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La metamorfosis

Del ceño al desmelene.

Del ceño al desmelene.

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Pablo Iglesias se despertó convertido en un monstruoso socialdemócrata. Estaba echado de espaldas sobre la blanda centralidad del tablero y, al alzar la melena, vio su vientre convexo y pálido, demasiado convexo y demasiado pálido aún, y lejos por tanto de las dulces curvaturas que procura una vida al solaz de la nómina de Estado; pero ya no tan inspirador, tan rugiente como antaño.

– ¿Qué me ha ocurrido?

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18 septiembre, 2015 · 12:12

Maquiavelo 2015

Maquiavelo vestido de seda, Maquiavelo se queda.

Maquiavelo vestido de seda, Maquiavelo se queda.

Pla adoraba a Maquiavelo porque en época de superstición se ciñó a los hechos, y porque bajo la ola petrarquista escribió prosa de pura observación, que es la única forma no perecedera de vanguardia. Maquiavelo es el colmo del realismo que el tierno socialdemócrata preferirá llamar cinismo. Pero alguien tiene que decir la verdad de vez en cuando.

El sábado en el Coliseo Carlos III de El Escorial el actor Fernando Cayo puso en pie al mismo Niccolò di Bernardo dei Machiavelli en metamorfosis fidedigna pero vigente, enjundiosa pero vibrante. Desgranó las verdades sin caducidad de El príncipe en el soliloquio que desde el siglo XVI ha retumbado en la mente de todo estratega ambicioso. Porque el modo de conducirse de los hombres -la gran premisa maquiavélica- no cambia jamás. Sea cual sea el régimen con que se gobiernen o la sigla que los cobije. Extraje cuatro ideas definitorias, una para cada partido en liza.

1) La ocasión: Podemos. Para alcanzar el mando el príncipe debe aguardar la ocasión, que consiste siempre en un momento catastrófico de la patria. El asalto al poder sólo es posible desde un estado general de postración, real o propagandística. Sólo cuando ha persuadido a Florencia de la absoluta corrupción reinante logra Savonarola instaurar su inflexible teocracia. Claro que al poco tiempo el fraile ceñudo es quemado en la hoguera de la propia vanidad, de la cual va bien servido Iglesias Turrión.

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25 agosto, 2015 · 11:12

El discreto encanto de Manuela Carmena

Atlanterra sí nos representa.

Atlanterra sí nos representa.

Repito que entiendo que la izquierda radical censure las vacaciones pequeñoburguesas de Carmena en Cádiz, pero no que lo haga la derecha.

-No se critica que se vaya de vacaciones, si es con su dinero, sino la hipocresía de la izquierda caviar.

Bien. Es cierto que a Aguirre le filtraron su aristocrática renta -ridícula, coincidiría Soria, en comparación con un sueldo Ibex- en vísperas de las elecciones para azuzar el odio de clase a una Sissí de Malasaña, pero la maniobra es clásica en la izquierda y se cuenta con ella para mal… y aun para bien. La envidia es el principio activo de la revolución, pero también despierta el deseo de emulación y emprendimiento que obra el ascenso social del pobre. Alberto Garzón afirmó en el debate sobre el rescate a Grecia: «Esta crisis no la ha traído el comunismo, sino el capitalismo». Y es cierto: el comunismo trae cosas peores que una crisis. Pero además, el comunismo lo trae el capitalismo, al modo en que el divorcio lo trae el matrimonio. El comunismo es el fracaso de la pedagogía liberal, el momento garrafal en que un pueblo envidioso decide que si no follamos todos, la puta (o sea, la libertad) va al río.

Por eso la derecha burguesa debería estar satisfecha de ver a Carmena en un resort. Por la sencilla razón de que supone la victoria patente del estilo de vida burgués sobre cualquier trasnochada tentativa revolucionaria. Bienvenidos a la realidad, utópicos. Que en ese mismo enclave gaditano veranee hace años Jaime Mayor Oreja confirma el feliz estrechamiento de los polos ideológicos en torno al centro capitalista liberal. Goya se va quedando sin duelistas de garrote.

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21 agosto, 2015 · 13:00

Simpatía por Iglesias

"Qué lúser estás hecho, Alberto".

«Qué lúser estás hecho, Alberto».

