
Querido Pedro: llegó el momento. Las convenciones democráticas establecen que la jornada de hoy se consagre a la reflexión. Pero a poco que se confirmen las encuestas tú vas a disponer de muchas jornadas más para reflexionar. Quizá toda la vida. Yo te propongo que empieces por el día en que resolviste volver al PSOE «para liarla». Ese mérito no te lo voy a escatimar: la has liado de cojones, pero aún no sospechas hasta qué punto. Solo se dan cuenta algunos socialistas ya ataviados de tuaregs para la bíblica travesía del desierto que se les abre. Tu concepción de la política como una sucesión frenética de regates cortos en pos del interés personal tiene la ventaja de embotar el pensamiento y posponer la funesta irrupción de la lucidez: uno no piensa demasiado mientras huye hacia delante, y además el vaho exhalado durante la carrera empaña todos los espejos. Sea como fuere, este es el final de tu escapada y es posible que el aterrizaje forzoso -perdona la metáfora falconiana- en la realidad te deje aturdido durante un tiempo. A Casado le pasó. Ojalá luego seas capaz, cuando se disipe el polvo, de pedir la caja negra y analizar honestamente por qué los españoles decidieron estrellarte el avión. Por qué no soportaron más la neurótica sujeción a los caprichos en zigzag de tu ego acomplejado.













