. Hoy las elecciones se pierden o se ganan ya solo por dos motivos: por una crisis económica o por un escándalo oportuno. Los programas y las ideologías solo interesan a los cerebrales y a los románticos, respectivamente.

Leer más…

El bueno (Eduardo Mendoza), el feo (Rajoy) y el malo (Ignacio González) en La Linterna de COPE

1 comentario

21 abril, 2017 · 11:41

Rajoy, césar de una ‘vetocracia’

14896057588018

La tribuna recibiendo a su hombre.

En los idus de marzo españoles Julio César habría muerto también, pero de aburrimiento. Que es más cruel. Este miércoles coincidía la rendición de cuentas por el Consejo Europeo con la sesión de control al Gobierno, lo que alargó la matinal parlamentaria hasta llevar a varios diputados al borde de la inanición. Qué raudal de palabras, señores. Qué desafío a la noción misma de estoicismo. Red Bull debería mandar un camión cisterna en estos casos para despertar al personal. Cada cual sobrevivió como pudo: Madina hizo girar continuamente el boli, Errejón cruzó las piernas y agitó compulsivamente el tobillo derecho sobre el muslo izquierdo, Soraya se fue hundiendo en el sillón hasta desaparecer del todo, en C’s practicaron el sincorbatismo (menos Rivera y Roldán) y Antón Gómez-Reino, de En Marea, ensayó aplicadamente desde el escaño su intervención, que resultó una salmodia de enormidades como «fosa común» y «Casa de Alba», no necesariamente en la misma frase. Pero así es la pluralidad democrática que nos hemos dado, con todos sus portavoces en bucle a la espera de su momento warholiano. Muchas más mañanas como la de hoy y el golpe de Estado lo dan los de dentro.

Para Rajoy, fondista reconocido, todo esto no es más que entrenamiento. Si un día hay otro presidente -y el madroño centenario del Jardín Botánico pierde una hoja solo de pensarlo-, que sepa que su principal reto dialéctico no será aguantar la agudeza de las preguntas de la oposición, sino su número. Pero don Mariano habla en el Congreso literalmente como si estuviera en el salón de su casa, y no nos referimos a Moncloa sino a Sanxenxo. En esa tribuna de madera, que conoce a Rajoy desde que era árbol -la tribuna, no Rajoy-, uno asiste a un despliegue estupefaciente de autoestima mariana, kévlar anímico. Pronuncia «Bresit», bisbisea como quien hace calceta, explota ese raciocinio perogrullesco como de personaje de Pla que identifica verdades definitivas: «Todos queremos dinero para hacer cosas», «Europa no está tan mal», «Gastar más de lo que se ingresa en general no es bueno», «Algo haremos bien». Y te rindes, claro. Hoy un ujier me llamó la atención por no retener la carcajada. Pero no solo reímos los cronistas: lo hace toda la bancada del PP -donde Maíllo ejerce de regidor del aplauso orgánico- y buena parte de la oposición, empezando por Iglesias. Y esa es la victoria sibilina de don Mariano: cuando le dan tiempo para explayarse, acaba cuajando en el cerebro de la audiencia la pegajosa impresión de que su poder es tan natural como la gravedad o las cosechas. Sabes que lo ha vuelto a hacer cuando miras a los diputados de Podemos o Esquerra (Tardà le sacaría de nuevo su mejor y más soberana réplica) y están abismados en el iPhone.

Leer más…

Deja un comentario

16 marzo, 2017 · 9:46

La democracia sentimental

p01gmyb4

Stuart Mill. Un liberal leyendo es el colmo de la subversión.

Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) no es un politólogo sino un filósofo político. La diferencia entre ambos oficios es la misma que separa al interiorista del arquitecto. Arias es un académico cuya kantiana ambición es toda la que quepa en la consideración científica de la política. Su trabajo trasciende el corral patrio para dialogar con homólogos extranjeros sobre desafíos estructurales de la democracia occidental. Cabe resumirlos en uno: el giro afectivo que alienta en la emergencia de populismos, identitarismos y otros ismos primiseculares. Este libro es el acta más exhaustiva que se ha levantado sobre la sentimentalización de la política, y no solo porque conste de 71 páginas de aparato crítico.