Repasa uno este verano la historia de griegos y romanos y constata que en materia de poder no hemos sido capaces de inventar un solo vicio. ¡Qué envidia de Tucídides o Livio, que pudieron hacer la crónica política de su país sin que nadie les pisara los temas! El entusiasta de Juego de Tronos que añada a su militancia HBO una cierta curiosidad intelectual y se aventure en los estertores del siglo de Pericles, o en las intrigas sangrientas que sucedieron a la pax augusta, comprobará que el tal Martin no es como mucho otra cosa que un hábil sastre de tramas ya sucedidas. Miento: creo que en ningún episodio hemos visto a un rey que, tras matar a su mujer embarazada de un patada abortiva en el vientre, en un acceso de nostalgia se case con un joven cuya cara le recuerda a la difunta, y al que castra para asemejarlo aún más. El tipo se llamaba Nerón. Los romanos comentaron al enterarse: «¡Ah, si su padre hubiese hecho lo mismo…!».

De todas estas historias, gracias a las cuales he sobrellevado ese penoso trance de bajar a la playa que nos impone un tétrico mandato de felicidad social, me ha divertido especialmente la breve experiencia bélica del poeta Horacio. Nuestro Quevedo comparte con Horacio hasta sus achaques, y desde luego su talento satírico. Pero Quevedo tiró de espada siempre que pudo con tanto arrojo como vocación, mientras que Horacio encarna el paradigma del intelectual purista, que no arriesga ni se mancha, parapetado en su severidad virgen de acción.

Se encontraba Horacio en Atenas estudiando y allí coincidió con Bruto, que por entonces ya había hincado el puñal miserable en su genial padrastro y combatía a su legítimo heredero, Octavio. A Bruto le cayó en gracia aquel joven de aguda labia y le concedió por las buenas el mando de una legión. Se comprende con ese criterio que Bruto perdiera la batalla. Se vio el sensible Horacio en el fragor de la pelea, tiró yelmo, escudo y espada y echó a correr de vuelta a Atenas, donde se puso a componer una exaltada pieza sobre la necesidad de dar la vida por la patria.

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18 agosto, 2015 · 15:53

Alcaldes de Altamira

Sima de los Huesos.

Ascensor evolutivo de la especie detenido.

Enternece que se les llame nueva izquierda cuando sus primeros dos meses de poder los retrotrae aproximadamente al estadio magdaleniense de la evolución, cuando nos empoderábamos pintando bisontes en el techo de Altamira. Y no nos referimos ahora a lo rupestre de su indumentaria (aunque al parecer Kichi se ha comprado ya su primer traje, y no sé por qué el Ibex no ha repuntado de gozo celebrándolo), ni al escaso refinamiento de su protocolo y dicción, ni a que se muevan en bici, lo que no deja de ser un alarde tecnológico respecto de la mula; sino al hecho entrañable de que los Kichi, Colau, Carmena, Ferreiro o Ribó se empeñen en gobernar en un plano puramente simbólico, altamirano, infantil. Una cabecita real en una caja, un consistorio que abre su balcón al pueblo, unas pellas traviesas en la misa del patrón, un callejero por renombrar.

Si la derecha descuida o ignora el principio empático del genuino liderazgo, nuestro populismo zurdo sustituye directamente la gestión por el gesto, el futuro por la nostalgia, la representación por el revanchismo y -pronto- el equilibrio presupuestario por el regadío ideológico. Programa este compartido por Artur Mas, en quien el chamán enajenado se ha impuesto al tecnócrata resentido de un modo ya irreversible. Que su lista de país integre a burgueses acomplejados y a antisistema con ambición en un mismo delirio identitario no puede escandalizar a Duran: nacionalismo y populismo casan tan dulcemente como tres por ciento y concejal de CiU.

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Cortesía de Arcadi Espada

Cortesía de un lector de La granja humana

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Rousseau en bicicleta

Una alcaldesa y su herramienta.

Una alcaldesa y su herramienta.

De la ciudad de más de un millón de cadáveres que era Madrid para el insomne Dámaso quiere hacer Carmena la capital del abrazo, y el cardenal Osoro la ciudad de la esperanza (ya que no de la Esperanza). Que los poetas y los curas hagan metáforas le parece a uno saludable, porque trafican con bienes espirituales; pero que versifiquen las alcaldesas, que manejan dinero público, ya me inquieta más. Cuando oiga a sus representantes vendiendo decencia e ilusión como reverendos de western, puede usted llevarse la mano a la cartera.

