Archivo de la etiqueta: cipotudismo

Pedro en su isla, náufragos los demás

El primer robinsón que sobrevivió en su isla energética también era español y se llamaba Pedro: Pedro Serrano. Naufragó en 1526 demasiado lejos de la costa de Colombia y demasiado cerca de un islote de diez kilómetros donde pasó ocho años épicos, adquiriendo el aspecto de un salvaje, bebiendo sangre de tortuga marina, masticando cangrejos y rezando para que un barco se arrimase lo suficiente como para divisar las señales de humo del fuego que lograba prender chasqueando guijarros. Finalmente fue rescatado, agasajado por Carlos V y requerido por las cortes de media Europa para oír su historia. Su indiscutible manual de resistencia. En esa vida cipotuda basó Defoe su novela inmortal. Hoy isla Serrana, llamada así en su merecido honor, tiene censados 74 habitantes.

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31 marzo, 2022 · 9:34

Faltan paracas

A los soldados spenglerianos -cómo le gustaba este adjetivo a Gistau– de la base aérea de Zaragoza que salvaron a dos mil afganos del terror talibán yo les haría mil preguntas. Pero, cosas del cipotudismo, nunca se me habría ocurrido preguntarles si encontraron tiempo para llorar. A Margarita Robles sí se le ocurrió, y recibió esta ontológica respuesta:

-Somos paracas, señora ministra.

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26 septiembre, 2021 · 12:53

Sergio Ramos, el último cipotudo

15964564807527No será el más exquisito ni quizá el más laureado, pero es el único futbolista que juega como si acabara de apearse de su propia estatua ecuestre. Y cuando acaba el partido, Sergio Ramos vuelve al parque donde se levantan los monumentos a los héroes de la patria, se encarama a su pedestal y se petrifica para seguir ejerciendo de gloria nacional el tiempo que media hasta el próximo compromiso sobre el césped. Noble y bélico adalid, caballero del honor.

Ramos es un cipotudo nato, un hombre que sobrelleva con asombrosa naturalidad la convivencia con su grandeza. El día que fue presentado en el Bernabéu, recién fichado del Sevilla por una cifra exorbitante -27 millones de euros de 2005 por un defensa de 19 años-, ya empezó a escandalizarnos su desparpajo. Allí estaba ese crío, llegando al vestuario de Zidane, Roberto Carlos, Raúl, Beckham o Ronaldo, mostrando con sonrisa suficiente el dorsal número 4 que acaba de dejar vacante nada menos que Fernando Hierro. Hoy Hierro es el tipo que una vez llevó el 4 de Sergio Ramos.

Nació en Camas, seguramente en un descampado, aterrorizando a las piedras contra las que chocaban sus tiernas rodillas al caer. Dejó tal huella en las categorías inferiores del Sevilla que ni le han perdonado su marcha ni se la perdonarán jamás; a él, que como Gengis Kan en el fondo es un sentimental, los abucheos en el Pizjuán todavía le duelen y ha tenido la debilidad de confesarlo más de una vez. No quiere entender que cada pitido furioso de los Biris, los ultras sevillistas, suma el más sinfónico tributo de admiración a que puede aspirar alguien criado en Nervión pero demasiado incontenible para caber entre sus orillas.

La virilidad de Ramos es tan arquetípica, tan caudalosa, que si Zorrilla reviviera lo convertiría en protagonista de un Don Juan cani de masas. De hecho, sus ilegales apuestas estéticas no son más que intentos infructuosos de matizar esa masculinidad animal que le constituye y que se derrama por el timbre cavernoso de su voz o la fijeza escalofriante de su mirada de escualo.

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13 agosto, 2020 · 13:48

Fin de los finales de ciclo

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Cara de fin de ciclo.

La infelicidad, según el clásico tratado de don Bertrand Russell, no es más que el desajuste entre expectativas y resultados. Eso explica que haya niños africanos que no paran de sonreír, pues han comido ese día, y ricos occidentales que no sólo lloran sino que de vez en cuando se suicidan, porque ha caído la cotización. Todo depende de lo que uno le pida a la vida. O a un Mundial.