El optimismo ilustrado ha sido desmentido por los últimos descubrimientos de la neurociencia (por si hiciera falta alguna prueba añadida al mar de sangre del siglo XX). No somos lo que los ilustrados creyeron que seríamos. En realidad nunca fuimos racionales. Somos sujetos postsoberanos en quienes la emoción suplanta sistemáticamente a la razón en la toma de decisiones. Cuando el establishment amenazado por el populismo de izquierdas o de derechas parece refugiarse en el despotismo ilustrado o cuestiona el sufragio universal, el autor propone partir de la aceptación de nuestra condición para mejorar la democracia sin sustituirla ni por el elitismo ni por la revolución.

Leer más…

Deja un comentario

6 marzo, 2017 · 14:39

El estadista Godot

14804466339985

Cuatro para una reforma.

La necesidad de reformar la Constitución empieza a suscitar tal consenso que podemos estar seguros de que no se reformará nunca. Estas cosas hay que hacerlas en petit comité, porque de lo contrario quiere opinar todo el mundo y al final la controversia acaba congelada en una comisión glaciar, con varios mamuts encerrados dentro.

Dios me libre de llamar mamut a Rodolfo Martín Villa, ni a José Manuel García-Margallo, ni a Alfredo Pérez Rubalcaba, ni a Miquel Roca, todos ellos ponentes del foro casi constituyente que EL MUNDO celebró ayer en el Wellington, quien rogó disculpásemos su ausencia, que tenía lío en Waterloo. Es que fue el propio Roca el que definió lo suyo como «arqueología política». El padre catalán del 78 disertó por videoconferencia con soltura, por momentos parecía un youtuber de la identidad. No sorprendió porque Roca siempre ha tratado de estar en dos sitios al mismo tiempo: Barcelona y Madrid, la Constitución y el Estatut, la soberanía nacional y el soberanismo particular.

Leer más…

Deja un comentario

30 noviembre, 2016 · 16:22

Apoye a un imputado por Navidad

14798446402694

Y se hacen la foto frente a la sede de la soberanía contra la que conspiran, madre.

El Hotel Villa Real exhibe una coqueta selección de antigüedades romanas entre las cuales destacan unos vistosos mosaicos. No cabe sino reconocer la coherencia del lugar elegido para la reunión que ayer convocó allí a las teselas más coloridas del Estado plural, desde Bildu hasta En Marea, de Artur Mas a don Gabriel Rufián.

Acudían a suplicar contra el suplicatorio que el Congreso votaba por la tarde para infortunio de Francesc Homs, procesado por desobediencia. No se trataba sólo del entrañable apoyo a un imputado por Navidad, sucedáneo del pobre de Berlanga, sino de desahogar el sentimiento premoderno que opone la democracia a la ley, la excepción a la norma, el privilegio a la igualdad, el Ejecutivo al Judicial, el Medievo a la Ilustración. La tribu a Roma.

Lo expresó muy bien don Artur, algo más canoso pero aún dueño de esa oratoria silbante que alarga las eses finales lo mismo que los soberanismos alicaídos: «Van a permitir que un político sea juzgado por escuchar a la gente. Es una sinrazón y una vergüenza para España entera». Siempre que Mas dice España, algo cálido y punzante nos recorre la piel interior, algo como un chupito. Luego interpeló al PSOE en un rizo de demagogia singularmente espumoso: «¿Es digno hacer presidente a Rajoy y permitir que se juzgue a Homs?».