A no ser, claro, que Carmena no hable figuradamente sino que pretenda crear un cuerpo municipal de abrazadores roussonianos que vayan palmeando lomos por la Gran Vía y frotando chepas en Azca para aliviar el estrés de los ejecutivos. Este nuevo funcionariado del consuelo se regiría por objetivos, como los munipas con las multas de aparcamiento, de modo que en un mismo día el madrileño experimente el fastidio por la exacción de 100 machacantes en concepto de estacionamiento indebido y el gozo de un abrazo reparador, impartido por un profesional cualificado. Yin y yang.

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‘Omnia sunt communia’

Fieles en misa.

Fieles en misa.

Al decir de un concejal en aquella corporación, el hombre Tierno Galván estaba a bastantes millas de su leyenda, por mucho que firmara como el Viejo Profesor y publicara bandos de prosa culterana. «No sé quién se los escribiría, pero él era bastante limitado», me informa quien allí estuvo. Y ya es lástima, porque a mí siempre me apeteció creer aquella anécdota que nos lo presenta entendiéndose con Juan Pablo II en perfecto latín del Capitolio. En realidad la catilinaria se limitó a una fórmula macarrónica de bienvenida que impresionó mucho a los plumillas de entonces. ¿Y no será impresionante ver a Manuela Carmena, aureolada de tiernogalvanismo por los plumillas de hoy, recibiendo al Papa Francisco con Pablo Iglesias de orgulloso chambelán?

La imagen de nuestro nazareno laico impostando quizá acento suramericano con el Papa de los pobres no solo rubricará su ascenso al último peldaño de la casta -la casta divina: el cielo literalmente asaltado-, sino que además rebajará al Pontífice a una posición humana, demasiado humana. Un paso hacia esa ecuménica convergencia, y que Dios me perdone, parece haberlo dado Francisco con su encíclica ecológica, donde entre otras cosas afirma que la propiedad privada debe ceder ante el bien común.

Como todo lo que dice este Papa, sólo formalmente revolucionario, esa máxima no es que no sea novedosa: es que arraiga en la más pura ortodoxia de la Iglesia, que nunca abrazó sin más el capitalismo. Cuando Errejón, tierno y Tierno, cita el «omnia sunt communia», en realidad musita una jaculatoria de Tomás de Aquino que va precedida por la cautelosa locución in extrema necessitate: «En extrema necesidad, todo es de todos». En los Hechos de los Apóstoles se nos informa de que los primeros cristianos ponían todos sus bienes en común. Y Pedro -primer Papa- se tomaba el reparto muy en serio: el matrimonio calculador que se reserva un margen de la venta de su finca cae fulminado a los pies del apóstol tras confesar el engaño. En la Biblia el fraude fiscal se penaba sin melindres jurídicos. Los romanos asaron a San Lorenzo, tesorero de la Iglesia primitiva, por repartir los fondos entre los pobres.

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Larga ¡y enjundiosa! entrevista en Telemadrid por La granja humana (a partir del 2:18:40), con extra de tertulia política de regalo (a partir del 1:20:10)

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La flaqueza del ‘koncejal’

Ética y estética.

Ética y estética.

Se queda con el acta, claro, su pedacito de cielo presupuestario tomado al asalto por la gracia de D’ Hondt. Gracias a la (in)decisión de doña Manuela, mamá grande del jacobinismo tuitero, financiar la nómina del koncejal Zapata se convertirá durante los próximos cuatro años en otra estoica prueba de resignación democrática para el pueblo de Madrid, que después de padecer la afasia señorial de Botella debe pechar con esta neocasta en sandalias a la que llaman candidatura de unidad popular. Hay más participación ciudadana en el ranking final de Eurovisión que en la confección de las listas de Ahora Madrid.

Pretende doña Manuela disculpar a Zapata como a un nieto díscolo, pero sabemos que le escribía los discursos, que practicaba el deporte cívico del escrache y que recibió toda su formación jurídica en la facultad del movimiento okupa. Esta es la cantera. Los jeremías madrugan el apocalipsis bolchevique, como si Cibeles fuera el Palacio de Invierno, pero sospecho que la legislatura de Ahora Madrid -veremos si la termina- será tan pobre en épica como rica en la picaresca de una vertiginosa adaptación a la moqueta: no es que no restauren la guillotina, es que los pillan y se clavan al sillón como un Chaves cualquiera. A uno no le sorprende que los heraldos de la decencia entreguen antes la coherencia que el cargo desde que leyó en Pla la sentencia que resume el siglo XX: «Cuando les das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre». Todo el mundo menos los miembros del politburó.

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