El ciclo hegemónico que impuso la Selección -tampoco fue tan largo: duró cuatro años- maleducó nuestras expectativas y nos hizo creer conquistada una élite futbolística de la que no nos apearían ya. Desde entonces hemos sido estrepitosamente desalojados de dos Mundiales y una Eurocopa, y tras cada uno de esos tres batacazos hemos incurrido en la fúnebre letanía de las tres palabras: «fin de ciclo». Pero se trata de un acto puramente formulario, porque en España a menudo decimos las cosas para no tener que hacerlas. Certificamos solemnemente la defunción pero luego no enterramos al muerto. A los dos años volvemos a concebir expectativas desaforadas al amparo de una fase de clasificación aseada y de unos jugadores bastante titulares en sus equipos, pero olvidamos comparar esas expectativas con la realidad de los rivales. Entonces llega el Mundial, que entre otras cosas es un método popperiano de falsar talentos mediante la brusca confrontación, y nos pone en nuestro sitio. O sea, en casa.

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4 julio, 2018 · 9:46

Presentación de Vidas cipotudas

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Girauta, Bustos, Del Pozo.

[Esta crónica de Luis Alemany, que siempre me clava porque me lee, sobre la presentación de mi libro, publicada hoy jueves, 22-II-18, en El Mundo]

Lo malo de llamar a un libro Vidas cipotudas (La Esfera de los Libros) es que luego hay que explicar una vez tras otra que el título es una broma pero no sólo una broma. Le pasa al periodista Jorge Bustos, autor del libro que este miércoles tuvo su bautismo en la Librería Troa de Madrid. «Igual ha sido un señuelo equívoco. Igual parece una declaración reaccionaria de principios, cuando es lo contrario. El caso es que cipotudo es una palabra que se ajusta perfectamente a la idea que quería expresar».

Por si alguien no se ha enterado todavía: por cipotudo entiende Bustos una disposición simultánea al idealismo y a la acción que a lo largo de la historia ha llevado a grandes gestas y a ridículos colosales y que se ha dado con especial frecuencia entre los habitantes de España. Cabeza de Vaca, Juan Ramón Jiménez, Josep Tarradellas, Juana de Castilla, Menéndez Pelayo, Sabino Arana, Amancio Ortega… Son ejemplos concretos. Vidas cipotudas hila sus historias y por eso Ymelda Navajo, la editora de La Esfera de los Libros (parte del grupo Unidad Editorial), se acordó de los libros de perfiles de Indro Montanelli y de Stefan Zweig para ponerle un par de referencias al libro.

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22 febrero, 2018 · 15:05

Entrevista en Crónica Global

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El autor.

Jorge Bustos (Madrid, 1982) es uno de los jóvenes columnistas más reconocidos del país. A sus 35 años ha sido elegido como nuevo director de Opinión de El Mundo. Pero también él, licenciado en Literatura, ha sufrido como el resto de sus coétanos la crisis económica. Hace solo tres años estaba en el paro, y cuando tuvo trabajo cuenta que era «menos que mileurista». Pese a ello nunca ha sido una voz indignada. Todo lo contrario.

Bustos tiene varios frentes abiertos: Podemos, el nacionalismo catalán y los que le acusan de una prosa cipotuda, que sería una mezcla de un estilo rimbombante y de virilidad exacerbada. Es precistamente este mismo concepto el que da nombre a su nuevo libro, Vidas cipotudas, en el que el autor mira con dulzura ese carácter cabezón y poco refinado tan español que «los nacionalismos autóctonos» y la «propaganda extranjera» convirtieron en leyenda negra.

-Pregunta. ¿Hasta qué punto su libro es una defensa de España, en un momento en que la unidad está amenazada? ¿Por qué en España nadie habla bien de España?

-Respuesta. El libro sólo es una defensa de España en la medida en que es un aproximación admirativa, a veces patidifusa, a los propios españoles. Yo he escrito este libro con la boca abierta. ¿Cómo pudimos ser tan desaforados, tan insensatos, tan geniales? Hablar mal de nuestra historia, aparte de un alarde de pereza intelectual, es la máxima expresión de cipotudismo: solo un cipotudo calderoniano, quijotesco, de un arrogante idealismo, cae sistemáticamente en el desprecio infundado de lo propio. Quien solo advierte los defectos es porque tiene complejo de austria menor. Al austria menor todo le parece decadencia…

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Y aquí una entrevista en Bernabéu Digital, que hacía mucho que no hablaba del Madrid

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30 enero, 2018 · 14:15