Tomó luego la palabra el vate Llach, desprovisto de vihuela, para alertarnos contra la baja calidad de nuestra democracia. «La ley no es sinónimo de justicia», aseguró. Y puso como ejemplo el franquismo, pudiendo haber evocado la expulsión de los moriscos, la batalla de Farsalia o cualquier otra iniquidad histórica. Salió al quite Maite Beitialarrangoitia, de dicción tan pedregosa como las canteras de su tierra: «Añoran el colonialismo», decretó. Aitor Esteban protagonizó un interludio más técnico, pero enseguida retomó la elegiaca letanía Alexandra Fernández, cuya marea no es precisamente de conocimientos jurídicos. Porque cargaban todos contra la judicialización de la política, que es como amonestar al agente que nos multa por exceso de velocidad por judicializar nuestra conducción.

Leer más…

Deja un comentario

23 noviembre, 2016 · 15:49

El mito de la Transición

Adolfo-suarez-torcuato-fernandez-miranda.jpg

Torcuato, el guionista, y Adolfo, el intérprete.

Hace tiempo que la Transición murió de éxito, pero aun después de muerta sigue reconciliando a los españoles. Sólo que ahora los reconcilia en el desprecio transversal a la difunta. El último consenso emanado del cuerpo insepulto de Santa Transición es un revisionismo impugnatorio que ejercen la izquierda adánica y la derecha matusalénica. Ambas rezongan que la Transición está mitificada, y llevan razón.

Para el podemita paranoide, el 78 fue un apaño elitista del que el pueblo estuvo excluido. Y es verdad, básicamente porque el pueblo, como sujeto histórico, no existe. La Historia la escriben individuos de gran determinación apoyados por grupos de fuerza muy concretos. El pueblo fue arrastrado a la Guerra Civil por ellos, y a la dictadura por ellos, y la Democracia por ellos. Lo que cambia es la catadura de las élites en cada momento, y todos tuvimos la suerte de que las élites de los 70 fueran más presentables que las de ahora. Nunca el establishment estuvo tan barato, queridos conspiradores. Así que la cursi reflexividad del sintagma «nos dimos una Constitución» es, efectivamente, un mito. Nos la dieron a votar, más bien, y por fortuna los españoles votaron lo que les convenía, a la vista del abismo de prosperidad que separa el país de entonces y el de hoy. Para el conservador pedernal, por su parte, el 78 fue una traición a las esencias espirituales de España. Pero su pérdida también es un mito: nuestro proverbial espíritu de contradicción goza de salud vigorosa en el Parlamento y en Twitter.

Leer más…

Deja un comentario

21 noviembre, 2016 · 10:17

Democracia microondas

543b048d66157.r_1442418953062.0-407-2765-1841.jpg

Aquí, demócrata.

La política ya no nos calienta el corazón. La frialdad de la tecnocracia acerca el invierno de nuestro descontento electoral. La gestión del poder ha alcanzado tal grado de racionalismo que hiela la sangre de los nostálgicos, del mismo modo que la Ilustración agredía las conciencias feudales. Un creciente número de votantes toma por despotismo ilustrado el orden socioliberal que desde la posguerra rige Occidente y hace progresar a Oriente con la higiene y el desencanto de la aritmética. Contra esa asepsia ideológica se levantan los desclasados, los ofendidos, los interesados en consolar su apocalipsis personal con uno colectivo. Los que preferirían que China se mantuviera sólidamente tercermundista para que Trevor, tosco pero buen chico, pudiera seguir cobrando lo que cobraba por ensamblar coches en Detroit. Piden más democracia. Piden que se consulte más al pueblo. Y sus dirigentes, víctimas medrosas de su propio antiintelectualismo, cumplen el deseo plebiscitario de paso que transfieren su responsabilidad al pueblo, sin sentirse obligados a transferirle también el salario.

Una epidemia referendista ataca barrios, prende regiones y escala hasta los Estados. La idea es tan simple que duele que haya humanos que se resistan a su redondez lógica: votar más nos hará más demócratas. No hay que temer a la democracia. Votándolas, las decisiones de gobierno ganan legitimidad. Y otras inmundicias mentales por el estilo. Es la democracia microondas: calienta pero no cocina.

Leer más…

Deja un comentario

18 noviembre, 2016 · 16:18